Estimado señor Jorge Lanata
De mi mayor consideración:
Me dirijo a usted a raíz de sus declaraciones sobre el aborto, efectuadas el viernes 24 ppdo. en el
programa matutino que usted conduce Radio Mitre.
En primer lugar, en muchos de nosotros que estamos en contra de la pena de muerte contra los
niños por nacer, lo estamos porque no concebimos que se pueda quitar la vida a quienes son los
seres humanos más inocentes e indefensos de todos. No estamos imponiendo ninguna idea, se plantea un tema como éste (y como tantos otros) y lo debatimos. No se trata de que usted “no quiera obligar al otro a que comparta mi idea”, sino si esa idea puede ser fundamento de una vida en comunidad o la perjudica. En este caso en particular, no se concibe que una comunidad humana pueda edificarse sobre la sangre de miles de inocentes, eso era común en épocas de salvajismo o de barbarie, y lo sigue siendo hoy, con 55 millones de niños que no llegan a nacer porque los matan antes.
Si aplicáramos en concreto sus consideraciones, tendríamos que vivir en una forma que el que quiere matar mate y el que no quiere matar no mate; que el que quiere robar robe y el que no quiere robar que no robe; que el que quiere violar viole y el que no quiere violar no viole; etc. ¿Usted cree que se puede vivir socialmente así? Valen los ejemplos que usted aduce sobre los veganos -el que quiera ser vegano que lo sea y el que no quiere que no lo sea-, pero en el caso del aborto el que quiere abortar mata  otro, encima que no se puede defender. No es cuestión de gustos, sino del derecho a la vida que nadie puede pisotear impunemente y que en el caso del aborto termina matando a otro ser humano.
En segundo lugar, dado que lo toma como autoridad filosófica, lo cual comparto, usted se remite a lo que dice Aristóteles en su famosa obra Metafísica, para citarlo y hacerle decir que “una cosa es la
potencia y otra [cosa] es el acto. Una semilla es potencia de árbol, pero […] una semilla no es un árbol.
Una semilla puede ser un árbol, pero no es un árbol, es una semilla”. Hasta lo que usted dice que dijo Aristóteles.
Permítame corregirlo: en primer lugar, Aristóteles dice algo total y absolutamente diferente a lo que usted dice que dice: en realidad, él dice que “el bronce [la semilla] es, en efecto, una estatua [un árbol] en potencia”
No dice que la potencia es una cosa y el acto es otra cosa, dice que potencia y acto son
cualidades o modos de ser de una y la misma cosa, es decir, la semilla es tal en acto, pero tiene en sí
misma la potencia de llegar a ser árbol. La semilla no se hace otra cosa como árbol, sino que se transforma, pasa de una forma a otra. Una y la misma cosa es en acto y tiene en sí misma la potencialidad de transformarse y “mostrarse” en otra forma, la entelequia -el fin último al que está destinada cada cosas- es lo que “produce” el movimiento o proceso de un estado de potencia al estado de acto. El árbol es acto que previamente estuvo contenido en la semilla, su fin último es lo que puso en movimiento  ésta última para llegar a ser árbol concreto.
Por este motivo es que su razonamiento, aplicado al aborto, es falso: “hasta las semanas 12, 13 una
vida no es vida, puede serlo, pero no lo es”. Esto no es Aristóteles como usted pretendió presentarlo
y justificarse. Lo que usted llama “potencia de vida” no existe: desde el momento de la concepción ya existe una nueva vida, un ser humano, el cigoto. No es vida en potencia, es vida en acto, y tan vid
es que actúa, dado que “crea” una hormona -la gonadotrofina coriónica humana- que es la que “le avisa” al útero de la mujer que va a recibir un ser humano. Es por este “aviso o comunicado” que el útero materno comienza a espesarse, en realidad sus paredes, porque se prepara y engrosa para recibir un nuevo ser; por eso el embrión (óvulo fecundado) tarda una semana o unos días más para bajar al útero porque le da tiempo a éste para prepararse. En este sentido, el embrión -minúsculo- es bebé en potencia, no es potencia de bebé como usted afirma, es al revés: es bebé, ser humano pleno, no es una cosa que después pasa a ser otra, es ser humano que se va a ir “trans-formando”, pasando de una forma a otra.
En realidad, lo que está en discusión no es que las primeras 13 semanas el ser gestado no sea vida,
sino que lo que se discute es si es persona o no. En rigor de verdad, desde el momento de la concepción el embrión es un ser vivo distinto a la mujer que lo recibe en su seno, no es un apósito o un agregado, es un ser humano distinto y diferente a sus progenitores, así lo corrobora y afirma la ciencia. Y así lo confirma el Derecho Constitucional y el Código Civil y Comercial, en tanto definen que “la vida humana comienza en la concepción” y que esa vida humana “es persona” (Convención Americana de los Derechos Humanos, Art. 4º) y que “la existencia de la persona humana comienza en la concepción” (Art. 19º).
Discutir si esa vida es persona o no hasta la semana 13 ó 14 es una falacia, por no decir una estupidez.
Persona es un concepto jurídico, no es biológico ni científico, es todo ser que posee o adquiere
derechos y contrae obligaciones, ya desde el Derecho Romano. Discutir si el ser humano presente en el seno materno -el bebé por nacer o feto- es o no persona es la trampa a la que ha recurrido el padre y patriarca del control de la natalidad, John Davison Rockefeller III , para justificar que “no deben ser traídos al mundo los hijos no deseados”, porque “obstaculizan la libertad de la mujer” y “no son personas, son fetos”.
Por último, resulta paradójica y contradictoria su actitud, cuasi esquizofrénica. Usted mismo, como
otros muchos, pretenden hablar “desde la ciencia”, no desde el dogma, descalifican a los que defienden la vida por ser dogmáticos y hablar desde sus creencias religiosas. Pero en su argumentación a favor del aborto usted comienza afirmando “Entonces yo creo que hasta las 12, 13 semanas…”. Usted mismo es dogmático, cree, no dice que sabe, dice que cree. Usted ha descalificado o minusvalorado los argumentos pro-vida por ser dogmáticos y partir de criterios religiosos, pero USTED HA HECHO LO MISMO, incluso ahora: “yo creo”.
Pero la misma trampa esquizofrénica la ha padecido el mencionado John Davison Rockefeller III,
quien ha fundamentado y basado todo su plan de control de la natalidad a nivel nacional (en Estados Unidos) y a nivel mundial (a través del famoso Memorando 200/74 elaborado por Henry Kissinger en su función de Consejero de Seguridad Nacional) en la creencia que “determinar la cantidad de hijos y el espaciamiento entre ellos es el derecho humano básico de todo individuo y pareja”, con lo cual desaparece el derecho a la vida como derecho humano básico.
Usted se considerará progresista en su visión del mundo, pero en particular en el tema del aborto
usted piensa igual y repite las mismas conceptualizaciones de uno de los miembros más
paradigmáticos de la oligarquía financiera internacional, reaccionaria y genocida. Es una lástima
que habiendo hecho tantos e importantes aportes en su labor de décadas como periodista en esta cuestión avale, ¿inconscientemente?, es más perverso y siniestro genocidio que ha conocido la historia humana, con millones de muertos por año. ¿O en realidad conoce y apoya este genocidio diseñado y promovido por el clan Rockefeller, pero dándole la pátina y el perfil progresistas, para disimular su carácter esencial de asesinato masivo y en serie?

José Arturo Quarracino

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