Ante la crisis actual que vive el mundo a causa del Coronavirus, múltiples han sido las hipótesis que intentan explicar su causa, como así también los fines o consecuencias a los que se puede llegar una vez pasada la “Pandemia”.

No es este el lugar para desarrollar tales ideas, pero nos detendremos en una en particular por entender, según nuestro análisis, que guarda directa relación con cuestiones de índole social y laboral. Y por lo tanto económicas. Sin por esto caer en el materialismo histórico. Nos explayaremos.

Nosotros aceptamos como probable, la teoría que señala que el COVID19 se trata de un experimento social, como así también de una guerra bacteriológica de baja intensidad, lanzada por el denominado “Deep State” de los EEUU con múltiples fines. Entre ellos podemos mencionar, la intención de esmerilar el poder de Donald Trump para evitar su reelección presidencial –siendo éste, enemigo acérrimo de los poderes globalistas- , el reseteo económico financiero internacional que se encuentra en una burbuja imposible de sostener y que arrastraría a todo el sistema bancario y sobre todo a la FED a la bancarrota.

En la misma línea, la imposición de la moneda virtual y la desaparición del papel moneda lo que quitaría a los estados nacionales un alto grado de soberanía al no poder emitir su propio circulante. No podemos dejar de mencionar, la maximización del nivel de vigilancia (con la excusa de velar por la salud global) que va desde el reconocimiento facial, pasando por la implementación de chips, hasta la realización de todo trámite on line. Sin duda, la explosión del “big data” en su máxima expresión. Finalmente, podemos mencionar, una reconfiguración o agudización del proyecto mundialista que pasaría del supracapitalismo financiero a un modelo tecnofinanciero cuyo proyecto de “producción” sería la IV Revolución Industrial”, y su paradigma social, el de la IA y la robótica a desmedro de los trabajadores, renta básica universal mediante.

Aceptamos como válido que todo esto puede ser discutible. Pues los acontecimientos se están suscitando y aún no se define cómo será el proyecto emergente. Pero si bien podemos estar de acuerdo con que todo lo hasta aquí mencionado puede ser sólo una tesis, no podemos dejar de decir que la dinámica de este proceso que ya lleva más de un mes, empieza a arrojar para el ojo entrenado, verdaderas certezas.

Veamos alguna de ellas.  Para la OIT, según publica Clarín el día 8 de abril del presente año, por el COVID19: «Se perderán 195 millones de empleos en solo 3 meses»; en tanto que en

la región de Latinoamérica y el Caribe es posible se pierdan 14 millones de puestos de trabajo.
De acuerdo a este dato duro de la realidad, y tratando de hacer un correcto análisis, no es difícil determinar a quién beneficia este verdadero “trabajicidio”. A nuestro juicio, el Coronavirus vino a hacer el trabajo sucio que las empresas no podrían hacer sin enfrentar millones de juicios, reclamos gremiales y un aumento exponencial en la conflictividad social. No nos gusta ser portadores de malas noticias, pero es más que probable que toda esta masa de trabajadores nunca recuperen sus empleos. Y esto simplifica el salto hacia su reemplazo –en línea con la tesis que defendemos- por la IA y la robótica.

Pero si nuestro trabajo puede ser atacado o sospechado como inconsistente, trataremos de dar al menos otro dato interesante que parece avalar nuestra teoría.

Pocos como nosotros venimos siguiendo el derrotero intelectual y político del “objetivo” Profesor e Historiador Yuval Noah Harari, hombre ligado como hemos dicho reiteradamente al Foro de Davos (principal impulsor de la IV Revolución Industrial). En declaraciones a Clarín,  del 6/4/2020 sostenía lo siguiente: “Otro posible impacto  (del Coronavirus; la aclaración es de quien escribe) es la aceleración de la automatización y la implementación de robots, inteligencia artificial y aprendizaje automático en trabajos que hasta ahora eran hechos por humanos. Lo que está pasando ahora en la crisis es que hay mucha presión en muchas industrias para reemplazar a los humanos. Sí un trabajo puede ser hecho por un robot, aunque el robot no sea tan bueno como el humano, en este momento es mucho más conveniente porque no se pueden contagiar.

Entonces, si hay una fábrica que tiene solo robots y una fábrica que tiene solo humanos, la fábrica humana, aunque sea un poco mejor en producción, ahora está cerrada por la cuarentena y el miedo al contagio, algo que podría significar un estímulo inmenso para que muchas compañías experimenten con un sistema de producción automatizado.

El tema es que cuando la crisis se termine, difícilmente volveremos a donde estábamos antes. Hay muchas industrias que podrían atravesar un proceso de rápida automatización, sobre el que se viene hablando mucho en los últimos años y que, mientras que en condiciones normales podría haber tomado 10 o 20 años, por esta epidemia ahora tomará solo dos o tres meses”.

Para redondear, no nos interesa demasiado con  que el lector coincida con nuestra hipótesis geopolítica, como sí nos importa, que sepa ver las evidencias que los efectos de esta crisis mundial está dejando en la humanidad y quiénes son los que de ellos se benefician.

 

 

Federico Gastón Addisi es Dirigente Peronista. Director Cultura Fund Rucci. Columnista de NCN. Historiador revisionista y escritor.

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