Columnas de Opinion

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La gestión estatal del COVID 19 y aprendizaje horizontal. Por Ester Kaufman

La gestión de la pandemia ahonda el cuestionamiento sobre algunos sectores de la burocracia. No se pueden desperdiciar recursos y personal en áreas disfuncionales, verdaderas «capas geológicas» de programas muertos. Los que luchan contra el Covid 19 lo hacen con poco personal y recursos. Hoy se requiere toda la capacidad estatal encolumnada tras esta guerra. Nadie puede alegar «a nosotros no nos compete» desde el sillón de su casa.

Existe una notable transformación en áreas como salud, educación, seguridad social, transporte, políticas alimentarias, etc. Por otra parte se observa la conducta solidaria de algunos que realizan tareas lejanas a sus roles y competencias pero no a sus valores generando una inusitada colaboración multisectorial público y privada e intergubernamental. Sin embargo, eso no es suficiente. Se requiere la generación de competencias para aprovechar las experiencias transitadas -con sus aciertos y errores- y sistematizar «lecciones aprendidas».

Por encima de ciertas dificultades debido a la exposición de políticas y acciones en redes sociales, cabe reconocer que el Estado responde rápidamente, con acierto o no. Además, frente al error, corrige en error en forma inmediata, como fue el caso de las colas bancarias de jubilados del 28 de marzo y su inmediata corrección. Lo ocurrido demuestra que en este campo experimental existe poco margen de error por la gravedad de la situación y por transcurrir entre enfrentamientos partidarios.

En cuanto a la gestión estatal de esta crisis, son tantas las nuevas políticas a a implementar que no es posible mantener la cómoda hipertrofia de algunos sectores y las sobrecargas y escaseces de otros. Debe darse paso a formas flexibles y multifuncionales donde pueda compensarse la escasez de los recursos y personal competente de las áreas que están al frente de esta «guerra». Las estructuras formales anacrónicas deberán reconvertirse por encima de convenios colectivos y resistencias, con apoyo del sindicalismo. Por caso, muchas universidades están abocadas a producir instrumental médico y utensilios de protección como los barbijos. No son para nada sus funciones habituales pero lo hacen. Y eso es solo un ejemplo.

Por ahora existen pocas excepciones a la cuarentena, pero comienzan a ampliarse en un contexto de múltiples asistencias estatales. Si las colas de jubilados fueron vistas como una catástrofe, estas innumerables nuevas situaciones auguran un tsunami si no existe una gestión del conocimiento colectiva con registros aprovechables y transferibles a la dotación pública a incorporar.

En este escenario nadie perdona los errores bajo la excusa de falta de conocimiento previo. No se dispone de tiempo para recurrir a la formación tradicional que, de hecho, ha sido poco efectiva. Deben generarse competencias -en tiempos record- para responder a estos nuevos requerimientos multifuncionales. Las fuentes de aprendizaje se encuentran en las experiencias vividas en el presente donde pueden recolectarse los éxitos y fracasos. Sería muy grave si los aciertos, y los errores corregidos rápidamente, sólo quedaran en la memoria de sus hacedores. Esto nos enfrenta a problemas metodológicos de cómo el conocimiento recién adquirido puede circular con impacto inmediato en los nuevos involucrados. Por ello los organismos dedicados a la formación deberían adoptar metodologías de transferencia inmediata de conocimiento y de generación de competencias al igual que las áreas a cargo de acciones concretas.

El éxito de una propuesta de identificación y recolección de conocimiento y de transferencia depende de la cercanía con quienes gestionan la crisis y de la construcción de un registro claro y de impacto pedagógico de estas experiencias; con la retroalimentación necesaria para que las prácticas singulares puedan ser utilizadas para otro tipo de casos y así encontrar salidas a la crisis desde un Estado funcionando a pleno y enriqueciéndose sistémicamente.

Ester Kaufman coordinadora de la Red Académica de Gobierno Abierto- Centro de Estudios de Estado y Sociedad, Área Política y Gestión Pública.                     

 

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29 abril, 2020|Columnas de Opinion|Comentarios desactivados en La gestión estatal del COVID 19 y aprendizaje horizontal. Por Ester Kaufman

Nuevo coronavirus: una batalla por los derechos humanos. Por Eamon Gilmore

La crisis por Covid-19 es un problema de derechos humanos, uno de los más globales y urgentes que hemos visto. Esta es una lucha de toda la humanidad, por el derecho a la vida y por el derecho a la salud de todas las personas.

«La dignidad intrínseca y los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana» figura en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Estos son los principios que impulsan los esfuerzos de los gobiernos, los organismos internacionales, las comunidades, las familias y las personas en todo el mundo. Sobre todo, motivan el trabajo del personal de atención médica y de primera línea, quienes se ponen en riesgo, todos los días, para salvarnos.

La población mundial comparte, como nunca antes, la necesidad de trabajar unida por el interés común. Nuestra interdependencia como familia humana nunca ha sido tan clara. La cooperación internacional y la solidaridad son ahora más importantes: ya no son solo una máxima de los gobiernos y de los organismos oficiales, sino un bien que pertenece a todos. Nos enfrentamos a un reto común porque este virus mortal no respeta fronteras. Nuestra mejor oportunidad de supervivencia y recuperación es luchar juntos contra el coronavirus.

Proteger y preservar la vida es el propósito principal de esta lucha. Sin el derecho a la vida, es imposible ejercer otros derechos. Para proteger la vida, debemos reivindicar el derecho a la salud. Este, a su vez, depende no solo del acceso a la atención médica, sino también del acceso al agua potable y al saneamiento, a una nutrición adecuada y a un ambiente seguro y saludable. También requiere acceso a la información, para que las personas puedan proteger su propia salud y la de los demás. Y en esta crisis sanitaria, que requiere una respuesta colectiva y la cooperación de todos, el respeto a la sociedad civil es más importante que nunca. Todos los derechos humanos son interdependientes e indivisibles y deben ser coherentes con nuestra respuesta a la crisis. Los derechos humanos están en el centro de la batalla contra la Covid-19.

Es por ello que la UE está trabajando estrechamente con la ONU, organizaciones internacionales y países de todo el mundo, en un esfuerzo global para superar el virus y sus consecuencias. El 8 de abril, la UE anunció una respuesta global sólida y específica, denominada «Equipo Europa», de más de 20 mil millones de euros para apoyar los esfuerzos de los países socios para combatir la pandemia.

Reconocemos que hay muchas personas que sufren esta crisis, y las medidas para su contención, con mayores riesgos sociales y económicos: los refugiados y desplazados, las personas sin hogar, las minorías más vulnerables, la niñez y las mujeres sometidas a violencia sexual o doméstica, los pueblos indígenas marginados, las personas con discapacidad, las personas mayores y las personas de escasos recursos. Nadie debe quedarse atrás y ningún derecho humano debe ser ignorado.

La UE ha expresado su apoyo al llamado de la Alta Comisionada Michelle Bachelet para tomar medidas especiales para personas en prisiones y centros de detención, así como al llamado del Secretario General António Guterres para un alto al fuego mundial y una respuesta humanitaria coordinada. Continuamos comprometidos con este esfuerzo mundial.

Sabemos que muchos gobiernos han dado pasos y tomado medidas de emergencia, mismas que deberían aplicarse solo a esta crisis, estar limitadas en el tiempo y ser proporcionales a lo que sea absolutamente necesario. Esta crisis no debe convertirse en una excusa para que se aumenten las medidas represivas, se debiliten los pesos y contrapesos democráticos o se diluya el Estado de derecho. Tampoco deben explotarse los temores sobre la Covid-19 para difundir desinformación o reacciones racistas y xenófobas.

En estos momentos, los derechos humanos deben estar al centro de nuestros esfuerzos. Desde que comenzó la crisis, hemos visto millones de pequeños actos de bondad y de emotiva solidaridad en todo el mundo. El espíritu indomable de la humanidad está mostrando su gran generosidad. Nuestra familia humana mundial superará estos días terribles y el mundo que renacerá será mucho mejor debido al cuidado y la compasión que mostramos hoy. No desperdiciemos ese futuro, no cedamos ante el miedo o a nuestras más bajas intenciones. No olvidemos que los derechos humanos definen nuestra propia humanidad.

*Eamon Gilmore es un político del Partido Laborista irlandés que se desempeña como Representante Especial de la Unión Europea para los Derechos Humanos desde febrero de 2019. 
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28 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

¿Se termina la globalización? Por Alberto Asseff

Abrumados por el virus, sin embargo no dejamos de pensar el después. Sabemos que no hay mal que dure cien años. Es lógico pues que estemos reflexionando sobre la pospandemia.

Afrontamos dos incertidumbres que combinadas son torturantes. Una- ¿cuándo superaremos el aislamiento?- nos tiene emocionalmente conmovidos, en algunos casos – no pocos – al borde de la psicosis. La otra- ¿qué nos espera, que sobrevendrá?- nos llena de incógnitas a las que damos variadas respuestas, mayormente apresuradas y por ende generalmente erróneas.

Existe una coincidencia: el mundo y nuestro país no serán iguales a los tiempos precedentes a la calamidad virósica que nos acecha, azota y estraga. Otro punto concordante es que a la madre naturaleza la tendremos definitivamente que tratar con más respeto. A partir de estos acuerdos, los caminos de lo que será ese futuro se bifurcan. Están los que anuncian el fin de la mundialización y el renacimiento correlativo de los soberanismos. Sin eufemismos, de los nacionalismos. Y, lo que es peor, de los populismos. Enfrente se hallan quienes sostienen que la pandemia por definición es mundial y la solución para nuestro planeta no emergerá sino de una propuesta global. Samantha Power – diplomática norteamericana – dijo acerca de la pandemia que “esto no se termina para nadie hasta que no se termine para todos”. Parece un concepto que en su simpleza encierra mucha sustancia. Suscitador de reflexiones.

La vida de los pueblos, sus modos de trabajar, de recrearse, de socializarse, de interactuar, mutarán. De esto no existen dudas. Desde lo más sencillo – nuestras mateadas, los afectuosos abrazos y besos amistosos – hasta las aglomeraciones en festivales, playas, excursiones y tantas otras actividades como el turismo, la gastronomía y la proverbial tertulia de bar cambiarán radicalmente. El trabajo en casa, el comercio electrónico, las reuniones virtuales llegaron en la cuarentena para quedarse y ampliarse. La distancia social en el plano fabril y de servicios será un recaudo habitual en el futuro inmediato. Esos subtes a los cuales se ascendía ‘a presión’ se terminaron. Las frecuencias del transporte público se deberán diagramar inexorablemente pues la gente viajará, por fin, como la gente, todos sentados, cuidándose recíprocamente.

Trabajar en el hogar significará mutaciones que los convenios laborales deberán recoger: se consumirá más energía, gas, telefonía, internet y se erogarán más gastos por limpieza y seguridad. Correlativamente las oficinas centrales disminuirán las facturas por esos rubros. Las personas dispondrán de más libertad, de oportunidades para ser más y mejores ‘familieros’, algo que podría coadyuvar para cimentar esa célula social básica, hoy tan golpeada. Ese tiempo perdido para trasladarse se asignará a metas plausibles.

Existe un punto crucial: según muchos, vendrá un tiempo de estatismo desbordante. Hay voces que reprochan al sistema económico de la libre iniciativa una sobredosis de responsabilidad por este mal y, en rigor, todos los males. Sería catastrófico que la pospandemia nos depare un modelo tipo neosoviético o, como el líder caribeño proclamaba en Caracas, de  ‘socialismo siglo XXI’. Con la experiencia del Estado mastodóntico que sufrimos, paradójicamente doblemente ‘omni’, presente y ausente simultáneamente, la perspectiva sería sombría y empobrecedora para todos. Adiós final para la Argentina de la movilidad social y de la clase media creciente. Un ‘hola’ para darle lugar a la Argentina mediocre, propia del sainete protagonizado por el gris empleado público, ese que descansa en la estabilidad y que vegeta de por vida, sin una pizca de creatividad ni un micrón de innovación. El empleado público tiene muy adentrado eso de que ‘clavo que sobresale es al primero que se remacha’.

Se nos propone como panacea la ‘economía popular’ o la ‘colaborativa’. No se puede negar que temporalmente ambas pueden tributar a auxiliar a ciudadanos desgraciadamente marginados por el desplome económico, pero no parece un buen horizonte volver al trueque o a la producción limitada al autosustento familiar o vecinal.

Estas ‘ideas’ se encabalgan en los apóstrofes que se dedicaron a los empresarios –‘miserables’ – acondicionando a muchos argentinos para ubicarlos como los chivos expiatorios de nuestros padeceres. La Argentina idílica sería así sin empresarios, sin incentivos para producir excedentes, sin desigualdad. En una palabra, todos igualmente pobres.

Para coronar este oscuro pronóstico, como la pandemia limitó las libertades y garantías individuales, incluyendo la de trabajar y ejercer industrias y comercios lícitos – Constitución dixit -, esas restricciones, ¿por qué no mantenerlas? ¿Por qué  devolverlas? Si pudimos superar la asoladora pandemia con DNUs, casi sin Congreso ni Poder Judicial, ¿para qué los necesitamos en la pospandemia?

Contrariamente, creo que la cooperación internacional, afianzar el multilateralismo y sus órganos, establecer una creciente vigencia del derecho global, reforzar la lucha contra el sombrío cambio climático son objetivos que la pospandemia exigirá a todo el planeta.

En el plano interno, es mucho lo que hay que cambiar. Entre esas transformaciones está la de asegurar nuestras libertades – todas, incluidas las económicas -, afianzar nuestras instituciones, limitar el avance estatal, bajar los impuestos – y el déficit que causa su constante aumento – y estimular a todos los emprendedores y a quienes hacen mérito en su vida cotidiana. Todo ello, sin el más mínimo desmedro por los sentimientos de pertenencia a nuestra nación. Todo lo contrario.

 

*Diputado nacional (Juntos por el Cambio).

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27 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Hubo alerta en el Gobierno y tuvieron que salir a recuperar los pesos que emitieron

Ante la falta de recursos genuinos, el gobierno, decidió comenzar a financiar su déficit en el contexto de Covid-19 mediante la impresión de billetes. De esta manera, la base monetaria llegó a expandirse a un máximo de 90%ia el 7 de abril. En un primer momento, cuando ocurría la expansión, la demanda de pesos crecía producto de la incertidumbre generada por el Coronavirus. Las personas querían tener efectivo para realizar sus compras. Con el paso de los días y al observar que se podía retirar efectivo de los cajeros del banco, la demanda de pesos comenzó a caer y la presión sobre los dólares paralelos se incrementó y ya ha superado la barrera de los $110.


BASE MONETARIA: Var. % ia – diaria y promedio móvil 20 días

Esto asustó al gobierno que sobre finales de marzo dio su primera señal de absorción de pesos. Luego, en abril, la absorción fue aún mayor utilizando los instrumentos de la deuda remunerada. Primero fue mediante las Leliqs, después fue el turno de los pases, incrementándose así el stock de deuda remunerada. De esta manera, el 17 de abril, se observa una absorción de $494.153 millones. Por otra parte el acumulado de abril señala una absorción neta de $360.204 millones. Así, se compensaría parcialmente la fuerte expansión de $575.948 millones realizada en marzo.

Queda claro que poner plata en el bolsillo de la gente no solucionará el problema si la moneda no es demandada. En lugar de invertir o consumir esos pesos, gran parte de ellos tendrá como destino la compra de dólares para resguardarse. Por el otro lado, el incremento de la deuda remunerada no es otra cosa que emisión futura, por lo que se está pateando el problema hacia más adelante. Argentina presenta un enorme desafío para no caer en una elevada inflación en el mediano plazo.

Por Fundación Libertad y Progreso

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25 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

¡Dios nos proteja! por el Licenciado Esteban Tancoff

Quienes vivieron el régimen dictatorial de la Argentina de mediados del siglo pasado aprendieron a tener dos personalidades una pública y otra privada que solo se manifestaba en sus mentes.

Ese pasado marcó la cultura política de nuestro presente y es así que los políticos no ejercen la critica dentro de sus partidos pues temen ser llamados traidores y perseguidos por el ejercicio de libertad de expresión.

Pero lo peor de aquellos años de dictadura es que conocieron “el mal”, que se manifestaba en la escandalosa disparidad que había entre las frases en las que se rodeaban los representantes del poder, la vida que llevaban y la que hacían llevar a millones de argentinos.

Por eso sobrevuela en el cielo de nuestra sociedad la preocupación para que el poder no se construya sobre la base de una justicia declamada ideológicamente y una injusticia en los hechos, y es por eso también que la política se ve exigida a exponer gestos y acciones visibles de solidaridad, por amor o por especulación política.

Es en ese marco en el que la discusión acerca de la reducción de los sueldos de los cargos jerárquicos de los tres poderes del Estado también sobrevuela el horizonte de la política.

La pregunta que muchos se hacen es: que se puede esperar de la respuesta social luego de este duro trance que transitamos, ¿Habrá mas convicciones políticas que éticas? ¿Alguien preguntará porque no se organizó un comité de crisis económica tal como se creó en el campo de la salud?

Veremos que no solo las ideas hacen historia, también actúan las fuerzas sociales y económicas, la ideas son importantes si son abiertas, la ideología es cerrada y está al puro servicio del poder. ¡Dios nos proteja!

 

*Esteban Tancoff es licenciado en Psicología
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24 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Créditos uva: los bancos no cumplen. Y el BCRA?. Por hipotecados UVA

En el marco de la ley de Emergencia Económica, y como consecuencia de las medidas dispuestas para paliar los efectos provocados por el COVID-19, el Poder Ejecutivo dictó el Decreto de Necesidad y Urgencia 319/2020, a través del cual dispuso un congelamiento, por seis meses en el valor de las cuotas de los créditos hipotecarios en UVA, y la suspensión por igual plazo de las ejecuciones hipotecarias.

La diferencia entre lo pagado como consecuencia del congelamiento y lo que debió pagarse, deberá saldarse en al menos 3 pagos junto con las cuotas de los meses de Octubre, Noviembre y Diciembre de este año.

Dicha medida alcanza a todos los créditos otorgados para viviendas únicas y de ocupación permanente, indexados por la UVA.

El Banco Central -en su condición de entidad rectora del sistema financiero-, emitió el pasado 1 de Abril, la «Comunicación A 6949», que establece en su punto 4, que en el caso de los saldos impagos de las cuotas cuyos vencimientos operen entre el 1 de Abril y el 30 de junio, el banco otorgante deberá trasladar dicha(s) cuota(s), al final de la vida del crédito, devengando el interés compensatorio inserto en el contrato.

Es decir que aquellos deudores que no se encuentren en condiciones de poder afrontar el pago de esas 3 cuotas, podrán optar por postergar el pago, logrando de ese modo un alivio transitorio.

Los bancos otorgantes de créditos hipotecarios en UVA, haciendo caso omiso a lo dispuesto por el B.C.R.A., han optado o bien por desconocer lo establecido en la Comunicación A 6949, argumentando que los créditos hipotecarios sólo se encuentran alcanzados por el DNU 319/2020, o bien por aplicar lo dispuesto por el B.C.R.A, difiriendo el pago hacia el final del crédito, más allá de si el deudor ha expresado o no su voluntad expresa en ese sentido.

Es indudable que se trata de una clara violación contractual y una vulneración de los derechos del consumidor bancario.

Es necesario que el B.C.R.A. conmine a las entidades bancarias a que apliquen taxativamente y en forma armoniosa, lo establecido en el DNU 319/2020 y en la comunicación A 6949 y que sea el deudor hipotecario quien opte o no por postergar el pago de las cuotas de Abril, Mayo y Junio. De ese modo se podrá llevar tranquilidad y brindar certeza a las más de 105.000 familias hipotecadas, muchas de las cuales han visto reducidos sus ingresos, en algunos casos por la pérdida del empleo, y en otros por verse imposibilitados de desarrollar su actividad comercial o profesional.

Una vez más el sistema financiero muestra su peor cara: la de la falta de empatía y compromiso social para con las miles de familias endeudadas que temen por las consecuencias que acarrea el no poder cumplir con sus compromisos.

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23 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Entre Matrix y Terminator; por Federico Addisi

¿Cómo conciliar? La esperanza nos alimenta el alma.

Pero bien dice el dicho, que el que espera, desespera. ¿y qué es la desesperanza sino la falta de la primera?

Y es sabido que la desesperanza conduce a la desesperación. Y ésta a la angustia. Y por definición, la angustia es ansiedad. Y vuelve a comenzar el círculo. Y no precisamente virtuoso.

¿Conciliar? Más bien, ¿Cómo romper?

Las cuatro «V» del mundo post moderno en nada ayudan a la instrospección. Velocidad, voracidad, vértigo y virtualidad.

Vivimos conectados. On-line. ¿Conectados a qué? A la matrix.

Y los efectos en el alma y en la psiquis son devastadores.

Millones de hombres y mujeres que no pertenecen a la generación 2.0 sufren los cambios sin llegar a adaptarse mentalmente a los mismos. Lo cual genera una sensación de estar «fuera de la red». Y si estoy fuera, no tengo pertenencia.

Por lo tanto estoy sólo. En un mundo que no comprendo ni me comprende. El hombre está alienado.

¿Hay conciencia de ello? Creo que no. Salvo en una minoría lúcida y doliente, que aún toma sus tiempos para la contemplación.

Y a esta altura uno comienza a pensar si no sería mejor que las propias máquinas tomen «vida». Y vengan por nosotros. Poniendo en riesgo la supervivencia humana… ¿o no está en riesgo ya?

Tal vez, la fantasía de Terminator no sea tal y la lucha entre la vida trascendente, teocéntrica y humana; contra la artificialidad del mundo tecnológico, de la era tecnotrónica, inmanente y materialista; este por llegar.

PS: Credo del Incredulo.

 

El Credo del incrédulo

Creo en la Nada Todoproductora, d’onde salieron el cielo y la tierra.

Y en el Homo Sapiens, su único Rey y Señor,

que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.

Nació de la Santa Materia,

bregó bajo el negror de la Edad Media.

Fue inquisicionado, muerto, achicharrado,

cayó en la miseria,

inventó la Ciencia,

y ha llegado a la Era de la Democracia y la Inteligencia.

Y, desde allí, va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.

Creo en el Libre Pensamiento,

la Civilización de la Máquina,

la Confraternidad Humana,

la Inexistencia del pecado,

el Progreso Inevitable,

la Putrefacción de la Carne

y la Vida Confortable.

Amén.

                                                                                                         (Padre Leonardo Castellani)

 

 

 

Federico Gastón Addisi es Dirigente Peronista. Director Cultura Fund Rucci. Columnista de NCN. Historiador revisionista y escritor.

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22 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Media humanidad en la pobreza. Por Sergio Ferrari

El «privilegio» del empleo

Fueron necesarias apenas tres semanas para que la evaluación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre el impacto laboral de la pandemia pasara de “grave” a “dramática”. Con un acento creciente en el sector informal. Entre su primer informe sobre el Covid-19 y el mundo del trabajo publicado el 18 de marzo pasado y las estimaciones actualizadas difundidas en la segunda semana de abril, la OIT cambió su punto de referencia. Ya no se trata de comparar la actual crisis con el terremoto financiero del 2008, sino con los estragos resultantes de la Segunda Guerra Mundial. En esos 20 días, las infecciones a nivel mundial se multiplicaron por seis. El 81 % de la fuerza de trabajo –más de 2.700 millones de trabajadores/as— padecen de desempleo total o parcial. Y de continuar esta tendencia, en el segundo semestre del año en curso la reducción del empleo golpeará a 195 millones de trabajadores/as a tiempo completo, teniendo como referencia una jornada laboral de 48 horas semanales. Según la OIT, 3.300 millones de personas ya están siendo afectadas, de una u otra forma, por la crisis laboral. 1250 millones, es decir el 38% de la población activa mundial, se ubican en sectores que viven una grave caída de la producción, en particular el comercio al por menor, los servicios de alojamiento y comidas y las industrias manufactureras. En segundo nivel del impacto —más del 11 %— se encuentran las artes, entretenimientos, recreación, transporte, información y comunicación. Entre los sectores por el momento menos golpeados por el desempleo: la salud, educación, servicios públicos esenciales, administración pública y defensa, así como la agricultura y ganadería. En tanto la construcción, minería, seguros y actividades financieras están siendo medianamente afectadas a nivel mundial. En el estudio actualizado de la OIT (https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—dcomm/documents/briefingnote/wcms_740981.pdf) la alarma suena con respecto a los trabajadores de la economía informal, que representan en su totalidad unos 2.000 millones de personas, la mayoría en países emergentes y en desarrollo de ingreso bajo y mediano. Con el agravante que, en general, carecen de protección básica, de cobertura de seguridad social, de atención médica y, en caso de enfermedad, de sustitución de ingresos. India, con 400 millones de trabajadores informales, Nigeria, Brasil, Indonesia, Pakistán y Vietnam, se encuentran entre las naciones que por concentración demográfica más sufrirán el impacto. Sin embargo, regiones enteras, como Centroamérica o la América andina, dependen en gran medida de las actividades informales. Las que tienen, también, una fuerte incidencia en las concentraciones urbanas latinoamericanas, desde Buenos Aires hasta la ciudad de México, pasando por Bogotá, Caracas, Lima o La Paz.

La pandemia desinformativa

Beber alcohol fuerte, comer gran cantidad de ajo, bañarse con agua casi hirviente, ingerir medicamentos caseros… Miles de informaciones falsas sobre el Covid-19 explotan en Internet, en las redes sociales y en las plataformas de comunicación. «La información falsa y poco fiable pone en riesgo muchas vidas», señala la Organización Mundial de la Salud, que en una de las peores semanas de su existencia —debido al retiro de la cuota decidida por los Estados Unidos—, saluda el esfuerzo de distintos actores de Naciones Unidas para confrontar la desinformación. Con los Consejos para la población acerca de los rumores sobre el nuevo coronavirus 2019-nCoV, (https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019/advice-for-public/myth-busters) intenta salir al cruce de creencias, desinformaciones o métodos “caseros”, que se presentan como eficaces para contrarrestar el virus. Con el agravante, además, de que detrás de muchas desinformaciones se expande el comercio creciente de medicamentos falsificados o adulterados. Ese comercio “trucho” se extiende a reactivos, máscaras, desinfectantes e insumos adquiridos en el gran mercado virtual internacional. En los últimos días, y con insistencia, la UNESCO —organismo de la ONU dedicado a la ciencia, a la cultura y a la información— reivindicó el rol del periodismo de calidad, productor y portador de fuentes y hechos certeros. Contrarrestando la multiplicación exponencial —como el mismo coronavirus— de las fake news, promueve, por ejemplo, en Twitter, las etiquetas #ComparteConocimientos#PiensaAntesDeCompartir y #PiensaAntesDeHacerClick. Ya en la segunda quincena de marzo, la Federación Internacional de Periodistas (FIP) que nuclea a 600.000 trabajadores del sector, había advertido sobre la necesidad que “periodistas y medios informen sobre hechos y con fuentes fiables, sin especulación alguna”. Y convocaba a autoridades públicas e instituciones médicas a suministrar “información puntual y transparente”. Fue la misma FIP quien en la segunda semana de abril condenó los ataques sistemáticos del Presidente brasileño Jair Bolsonaro a periodistas de su país. Un estudio al que hace referencia la central sindical mundial con sede en Bruselas contabiliza más de 140 ataques de este tipo, en los últimos tres meses, en torno a la cobertura informativa de la pandemia. Esa estrecha frontera entre confrontar la desinformación y el riesgo a la censura de toda crítica fundada, fue subrayado también por la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, quien expresó su inquietud por las restricciones a la libertad de prensa. Michelle Bachelet indicó en la segunda semana de abril que esto ya ha sucedido con periodistas sancionados, por ejemplo, por informar sobre la falta de máscaras protectoras. «La crítica no es un delito», enfatizó. Exhortando a todos los Gobiernos a aumentar el acceso a información y a las estadísticas precisas, ya que «la transparencia es primordial y puede salvar vidas en una crisis sanitaria».

Media humanidad empobrecida

Si la explosión desbocada del desempleo y la problemática de la desinformación acompañan la nueva coyuntura pandémica mundial, el tema de la deuda externa se convierte en agenda crucial de países y regiones. No solo la antigua, acumulada y pendiente. Sino también la nueva, que muchos Estados contraerán para hacer frente a la crisis de supervivencia. Fue uno de los temas cruciales, por ejemplo, del debate interno de la misma Unión Europea durante las últimas semanas y aún pendiente de resolución. Un grupo de 60 organismos y agencias de las Naciones Unidas llamaron el pasado 10 de abril a los gobiernos a abordar la actual recesión y su repercusión en las naciones más empobrecidas del planeta. Según las instituciones onusianas, miles de millones de personas viven en países al borde del colapso económico debido a la combinación explosiva de los “problemas financieros impulsados por la pandemia del Covid-19, pesadas obligaciones de deuda y un descenso de la ayuda oficial al desarrollo”, subraya el documento del Grupo de Trabajo Interinstitucional sobre Financiación para el Desarrollo. Actores de primer orden de la sociedad civil internacional subrayan, también, el riesgo de que a causa de la pandemia más de 500 millones de personas, adicionalmente, caigan en la pobreza. Así lo señala Oxfam internacional en su reciente informe Elijamos dignidad, no indigencia (https://www.oxfam.org/es/informes/elijamos-dignidad-no-indigencia), que acaba de ser difundido en la segunda semana de este mes. La magnitud de esta crisis, según la ONG internacional, excede toda proyección racional. “Podría suponer un retroceso de una década en la lucha contra la pobreza y de hasta 30 años en algunas regiones como África subsahariana, Oriente Próximo y el Norte de África. Más de la mitad de la población mundial podría vivir en condiciones de pobreza tras la pandemia”. Oxfam exige a los organismos internacionales (incluidos al FMI y al Banco Mundial, que tienen prevista su reunión de primavera este tercer fin de semana de abril) “cancelar inmediatamente el pago de la deuda en 2020 y alentar a otros acreedores que hagan los mismo”. Y recomienda «acordar la inmediata inyección de dinero en los países de desarrollo para ayudarles a rescatar a las comunidades en situación de pobreza y vulnerabilidad». Pronósticos, estadísticas, proyecciones, cada día peores, cada semana más dramáticas. En solo algo más de tres meses, la Tierra parece ser otro planeta y la humanidad no termina de agotar su capacidad de asombro.

*Periodista

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22 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Argentina no puede estar condenada a vivir pagando y morir debiendo. Por Noel Breard

La vigencia de William Shakespeare con su libro El mercader de Venecia es una realidad con el paso de los siglos. La usura está también en la literatura como un irremplazable y este libro explica a la Argentina encadenada.
Los acreedores externos, los organismos internacionales y las élites nacionales convivieron y realizaron grandes transferencias de divisas al exterior durante casi cien años de deuda externa, cinco default, se debe un PBI, tenemos stock de vencimientos a muy corto plazo y de cumplimientos imposibles, quedándonos un solo camino, que es la reprogramación de capital e intereses por un período de tiempo que sea de gracia para recuperar la economía (esto funciona en el mundo privado como si fuera un concurso preventivo o de quiebras, un acuerdo extrajudicial). También podemos afirmar que el endeudamiento externo sirve para financiar distintas formas de fugas de divisas al exterior.
El plazo y la espera son los grandes desafíos, pues no significa sólo tiempo sin cambio, se requiere un cambio estratégico de modelo económico-productivo-financiero, donde nuestro país debe pasar de una economía primarizada con algo de valor agregado a una economía con productividad que otorgue sustentabilidad competitiva, sustentabilidad que garantice genuinamente la productividad y sostenga la competitividad (para no caer en devaluaciones competitivas transitoriamente que tienen un costo social enorme), es decir, hacer la transición de este tipo de economía a una del conocimiento. La Argentina en esta lógica repetitiva con los límites de la agropastoril para financiar a los argentinos y la deuda, es que se necesita esta actividad altamente competitiva más economía del conocimiento.
Esto debe ser aceptado en este mundo de crisis en base a la teoría de la «corresponsabilidad de acreedor y deudor», que es el riesgo empresario al hacer la inversión y esta debe ser la bóveda del sistema. El acreedor compra deudas de países con riegos porque tiene doble vía de ganancias generando hiperrentas por a) La alta tasa de interés, b) Ya que compra el bono o equivalente a 100 nominales y paga 50 o 25 (se le reconoce 100 más) intereses.
Esto explica porqué el inversor no puede alegar buena fe y asumir el riesgo de imposibilidad de pago (teoría del acto propio), si los acreedores no entienden que son parte del problema, que el mismo FMI certifica la imposibilidad de pago por parte de la Argentina en estas condiciones y hace la metáfora que nuestro país tiene coronavirus económico, el default será el camino inevitable no querido para la Argentina (recordando que los papeles y bonos argentinos hoy están al 25 por ciento de su valor por el riesgo que tiene la Argentina y se está ofreciendo pagar más que eso).
Otra enseñanza es que después del default hay vida con sacrificio, el default no se elige, pero puede ser un camino a recorrer empujado por los acreedores.
El default no es una creación criolla, nació en los países del Primer Mundo, por ejemplo Alemania tiene sobre sí más de 30 defaults, Inglaterra, Francia y EEUU salieron de los defaults y hoy son acreedores.
Lo saludable sería, junto al cambio de paradigma, crecer para pagar en el lapso de gracia y dejar la historia de no pagar para crecer y sin la doctrina maldita de no crecer para pagar.
El gran debate del espacio público en estos cinco años será cómo construimos un modelo de producción en una economía del conocimiento, es decir, será un debate para la salida y no el círculo vicioso de cada cinco años crisis de balanza de pagos y frustración.
Y para los seguidores del pensamiento único (que creen que sólo las ideas de Adán Smith son válidas y aplicables) les recuerdo que la historia del pensamiento económico y sus procesos tendrán que recordarse. Inglaterra con las ideas de Adán Smith se hizo un gran imperio con gran revolución industrial, pero Alemania como país tardío agroindustrial y con bajo nivel industrial en el siglo XIX tiró el libro de Adam Smith y se inspiró en Georg Friedrich List y fue la respuesta inteligente de poder armar un país altamente competitivo con mercado externo e interno capitalista renano.
Hamilton en EEUU hizo el papel de List en Alemania y la hicieron grande, después por épocas trajeron a Adam Smith, y lo hacían descansar; después a John Maynard Keynes, y después descansar.
Y en el caso de los chinos, hoy potencia, en un debate de apertura doctrinaria post Mao, se dijo que para salir de los comunismos duros y entrar a un sistema más abierto con sectores capitalistas (en una frase que hizo doctrina) que «lo importante no es si el gato es blanco o negro, si no que case ratones», y el actual primer ministro Xi Jinping expresó que para ser estratégicos, para llegar a ser una gran potencia, se debe combatir la corrupción e incorporar valores trascendentes en los principios que establece el confucianismo.

(*) Senador provincial. Fue miembro de la Comisión de Fuga de Divisas en la Comisión Bicameral de Senadores y Diputados Nacionales de Argentina, creada por ley para analizar cómo se llegó a la crisis de la deuda externa en Argentina después del default de 2001.

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21 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

La dicotomía entre salud y economía puede ser más grave que el virus. Por Diego Costarelli

Cuando se establece esta contraposición engañosa entre salud y economía, se está errando garrafalmente sobre el concepto que tenemos sobre la economía. Entre sus acepciones, podemos definirla como:

  • La forma o medios de satisfacer las necesidades humanas ilimitadas mediante recursos limitados;
  • La forma en la que las personas y sociedades sobreviven, prosperan y funcionan”.

He aquí los conceptos clave. El problema es que no se puede hablar de la lista de necesidades sin atender la lista de actividades que van a producir las riquezas necesarias para satisfacer dichas necesidades. Claro que las garantías del Estado sirven. Hasta que se agotan.

Para algunos sectores, para los que menos tienen, se trata sobre todo de sobrevivir. ¿Qué salud puede existir donde no hay medios para satisfacer las necesidades básicas para subsistir? Es disparatado pensar que se puede sostener indefinidamente un Estado que provea recursos y alimentos para todos y cada uno de los ciudadanos, muchísimo menos en el marco de un país que posee de base una solidez endeble. Los recursos son limitados.

El presidente Alberto Fernández criticó a quienes plantean «el dilema entre la economía y la salud», y frente a esto, sentenció: «prefiero tener un 10 por ciento más de pobres y no 100 mil muertos» por COVID-19 en el país. ¿Acaso no está, él mismo, posicionándose en uno de los lados de esta dicotomía? ¿No es él quien está marcando una grieta engañosa, contraponiendo conceptos que, en realidad, forman parte de un todo? Eso es mantener el relato en beneficio propio. De alguna manera, ¿no será que toda esta situación tan angustiante y desconcertante, le sirve al gobierno nacional para desviar la atención de sus desmanejos políticos y económicos?

«De la muerte no se vuelve, pero de la economía se vuelve», insistió el presidente. La muerte de las empresas es la muerte de los empleos. De eso, ¿se vuelve? ¿En cuánto tiempo? ¿Y mientras tanto? Pobreza extrema, con todo lo que eso significa. Yo digo: salud sí, pero salud planteada desde el sentido más integral de la palabra, teniendo en cuenta la salud del tejido vivo económico, también.

El estrés, las enfermedades psíquicas y cardiovasculares, la recesión y el desempleo, también causarán muertes. Las demás enfermedades y afecciones que serán sub- diagnosticadas y tratadas, por no ser consideradas prioritarias, también causarán pérdidas irreparables. Muchas más de las que se están teniendo en cuenta. No podemos mantener esta visión en túnel que nos impide observar los contextos ni frenar en seco la economía del país durante tanto tiempo sin causar daños gravísimos.

Pensar cómo salir

En algún momento vamos a salir todos a la calle de nuevo. Y muchos se encontrarán con la triste realidad: más allá de los esfuerzos, de lo positivo que tiene haber aplanado la curva de contagios y haber aumentado la cantidad de recursos y equipamientos hospitalarios para combatir la pandemia, el COVID-19 seguirá allí. La cuarentena extendida, lamentablemente, no hará desaparecer el virus. Tendremos que enfrentarlo. Con más y mejores herramientas, con mayores previsiones e información para tomar mejores decisiones, pero tendremos que enfrentarlo.

Para situarnos en un contexto más global, en su más reciente informe, el FMI destacó que “como resultado de la pandemia, se prevé que la economía mundial se contraiga bruscamente un 3% en 2020″. Una caída mucho mayor que la producida en 2009 por la quiebra de Lehman Brothers (uno de los bancos de inversión más grandes de Estados Unidos, que protagonizó la mayor quiebra en la historia de ese país y estuvo fuertemente asociada a la crisis financiera global de 2008) y la más estrepitosa luego desde la Gran Depresión de los años 30. Mientras tanto, para la Argentina se espera una retracción del 5,7% en el PBI y un aumento de la desocupación a 10,9%.

La interrupción de las cadenas de producción a nivel global pone en riesgo a las empresas que producen bienes y servicios en el país. Si no pueden conseguir los insumos para seguir fabricando, se paraliza la producción. Y si a esa paralización inevitable, dependiente de la macroeconomía, le sumamos una paralización obligatoria e indiscriminada a nivel local, la asfixia de los sectores privados es inminente.

Las PyMES no esperan buenas noticias y sus balances son poco alentadores. En lo poco que va del inicio de esta situación, las ventas minoristas cayeron en Mendoza en un 50%.

El turismo, sector que da empleo a unos 10.000 trabajadores en la provincia, es uno de los sectores más golpeados por la pandemia en la actualidad. Y lo seguirá siendo, al menos en el mediano plazo.

Son sólo unos pocos ejemplos de lo que sucede como resultado de las medidas de preservación sanitaria por sobre la economía argentina en medio de una falsa dicotomía. Esto es algo de lo que pocos se animan a hablar. A las medidas propuestas por el Gobierno Nacional las acatamos todos, sin embargo, hay una realidad que no podemos negar: estamos descuidando fuertemente el futuro de las vidas que salvamos. Y tristemente, ese futuro está a la vuelta de la esquina. No podemos postergar indefinidamente la reactivación de nuestra economía, sencillamente, porque no sabemos cuándo va a pasar esta tormenta. Debemos dejar de castigar a las empresas y de patearles la pelota. Pensar en el día después es hacernos cargo hoy.

*Senador Provincial

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20 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Pobres o muertos, otro falso dilema. Por Alberto Asseff

El presidente, seguramente tensionado, planteó que prefiere “un 10% más de pobres que 100.000 muertos”. Nuestro país ha sufrido del mal configurado por falsos dilemas, encrucijadas falaces. Literalmente, trampas caza bobos en las que caímos recurrentemente. Esas sofisterías nos restaron energías y no desviaron, generando gravosas consecuencias.

Para un país que a principios del s XX  se ubicó en la vanguardia educativa del hemisferio sur – estábamos más alfabetizados que la Europa meridional -, la disyuntiva “libros no, alpargatas sí” fue una suerte de una ametralladora que disparamos a nuestros pies. Para una economía que supo colocarse entre las siete mayores del planeta – coetáneamente con esos logros educativos -, la absurda opción “campo o industria” fue un manantial de errores y fundamentalmente de derroches y de desaprovechamiento de nuestras innegables ventajas en el plano productivo. Tan fue así, que terminamos comiendo pan negro, cierto que con la seca como coautora de la crisis.

En una sociedad donde la inseguridad estaba en el podio de las primeras preocupaciones – en pretérito, porque la pandemia alteró todo el escenario-, la Argentina sufrió el desatino de entretenernos con garantistas vs rigoristas mientras el delito se disparaba cual azote colectivo.

Es interminable la ristra de sinsentidos propuestos para desmovilizar nuestra actitud como comunidad, para neutralizar nuestra resolución de marchar hacia objetivos compartidos plausibles.

Detengámonos en el último de la larga cosecha: pobres o muertos. La sensatez, el más elemental sentido común nos induce a replantear el asunto: ni pobres ni muertos, así como antaño era – o debió ser – libros y alpargatas, campo más industria, la fuerza de la ley con todas las garantías. O, para remontarnos al primer pasado, unidad nacional en un régimen federal de gobierno, en lugar de ese doloroso ‘salvajes unitarios vs sanguinarios federales’.

Esta falacia de contraponer pobreza y mortandad se vincula con la pandemia y cómo la encaramos, qué respuestas le dimos. El gobierno obró bien, con buena repentización al decretar la cuarentena preventiva obligatoria y al convocar al equipo de epidemiólogos. Empero ralentizó el testeo, la fabricación y/o compra de respiradores artificiales y el uso de mascarillas. Agrego que no convocó suficiente y claramente a las Reservas – quizás porque vienen siendo descuidadas desde hace décadas – y se ocupó de remarcar que las Fuerzas Armadas dan apoyatura logística, para la emergencia sanitaria, ‘desarmadas’ ¡Salta a la vista el disparate, caso único en toda la tierra, de fuerzas armadas de la Constitución que operan desarmadas!

El falso dilema se combina con uno flamante: salud vs economía. Es racional inferir que si la pandemia es letal, la salud económica no nos servirá. Contrariamente, si sorteamos al virus, pero nuestra economía se desploma, surgirá otra gravísima enfermedad que sería la extensión de la pobreza, la pauperización generalizada. Ambas sanidades son interdependientes y deben ser coordinadamente atendidas. En un momento crucial, claramente primero la salud, pero paralelamente adoptando todas las medidas, con sentido fino de la oportunidad, para amortiguar el impacto destructivo en la economía. Es aquí donde resalta la ausencia de la convocatoria a los economistas cual comité asesor del presidente.

Si el turismo emplea a más de un millón de personas y hoy está totalmente paralizado no hay que vacilar en auxiliarlo para que se mantenga en pie al aguardo del momento para retornar a la actividad.  Si el tejido de las 800.00 pymes es el corazón del mundo de la producción y trabajo argentinos, hay que expeditivamente ayudarlas, inclusive con créditos extraordinarios a tasa cero. Es verdad que la muerte es irreversible. Pero, ¿acaso es sencillo volver a montar una pyme que cayó en la crisis?

El presidente mencionó que ingresábamos a una “cuarentena administrada” precisando que a él le caía mal el verbo flexibilizar. No corresponde entrar en la trampa de discutir por un vocablo. Lo que es pertinente sí, es que ‘administren’ la cuarentena con una precisa hoja de ruta para la salida paulatina. Ya mismo. Es urgente testear masivamente, redoblar esfuerzos sanitarios preventivos o precautorios y complementariamente ir rehabilitando actividades económicas, franja por franja, sector por sector. Inclusive, hay que hacer el mapa de la inmunidad para posibilitar la reapertura del trabajo en diversas geografías de nuestro vasto país.

Hoy el SAME abocado a atender la crisis sanitaria está a pleno. Falta el SAME económico. Pues hay que articularlo cual hospital de campaña, es decir a alta velocidad.

La tecnología – por caso, los celulares inteligentes – ayuda para el plan de reactivación de la economía, pues permite el seguimiento de la patología y así detectar dónde existe la alternativa de volver al trabajo y quiénes pueden realizarlo.

Otros temas impostergables: el regreso de los argentinos varados en el exterior – que son compatriotas, no ‘chetos’ poco menos que despreciables -, la eximición de impuestos y aranceles a la importación de reactivos, dejar por un largo tiempo de mencionar la suba de impuestos y darle una caricia a los emprendedores que crean trabajo. Decirles que sabemos todos que no son los lobos a abatir, sino los caballos – junto con los trabajadores – que tiran del carro. Por eso, tampoco el sofisma de ‘más estado y  menos mercado’. Estado y mercado, combinados, cada uno en su sitio pues juntos son capaces de forjar un país próspero. Pospandemia y poscapitalismo no son sinónimos.

Ni más pobres ni más muertos. Un país entero que supera uno de los peores trances de su vida histórica y sale para adelante.

 

*Diputado nacional

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16 abril, 2020|Columnas de Opinion|Comentarios desactivados en Pobres o muertos, otro falso dilema. Por Alberto Asseff

Una botella al mar. Un llamado a los pensadores de Disenso. Por Federico Gastón Addisi.

Ante la Pandemia y su hija no reconocida, la Cuarentena, la economia real se paraliza. ¿Qué proponemos?

Yo sugiero impulsar desde abajo un Foro que busque el consenso de las organizaciones libres del pueblo para llegar a los gobiernos, y declarar ante la Guerra Mundial que se vive, la caducidad de la deuda externa de todos los países. Tenemos que hacer estallar Bretton Woods y la mentira de la Reserva Federal ahora. Nos está matando.

Cómo vivimos? Hay que emitir y poner plata en el bolsillo de los argentinos. NO vía Bancos que son parte del problema y no de la solución. Que genera inflación? Es cierto en parte. Sien embargo, si se trata de una Guerra ese es el menor problema y el mayor es que nuestro pueblo coma. Pero si no les gusta, VAYAMOS A LAS CUASI MONEDAS. No generan inflación y pemiten las transacciones.

Denunciemos que el «Nuevo Orden Mundial» no sólo no puede parar esto sino que es altamente probable que sea su causante y que por ende es imperioso volver a la Comunidad Organizada. Volver a los lazos comunitarios. A fortalecer el Estado y sus instituciones fundamentales con el pueblo como actor central. Si no lo hacemos, no lo duden habrá un «globalismo recargado». Ya tienen a las puertas la masa de desempleados que desean, el deceso de los «molestos» ancianos que no producen, la vigilancia casi permanente, el reconocimiento facial, el intento de la desaparicion del papel moneda, y van instalando con mayor fuerza «la Renta Básica Universal». Es el camino de la IV Revolución Industrial, de una era post capitalista y eminentemente financiera, del mundo sin trabajadores, con IA y robótica, del transhumanismo. La sociedad del descarte.

Hay que pararlo. Y no creo que haya que innovar demasiado. En tiempos de crisis los pueblos se repliegan sobre lo que conocen.

¿Y la política mundial? Pues bien amigos, ya que se insiste con la guerra (disculpen mi reiteración pero la dirigencia global machaca con este parangón), es de suponer que la economía del mundo quedará devastada. Por ende, tendrá que existir otro «Plan Marshall», otro actor que reconstruya sobra las ruinas. Será quien quede mejor posicionado luego de la Pandemia y quien tenga los líderes con la vocación y visión estratégica para forjar un renacer de los pueblos. Un eje China, Rusia no es improbable.

Pero lo que es seguro, es que a esta situación respondemos los pueblos u olvidemos todo atisbo de humanidad en el futuro cercano.

 

 

Federico Gastón Addisi es Dirigente Peronista. Director Cultura Fund Rucci. Columnista de NCN. Historiador revisionista y escritor.

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15 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Cómo debe ser un impuesto real sobre la riqueza y el capital. Por Gabriel Solano

Desde algunos sectores del bloque de diputados del kirchnerismo han planteado la necesidad de establecer un impuesto que afecte a los sectores más pudientes de la población con el fin de recaudar fondos que permita al Estado enfrentar los gastos que se derivan del combate a la pandemia.

Es sabido que como resultado de la cuarentena declarada desde fines de marzo los ingresos fiscales que ya venían en caída han entrado directamente en zona de derrumbe y que, en ausencia de la posibilidad de acceder a la colocación deuda, la única fuente de financiamiento actual es la emisión monetaria. Esta también venía creciendo de modo sostenido desde fines del año pasado, pero en el mes de marzo pegó un salto descomunal. Se estima que habría rondado los 500.000 millones de pesos, el equivalente a un tercio de la base monetaria. En una economía donde el sistema financiero, la fabricación y comercialización de alimentos y de productos de consumo masivo están en manos de un puñado reducido de capitalistas, el pasaje de esa emisión a los precios es inevitable. A la luz de lo expuesto, un impuesto sobre la riqueza que permita financiar la lucha contra la pandemia está a la orden del día. De hecho es un debate no solo local sino internacional.

A qué uso debe dirigirse

Ahora bien y antes de entrar directamente en el tema del impuesto propiamente dicho es necesario preguntarse: ¿qué gastos se pretenden financiar? Sucede que los sectores kirchneristas que han agitado la necesidad de este tributo no plantean bajo ningún punto de vista cesar de inmediato el pago de la deuda pública. El tema no es para nada menor, porque si de lo que se trata es de dotar de recursos al Estado vale tanto aumentar la recaudación como discutir el destino de esos fondos (excluimos, desde ya, la idea de bajar gastos que agitan sectores de la derecha). Dentro de los gastos del Estado el pago de la deuda ocupa un lugar fundamental. De hecho en lo que va del año solo por vencimientos de deuda en moneda local el gobierno ha gatillado casi 200.000 millones de pesos. Y en materia de deuda en dólares, los pagos también han continuado sin alteraciones. Solo ahora el gobierno ha decidido postergar hasta el 2021 la cancelación de los vencimientos de deuda en dólares bajo jurisdicción local, para seguir pagando los vencimientos bajo jurisdicción extranjera en manos privadas, a los organismos multilaterales de crédito, al Club de París y la deuda en pesos.

Según una cuenta realizada por el diario BAE, donde escriben los economistas enrolados en el ala izquierda del kirchnerismo, el impuesto que estarían considerando sería imponer un tributo del 2% a los multimillonarios. La estimación de recaudación sería de aproximadamente unos 28.000 millones de pesos. Calculado en dólares, al tipo de cambio oficial, representa unos 430 millones de dólares. Se trata de una cifra que está muy por detrás de los vencimientos de la deuda hasta fin de año –si se suman pagos en dólares y en pesos. De acuerdo a la información los pagos sumarían unos U$S 3.300 millones de deuda bajo legislación extranjera, más unos 700.000 millones de deuda en pesos. Si sumamos todo y lo calculamos en moneda local, el total de vencimientos que el gobierno piensa pagar rondan los 900.000 millones de pesos. Como vemos, una cifra que supera en 32 veces lo que se recaudaría por el eventual impuesto. Es cierto, claro, que el gobierno piensa refinanciar la deuda en pesos, pero hasta ahora lo ha logrado solo parcialmente debiendo recurrir a la emisión. A esto se le debería agregar, además, los subsidios estatales a la clase capitalista. Si a esto le sumamos que en todos estos casos esos empresarios han operado o despidos, o suspensiones, y recortes salariales, estaríamos casi en presencia de un impuesto que las patronales pagarían con sus ahorros en los costos laborales. Así, el impuesto sobre los ricos sería usado para pagarles a los ricos. La política del ala izquierda del kirchnerismo es un recurso extremo para salvar la política de pago de la deuda usuraria.

Qué fondos deben ser gravados

Dejando de lado por un momento la cuestión del pago de la deuda, es necesario añadir que el alcance del impuesto que están discutiendo en el kirchnerismo es por demás conservador. En lugar de gravar a las grandes fortunas, el riesgo es que se termine haciendo recaer el impuesto sobre la clase media que posee una casa y un auto. La propuesta más audaz, de establecer un impuesto sobre los fondos blanqueados bajo el macrismo, fue rápidamente abandonada con el argumento que sería declarado inconstitucional por la Justicia. Pero contra lo que dicen ahora dentro del kirchnerismo, la idea tenía mucho sentido. El blanqueo macrista fue declarado un éxito sin parangón, no solo a nivel nacional sino también internacional. Los fondos que se declararon superaron los 110.000 millones de dólares, lo que equivale en la actualidad a un tercio del PBI anual de la Argentina. Todos los especialistas declararon que el éxito se debió a dos factores: que la penalidad era baja y que se permitía mantener los fondos declarados en el exterior. A pesar de esto, sin embargo, lo blanqueado está muy lejos de representar la totalidad de los fondos que se mantienen fuera del alcance del fisco. Un informe reciente de la AFIP dio cuenta que a partir de un cruce de datos con algunos países, encontraron cuentas superiores a 1 millón de dólares que totalizan los 2.600 millones de dólares. Anticiparon que si el cruce se hace con cuentas superiores a los 700.000 dólares el número final crece exponencialmente.

Por lo pronto el reporte de la revista Forbes del año 2017 señalaba que los 50 millonarios más importantes de la Argentina sumaban un patrimonio de unos 70.000 millones de dólares. En un sentido similar, el anuario de la AFIP del 2017 informaba que el 1% más rico de la población declaraba activos por US$ 89.252 millones en el capítulo Bienes Personales, de los cuales el 74% estaba en el exterior. Estamos hablando acá solo de los fondos declarados por el 1% más rico. Si se amplía la brecha al 5% más rico y se incorporan las ganancias presuntas que no fueron declaradas es probable que ese monto crezca considerablemente. Finalmente, los activos que la clase capitalista tiene en el exterior son muy superiores a todas las cifras citadas más arriba. Según el informe del Indec del primer trimestre del año 2019 estos activos totalizaban US$ 296.587 millones, un 80% del PBI de aquel entonces.

Todos los datos económicos muestran que la acumulación de riqueza se concentra en una minoría de la población. La acumulación de un PBI por parte de la clase capitalista argentina en el extranjero es una expresión extrema de parasitismo. Este capital es un producto social que se fue desviando de la acumulación de capital en el país para formar una enorme reserva de valor en el extranjero, fuera del alcance del Estado y de la desvalorización que imponen las crisis. Por eso, cada bancarrota nacional ha reforzado esta tendencia a la fuga de capitales.

Cómo debe ser el impuesto

El impuesto que debe aplicarse debe ir sobre la totalidad de estos fondos y el patrimonio estimados por el Indec. Dada la envergadura de la crisis que tenemos que afrontar, el impuesto debiera ser del 10% sobre el 5% más rico para permitirle al Estado hacerse de una masa de recursos significativa.

Un impuesto a la riqueza que se precie de tal debería incluir los paquetes accionarios que constituye una fuente de evasión a través de sociedades especiales constituidas para refugio de patrimonios que escapan a la tributación. Esto debería complementarse con un gravamen especial a las ganancias de los bancos, mineras y el capital agrario que han sido los grandes ganadores estos últimos años. Estos sectores tienen espaldas suficientes, con las rentas extraordinarias que han acumulado, para financiar un fondo para hacer frente a la emergencia social, sanitaria y productiva.

Además, se debe aumentar fuertemente el impuesto a las ganancias sobre las categorías más altas y liberar del mismo a los salarios.

Una medida de este tipo debiera ir acompañada de la apertura de los libros de las empresas ante comisiones obreras independientes, para evitar las evasiones sistemáticas que los capitalistas cometen contra el fisco, la nacionalización de la banca y de las sociedades de bolsa, todas vías clásicas utilizadas para la fuga de capitales.

Y de la nacionalización para garantizar la continuidad de la producción, bajo control obrero, de toda empresa que cierre o despida, incluyendo las que operan en negro, garantizando la continuidad de las fuentes de trabajo sobre la base de la denuncia simple de los trabajadores que se encuentren en esa situación.

Advertimos que el kirchnerismo está muy lejos de querer aplicar un impuesto de este tipo. No solo reculó del planteo de utilizar como base imponible los fondos declarados en el blanqueo. Ahora ha designado como encargado de presentar la propuesta a Carlos Heller, presidente del Banco Credicoop. Los banqueros duermen tranquilos.

El Partido Obrero plantea ir a fondo: impuestos progresivos al gran capital. No al pago de la deuda. Nacionalización de la banca y el comercio exterior. Apertura de los libros de las empresas y sociedades. Control obrero.

*Legislador porteño del Frente De Izquierda

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15 abril, 2020|Columnas de Opinion|Comentarios desactivados en Cómo debe ser un impuesto real sobre la riqueza y el capital. Por Gabriel Solano

Cuando intentaron bombardear Buenos Aires en tiempos de Perón. Por Pablo A. Vázquez

Las últimas noticias, en el medio de la pandemia del coronavirus, señalan la decisión del presidente norteamericano Donald Trump de iniciar una operación armada en gran escala para combatir al narcotráfico en el Caribe y a los políticos que se benefician, supuestamente, con dicho ilícito. Con una espectacularidad propia de una película yanqui sobre la Segunda Guerra Mundial, con despliegue de mapas y gráficos, el almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur, explicitó que miles de soldados norteamericanos están en la región para interrumpir las rutas de la droga de Colombia y de Venezuela.

Se movilizarán destructores, buques de guerra, cazas y helicópteros de la Armada, junto a sus Boeing P – 8 Poseidon para ataques antisubmarinos, más 10 buques de la Guardia Costera, y aviones de vigilancia de la Fuerza Aérea… Aún los Marines están en la espera!

La intención última es, como en estos años, atacar al gobierno bolivariano y jaquear la continuidad del presidente Nicolás Maduro, ya que la beligerante oposición venezolana, ariete de los EE. UU, ha sido inútil en sus intentos desestabilizadores.

Conmovido por esta acción armada, me trae a la memoria otros episodios similares que padecimos en la historia nacional.

Las acciones portuguesas sobre Colonia de Sacramento en la Banda Oriental, en el período colonial, sumadas a las invasiones británicas sobre Buenos Aires en 1806 y 1807, el ataque brasileño a Carmen de Patagones, más la ocupación de nuestras Islas Malvinas en 1833 por parte de Gran Bretaña, la acción bélica de Francia e Inglaterra contra la Confederación Argentina en la Guerra del Paraná (1845 – 1846) y la participación armada del Imperio del Brasil y del sector “colorado” uruguayo contra Juan Manuel de Rosas que devino en la derrota de Caseros en 1852 son, sumando la guerra de Malvinas de 1982, las más evidentes de explicitar.

Pero hubo otras intervenciones militares extranjeras que se proyectaron y no llegaron a concretarse, muchas por iniciativa local, así como hoy sucede en la hermana República Bolivariana de Venezuela.

En el siglo XIX hubo pedidos de invasiones extranjeras por parte del unitario Florencio Varela, a Francia y Gran Bretaña, contra la Confederación Argentina en tiempos de Rosas.

A los cien años de dicha demanda Beveraggi Allende planteó similar “ayuda militar”, ante los EE. UU, en tiempos del primer gobierno de Juan Perón, lo que le valió que perdiese su ciudadanía y se escapase al Uruguay para seguir conspirando.

Sin ir más lejos, aunque en un plano más patético, años atrás Elisa Carrió envió a la OEA y embajadas latinoamericanas cartas donde constaba la idea de una intervención a nuestro territorio para monitorizar, controlar y, llegado el caso, reestablecer el normal funcionamiento de nuestro sistema político en tiempos del kirchnerismo.

Para 1890, en el marco de la crisis económica del gobierno de Juarez Célman y la cesación de pagos a la Baring Brothers, el parlamento británico pensó en el envío de su flota para exigir el pago de las deudas. Si bien se desistió de bombardear Buenos Aires, no ocurrió lo mismo con Venezuela, ya que a fines de 1902 e inicios de 1903, también por deudas económicas, sufrió el bloqueo, bombardeo y desembarco de soldados por parte de Gran Bretaña, Italia y Alemania. Frente a la inacción norteamericana al no aplicar la doctrina Monroe, el canciller argentino Luis María Grado impulsó la tesis de la imposibilidad de ejercer sanciones militares por deudas económicas. La Doctrina Drago es hoy de reconocimiento internacional y amparó la soberanía venezolana, lo cual es reconocido por dicho país, basta recordar su apoyo irrestricto a la causa argentina y nuestra soberanía sobre las Malvinas durante la guerra del ‘82.

Pero quizás un caso olvidado fue la intención norteamericana de intervención armada en 1944 contra la Argentina. Producida la Revolución del 4 de junio de 1943 sus objetivos fueron el mantenimiento de la neutralidad en el transcurso de la guerra mundial y reafirmar relaciones con los países vecino, lo que fue como un planteo expansionista pro nazi. Fue así como Estados Unidos impulsó desde sanciones económicas hasta el aislamiento diplomático. Pero estas medidas amenazaban con escalar y se llegó a plantear la invasión a nuestro país. Según Carlos Escudé en Gran Bretaña, Estados Unidos y la declinación argentina 1942 – 1949 (1983): “Hacia principios de 1944 el derrocamiento del gobierno argentino era la política oficial del gobierno de los Estados Unidos”. Para ello “(Cordell) Hull preparó una acusación contra la Argentina por enriquecerse durante la Segunda Guerra Mundial mientras sometía a sus vecinos a los peligros de la dominación nazi, toleraba a los agentes nazis y jugaba un rol decisivo en el golpe boliviano. El comunicado incluía (…) una orden de congelamiento para todos los activos argentinos en los Estados Unidos. (…) Roosevelt aprobó un aumento del “préstamo y arriendo” para el Brasil. Simultáneamente, se ordenó al transferencia de poderosas unidades de la Flota del Atlántico a la boca del Río de la Plata, al comando del almirante Jones Ingram”.

El corte de relaciones diplomáticas con el Imperio del Japón y, por ende, el III Reich, más el recambio de los generales Pablo Ramírez por Edelmiro Farrell al frente del ejecutivo local no hizo variar la opinión norteamericana.

Escudé señaló que hubo un pedido al presidente brasileño Getulio Vargas, aliado de los Estados Unidos al punto de enviar tropas al escenario bélico europeo, de acompañar una invasión contra la Argentina. La idea era que el ejército del Brasil penetrase en territorio argentino y, a su vez, aviones y pilotos norteamericanos – ataviados con los símbolos de las fuerzas armadas brasileñas – bombardearan Buenos Aires.

Con el pretexto del expansionismo argentino y eliminar el eje Farrell – Perón, se le ofrecía al Brasil, a cambio de colaborar en la invasión, convalidar la anexión de la Mesopotamia bajo reconocimiento norteamericano.

Pero eso fue desestimado de plano por el presidente Vargas, a quien lo unían fuertes lazos con la Argentina y con Perón, planteando que sería una acción indigna para su país.

Tras la firma del armisticio con Alemania, EE.UU siguió presionando a la Argentina con su embajador Spruille Braden, como virtual jefe de la opositora Unión Democrática, el cual aún planteaba la hipótesis de la intrusión yanqui en nuestras tierras para echar a Perón.

Braden comunicó al Departamento de Estado norteamericano, en septiembre de 1945, siguiendo a Jane Van Der Karr en Perón y los Estados Unidos (1990), que: “La importancia de las cuestiones en juego, sumada a la firme voluntad de los nazis locales de mantener en el poder, harán sumamente difícil encontrar una solución pacífica a la situación actual. La oposición, haciendo caso omiso de sus responsabilidades, confía en una intervención extranjera (EE.UU.) de la que, sin embargo, serían los primeros en sentirse agraviados. Mientras la oposición persista en este comportamiento, Perón y su grupo no pueden ser derrocados desde el interior de la Argentina”.

Los sucesos del 17 de octubre de 1945 y la liberación de Perón dieron un giro inesperado que replanteó la política exterior norteamericana con respecto a nuestro país en vísperas de la asunción de Juan Domingo Perón como presidente constitucional. Pero 1955 demostró que de una u otra forma, lo mismo que muchos golpes en el Cono Sur, la mano imperialista movió sus hilos.

Años después, a modo de casi humorada, un presidente uruguayo, con el pretexto de una supuesta amenaza argentina, no sólo planteó la descabellada hipótesis del conflicto con Argentina – y su respuesta delirante a través de una guerra de guerrillas (sic) – sino que buscó el apoyo servil del amo del norte como “amigo y aliado”.

Con la Organización de Estados Americanos al servicio norteamericano en su ataque a las democracias populares latinoamericanas y los medios hegemónicos de la región en sintonía con los intereses imperialistas, sólo la voluntad de los pueblos y su toma de conciencia podrá poner freno a esta avanzada del Norte, en medio de un desastre sanitario global.

La Argentina, hoy con un gobierno nacional y popular, debe ser firme en su postura internacional, denunciar este atropello y apoyar sin restricciones la soberanía venezolana.

Las palabras de Perón, del 1° de mayo de 1974, son proféticas: “A niveles nacionales, nadie puede realizarse en un país que no se realiza. De la misma manera, a nivel continental, ningún país podrá realizarse en un continente que no se realice.

Queremos trabajar juntos para edificar a Latinoamérica dentro del concepto de comunidad organizada. Su triunfo será el nuestro… Nuestra tarea común es la liberación”.

* Politólogo; docente de la UCES; miembro de los Institutos Nacionales Eva Perón y Juan Manuel de Rosas.

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14 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

La doble moral de los inventores del ciberpatrullaje. Por Ricardo Ragendorfer

El 8 de marzo fue detenido en su casa del barrio de Balvanera un tal Santiago Rubén Aciar por difundir en su canal de YouTube una fake news acerca de la existencia secreta en el Hospital Posadas de «tres pisos colmados de pacientes con coronavirus que el gobierno ocultaba». Ese video obtuvo 144 mil visitas; entre estas, la del interventor del establecimiento, Alberto Alejandro Maceira. Fue él quien hizo la denuncia ante la Justicia. Y no el Ministerio de Seguridad.

Pero en aquel instante hubo una caprichosa coincidencia del destino: su titular, Sabina Frederic, se encontraba en teleconferencia ante una comisión de la Cámara de Diputados y fue allí cuando mencionó lo de los «ciberpatrullajes para medir el humor social». Claro que luego supo especificar que aquello «no es un acto de espionaje», ya que consiste en «un rastreo público de las redes sociales y no de la esfera privada», con el propósito de «saber lo que pasa en las calles para así prevenir situaciones de violencia y saqueos que se alientan por Internet». De hecho, ni siquiera está bajo la lupa oficial el ejército de trolls reactivado recientemente por Marcos Peña mediante contratos millonarios con cuatro consultoras para convocar a protestas de balcón. «Cacerolear no es un delito», afirmó la funcionaria.

No obstante, tales argumentos no bastaron para evitar que su antecesora, Patricia Bullrich, diera rienda suelta a su angurria de protagonismo. Tanto es así que aquel mismo miércoles escribió en su cuenta de Twitter: «¿Qué código establece que el humor social es delito? Eso se llama espionaje y es un grave delito. Si quiere medir el humor social, haga una encuesta, ministra».

Es notable que esa mujer se exprese como si hubiera sido funcionaria en la idílica Atenas durante la era de Pericles.

En este punto conviene retroceder a fines de 2017, cuando ella reveló por TV: «Estamos haciendo lo que se llama ciberpatrullaje para identificar a grupos políticos que quieren generar una agitación que la sociedad no quiere. Y se los vamos a presentar a la Justicia».

No faltaba a la verdad. Durante su gestión fueron a dar a los calabozos del régimen macrista unas 68 personas por sus «deslices» en las redes sociales.

Ya en julio de 2016 el punitivismo cibernético de Bullrich acaparó la atención de la prensa al anunciar la captura de una célula terrorista islámica en el barrio de Villa Ortúzar, durante una acción conjunta de la Policía Federal y la Metropolitana. Los detenidos: dos adolescentes que habían cometido el terrible pecado de subir a Twitter la fotografía de una bomba con un epígrafe en caracteres árabes. Estuvieron presos más de dos semanas, aun a sabiendas de que todo había sido una humorada poco feliz. «Todo hecho intimidatorio no es una broma», sentenció entonces la ministra.

Otra salvajada de «Pato» fue, en septiembre de 2017, el arresto de una paciente psiquiátrica que había puesto en vilo la seguridad del Estado con un posteo lesivo a la investidura presidencial.

Pero la persecución en las redes sociales de ciudadanos díscolos no fue monopolio de esa ministra. Por el contrario, se trató de una práctica orgánica y extendida del macrismo en el poder. Lo demuestra –por ejemplo– la entonces directora de Radio Nacional, quien echó mano a esta metodología para echar periodistas. «Te revisamos el Twitter», solía decirles con un tono confidencial, por toda razón de despido. Dan fe de aquello profesionales como Víctor Hugo Morales, Jorge Halperín, Cynthia García y Mariana Moyano, entre otros.

Si bien Bullrich es el caso más alevoso de amnesia esquizoide ante sus actos y proclamas del pasado reciente, no le van a la zaga otros defensores de los valores republicanos, como el ex consejero de la magistratura, Alejandro Fargosi; la incorruptible Laura Alonso; el negacionista Darío Lopérfido; la manager de represores presos, Victoria Villarroel; y el economista-cacerolero Miguel Boggiano. La lista es vasta. Todos ellos, más allá de su incomodidad frente al tema del ciberpatrullaje, manifiestan por todos los medios su aversión al «totalitarismo sanitario» del gobierno. Y con argumentos que nadie hubiera imaginado en sus labios.

Una muestra palmaria de dicha retórica lo encarna el politólogo Agustín Laje, una promesa liberal de ultraderecha al que la mayoría de los nombrados suele leer. El tipo acaba de publicar en el portal AltMedia un artículo titulado «El poder en tiempos de pandemia»; allí desarrolla, a propósito de la política oficial para frenar la circulación del Covid-19, una pintoresca ensoñación teórica sobre la «sociedad disciplinaria». A tal fin no le tembló el pulso al basar su hipótesis en el libro Vigilar y castigar de Foucault. Ni al citar nada menos que el Post-scriptum sobre las sociedades de control, de Gilles Deleuze, uno de los ideólogos del Mayo Francés. Seamos realistas y pidamos lo imposible, es la consigna opositora del momento. Una muestra palmaria de dicha retórica lo encarna el politólogo Agustín Laje, una promesa liberal de ultraderecha al que la mayoría de los nombrados suele leer. El tipo acaba de publicar en el portal AltMedia un artículo titulado «El poder en tiempos de pandemia»; allí desarrolla, a propósito de la política oficial para frenar la circulación del Covid-19, una pintoresca ensoñación teórica sobre la «sociedad disciplinaria». A tal fin no le tembló el pulso al basar su hipótesis en el libro Vigilar y castigar de Foucault. Ni al citar nada menos que el Post-scriptum sobre las sociedades de control, de Gilles Deleuze, uno de los ideólogos del Mayo Francés. Seamos realistas y pidamos lo imposible, es la consigna opositora del momento.

*Periodista de investigación

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14 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

La regulación de Internet en la Argentina

Por Aritz Recalde y Luciana Contissa

Internet es uno de los instrumentos de producción y de divulgación cultural más importante de la historia humana. ​Quien lo administre tendrá una herramienta política fundamental del orden geopolítico internacional. Tal cual lo denunció en el año 2013 Edward Snowden, las agencias públicas norteamericanas en acuerdo con las corporaciones privadas que proveen de Internet, reúnen, ordenan y utilizan la información de las personas y de los gobernantes. Las nuevas tecnologías son el medio para implementar el sistema de espionaje, manipulación y de control más efectivo que haya existido. Internet y la economía

Internet y sus aplicaciones son un recurso fundamental para el desarrollo productivo de los países. Desde allí se movilizan las finanzas, se instalan consumos, marcas y tendencias en la población y se pone en juego la posibilidad de alcanzar la independencia económica. La administración de las nuevas tecnologías conforma un importante negocio. Los proveedores de Internet en el país se integran en monopolios de telecomunicación y un grupo reducido de corporaciones administran esta y otras actividades como la televisión por suscripción y la telefonía. En Argentina los tubos, cables, fibra óptica, routers y centros de datos, son controlados por las mismas empresas que proveen servicios de telecomunicaciones. El mercado tiene tres compañías protagonistas: Cablevisión (Grupo Clarín), Speedy (Telefónica) y Arnet (Telecom). Telecom y Cablevisión se fusionaron en el último gobierno. La conexión de Argentina con Internet depende, casi en su totalidad, de tres cables submarinos que convergen en la localidad de Las Toninas. El despliegue de la infraestructura está en manos de un puñado de corporaciones privadas nacionales y multinacionales. Internet: orden público y defensa nacional

Internet recibe, ordena y utiliza información de los individuos y es por eso que se pone en juego su privacidad, su libertad y su seguridad. Las corporaciones manipulan los datos registrados en los buscadores como Google o Yahoo, las geo-referencias de los GPS de los celulares, la información de los chats y las llamadas telefónicas. Utilizan también la inmensa masa de datos que circulan en las redes sociales. Internet ha contribuido a que la información y los bienes culturales circulen superando limitantes de distancias, costos y formatos y cumple una función central en la construcción de la identidad colectiva de la comunidad nacional. Potencialmente, a partir de Internet se pueden desprestigiar regímenes políticos, debilitar gobiernos y movilizar a la opinión pública. De la misma manera que se logra a partir de los medios tradicionales, pero con un alcance superior y con mucho menor costo. La regulación y el manejo de las nuevas tecnologías conforman un tema central de la defensa nacional y ningún Estado soberano puede dejar su desenvolvimiento en manos de la imprevisión. Geopolíticamente hablando, Internet tiene la fuerza de un ejército de millones de hombres que no se detienen en las fronteras y que ingresan a combatir en todos los rincones. Proteger individuos, pueblos y naciones

El desenvolvimiento de Internet adquiere connotaciones de orden económico, político y de seguridad nacional. Frente a esta realidad el Estado Nacional debe favorecer y perfeccionar: – El acceso democrático a Internet y a las nuevas tecnologías 1 ; – La libertad y la privacidad 2 de los individuos que utilizan el sistema; – La lucha contra los delitos informáticos comerciales, contra los menores, contra el Estado y la seguridad de las personas 3; – La circulación de información veraz combatiendo la falsedad informativa e impidiendo la desestabilización social y priorizando el orden colectivo; – La formación y conservación de una cultura federal y nacional en el país, garantizando el derecho de cada pueblo a ejercer su identidad; – El desenvolvimiento de la empresa y de la economía argentina; – La estabilidad política y la defensa nacional 4 .

La no regulación beneficia a las corporaciones

La idea de “Gobernanza de Internet” se trató en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información organizada por las Naciones Unidas. La gobernanza supone que los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil aplican una serie de principios o procedimientos generales para la utilización de Internet, garantizando así su libre desarrollo y evolución. Sin embargo, las reglas de esa gobernanza fueron establecidas inicialmente por los Estados Unidos cuando decidieron privatizar y comercializar Internet. Existen espacios de discusión —como el Foro Mundial para la Gobernanza de Internet— que promueven principios rectores para guiar su funcionamiento, pero allí no se toman decisiones sobre su administración. El crecimiento acelerado y la actualización permanente de la tecnología dificultaron el necesario y estratégico debate acerca de la necesaria regulación de Internet. Asimismo, en el caso argentino y sudamericano la dependencia con los Estados Unidos trajo aparejada la asimilación de su ideología. Las corporaciones norteamericanas difunden el mito de la supuesta horizontalidad y libertad del sistema, que justifica su actual funcionamiento. En el siglo XX la “libertad de prensa” se convirtió en la justificación del dominio informativo de las firmas extranjeras, que hicieron de la noticia un instrumento político y comercial. En nombre de la libertad, lo que se hizo fue suprimirla y los pueblos y los gobiernos quedaron sujetos a las operaciones de las corporaciones. De manera similar, actualmente se difunde la supuesta naturaleza libre de Internet, que no puede tener limitantes de fronteras para su desenvolvimiento. Se ha erigido de esta manera la ficción de que la circulación de datos es democrática y neutral y que les permite a todos los individuos la misma posibilidad de expresarse. Lejos de este escenario, un grupo de corporaciones norteamericanas ligadas a los gobiernos y a los factores de poder de cada país ordenan y administran aspectos trocales del funcionamiento de Internet. No es la democracia en red la forma en que circula la información, sino que son la lógica comercial y los intereses políticos los que ordenan el sistema. Los organismos internacionales, que delinean los principios que debe guiar la regulación de Internet no garantizan la trasparencia en su funcionamiento. En realidad, en la mayoría de los Estados del planeta son las corporaciones y el poder político norteamericano quienes ordenan los flujos de datos y su utilización. Los modelos actuales de organización de Internet

Los Gobiernos de las principales naciones del planeta están impulsando tres grandes estrategias de funcionamiento: – Modelo 1. Auto-regulación y privatismo: lo promueven los Estados Unidos. En nombre de la no regulación gubernamental y de la libertad se le otorga el poder a las corporaciones norteamericanas que desarrollaron y que controlan el desenvolvimiento de Internet y que garantizan el sistema de manipulación y de espionaje. – Modelo 2. Regulación pública en el marco del mercado privado abierto: lo proponen los países europeos en encuentros internacionales. Los Estados buscan integrar un sistema mixto de propiedad pública y privada con regulaciones que garanticen los derechos individuales, colectivos y nacionales de los usuarios. Los escándalos desatados por los espionajes realizados a mandatarios europeos, oficiaron como un llamado de atención sobre la fragilidad de sus Estados frente al avance de las nuevas tecnologías. – Modelo 3. Control estatal: China impulsa un esquema regulado por el Poder político Central. El Estado impulsó un importante plan de democratización del acceso a la red en el país y en 2016 ya había 750 millones de personas conectadas. Desde el año 2000 el Gobierno aplica el Escudo Dorado o cortafuegos que orienta el acceso a los datos de los usuarios. En 2010 publicaron el Libro Blanco que reivindica la soberanía nacional china sobre el funcionamiento de Internet. En China hay importantes empresas controladas o cogestionadas por el Estado que proveen buscadores (Baidu), mercados de pago (Alibaba), plataforma de videos (Alibaba desarrolla YoukuTudou), redes sociales, video juegos y mensajería instantánea (Telecendesarrolló Wechat, Qzone y Alibaba a Sina Weibo). Perspectivas

En la Argentina Internet funciona en base a los principios de los Modelos 1 y 2, aunque el primer esquema es el predominante ya que las principales plataformas y el software utilizado es norteamericano. La infraestructura que permite la conectividad está en manos de empresas privadas. La ley 27.078/14 declaró «de interés público el desarrollo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, las Telecomunicaciones, y sus recursos asociados, estableciendo y garantizando la completa neutralidad de las redes». Si bien la norma se propone garantizar la «neutralidad de la redes», este principio no se ha logrado. Los proveedores de servicios de conectividad interfieren en lo que circula en Internet y los bienes culturales extranjeros, principalmente norteamericanos, tienen total primacía por sobre los nacionales, sometiendo a la población argentina a potenciales manipulaciones y desprotección de sus datos personales. La no regulación de Internet en niveles como el de infraestructura y contenidos, funciona como una regulación a favor de las corporaciones. En este marco, creemos que las organizaciones libres del pueblo y el Estado deben intervenir en la fijación de normas que garanticen la defensa de los derechos sociales y públicos de los usuarios de Internet. Asimismo, nuestro país tiene que promover acciones y normas de carácter regional. El MERCOSUR y el conjunto de Estados sudamericanos deberían consensuar criterios para luego impulsarlos en los foros y encuentros internacionales que debaten la Gobernanza de Internet, para poder lograr que sus principios rectores contemplen también la soberanía y defensa nacionales de los países de la región.

Notas:

1 Durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios invirtió importantes recursos en fibra óptica. Con esta acción se garantizó el acceso a Internet en muchos lugares donde el sector privado no invierte. Como complemento, el programa Conectar Igualdad distribuyó computadoras para disminuir la brecha digital.

2 La ley 25.326/00 estableció los “Principios generales relativos a la protección de datos. Derechos de los titulares de datos. Usuarios y responsables de archivos, registros y bancos de datos. Control. Sanciones. Acción de protección de los datos personales”.

3 En Argentina se sancionaron algunas normas para combatir estos delitos. La ley 26.388/08 regula Delitos Informáticos y la 26.904/13 protege la integridad sexual delos menores. La ley 27.126/15 le otorga a la Agencia Federal de Inteligencia facultades para enfrentar los ciberdelitos. En el país existe una Dirección Nacional de Ciberseguridad y la resolución 829/19 aprobó la Estrategia Nacional de Ciberseguridad.

4 En el Ministerio de Defensa existe una Subsecretaría de Ciberdefensa compuesta por tres áreas: Coordinación de Infraestructura Tecnológica, Dirección de Protocolos y Asuntos Regulatorios de la Ciberdefensa

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13 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Pandemia global: un antes y un después. Por Gustavo Vera

1. El sistema del capitalismo globalizado basado en el consumismo desenfrenado y el despilfarro, en el paradigma tecnocrático y en el descarte, en la hiperconcentración de la riqueza en manos de unos pocos, como así también en la destrucción de los recursos naturales por la acción humana que utiliza material fósil, comienza a tambalear. Hace agua por todos lados y cae en una profunda recesión mundial. Ya está claro que esta crisis se equipara a las grandes rupturas de la era moderna junto a las guerras mundiales y su impacto económico es más profundo que las crisis financieras de 1929 y 2008. En 1929 fracasó la idea de que el mercado se regularía solo; en el 2008 lo que  se manifestó fue el agotamiento del capital financiero. En ambos fue necesario el salvataje del Estado para sortear la crisis sin detener totalmente la maquinaria (que no se detuvo ni en plena guerra mundial, sino que se reconvirtió pasando de fabricar autos a fabricar tanques). Lo novedoso de la crisis actual es que se frenó casi totalmente la maquinaria mundial y en simultáneo. Otro mundo se está configurando en el transcurso de la crisis.

2. La aparición de este virus y de sus predecesores basados en mutaciones de animales a humanos no proviene necesariamente de ningún laboratorio maligno, sino de la lógica implacable y despiadada de la máxima ganancia: el factor fundamental es la destrucción de los hábitat de las especies silvestres y la invasión de estos por asentamientos urbanos y/o de la expansión agropecuaria industrial, con lo cual se crean situaciones propias para la mutación acelerada de los virus. La verdadera fábrica de los virus y bacterias que se transmiten a humanos es la cría industrial de animales, principalmente aves, cerdos y vacas. Más del 70 % de los antibióticos se usan para engorde o prevención de infecciones en animales no enfermos, lo cual ha producido un gravísimo problema de resistencia a los antibióticos, también para los humanos. Ya en 2017 la OMS había convocado a las industrias agropecuarias y alimentarias a dejar de utilizar sistemáticamente antibióticos para estimular el crecimiento de animales sanos. A este caldo de cultivo de criaderos industriales, se le suma la utilización sistemática de antivirales y pesticidas dentro de esas mismas instalaciones por parte de las coorporaciones. El aumento alocado de la productividad en aras de la máxima ganancia y forzando a los ecosistemas naturales más allá de sus limites, ha desatado una nueva, y por ahora incontrolable, pandemia.

3. El derrumbe de la demanda y de la oferta por la parálisis económica mundial, las prohibiciones de viajes, cierre de fábricas y fronteras, la caída de los precios de los comodities y el petróleo es un verdadero desastre para las economías. Sin embargo, es paradójicamente una bendición para la “casa común”. En apenas un mes de parálisis económica mundial, la tierra comenzó a respirar: se redujo el agujero de ozono, bajó la temperatura global, disminuyó sensiblemente la contaminación de dióxido de carbono en la atmósfera y varias ciudades del mundo descubrieron que el cielo es azul. Los pasos vacilantes de los que apoyaban pero no aplicaban el tratado de París sumado a los que lo repudiaban, estaban llevando a la casa común a un callejón sin salida. La naturaleza ha resuelto ejecutar el Tratado de París de facto sin esperar más vacilaciones. Lo que no entra por la razón, entra por la fuerza. Esa parece ser la regla de la madre tierra que se protege de su autodestrucción.

4. En estas circunstancias completamente excepcionales, donde el miedo y la incertidumbre se instalan en miles de millones de hogares, queda al descubierto la raíz de un sistema que se basa en la codicia y la avaricia y que sólo persigue la máxima ganancia, particularmente en aquellos países donde la privatización del agua y la salud dejan al descubierto la extrema vulnerabilidad a la que exponen a sus poblaciones en aras de la riqueza de unos pocos. Son estas circunstancias excepcionales las que enseñan aceleradamente a los pueblos que el Estado debe primar sobre el mercado, que la necesidad y la solidaridad es más importante que la máxima ganancia y que la vida y la salud están por encima de cualquier otra consideración. Los gobiernos que interpretan esos vientos son los que se fortalecen mientras que, por el contrario, los que siguen aferrados a garantizar la riqueza de unos pocos, agravan el desastre y entran en decadencia. El Papa Francisco dijo reiteradas veces que sólo se sabe cuando se sufre. Efectivamente este sufrimiento colectivo está generando rápidos aprendizajes y reordenando conductas que pueden dar algunos indicios de cómo podría reconfigurarse la “normalidad” en el porvenir.

5. No es la primera vez que una epidemia influye sobre el destino de una civilización y marca un antes y un después en la historia.  La plaga de Atenas (430 AC) fue considerada como el principio del fin de la hegemonía ateniense sobre la antigua Grecia, según relata Tucidides. En los siglos siguientes, la malaria contribuyó al hundimiento del imperio romano; la plaga justiniana (una peste bubónica) debilitó al imperio Bizantino frente a godos y árabes; la peste negra terminó de enterrar al sistema feudal alterando la oferta de alimentos y tierras; el tifus fue clave en la derrota del ejército napoleónico en Rusia. La primera globalización contemporánea comenzó hacia 1870 y terminó en la gripe española de 1918 y la última fase de la globalización iniciada en 1989  parece estar llegando a su punto final con el coronavirus.

6. La pandemia ha acelerado la decadencia del imperio norteamericano que ya venía perdiendo mercados a expensas de China y Rusia y la batalla por las nuevas tecnologías, donde China lo aventaja. Con la caída brutal del precio del petróleo por los acuerdos de Rusia y Arabia se ha encarecido el shale no convencional donde EEUU tenía su fuerte. Sus ilusiones de retener al menos la dirección energética del mundo se están desvaneciendo. Mientras tanto, la pandemia golpea de lleno al corazón de la sociedad norteamericana con miles de infectados y muertos por día y un sistema de salud privatizado que colapsa. EEUU no ha jugado ante el mundo ningún rol progresivo en la pandemia. Por el contrario, es acusado por Francia y Alemania de haber bloqueado compras de mascarillas para apropiárselas y es repudiado en su propio continente por la imposición de Trump a la empresa 3M de prohibir ventas de mascarillas a América Latina. Al compás de la crisis, la oposición y un ala de la burguesía globalizadora redoblan los cuestionamientos a Trump que debe enfrentar una elección ya no tan sencilla en noviembre. Henry Kissinger expresó claramente la línea de los detractores del gobierno cuando sostuvo que “Va a crecer la agitación política y económica y podría durar varias generaciones. Ningún país , ni siquiera Estados Unidos, puede en un esfuerzo puramente nacional, superar el virus. Para abordar las necesidades del momento debe combinarse con visión y programa de colaboración global. Si no podemos hacer ambas cosas a la vez, enfrentaremos lo peor de cada una”. Trump va por el camino opuesto y en su desesperación tantea la posibilidad de precipitar una invasión a Venezuela que le serviría para el doble objetivo de intentar distraer la atención y recuperar un punto estratégico de reserva petrolera convencional. Pero no cuenta ni con respaldo interno, ni con consenso social para semejante aventura.

7. El peso de Europa en el mercado mundial ya venía en picada combinado con la crisis que significó el alejamiento de Inglaterra con el Brexit. La pandemia no ha hecho más que acelerar la decadencia. La antigua “cuna de la civilización” y el continente estrella de la globalización se ha transformado en el epicentro de la pandemia y ahora es aislada por tierra, mar y aire por casi todo el planeta. Cuanto más privatizados sus servicios de salud mayor es el desastre, como lo muestran los casos de España, Italia y Francia. Si en Alemania los resultados no son tan drásticos es porque todavía existe una cobertura universal sanitaria para su población, al igual que en los países escandinavos.  La Unión Europea y sus instituciones están al descubierto frente a la pandemia del coronavirus: el presidente del Consejo Europeo no tiene ni siquiera un equipo de diez médicos para enviar a Lombardía o a España. Por el contrario, la UE gasta 420 millones de euros para la Frontex, su superequipada policía de frontera. La UE no tiene ni hospitales de campaña, ni reservas de respiradores ni de mascarillas para poder ayudar a un país miembro. Pero está equipada de drones europeos para espiar los movimientos de personas en peligro que tratan de obtener el derecho de asilo. Y esas personas, todos los años, mueren por millares en el Mediterráneo. Médicos e insumos están siendo enviados por Cuba y China ante una Unión Europea totalmente impotente para hacer frente a la crisis.

8. Diferente es el panorama de Rusia y China que quedan mejor posicionados de cara a lo que viene. Rusia reaccionó rápidamente a la pandemia y por ahora registra pocos casos de infectados y muertos por referencia a la escala de su población. Ha prolongado la cuarentena durante todo el mes de abril y volcado más de 16 mil millones de euros a ayuda social y a las pymes. Además ha avanzado en acuerdos con Arabia para mantener bajo el precio del petróleo convencional, asestando un golpe tremendo al shale no convencional que utiliza EEUU y que ahora se le complica por los altos costos para su extracción. China fue epicentro inicial de la pandemia que ahora parece estar comenzando a controlar. A pesar del golpe económico que le significó, aún tiene espaldas y reservas para reactivar la producción y ademas es el país mejor posicionado con la tecnología 5G, que puede llegar a tener incidencia clave en el mundo post pandemia. La ayuda humanitaria que está ofreciendo a Europa y América Latina es la contracara de la mezquindad con la que se ha manejado Trump en esta crisis.

9. El peligro de “genocidio virósico” que menciona el Papa Francisco puede llegar a concretarse en regiones de Africa, Asia y América Latina, donde son muy pobres las estructuras sanitarias y el 40 % de los hogares carece de acceso al agua potable y vive en situación de hacinamiento. En muchas de esas regiones el “lavarse las manos” y “quedarse en casa” parece una quimera. Es inimaginable que en esas circunstancias se pueda masificar el teletrabajo o la educación a distancia y que la población pueda acumular comida y suministros básicos por varias semanas en cuarentena. Aplicar el modelo de cuarentena europeo o el propio de los grandes centros urbanos en esas regiones es inviable y persistir en ello, implica una militarización y represión creciente de poblaciones que subsisten del cuentapropismo. La suspensión de clases en muchas de estas zonas donde hay haciamiento y falta de agua, puede ser peor que la enfermedad porque significa muchas horas de contacto de niños con adultos y además problemas de malnutrición para millones de estos niños cuya dieta depende de la comida que reciben en la escuela. Fortalecer al Estado sobre el mercado para priorizar la salud de sus ciudadanos antes que la máxima ganancia y disponer de todos los recursos públicos y privados al servicio de este objetivo, puede ser una salida en la que otras tácticas garanticen el cuidado de sus poblaciones, como podría ser el aislamiento comunitario, las redes territoriales de ayuda social y la provisión de agua, alimentos e insumos básicos dando siempre prioridad a las indicaciones de salud pública en cada contexto determinado. Es cierto que en muchas de esas regiones hay gobiernos corruptos, timoratos, poco afectos al servicio al pueblo, pero también es cierto que en estas circunstancias completamente excepcionales, la historia demostró que muchos gobernantes pueden ir más lejos de lo que quieren bajo la presión de los pueblos. En los casos como Brasil, donde el derechista Bolsonaro ha pretendido priorizar el mercado por encima de la salud, ya hay movimientos profundos por abajo y por arriba que podrían sellar su destino sino cambia a tiempo. En el extremo opuesto, Alberto Fernandez en la Argentina está tomando una batería de medidas en protección de la vida humana por sobre la de los mercados y ha logrado el acompañamiento de más de un 80 % de la población.

10. Las pinceladas del después se van configurando en el transcurso de la misma crisis. En el miedo a la muerte propia y de seres queridos, los pueblos aprenden rápidamente de las experiencias de aquellos países que más cuidan a sus pueblos y de los que los dejan a la deriva. Hay una revalorización de los Estados nacionales por encima de los mercados. De priorizar las vidas humanas por encima de cualquier ganancia. De reconocer la importancia de sistemas de salud universales que protejan a la población. Hay una mayor conciencia de que nadie se salva solo y que llegó la hora de que aporten al bien común los que se han enriquecido con el sistema que ahora perece. También hay una profunda reflexión colectiva en los pueblos respecto al daño hecho a la Casa Común y cómo la naturaleza pasa factura. De cuánto consumismo, despilfarro y descarte precedieron a esta crisis. Es muy impactante ver cómo esta pandemia afecta por igual a todos los estratos de la sociedad sin importar clase, raza o etnia. También es significativo que a este virus, por las características de difusión y contagio, solo se lo pueda combatir colectivamente, mediante la solidaridad y el respeto al prójimo.  La pandemia ha puesto blanco sobre negro mostrando quién es quién. Aquellas sociedades que cuidan a sus abuelos contrastan con aquellas que, como en Texas , convocan a una especie de darwinismo social. Aquellos países que solidariamente extienden una mano a otros y los que, como EEUU, buscan acaparar los recursos indispensables solo para sí.

Mientras tanto, hay medidas que se van insinuando en el devenir de la crisis y bajo la presión de los pueblos. El desconocimiento o postergación de las deudas fraudulentas que atormentaron a los paìses en desarrollo, la indispensable necesidad del control de la banca y el comercio exterior, la recuperación soberana de los recursos estratégicos , la necesidad de sistemas de salud que garanticen la asistencia a toda la población, la necesidad de una renta básica universal que asegure el sustento básico a cada familia. Medidas que hasta hace tres meses parecían quimeras, hoy afloran por aproximaciones sucesivas en el horizonte de pueblos que luchan por su supervivencia. Y empujan a los gobiernos a adoptarlas con mayor audacia.

El frente interreligioso que pacientemente ha venido tejiendo Francisco en torno a los ejes estratégicos y proféticos del Laudato Si son una base terrenal y espiritual que puede jugar un rol central en la reconfiguración de sociedades que sean justas, inclusivas y sustentables. Naturalmente el camino no es lineal y los imperios en caída pueden cometer locuras antes del ocaso y en el camino traer muchas penurias a la humanidad. Pero más temprano que tarde, los pueblos levantarán bien alto la bandera de la vida y la fraternidad, porque esta pandemia global y traumática dejará huellas profundas en el sentido común de la raza humana.

*Titular de la Fundación Alameda y Coordiador Nacional del Frente Multisectorial 21F

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12 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Quedar atrapado en un etcétera. Por Luis Campos

En el extremo apático de esta pandemia hay quien la soslaya a través de la contabilidad de los infectados. Aparece en un devenir de números mediante un graph al pie de nuestras pantallas de TV o en el deslizante Twitter e Instagram. Un enunciado de estadísticas, actualizaciones online de infectados y muertos; además de todo tipo de tele/ciber personajes postulando un fárrago de medidas precautorias que nos llevan a listas de procedimientos de relación, de productos imprescindibles, de normas de higiene, de trámites para desplazarse, llegando hasta la más humilde lista de supermercado. El infectado no es uno de nosotros. Es otro convertido en número (no en enumeración), lo cual ayuda a alivianar la situación. Pero lo novedoso de la pandemia es que ese otro potencialmente puedo ser yo. Y yo ser un riguroso incremento en el número de la estadística y pasar al anonimato relativista del etcétera.

Todo es mesurable y esa lógica de enumeración construye un relato de la infografía de nuestras pantallas carente de nombres y rostros, producto de un mundo globalizado y sobre informado. Esta es la capacidad de los medios tecnológicos de distribuir data en un tiempo menor al tiempo real necesario para adquirirla. En los pliegues de esta realidad sobre informada, se ocultan las fakes. Esta producción de noticias falsas coexiste fundamentalmente con las informaciones de origen verificable gracias a otra circunstancia coetánea a los virus reales: la viralización a través de dispositivos ciber espaciales. Un flujo de información de fuente desconocida y de intenciones indescifrables. La Organización Mundial de la Salud la ha denominado infodemia. La define como «información inexacta y sobreabundancia informativa falsa y rápida propagación de esta entre los medios y las personas sobre una enfermedad o problema de salud público, paralelamente a su propagación o evolución». En un contexto como el nuestro, un mundo de pantallas manipuladas de forma hegemónica, su núcleo decisorio no puede decirse inocente. La lista como relato es el agente portador de la fake y habilita la infodemia. Opera en la narración histórica dejando al individuo reducido a un etcétera. Es la sociedad del espectáculo de la que hablaba Debord donde irrumpe Donald Trump y nos envuelve en un cúmulo de cifras que disuelve miles entre millones No es nada, una gripecita, enuncia, como sesuda reflexión de estadista. ¿Esto no es infodemia estatal? La presunta inocencia administrativa de la cual se autoproclamaba A.Eichmann de quien Arendt dice que hizo lo que hizo actuando como un burócrata, como un simple agente eficiente del Estado, solo guiado por la pulsión de cumplir con su deber en forma eficaz, en un ajustado y perfecto ejercicio contable. La actitud de Trump es análoga a la decisión política del genocida. Por definición una forma organizada de matanza de un conjunto de personas con el objetivo explícito de ponerle fin a su existencia colectiva. Si el control de la comunicación se considera estratégico: ¿no es lo mismo?

Se pone todo en números y se disuelve al otro, lo abstrae, lo relativiza: ¿Qué es una lágrima en la lluvia? se preguntaba Dirk. La eliminación de la identidad del doliente y su inmersión en data: ¿no pone en riesgo la empatía? La solidaridad de la cual habla el presidente Fernández navega sobre el mar de pixeles y audios llamado infodemia.

Esta información falaz y ausencia de empatía fue prédica y práctica de Videla quien decía: «Frente al desaparecido en tanto éste como tal, es una incógnita…no tiene entidad no está ni muerto ni vivo, está desaparecido, frente a eso no podemos hacer nada».

Pero allí donde unos veían la abstracción, otros ven la realidad. La historia exigirá rigor y transparencia en el relato. Necesitamos algo parecido a la certeza de cuantos y quienes. Y si bien el horror está más presente en el testimonio de los sobrevivientes que en la exactitud de los números, saber cuántos y quienes se convierte en obsesión. Un padeciente sabe de esa obsesión.

En la historia el peligro son los relativistas. La solidaridad tal cual está planteada por nuestro Estado refiere a un padeciente actual por quien yo o un otro tiene responsabilidad y puede hacer algo. Los relativistas de las pantallas desarrollan un constructo riguroso de números relativos a escala global que empequeñece la gravedad de que sucede en la vecindad, donde la gravedad de la enfermedad y la muerte no es un número. Afecta la empatía que impulsa la voluntad humana hacia la transformación de las fuerzas naturales que nos son adversas.

Me quedo con una reflexión de Albert Camus: «Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen».

*mg. en Diseño Comunicacional, profesor de Proyecto Audiovisual I a IV, profesor Titular de Medios Expresivos I y II (FADU-UBA).

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10 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

¿Habremos aprendido algo? Por Paula Canelo

El que diga que sabe cómo cambiará al mundo la pandemia de coronavirus miente o se equivoca. Y el que diga cómo cambiará a la Argentina, también. La situación de profunda excepción que vivimos hoy llama a guardar la mayor de las prudencias, y a suspender la astrología y el futurismo sobre cómo será el futuro. Y no sólo porque en este contexto que cambia día a día lo más seguro es que cualquier profecía tenga corta vida, sino por una cuestión de estricta responsabilidad, moral y política, como cada uno prefiera.

Hace unas semanas recorrió las redes sociales una hermosa sentencia que rezaba que, cuando todo esto pase, sería imperdonable seguir siendo los mismos. ¿Seguiremos siéndolo? Si no, ¿cómo nos cambiará este momento excepcional? ¿Habremos aprendido algo? Muchas preguntas de este tipo atraviesan hoy el debate público, mostrando, entre otras cosas, un humor social favorable a la modificación de las reglas, al menos de algunas, que rigen nuestra vida en sociedad.

Lo poco que sabemos hasta hoy es que la pandemia nos devolvió cierta sensación de igualdad, de pertenencia a una misma comunidad. De pronto, alteradas las rutinas, las certidumbres, la cotidianeidad, el «enemigo invisible» nos igualó. Hoy nos percibimos todos igualmente vulnerables ante su amenaza, todos igualmente inseguros, todos igualmente obligados a respetar las mismas pautas y a realizar los mismos sacrificios. Todos somos percibidos por igual como una amenaza para el otro. Y todos podemos ser afectados si los demás se afectan también, lo que transforma al problema del otro también, en un problema nuestro, y de todos.

Convengamos que no es poca cosa haber recuperado cierta sensación de igualdad con los demás, de que estamos todos en la misma, de que pertenecemos todos a la misma comunidad amenazada, después de tantos años de sentirnos todos tan lejos de los otros.

La pandemia nos igualó. Y, acto seguido, también nos mostró la profunda desigualdad en la que vivíamos. Una desigualdad que venía siendo denunciada por muchos sectores de nuestra sociedad, pero que era apoyada deliberadamente (y que lo fue hasta en las urnas, en las últimas elecciones) por muchos otros sectores.

Hoy, nuestro vínculo con la desigualdad cambió. Entre algunos creció la conciencia del propio privilegio: tener una casa habitable, trabajo, un sueldo asegurado (o ahorros disponibles), educación, alimentos, salud, seguridad. Otros empezaron a mirar a los demás más de cerca (tal vez porque comenzaron a verlo más igual a sí mismos) y a sentirse más involucrados con los problemas que cotidianamente atravesaban los sectores más vulnerables de nuestra sociedad (trabajadores informales, desocupados, precarizados, pobres, indigentes), que hoy se generalizan, y que para algunos sectores comienzan a volverse abismales. Muchos reclaman más intervención del Estado, más solidaridad, más empatía. Otros perciben que esta pandemia tendrá costos profundos y de todo tipo, y reclaman un reparto más equitativo de esos costos, para evitar que los paguen los que pagan siempre, y que otra vez haya algunos, muy pocos, que no paguen nada.

De lo poco que sabemos hoy sobre cómo nos cambió la pandemia, sabemos que nos restituyó cierta percepción de igualdad. Y que nos reveló, inmediatamente después, que a pesar de ser iguales vivíamos en condiciones desiguales. Sin dudas, una importante modificación de la forma habitual en la que veíamos a nuestra sociedad hasta hace muy poco tiempo.

Y tal vez, sólo tal vez, un primer paso hacia una modificación de los vínculos que establecemos con el otro. Todo depende de cuál sea el segundo paso. Pero hoy es imposible saberlo.

*doctora en sociología, directora del Centro de Innovación de los Trabajadores (CONICET-UMET). Investigadora Independiente CONICET. Autora de «¿Cambiamos? La batalla cultural por el sentido común de los argentinos».

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9 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

¿Cuál es el marco constitucional de la suspensión de despidos y cómo proteger al trajador?. Por Juan Pablo Chiesa

En el marco de la emergencia sanitaria decretada con motivo de la llegada al país del COVID-19, el Presidente por medio del DNU 329/2020 dispuso la prohibición de los despidos sin justa causa (Art. 245 LCT) y por las causales de falta o disminución de trabajo y fuerza mayor (Art. 247) LCT. Asimismo, se prohíben las suspensiones por falta o disminución de trabajo y fuerza mayor, reguladas en el artículo 221 de la Ley de Contrato de Trabajo.

Estos mecanismos, perfectamente legítimos en condiciones normales de ejercicio laboral, resultan incompatibles con el principio de solidaridad y esfuerzo compartido que recubre la totalidad de las medidas implementadas por el gobierno frente a la situación excepcional que nos toca vivir y afecta al mundo entero.

En época de coronavirus, debemos recordar el espíritu del Derecho del Trabajo, que se rige por principios que garantizan la indemnidad del trabajador frente a la diferencia de poder que posee en relación a su empleador. Es primordial en esta rama del derecho el principio protectorio, el cual no sólo evidencia el desequilibrio entre las partes del contrato individual sino que demuestra el esfuerzo del legislador por buscar que aquellas diferencias busquen un punto de equilibrio, que neutralice las mismas. Frente a la incertidumbre generada por la llegada y propagación del coronavirus al país, la prohibición de los despidos y las suspensiones se presenta como una alternativa para proteger a los más vulnerables en el binomio empleador-trabajador.

El mismo decreto exceptúa el art. 223 bis, de suspensiones concertadas para que haya un mutuo acuerdo entre partes y una justa composición de intereses. La aplicación de este tipo de suspensión por parte del empleador, procede frente a causas económicas como falta o disminución de trabajo o fuerza mayor, pero debe ser aceptada previamente por el trabajador.

Esta figura fue incorporada a la Ley de Contrato de Trabajo 20.744, en octubre 1996, mediante la ley 24.700, pero podemos encontrar su origen en los usos y costumbres, una fuente de derecho predominante en el Derecho del Trabajo en ocasión a su dinamismo y a su vorágine evolucionista.

A diferencia de las suspensiones legales por causas económicas o disciplinarias, el empleador puede, durante un período determinado de tiempo, suspender las tareas al trabajador, pagando una asignación no remunerativa. La suspensión concertada en el artículo 223 bis LCT probablemente sea la más justa en el marco de esta pandemia, ya que prevé un sistema según el cual el trabajador está suspendido por el plazo que resulte necesario, con un acuerdo con el organismo sindical correspondiente, y por medio del cual el empleador se compromete a pagar una suma no remunerativa equivalente a un porcentual del salario neto, que permite preservar la subsistencia, que solo tributa aportes y contribuciones a la obra social, a la ART y no así la parte impositiva y tributaria.

Ante la batalla que libramos contra este enemigo invisible que es el coronavirus, y la real falta de trabajo o fuerza mayor, el trabajador en el mayor de los casos no presta servicios, porque la actividad por él desarrollada no es considerada «esencial», y si bien debería percibir la remuneración, el empleador reduciría notablemente sus erogaciones, teniendo en cuenta la coyuntura actual en materia de producción.

Frente a la ampliación del aislamiento social preventivo y obligatorio, esta solución resulta beneficiosa tanto para los trabajadores «no esenciales» como para los empresarios, que reducirían notablemente sus erogaciones, y al mismo tiempo exige un sacrificio de ambas partes.

*abogado (UBA), doctrinario laboralista

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7 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

El gasto público en tiempos de aislamiento social y obligatorio por el CEPA

Los nuevos requerimientos que demanda la pandemia de COVID-19 modificaron las prioridades del gasto público nacional.

Con el objetivo de observar estas modificaciones, el presente informe analiza las principales variaciones de las partidas del Presupuesto 2019 –que fue prorrogado a 2020-  entre el 17 de marzo y el 2 de abril, así como también la variación en la ejecución de las mismas.

El análisis permite identificar las principales preocupaciones del gobierno en relación a la pandemia.

El gasto público en tiempos de aislamiento social y obligatorio: análisis de la ejecución presupuestaria como reflejo de las prioridades del gobierno

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6 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

¿Por qué es necesario el aislamiento en virus como el coronavirus?. Por Gustavo Giusiano

Entre los virus que ocasionan infecciones respiratorias se encuentran los adenovirus, virus sincicial respiratorio, virus influenza, virus parainfluenza, metaneumovirus, rinovirus y también los coronavirus, incluyendo el SARS CoV-2 agente de causal de la pandemia de neumonía atípica actual llamada COVID-19.

La transmisibilidad es la capacidad de un organismo para pasar de un individuo a otro susceptible. En todos los casos es importante conocer los mecanismos de transmisión del virus, porque esto permite formular medidas adecuadas, no solo para el manejo y tratamiento, sino para evitar el contagio, que es la transmisión de un individuo a otro susceptible, ocasionando enfermedad.

La transmisión de los virus respiratorios puede ser: por gotitas, por aerosoles y por contacto.

La transmisión por gotitas ocurre al toser, estornudar e incluso al hablar, es uno de los mecanismos más importantes en los virus respiratorios. El virus se encuentra suspendido en partículas acuosas o gotas, llamadas gotitas de Pflügge, las cuales miden más de 5 micrones de diámetro y son expelidas al ambiente. La cantidad de gotitas depende del período de infección en que se encuentre el individuo, de la producción de secreciones que tenga, del grado de humedad de las vías respiratorias, etc. Esas gotitas al tomar contacto con la mucosa nasal, oral y/o conjuntiva de un nuevo huésped puede producir infección y enfermedad.

Estas gotas son expelidas hasta una distancia variable que es de aproximadamente 1 metro. Se ha demostrado que la tasa infección se reduce claramente cuando la distancia entre el individuo susceptible y el infectado es mayor de esta distancia. Debido a este mecanismo de transmisión, la medida de prevención fundamental es la de mantener la separación de más de 1 metro entre las personas.

En el caso de transmisión por aerosoles la partícula acuosa mide menos de 5 micrones y es capaz de evaporarse fácilmente, aerosolizarse y permanecer suspendida en el ambiente por un período determinado. Esto dependerá de las condiciones del ambiente, como temperatura y humedad, pero también de la virulencia del patógeno en cuestión.

Los estudios realizados hasta la fecha apuntan a que el virus causante de la COVID-19 se transmite principalmente por contacto con gotitas respiratorias, más que por el aire. La transmisión por aire no es uno de los mecanismos más aceptados y existen controversias al respecto.

La transmisión por contacto, directa o indirecta, constituye una importante vía de transmisión. Cuando el agente pasa directamente de un individuo infectado a otro es directa, mientras que cuando hay un intermediario, animado o inanimado, es indirecta.

Por estos mecanismos de transmisión que caracterizan a estos virus respiratorios es necesario el aislamiento, para evitar contagios.

En resumen, una persona puede contraer COVID-19 por contacto directo o indirecto con otra que esté infectada por el virus. La enfermedad puede propagarse de persona a persona a través de las gotitas procedentes de la nariz o la boca que salen despedidas cuando una persona infectada tose o exhala. Por eso, es importante mantener la distancia entre las personas. Por otro lado, cuando estas personas tocan o sus gotitas caen sobre objetos y superficies, otras personas pueden contraer COVID-19 si tocan estos objetos o superficies y luego se llevan las manos a los ojos, la nariz o la boca.

El manejo para evitar el contagio del coronavirus asociado a síndrome respiratorio es aislamiento aéreo estricto, de gotitas y contacto.

*Presidente de la Asociación Argentina de Microbiología, profesor adjunto Cátedra Microbiología, Parasitología e Inmunología de la Facultad de Medicina. Universidad Nacional del Nordeste

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5 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

«Malvinas, además de ser la Causa Nacional, es la causa de la Patria Grande» por Federico Gaston Addisi

Nuevamente los “intelectuales” del progresismo nos privilegian con otra pieza de la literatura lacrimógena de la desmalvinización. Al cumplirse un nuevo aniversario de la gesta malvinera, en lugar de honrar a nuestros héroes, algunos “hombres de la cultura” caen en los lugares comunes que ya en 1983 señalaba el ideólogo Alain Rouquié: “Quienes no quieren que las Fuerzas Armadas vuelvan al poder, tienen que dedicarse a desmalvinizar (…) Porque para los militares Malvinas serán siempre la oportunidad de recordar su existencia (…) y harán saber que ellos tuvieron una función evidente y manifiesta que es la defensa de la soberanía nacional”. Contra esta versión, decían  los veteranos de guerra en el Encuentro organizado el  6 y 7 de diciembre de 2005 por la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas y la Comisión de Veteranos de Guerra del Banco Nación, entre otras entidades: “(La desmalvinización) es un proceso que lleva a que la gente olvide, tiene que ver con tapar los actos de heroicidad, el compromiso y el hecho de defender lo propio. (…) Se pretendió; siguiendo los consejos del politólogo francés Alain Rouquié, reducir la recuperación de Malvinas a una aventura de la dictadura militar, olvidando, que el conflicto viene del fondo de la historia argentina, omitiendo el protagonismo popular y negando nuestra razón y la justicia de nuestro reclamo. Se ocultó a los combatientes y se los redujo a “chicos de la guerra”, una minoría sociológica sólo digna de lástima”.

En el relato que analizamos, dichos hombres de la “intelligentzia” vuelven a cometer errores intencionados puesto que señalan: “(que el conflicto) fue disparado a partir de una invasión decidida por la dictadura militar más cruenta de nuestra historia y acompañado por una sociedad imbuida del espíritu de las «guerras justas».  Amén de las demás consideraciones, en las que coincidimos, pues a pesar de la ironía de la que hacemos caso omiso, nadie puede negar que la guerra de Malvinas en lo que hace al reclamo argentino, fue una guerra  justa. Pero volviendo “a los errores” nos preguntamos: ¿En qué libro de derecho civil o derecho internacional se contempla el concepto de “invasión” de algo que es propio? Pues siendo las Malvinas parte del territorio nacional, usurpado por la fuerza de un país imperialista y colonialista en 1833; lo que aconteció el 2 de abril de 1982 fue una recuperación, o mejor aún, una restauración de la posesión de las islas de la que Argentina fue privada por  Inglaterra. Pero insisten los escribas en calificar la guerra de Malvinas como una “aventura”…para refutar esta tesis definitivamente, puesto que lo que podamos decir nosotros parece caer en “saco roto”, veamos que decían sobre el tema los máximos  jefes ingleses en Malvinas.  Por ejemplo, John Nott (Ministro de Defensa de Gran Bretaña, ante la partida de la Fuerza de Tareas): «No estoy seguro de ganar ninguna batalla, pero tenemos que detenerlos [a los argentinos] antes de que cunda el ejemplo entre otros gobiernos»; o el  Brigadier Julian Thompson expresó (Comandante de los Royal Marines): “Si hubieran esperado un poco es probable que no hubiéramos sido capaces de responder del modo en que lo hicimos”.

Más contundente, decía el Almirante Sandy Woodward (Comandante de la Task Force): “Estallaron menos bombas de las esperadas, casi la mitad, si hubieran explotado nos hubieran derrotado. Si las espoletas de las bombas hubiesen sido correctamente armadas, no me cabe ninguna duda de que hubiésemos perdido. Hubiésemos perdido el doble de buques de guerra, anfibios y mercantes. Considere seriamente la posibilidad de llamar a casa para decir que habíamos perdido.

La situación parecía indicar que estábamos fuera de juego, en algún momento hay que pensar en terminar con todo” (…) “El 14 de junio escribí estas palabras en mi diario: <Si los argentinos soplaran sobre nosotros, nos derrumbaríamos> Pruebas de lo difícil que fue para Inglaterra la guerra con Argentina. Y prueba de que las “quinta columnas” siempre son peor que un enemigo que pelea de frente.

La legitimidad Argentina es indudable. ¿Se desconocen acaso la Resolución 1514 de la Asamblea General  de la ONU (conocida como carta de descolonización)? ¿Ignoran la resolución 2065  de 1965 de Naciones Unidas por la que se invita a las dos partes (los kelpers no son parte para la ONU), los gobiernos de Argentina y Gran Bretaña a examinar y negociar sobre Malvinas, respetando los intereses de los kelpers (interés, y no deseo, pues se trata de una población implantada)? Otro lugar común, al que los intelectuales progres no escapan es la victimización. Sobre esto sostienen: “También se atribuye a los soldados y oficiales que allí murieron una condición heroica. No se trata de negar que muchos de ellos hayan tenido, en lo personal, comportamientos heroicos (muchos fueron ejemplarmente solidarios con sus compañeros), pero sí de resistirse a que su memoria sea objeto de manipulación cuando han sido básicamente víctimas”. Con este tipo de afirmaciones  están violando  la ley 24.810 que establece: “Artículo 1º.- Incorpórase como inciso f) del artículo 17 de la Ley 17.671 el siguiente inciso: f) Registrar a solicitud del ciudadano que acredite la calidad de excombatiente de la guerra de Malvinas la Leyenda: «Excombatiente, héroe de la guerra de las Islas Malvinas».  Para el final,  el “broche de oro del cipayismo”. Sin ponerse colorados, manifiestan: “La dolorosa tragedia provocada en 1982 por una dictadura sin escrúpulos y exaltada aún hoy por un nacionalismo retrógrado convoca nuestra responsabilidad y la de todos los argentinos (…) La Guerra de Malvinas debe ser condenada sin cortapisas”. Mal intencionadamente pretenden mezclar el justo reclamo de soberanía y el apoyo que este conlleva no sólo en la Argentina sino en toda la América Hispana, con una exaltación o apoyo a la dictadura militar. Nada más falso. Cosa que todos parecían tener claro.  Al respecto decía Fidel Castro el 10 de mayo de 1982: “Una guerra colonial, que por su carácter y evolución las potencias imperialistas tratan de convertir en una lección para todos los países del Tercer Mundo que, no importa cuál sea su régimen político o social, defiendan su soberanía e integridad territorial, está próxima a alcanzar su etapa más dolorosa y criminal (…) Apelo a Usted para que efectúe las gestiones que considere prudente para detener la inminente agresión anglo-norteamericana contra el pueblo argentino”. Y el comandante sandinista Tomás Borge, integrante de la Dirección Nacional del Frente Sandinista: “Es intolerable que una potencia extracontinental , una potencia europea, agreda a un país de América Latina (…) Estoy seguro que muchos nicaragüenses irían. Sobrarían los voluntarios, entre los que se incluyen soldados del Ejército Popular Sandinista, milicianos, reservistas y policías”. Con lo dicho queda claro que la causa Malvinas, además de ser la Causa Nacional, es la causa de la Patria Grande.

 

Para NCN por Federico Gaston Addisi

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2 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Los barrios populares en tiempos de pandemia. Por Daniel Menéndez

El mundo, luego del estallido de esta pandemia, cambiará para siempre. Esto nos invita a repensar ciertos valores en nuestra sociedad. Frente al individualismo se ha levantado la figura de la solidaridad y el compromiso en la comunidad. También ha quedado en evidencia lo indispensable que es tener un fuerte sistema de salud pública, a lo largo y ancho del planeta. Por eso, quedan más claras que nunca las palabras del presidente al decirnos que nadie se salva solo. La salida para una pandemia de semejante dimensión es sin lugar a dudas una salida colectiva.

Por otro lado, resulta evidente que el impacto en los barrios más postergados se presenta de una manera diferente al resto de la sociedad. Hay dos aspectos importantes a tener en cuenta: con la imposición de la cuarentena, la «changa» disminuyó drásticamente, originando un recorte significativo de los ingresos en el barrio. Por otra parte, debido a las condiciones de las viviendas en esos sectores el aislamiento en los barrios tomó otra significación.

Frente a este escenario, el Estado ya ha tomado recaudos que nos llevan en una buena dirección en medio de la emergencia: el aumento extraordinario la Asignación Universal por Hijo, el lanzamiento del Ingreso Familiar de Emergencia y la decisión de recargar semanalmente la tarjeta Alimentar, son ejemplos de ello. Sin un Estado presente fortaleciendo los ingresos, la situación sería insostenible.

A su vez, el aislamiento en los barrios populares adopta una modalidad comunitaria. Allí, las organizaciones sociales cumplen una tarea fundamental de contención: por ejemplo, miles de personas a lo largo del conurbano bonaerense hoy están sosteniendo con un esfuerzo heroico los comedores, que ya reciben más del doble de personas que antes de la declaración de la pandemia, evitando así la ruptura del tejido social.

Quiero recuperar esta última idea: la militancia social es una tarea esencial que tal vez no se la reconozca en toda su dimensión. Aquellos militantes son los responsables de fortalecer los lazos comunitarios y estar en la trinchera dándole de comer a quienes más lo necesitan. El compromiso de cada uno de ellos es una de las herramientas más poderosas que tiene nuestro país para enfrentar los efectos devastadores de esta pandemia, como también lo ha sido ante todas las situaciones adversas que ha atravesado nuestro país.

Me llama poderosamente la atención qué en este escenario de crisis, donde la unidad es algo primordial para poder garantizar una buena respuesta a la pandemia, hay sectores que siguen apostando a la desunión, al crecimiento de una grieta. ¿Cómo puede ser que grandes empresarios acostumbrados a las ganancias siderales y que han recibido cuantiosos subsidios en los últimos años hoy despidan trabajadores? Es una buena noticia la respuesta del presidente Alberto Fernández ante tamaña falta de empatía con sus compatriotas. La solidaridad es prioritaria en un escenario como el que estamos enfrentando. Necesitamos del compromiso de todo el país para poder salir adelante y derrotar a este virus. Para ello, es fundamental que estos empresarios lo entiendan y acompañen el esfuerzo del resto de la sociedad.

*integrantes de SOMOS/ Barrios de Pie y subsecretario de Promoción de la Economía Social y Desarrollo Local del Ministerio de Desarrolllo Social de la Nación

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1 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Adultos mayores y el Covid-19: el afecto puede manifestarse conversando y escuchando. Por Dra Margarita Murgieri

De los aún incipientes conocimientos acerca del Covid-19 queda claro que la mortalidad aumenta en los mayores de 60 y más aún en los mayores de 80 años, aproximadamente un 21,9%.

Esta mortalidad está agravada por las frecuentes comorbilidades que presentan muchos adultos mayores sumada a la inmunosenescencia (envejecimiento del sistema inmune con fallos en su respuesta).

En vista de esta epidemiología es que se aconsejó primero el aislamiento social de las personas mayores y luego la cuarentena preventiva obligatoria. Es el único mecanismo que se ha demostrado útil para tratar de aplanar la curva de contagio.

En relación al anciano que reside en la comunidad, cuando se comenzó con el aislamiento social los geriatras y

gerontólogos advertimos que este podía tener consecuencias negativas y comenzamos a aconsejar a las familias, a los vecinos y a los cuidadores el apoyo emocional telefónico o virtual además del apoyo instrumental en cuanto a la provisión de alimentos y de medicamentos, cobro de haberes, etc.

Hay quienes prefieren utilizar el término distanciamiento social, para diferenciarlo de aislamiento, que emparentado con la soledad, tiene francos efectos deletéreos.

El afecto puede manifestarse conversando, escuchando e informando, sin necesidad de besos o abrazos e intensificando las medidas de higiene.

Se les aconseja mantenerse activos, efectuar ejercicios físicos, bailar, leer, ejercitar la memoria, efectuar actividades placenteras nuevas o reiniciar alguna abandonada.

La información criteriosa, repetida y empática, es tranquilizadora.

Recordemos que los adultos mayores no son niños, no debemos infantilizarlos, ni darles órdenes sin explicación. A quienes bregamos por la autonomía de los adultos mayores nos cuesta tomar decisiones por ellos, por eso esta indicación debe ser lo suficientemente informada, comprendida y aceptada.

Otro grupo poblacional diferente y sumamente vulnerable es el de las residencias geriátricas, los ancianos allí suelen ser frágiles y dependientes, por eso se toman medidas como restringir las visitas, prohibir aquellas provenientes de países afectados o que tengan síntomas, hacerles llenar una declaración jurada respecto de estos dos últimos puntos y restringir las salidas de los residentes.

Momentáneamente también se han suspendido los talleres, las obras de teatro, cine, fiestas donde se reúnan residentes en un contacto físico inconveniente.

Nuevamente, este es un trabajo uno a uno que requiere creatividad y vocación para que afecte lo menos posible su bienestar emocional.

*especialista consultor en geriatría y en clínica médica. Presidenta de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría

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1 abril, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments
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