El derecho a la vivienda digna y la Comunidad Organizada|Por Luis Gotte

A lo largo de la evolución del Ser Humano, la vivienda, ha pasado por distintas etapas. En un comienzo, fue la protección ante la agresividad del clima y de los animales feroces, manteniendo un equilibrio con su entorno; una segunda fase, con el desarrollo de ideas y herramientas, se edifican las primeras casas, con sus habitaciones, donde se preserva, en un primer momento, la armonía con el medio, utilizando técnicas no agresivas hacia el ambiente. Cuando los pueblos se van conformando en megaurbes, que darán lugar a los imperialismos, la relación comunidad y hábitat se quebranta. Por último, en una tercera etapa, con el avance de la técnica y las mejoras industriales, la forma de diseñar y de construir se hará de manera masiva, con grave impacto y desequilibrios medioambientales. Las nuevas urbanizaciones son realizadas por empresas y profesionales bajo la dirección técnica de un arquitecto, donde lo humano y la naturaleza les son ajeno. La comunidad es solo una sociedad liberal y, el ser humano un individuo.

En la América Hispana, los primeros castellanos, al tomar posesión de los territorios donde fundarán las primeras ciudades, lo hacen desde un diseño que la Monarquía Hispánica previamente ha establecido. Hay un orden y una estrategia. Generalmente, las viviendas, son construidas por artesanos o arquitectos especializados, que deben seguir una planificación urbanística señalada. En la etapa de la Emancipación hispanoamericana, en particular en Argentina, el diseño de las viviendas pasará a ser competencia de arquitectos e ingenieros, donde la idea de la ostentosidad será prioritaria como orientadora. No se tendrá en cuenta el equilibrio y la armonía con el ambiente, por el contrario, tan solo se reproducirán modelos londinenses y parisinos.

Para fines del S.XIX, Buenos Aires, que ya había abandonado su fisonomía aldeana para intentar convertirse en una urbe moderna, será la sede del poder económico rioplatense. Muestra su transformación principalmente en el crecimiento poblacional, gracias al constante flujo inmigratorio europeo, que se aceleró con la Ley Avellaneda de Inmigración, en 1876.

Como producto del estallido de la fiebre amarilla, se implementarán planificaciones ur­banas, pensadas racionalmente, que le darán un cierto orden, de alguna manera, a la Capital Argentina. Seguirán el ejemplo de las políticas públicas europeas, proveniente de la corriente del Higienismo.

Las medidas que se toman, en tal sentido, habilitará la instalación de agua corriente, cloacas, ilumina­ción en las calles, ordenamiento territorial, control epidemiológico, inspección de calidad en lo construido, y otras tantas más; que, con la fuerte afluencia inmigratoria y el rápido crecimiento de los espacios urbanos, la planificación se irá ralentizando, haciendo imposible mantener y continuar con aquellos criterios racionalistas. La acción política y la Ciencia ya no lograrán trabajar en conformidad, en el desarrollo estratégicos de barrios y viviendas, con medidas higienistas y sanitarias. Serán otros los intereses que priman, y tienen que ver con la concentración y acumulación de poder político.

En la década del 40, al producirse un importante déficit habitacional, la vivienda se transforma en una cuestión de política social por parte del gobierno. La Ley Nacional 9.677, había creado, en 1915, la Comisión Nacional de Casas Baratas, con la función de atender las necesidades de los trabajadores. Pero entre ese año y 1943 sólo se construyeron 977.

Durante los 10 años del gobierno Justicialista, la vivienda ingresa a la agenda pública, como un aspecto fundamental en la concepción filosófica de Comunidad Organizada y, como fundamento de la Justicia Social, pero, además, como un elemento clave en la política económica para promover el desarrollo del capital nacional industrial. En el marco del Primer y Segundo Plan Quinquenal se impulsa al sector de la construcción por su capacidad de producir empleo, demandar insumos y crear capital. El crédito del Banco Hipotecario, accesible y barato, hará posible el sueño de la casa propia. En la misma dirección, la reforma Constitucional de 1949, incorpora, junto a otros derechos sociales, el Derecho a la Vivienda en el Artículo 14 bis y se refiere en su Capítulo IV a “La función social de la propiedad, el capital y la actividad económica”.

En 1948, la sanción de la Ley 13.512, completa el marco normativo para facilitar el acceso a la vivienda, al permitir la subdivisión en propiedad horizontal de los edificios, la adquisición por parte de los inquilinos de las viviendas que alquilaban y la inversión en construcción de viviendas en todos los centros urbanos. Las clases media y alta vieron con rechazo que el gobierno Justicialista entregara viviendas a bajo costo y con buena calidad de construcción y equipamiento, considerando en algunos casos que el lujo era excesivo para los que llamaban “cabecitas negras” o “coyas”.

Pasaron 70 años de aquellas políticas públicas. Ya en el S.XXI, una parte importante de nuestra comunidad se enfrenta con el grave problema de la vivienda. La situación económica actual hace imposible acceder a ella. Su consecuencia más inmediata es la proliferación de villas miserias o de emergencias, denominadas eufemísticamente “barrios populares”, donde se carece de saneamiento adecuado, con un servicio irregular de electricidad y agua potable, y hechas de materiales de baja calidad que no ofrecen ningún tipo de seguridad. Otras tantas familias viven en construcciones sólidas y con servicios, pero en condiciones de hacinamiento.

Además de las familias que viven en asentamientos inadecuados, otras tienen graves problemas de infraestructura, haciendo peligrar la vida de sus moradores. Se reside en lugares que no satisfacen sus necesidades y anhelos: tienen dificultades para pagar los alquileres, les queda lejos de sus trabajos, ocupan casas muy pequeñas o preferirían ser propietarios y no inquilinos. Lo que habla de un país que no ha visto mejoras sociales desde hace muchísimo tiempo.

Las nuevas construcciones, edificios o casas, los barrios residenciales o privados etc., tampoco escapan a un país en decadencia, en decrepitud, sin planificación. El concepto de vivienda ha ido involucionando en estos tiempos, aunque veamos que experimente una serie de cambios innovadores, modernizadores, sin embargo, ha producido un desfasaje en su relación con el Ser Humano y su sentido de trascendencia, y con el concepto de Comunidad. Los nuevos barrios tienen más que ver con las fortificaciones de los castillos de la Edad Media que con el concepto hispano de comuna: conjunto de personas que, viviendo sobre un territorio, comparten valores y vivencias, viven en conjunto, se complementan y ayudan.

Por consiguiente, los avances tecnológicos e industriales, las ambiciones del poder político, el egoísmo de los que más tienen, con desprecio “al cabecita”, se alejan de todo este conocimiento y experiencias del pasado humano; le han dado la espalda a la naturaleza, al medio ambiente. La relación del individuo con su hábitat es de amigo-enemigo.

En conclusión, los aspectos sobre la política habitacional o de viviendas no pueden ser comprendidos sin tener conciencia de estos otros temas. El gobierno debe realizar un gran esfuerzo y trabajar por tratar de reducir la proporción de seres humanos empobrecidos, a tal efecto, la situación habitacional mejoraría automáticamente. Deben comprender que, llevar adelante políticas habitacionales como reducir la pobreza son criterios, entro otros, supeditados a los grandes objeticos de la Patria nos permitirá “proyectar el desarrollo acelerado del potencial económico regional; la mejora de la calidad de vida de los habitantes; la consolidación de la infraestructura social; el manejo eficaz de los recursos naturales y el mejor uso del suelo; y la transformación del Estado”, Juan D. Perón.