Acerca de la verdad política – Por Pablo Anzaldi*

La tesis liberal sostiene la primacía del individuo sobre la comunidad política, que se constituye como un dispositivo al servicio del deseo de los individuos.
Su fundamento metafísico es la idea de la naturaleza como materia y movimiento desprovisto de fines, sobre el que se asienta la primacía de la economía sobre la política que, por su parte, se constituye desde la exaltación del vicio individual sofísticamente erigido como motor del bienestar general.
Desconectado de su finalidad trascendente, el individualismo se erige sobre sí mismo en un movimiento caótico y descontrolado, que converge en la punta de la pirámide del poder concentrado. El neoliberalismo es la proyección política de ésa filosofía y el correlato ideológico de la banca privada y las finanzas internacionales. Según su credo, todos los pueblos de la tierra deben someterse a la antorcha de Wall Street.
En función de esta inversión del orden de los medios y los fines, el fenómeno de la explotación del trabajo y la exclusión social en su extensión global bajo todos los regímenes políticos puede ser considerado como una consecuencia derivada de la especificación política de la tesis liberal y su fundamento metafísico. Paralelo a ello, la democracia como plutocracia real se constituye en el sistema- exaltado machaconamente- que replica la inversión medios/fines, porque orienta como fin a un régimen político y doblega al Bien Común.
Frente a esto, la insípida filosofía de los valores que sostiene el discurso pretendidamente contra- hegemónico no es más que una manifestación de subjetivismo idealista, es decir, uno más de entre los factores de distorsión del horizonte de realidad. Otras manifestaciones de crítica y oposición como el marxismo, el humanismo inmanentista o el culturalismo etnicista- desde hace años serviles a la filosofía nihilista de los valores- no hacen sino recapitular y profundizar algunas de las desviaciones señaladas.

1) El planteamiento del malestar contemporáneo puede ser elucidado y enfrentado, en el plano de la teoría, mediante la reelaboración de un ideario político orientado al Bien Común y a la Justicia como especificación del Derecho, tomando en consideración la experiencia de las luchas contra la usura y por la recta convivencia entre el Estado, el Trabajo y el Capital.
La recuperación del realismo filosófico es una tarea ineludible dentro de la cultura política de nuestro pueblo, saturado de imágenes y confusiones. En este sentido, cobran importancia las grandes tesis realistas: el finalismo de la realidad en tanto fundamento metafísico del orden político, la naturaleza finalista del hombre, la finalidad del ser, del conocer y del obrar, la comunidad política como perfección de la naturaleza humana, el Bien Común como finalidad de los regímenes políticos. En síntesis, el conocimiento político como ciencia práctica finalista de las cosas humanas. Con anterioridad a cualquier afirmación identitaria, es preciso un conocimiento político que se enfoque y entronque en la realidad concreta mediante la deliberación y la investigación orientadas hacia lo bueno y lo justo. Parafraseando a Hipólito Yrigoyen, es “la causa contra el régimen falaz y descreído”.

2) Un pensamiento político realista y orientado a la Justicia no es una novedad en suelo argentino. El pensamiento de Perón es la versión más poderosa de la tradición clásica y cristiana, argentina y americana. La famosa frase que dice “La única verdad es la realidad” es el ojo de la cerradura a través del cual puede accederse a su cabal comprensión. ¿Qué es la realidad? Es lo que es en sí mismo- “de suyo”, diría Xavier Zubiri- y está inclinado a su entelequia, es decir, hacia fines de perfección. La Doctrina Justicialista ha sido planteada dinámicamente como un conjunto armonioso de partes tendientes a la elevación física, material y espiritual del Pueblo. La tarea de su recuperación, reelaboración y proyección es la tarea política que re- introduce la verdad en medio del liberalismo esclavista. Y cuando la Verdad emerge, las aguas se parten, los frentes se deslindan y renace el movimiento político en el seno del pueblo.

*Pablo Anzaldi: Pablo Antonio Anzaldi( 1972). Politólogo. Profesor Universitario. Dirigente Justicialista. pabloanzaldi@gmail.com

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