El triunfo electoral de la fórmula Platón-Sócrates fue rotundo: 76% contra apenas un 22% para Aristóteles, quien no tuvo mejor idea que llevar como compañera de fórmula a Xantipa, esposa de Sócrates.
-No hay lógica –reflexionaba amargamente.
Además sospechaba que el malvado Platón había hecho correr el rumor de un presunto amorío con esa mujer.
Otro error – se reprochó -fue confiar ciegamente en la encuesta del Oráculo de Delfos.

“Ya no es el de antes. Ahora no le acierta ni al pronóstico del tiempo.”
Al día siguiente se marchó a Macedonia. El rey lo había contratado como maestro de su hijo Alejandro.
-Ese chico mal educado y caprichoso jamás llegará nada –reflexionó Aristóteles y se marchó.

En un fastuoso Banquete Platón y Sócrates inauguraron La República de los Filósofos.
Pero los problemas no tardaron en aparecer.

Su Jefe de Gabinete, Tales de Mileto, decidió aplicar el IVA, es decir Impuesto al Valor del Agua. Su argumento fue que la misma era el origen de la vida y no debía ser gratuita.
Naturalmente, hubo protestas populares.
A la semana siguiente, Heráclito, Secretario de Medio Ambiente, emitió un decreto para impedir que la gente se bañara dos veces en el mismo río.
Aprovechó el clima de hostilidad nada menos que Diógenes, más conocido como “el perro del barril”, quien fundó el Movimiento Escéptico Ateniense.
Su primer blanco fue Sócrates: “No puede ser vicepresidente un charlatán que reconoce no saber nada”.
Sócrates le recomendó bañarse y dejar de efectuar exhibiciones obscenas en la vía pública.
De inmediato Empédocles, amigo de Diógenes, reveló a los gritos que Sócrates debería devolver el gallo que le había prestado Esculapio.
-Empédocles –le respondió Sócrates – deja de calumniarme y cámbiate el grotesco apellido que llevas. El día que soples un alcoholímetro irás a prisión por el resto de tu vida.

Y de pronto sucedió lo peor.
La noticia de que Empédocles se había arrojado al volcán Etna en plena erupción sacudió a todos los atenienses.
Para el gobierno fue un accidente, un simple tropezón. Para los opositores se trató de una venganza del oficialismo que habría contado con la ayuda del gobierno de Esparta.
La Justicia acusó a Sócrates de ser el autor intelectual de la muerte de Empédocles y le invitaron una copa de cicuta diciéndole que se trataba de una bebida energizante.

(Donato Alberto Calliera)

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