El hijo de todos. La marcha que acompañó este martes a los padres de Fernando Báez Sosa fue casi tan abrazadora y contundente como la que se hizo hace 16 años, en el mismo lugar, por Axel Blumberg. Aquella fue una de las concentraciones más convocantes desde la restauración democrática de 1983, donde se calcularon 150 mil personas con velas y al grito de Justicia. Axel, hijo único como Fernando, había sido secuestrado y asesinado al ir a buscar a su novia a Martínez con el auto de su mamá. «Hoy Axel es el hijo de todos», dijo entonces su padre envuelto en lágrimas. Hoy Fernando también es el hijo de todos. Estudiante, inocente, con toda la vida para armar, como Axel.

Esta marcha, como aquella, no tuvo banderas políticas, pero tal vez detrás de cada paso arrastrado por la multitud hubo una consigna que alentó a seguir: «Esta es la marcha de los buenos», tal como dijo este martes como en un susurro, Graciela Sosa, la mamá de Fernando. Por eso detrás del dolor más íntimo y profundo de la familia y los amigos, los manifestantes formaron un bloque compacto, solidario, de combatientes contra la violencia.

En 2004, la multitud reclamaba a puro grito y aplausos «mayor seguridad» y «justicia» por Axel, y su padre presentaba un petitorio para reformar la ley y elevar las penas de los condenados por homicidios y secuestros. Esa misma noche, tras la marcha, el entonces Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, aseguraba que «el gobierno nacional hará todo lo que haga falta para terminar de una vez y para siempre con este flagelo de la inseguridad. A este reclamo drástico, vamos a ofrecer respuestas drásticas».

Axel fue secuestrado en la puerta de la casa de su novia, Estefanía. Su cuerpo apareció en un descampado de Moreno, con los ojos vendados y un tiro pegado a sangre fría en la sien. Su padre recordó hace poco que aún hoy lo visitan algunos compañeros del colegio y su ex novia, ya casada. A ella, como a las chicas de su edad, la vida la fue llenando de tiempo y de a poco la separó de la tristeza.

Hoy existe la ley Blumberg y nuevos reclamos. Y aún duelen las marchas que piden por los hijos de todos.

 

 

Por Diana Baccaro

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