Quienes vivieron el régimen dictatorial de la Argentina de mediados del siglo pasado aprendieron a tener dos personalidades una pública y otra privada que solo se manifestaba en sus mentes.

Ese pasado marcó la cultura política de nuestro presente y es así que los políticos no ejercen la critica dentro de sus partidos pues temen ser llamados traidores y perseguidos por el ejercicio de libertad de expresión.

Pero lo peor de aquellos años de dictadura es que conocieron “el mal”, que se manifestaba en la escandalosa disparidad que había entre las frases en las que se rodeaban los representantes del poder, la vida que llevaban y la que hacían llevar a millones de argentinos.

Por eso sobrevuela en el cielo de nuestra sociedad la preocupación para que el poder no se construya sobre la base de una justicia declamada ideológicamente y una injusticia en los hechos, y es por eso también que la política se ve exigida a exponer gestos y acciones visibles de solidaridad, por amor o por especulación política.

Es en ese marco en el que la discusión acerca de la reducción de los sueldos de los cargos jerárquicos de los tres poderes del Estado también sobrevuela el horizonte de la política.

La pregunta que muchos se hacen es: que se puede esperar de la respuesta social luego de este duro trance que transitamos, ¿Habrá mas convicciones políticas que éticas? ¿Alguien preguntará porque no se organizó un comité de crisis económica tal como se creó en el campo de la salud?

Veremos que no solo las ideas hacen historia, también actúan las fuerzas sociales y económicas, la ideas son importantes si son abiertas, la ideología es cerrada y está al puro servicio del poder. ¡Dios nos proteja!

 

*Esteban Tancoff es licenciado en Psicología
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