*por Pablo Anzaldi

El nuevo libro de Federico Gastón Adissi- prolífico autor e historiador revisionista, entrañable amigo- es un informe urgente sobre un conflicto que explota en las narices de la comunidad argentina con la muerte de Santiago Maldonado, producida en un episodio que el activismo de todo el arco progresista definió como una desaparición forzosa, pero que la aparición posterior de su cadáver y la investigación jurídica desmintió. Por cierto, el caso Maldonado expuso el traslado hacia la República Argentina de una estrategia insurgente de baja intensidad que desde hace años se desarrolla en la Patagonia chilena.

En ese sentido, el libro de Adissi es una herramienta eficaz para una urgente toma de posición. Adissi muestra una serie de citas irrefutables acerca de que los mapuches no son un pueblo precolombino y que, en la medida en que la República Argentina se constituye asumiendo la heredad del Virreinato del Río de la Plata, carece de fundamento histórico una reivindicación autonomista o soberanista. Desde la perspectiva nacionalista popular- no progre- podemos señalar que Adissi tiene su punto fuerte en la elucidación de una estrategia impulsada por la ONG Enlace Mapuche Internacional con sede en Bristol, Inglaterra, y la suficiente capacidad operativa para moverse en la Organización de Naciones Unidas. El conflicto mapuche, generalizado en Chile, más acotado en Argentina, se inscribe en las tensiones geopolíticas globales, en la lucha persistente de la diplomacia y la inteligencia británica por la balcanización iberoamericana. Lucha que encuentra un punto de máxima colonización mental cuando en nombre del antiimperialismo se adopta en la República de Bolivia una Constitución que impone su condición multinacional, sentando las condiciones para la futura fragmentación, lo que fuera denunciado por Andrés Solíz Rada quien, junto con Guido Chávez de los Ríos, fundase la izquierda nacional boliviana.

El libro denuncia la estrategia de desintegración, balcanización y destrucción de los Estados Nacionales. Por cierto, algunos sectores dominantes en la globalización financiera y las grandes Empresas Trasnacionales prefieren negociar el petróleo, el gas y la materia prima que fuere con tribus encerradas sobre sí mismas y no con Estados. La desintegración de Libia, Irak y Siria muestran el rostro sangriento de esa estrategia; la fractura catalana- segregacionista, racista y supremacista – , su versión pacífica. Son modelos análogos que conviene tener en consideración.

Sobre esta base mi posición particular presenta alguna diferencia, acaso subsanable, con el planteo y quizás el tono de esta importante obra de Federico Adissi. Interesa subrayar la coincidencia en un aspecto decisivo: la comunidad argentina es histórica y políticamente soberana. El Estado argentino debe asumir una política para preservar el orden público y la paz en los caminos, pero debe distinguir nítidamente entre RAM y argentinos mapuches o descendientes de mapuches. Más allá de que le caben las generales de la ley en cuanto a protección de derechos subjetivos en el Estado Argentino, no puedo dejar de reconocer que son muchas las generaciones de argentinos que se asumen así y así han sido reconocidos por las comunidades locales. A diferencia de los argentinos que provenimos de la inmigración europea, muchos de los descendientes de mapuches habitan montañas, valles y campos que alguna vez enseñorearon sus

ancestros. En ese sentido, sin menoscabo del ejercicio de la soberanía argentina sino más bien al contrario, como una reafirmación, , entiendo que deberían expropiarse parte de las inmensas tierras de Benneton – casi un millón de hectáreas- y entregarle la propiedad colectiva- generalizando experiencias que ya existen- , familiar o individual para su explotación económica no sólo a argentinos descendientes de mapuches sino también a argentinos sin más, para que el suelo patagónico sea repoblado como tierra de trabajo y bienestar.

La gran cantidad de excluidos sociales que habitan las ciudades de Bariloche, Esquel, Bolsón, etc constituyen un ambiente social proclive a ser explotado desde una estrategia insurgente mapuche y es deber del Estado impedirlo.

Pero la realidad es que ya casi nadie habla el mapudungún, su utilidad para inteligir algo del gran patrimonio intelectual, científico, filosófico, literario, etc., es muy limitada y la gran plasticidad de la lengua española para absorber palabras de todas las culturas es parte de su fuerza, curiosamente a punto de morir en la península ibérica, pero rebosante de salud en América.

En conclusión, siguiendo las enseñanzas del Gral. Perón contra el comunismo de antaño, hay que suprimir las causas sociales de los conflictos de esta naturaleza.
[12:34, 18/7/2018] Federico Addisi: El autor es Pablo Anzaldi

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