Argentina se encuentra en pleno proceso de negociación de su deuda con un grupo variado de acreedores. En este marco, necesitamos insertarnos en un círculo virtuoso de estabilidad, crecimiento y desarrollo; que nos permita consolidar las variables económicas y cumplir en tiempo y forma con las responsabilidades asumidas.

Hay un fuerte interés de los mercados financieros internacionales por la renegociación que se lleva adelante, y vale decirlo, con altas expectativas para que llegue a buen puerto. Sustentabilidad, fiabilidad y previsibilidad; son elementos fundamentales a la hora de repensar la deuda argentina. Tenemos la firme voluntad de honrar nuestros compromisos, compatibilizando con la realidad que vivimos y posibilitando el crecimiento sostenido y duradero de nuestro país.

Efectivamente, a las características propias del sistema económico argentino se suma un fenómeno mundial casi sin precedentes: la pandemia de la COVID-19 que ha frenado la economía global, y profundizado los problemas preexistentes en una gran cantidad de naciones alrededor del Orbe. Es imposible abstraer la negociación con los acreedores de este nuevo escenario, porque el contexto condiciona el crecimiento y la capacidad de pago de las naciones.

La deuda pública Argentina es un punto central en nuestra economía, tanto en su relación entre el Estado Argentino y los acreedores, como también en la necesidad de poder disponer en un futuro de nuevas fuentes de financiamiento.

El Estado Argentino en su conjunto está en la búsqueda de una solución realista, a través de un diálogo sincero y de buena fe. Cumplir es el objetivo de todos, y hay un fuerte consenso entre las distintas fuerzas políticas de avalar las negociaciones que se llevan a cabo para refinanciar la deuda pública. En el propio Congreso de la Nación plasmamos en una ley ese respaldo mayoritario.

El mundo debe saber que queremos encontrar una salida sostenible que nos permita crecer, cumplir y generar beneficio a nuestra sociedad. Además, buscamos reconstruir la confianza y poner en marcha políticas públicas que no se basen en el endeudamiento, la emisión monetaria o la renovación de la deuda pública. No es una tarea fácil pero sí posible.

El desafío que tenemos por delante es grande y requiere múltiples acciones. Planteamos un período prudente de gracia en el pago de los intereses para generar políticas económicas eficaces, restablecer el crédito interno, crear empleo privado genuino y de calidad, recuperar el dinamismo de la actividad privada, poner en marcha el aparato productivo y explotar las potencialidades de nuestras riquezas naturales, exportar productos de calidad -como nuestros vinos- en forma masiva y recuperar la movilidad social ascendente que nos caracterizó en el pasado.

El éxito de esta negociación, además de garantizar a los acreedores el cobro de sus títulos y bonos, redundará para nuestro país en un menor costo de financiamiento de la actividad pública y privada, una menor emisión monetaria, el crecimiento del comercio exterior, una revalorización del valor de los activos locales y en definitiva un mejoramiento de la situación de la economía post pandemia.

Argentina necesita tiempo para construir una economía razonable; pedimos un plazo prudente para hacerlo y está en manos de nuestros negociadores y acreedores acordar, por el bien y la prosperidad de todos. Confiamos plenamente en que así será.

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