La modernidad nos ofrece un paradigma de mujer cuyo modelo pareciera ser el exhibicionismo desvergonzado de un cuerpo “armoniosamente anoréxico”. El culto al físico por un lado, y al desborde sexual por el otro, son caras de una misma moneda. Se trata de vender una imagen de mujer exitosa; moderna y desenvuelta; para alejarla de su rol más importante en la sociedad; como lo es el de madre de familia. Este proceso no es casual y dentro de la lógica del mundialismo es perfectamente entendible. Todo lo que sea tendiente a debilitar a la familia, siendo ésta la comunidad primera y la mas próxima a la naturaleza; son elementos válidos. Es hora de tomar conciencia que el ataque a la familia, es un ataque a la sociedad en su conjunto, ya que es justamente la familia la que debe fomentar de un modo ejemplar aquellos sentimientos y valores que son propios de la vida en comunidad, como son el amor y la fidelidad, el respeto y la confianza. La familia es parte y miembro del estado, y está destinada a formarlo, ya que conserva y engrandece la Nación gracias a su fecundidad. Es una célula de la sociedad aunque antropológica y teológicamente es anterior a ella. Por esto afirmo que la institución familiar tiene derechos naturales y a su vez, el Estado tiene obligaciones para con ella. El Estado debe respetar y amparar a la familia y sus derechos fundamentales; proteger incondicionalmente los valores que aseguran la misma: el orden, la dignidad humana, la salud y el bienestar, favorecerla de todos los modos que estén a su alcance. El fundamento de estas obligaciones es el carácter natural de la familia y la misión misma del estado de velar por el bien común.
La estrategia de debilitar la figura de la mujer como forma de atacar la estructura familiar, no es nueva. Si se examina la historia se puede ver claramente que en la decadencia de toda civilización cuando se comienza a vislumbrar un cambio de poder y/o modelos, surge el tema de la destrucción de la familia. Para lograr el objetivo se recurre previamente a la degradación de la mujer, se procura despojarla de toda vergüenza, proclamar su “liberación”, el derecho a que ejerzan “el amor libremente”, su igualdad con el hombre en los roles de la vida (violando el orden natural), y la exaltación “del feminismo militante”. En su afán de disociación, el imperialismo y las entidades que responden al Nuevo Orden Mundial, apuntan a hacer estragos en la primera célula social; transformando a la sociedad toda, en un cuerpo enfermo, proclive a todo quebrantamiento. Además del ataque a la mujer, se busca debilitar la célula familiar a través de campañas que promuevan la pornografía, la homosexualidad, etc. Todos estos signos indican una profunda decadencia moral, con el agravante de que estos elementos están al servicio de la penetración cultural que proviene del exterior. Los medios de comunicación no son más que usinas de transmisión por las cuales se pretende igualar el concepto de libertad, con el de libertinaje. Se le rinde culto al lema de “prohibido prohibir”, partiendo de la falsa premisa de que el hombre no tiene espíritu y por ende no hay nada que proteger. Este materialismo desemboca en un inhumano permisivismo en el que “todo vale”. De esta manera se llega a la ridiculez de que sea elegida como mujer del año…un travesti!!! Detrás de la manipulación de la sexualidad se esconde, como se ha dicho, un auténtico intento de cambio social y cultural. Esta presencia del homosexualismo desafiante y militante tiene el patético signo del modernismo que; primero negó a la Iglesia, luego a Dios, y ahora intenta destruir al hombre mismo, aunque esto engendre tal vez, su propio final. Ante semejante cuadro, no dudo en rescatar el concepto cristiano de mujer en su acepción de señora, esposa y madre de familia, sin por esto negarle el correcto desempeño que puede lograr en las ramas del saber, el comercio, la política, o las instituciones sociales. Reivindico el concepto de familia según el cual esta es una primera comunidad social y estable de padres (hombre y mujer) e hijos, de orden natural, sagrado e indisoluble.
Finalmente y para más claridad, hago mías -NO POR ELLO ARROGARME SANTIDAD ALGUNA- las palabras de Monseñor Vicente Zaspe:
“¿Qué en los EEUU los hijos adolescentes se independizan de sus padres y viven fuera del hogar? Allá ellos. Nosotros queremos que la familia siga siendo siempre una comunidad de cariño y afecto, que solo la muerte puede destruir.
¿Qué en Inglaterra se casan los homosexuales? ¡Peor para los ingleses!
¿Qué en los países comunistas las familias queden sujetas a las decisiones del Partido? Para nosotros es una aberración y una claudicación.
¿Qué en Italia los católicos votaron por el Divorcio? Para nosotros han votado la disolución de la familia italiana.
¿Qué en Francia han liberado el aborto? Para nosotros han liberado el homicidio, el filicidio y el crimen.
¿Qué en Dinamarca algunos matrimonios intercambian sus parejas? Para nosotros esos daneses son unos puercos que no merecen el calificativo de personas y están por debajo de la sexualidad de los animales.
¿Qué en las Naciones Unidas favorecen campañas antinatalistas? Para nosotros es un ataque al derecho sacrosanto de engendrar.
¿Qué Mac Namara advierte sobre el peligro de la explosión demográfica? Le decimos a Mac Namara, con el Papa, que el problema se soluciona distribuyendo mejor los bienes del mundo y no asesinando, por anticipado, a los comensales.
¿Qué en Miami los abuelos están espléndidamente atendidos, pero lejos del hogar y de los hijos? Nosotros queremos que el abuelo y la abuela sigan viviendo en casa, compartiendo nuestro techo, nuestro pan y nuestro cariño”.

(*) Historiador revisionista. Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad del Salvador. Además es Diplomado en Antropología Cristiana (FASTA) y en Relaciones Internacionales (UAI). Publicó “San Martín, Rosas, Perón. Un homenaje a Fermín Chávez” (2008); “Estévez. Vida de un Cruzado” (2009); “Raúl Scalabrini Ortíz. Sus libros y sus enseñanzas” (2009); “Aportes al Bicentenario” (2011); “Historia de la Revista del Instituto Juan Manuel de Rosas” (2013). Es columnista en “Noticias del Congreso Nacional”. Como historiador, pensador y periodista siempre se manifestó estrechamente vinculado al Pensamiento Nacional y a la Doctrina Nacional del Justicialismo. Actualmente es el Director de Cultura de la Fundación Rucci de la Confederación General del Trabajo.

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