Eros y Logos: la complementación en la acción política.
Por Leila F. Estabre

En los tiempos en los que vivimos, lo complementario es visto como signo de contradicción. Aquellas naturalezas que son complementarias entre sí, son puestas como expulsivas unas de otras. Resulta sumamente significativo comprender esta estrategia de desunión, puesto que además de crear desorden y caos, tiene como fin último la destrucción de la naturaleza mismas de las cosas. Este juego fatal debe ser vislumbrado claramente por nosotros, y detenido cuanto antes.

¿De qué manera podemos comprender la actualidad política y social, que se expresa en el terreno económico y productivo, como una avalancha de fatalismos en dónde todos los índices nos muestran números en rojo? No hace falta siquiera decirlo, todo aquel que es sincero consigo mismo sabe de que estamos hablando: aumento de la desocupación, desempleo, pobreza, endeudamiento a escalas escandalosas, caída de los índices macroeconómicos, y todo esto cuanto influye en la política pública y en el campo social. Pero no es mi intención hablar aquí específicamente de las consecuencias que se manifiestan de tal forma, sino de las causas profundas que subyacen a la cuestión. O al menos, intentar un humilde acercamiento a las mismas.

Detrás de cada fenómeno de tipo político-social, a los que llamaremos fenómenos materiales, le corresponde un trasfondo latente, oculto a primera vista, que es el fenómeno espiritual. La naturaleza espiritual de las cosas se encuentra siempre como causa, que expresa luego lo material como consecuencia. Sin embargo, estas dos naturalezas al ser complementarias, se encuentran en constante retroalimentación, es decir, se alimentan mutuamente.

Esto que resulta tan difícil de comprender por parte de la horda academicista pseudointelectual, vive aún sí como verdad inminente en el corazón del pueblo.

¿Cómo entra a jugar aquí, la cuestión del amor, y la trascendencia de la acción política?

El hombre, varón y mujer, es en esencia un animal político. Su accionar es hacer política. No puede escapar a su destino. Sin embargo, parecemos olvidar que la política como expresión material de lo espiritual, es un medio para transformar aquello que es injusto, y por lo tanto, se convierte en herramienta para coronar la justicia y la bondad. La política debe ser para nosotros, una herramienta para ganarle la batalla al mal, a la mentira y a la injusticia, que si bien resulta difícil, no es imposible.

«Todo el mundo elogia la victoria en la batalla, pero lo verdaderamente deseable es poder ver el mundo de lo sutil y darte cuenta del mundo de lo oculto, hasta el punto de ser capaz de alcanzar la victoria donde no existe forma.» (Sun Tzu en «El Arte de la Guerra»)

Por lo cual, la causa espiritual debe ser para nosotros aquello que de sentido a lo que se expresa en el mundo material. Porque de las buenas intenciones pueden surgir buenas obras, pero de las malas intenciones nada bueno ciertamente crecerá. Todo lo que el hombre hace en nombre del odio, se subvertirá sobre él, como suicidio. Porque el odio engendra únicamente violencia, destrucción y decadencia, dignas hijas del engaño. Más el amor, ontológicamente superior y supremo, eleva al hombre y las cosas, las hace florecer en verdad, bondad y belleza, recupera del hombre su valor y lo lleva hacia la transcendencia. Es aquí donde debe reposar la política.

«La ira puede convertirse en alegría, y la cólera puede convertirse en placer, pero un pueblo destruido no puede hacérsele renacer, y la muerte no puede convertirse en vida.»(Sun Tzu en «El Arte de la Guerra»)

Si no perdemos de vista la trascendencia de nuestra propia vida y la de nuestro pueblo y Nación, podremos entender que nosotros no trabajamos por nosotros mismos, sino por nuestros hijos, y los hijos de los otros. Y que nuestro trabajo debe ser un acto de amor y de entrega continuo, porque no es por nuestro bienestar que derramamos las lágrimas, sino por lo trascendente. No debemos caer en las garras del materialismo, que borra la causa espiritual, y solo nos muestra la faceta material de lo existente, dando paso al utilitarismo y la cultura del descarte. Si nos volvemos materialistas, no podremos comprender que todo lo que hagamos hoy, tendrá su eco en la historia. Ese debería ser motivo suficiente para vivir y combatir con esperanza.

No es solo la técnica, ni alcanza solo con la razón. La razón y la inteligencia desprovistas del amor, se convierten en tiranía. Es por esto, que eros y logos vienen a mostrarnos nuevamente cual es la verdad: la naturaleza de la complementación. Este fruto del amor (eros) y la razón (logos) es la acción política.

La reconstrucción nacional será desde el amor y para el amor: para la felicidad del pueblo argentino y de todos los pueblos que luchen por su grandeza, para la gloria de sus corazones, con los pies en la tierra y el alma mirando al cielo. Ya lo expresaba Castellani:  «Si no se resuelve primero el problema político, no se puede resolver ninguno de los otros, aunque sean en sí superiores o principales. Sean económicos o financieros, religiosos, artísticos, o el sempiterno problema de la educación. (…)». (Leonardo Castellani, 1981)

Comencemos entonces, compatriotas, a actualizarnos en la política, la verdad, y el amor, si queremos tener una Patria justa, libre y soberana. Porque solo de nosotros depende la victoria, o la derrota.

La culminación de todas nuestras obras es el amor. Ese es el fin; para conseguirlo, corremos; hacia él corremos; una vez llegados, en él reposamos.

San Agustín, In epistulam Ioannis tractatus, 10, 4

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