El gobernador Cornejo está de campaña. Utiliza los artilugios de la vieja política para desligarse de sus responsabilidades a través del conocido trámite de cargárselas a otros. No es novedoso su modus operandi ya que tal accionar lo ha evidenciado en repetidas ocasiones durante su mandato. Pero en las actuales circunstancias resulta extremadamente grave su actitud porque está jugando con los problemas y necesidades de miles de mendocinos afectados por la profundísima crisis del sector vitivinícola.

Cornejo presiona a productores y bodegueros para que estos presionen, a su vez, a la principal fuerza de oposición en la Legislatura para que se apruebe un proyecto inviable. Es claramente una maniobra extorsiva no digna de una democracia avanzada. No ha convocado a los actores de la vitivinicultura para trabajar sobre una propuesta consensuada de solución concreta y real a sus problemas. Los convocó para retarlos, amedrentarlos, presionarlos y, finalmente, mandarlos a la Legislatura a exigir las respuestas que el propio gobernador puede y debe dar.

El gobierno amagó durante más de dos semanas con el envío de un proyecto de Ley que fue declamado cuando el ministro Kerchner aún era precandidato a la gobernación y que planteaba como solución la quimera de un fondo anticíclico en el momento más crítico de la crisis vitivinícola. Hasta donde sabemos, ese proyecto aún no llega a la Legislatura provincial. Es improbable que el gobernador y su ministro desconozcan que los fondos anticíclicos se crean en los momentos de bonanza para afrontar las dificultades de los periodos críticos. Suena bonito el nombre pero resulta un instrumento extemporáneo para afrontar la más profunda crisis del sector desde que existe el Plan Estratégico Vitivinícola. Hoy la vitivinicultura requiere de un fondo de crisis y Cornejo cuenta con los recursos (provenientes de anteriores endeudamientos) para crearlo. En su lugar, propone en fondo anticíclico y un monumental endeudamiento para constituirlo. Se trata de un verdadero despropósito y una flagrante provocación.

La maniobra de Cornejo es brutal. Encomienda a los vitivinicultores que presionen al justicialismo, en lugar de convocar a la oposición para consensuar una propuesta de solución real y concreta que no comprometa aún más el futuro de las finanzas provinciales. Ha olvidado que en la democracia representativa es fundamental el diálogo político y la búsqueda de consensos. Lo ha olvidado justo él que, como sus socios de Cambiemos, prometieron diálogo y republicanismo hasta el cansancio. Su juego es un juego de suma cero. Tiene por objetivo recoger el rechazo de la oposición a su inocua, extemporánea e inútil iniciativa para infringirle un daño político y electoral al peronismo en tiempos en que el proyecto de Cambiemos hace agua por todos lados. Sabe que tiene en la tesorería plata proveniente de anteriores endeudamientos que podría utilizar para afrontar la crisis, pero conociendo la reticencia justicialista, quiere a toda costa que la legislatura le vote un nuevo endeudamiento para financiar el fondo. Durante la gestión de Cornejo la deuda provincial creció en más del 200 por ciento y va por más. De esta manera, no solo hace electoralismo frente a la oposición sino que además pretende que los gobiernos que vienen se hagan cargo de afrontar el mayor endeudamiento, en una acción de irresponsabilidad que cuenta con el silencio cómplice de los dos precandidatos oficialistas a la gobernación.

Cornejo no está buscando una solución a la problemática, está buscando rédito electoral a costa de los vitivinicultores y, en caso de salirse con la suya, pretende patear el problema hacia adelante. Frente a tal situación es nuestra responsabilidad como principal fuerza de oposición insistirle al gobernador en la necesidad de que se aboque sin demoras a la solución de la problemática del sector vitivinícola y de otros sectores, que como la fruticultura, ya no dan más. La ausencia del Instituto Nacional de Vitivinicultura en la búsqueda de salidas a la crisis y la despreocupación del gobierno nacional en la adopción de medidas efectivas exigen del gobernador una firme posición de defensa de los intereses de Mendoza en relación con la actividad vitivinícola.

En el seno del Partido Justicialista hemos estado trabajando con nuestros legisladores y especialistas en una propuesta que posibilite una solución real al problema de la vitivinicultura. Consideramos que los fondos que se apliquen a tal fin no deben provenir de un nuevo endeudamiento que agrave la situación económico-financiera provincial, sino de los recursos disponibles y de asistencias financieras del gobierno nacional (responsable principal de la situación macroeconómica que ha provocado un agravamiento exorbitante de la crisis del sector). Asimismo hemos coincidido en que la asistencia debe llegar de manera urgente y directa a los pequeños y medianos productores que hoy no tienen dónde colocar su uva ni como cosecharla. De no realizarse un operativo de compra de uva por parte del Estado provincial, las consecuencias económicas y sociales de la omisión serán de alcances difíciles de imaginar.

Nuestras propuestas están a disposición del gobernador. Como titular del Poder Ejecutivo Provincial, tiene en sus manos la posibilidad y oportunidad de resolver de manera efectiva la calamitosa situación que vive la más representativa e icónica actividad económica de la provincia. Instamos al gobernador a deponer sus actitudes electoralistas, a exigir al gobierno nacional asistencia económica-financiera nacional urgente y a convocar a un diálogo sincero y trabajo conjunto a los actores políticos y representantes de la oposición para consensuar la adopción de las mejores medidas para paliar la crisis sin afectar gravemente el futuro de nuestra provincia.

*Diputado de la Nación, Presidente del Partido Justicialista de Mendoza

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