El desastre ambiental por inundaciones involucra y convoca a todo el MERCOSUR

* Por Alfonso Gonzalez Nuñez

Como calamitoso efecto de las constantes y torrenciales lluvias que azotan a extensas franjas de la región, Paraguay, Uruguay, sur del Brasil y noreste de Argentina, los ríos de la Cuenca del Plata registran inusuales crecidas que precipitan el desborde de las aguas de sus cauces ordinarios anegando poblaciones ribereñas enteras. Sus habitantes, forzados por el inclemente fenómeno meteorológico, abandonan precipitadamente sus hogares propiciando una dramática circunstancia de angustia social y emergencia ambiental que nos involucra y convoca a todos en solidaridad con los ciento miles de damnificados.

La naturaleza implacablemente agredida por su principal beneficiario, el hombre civilizado, reacciona con predecible virulencia enviando severas señales que en escasos años más podrían transformarse en apocalípticas si no se adoptaren de inmediato las medidas de rigor dirigidas a contrarrestar los daños infringidos a una muy extenuada biosfera circundante.

El derribe masivo de especies forestales para alimentar la industria maderera y ganar terreno para la actividad agrícola se verifica irracionalmente, con criterio lucrativo y poca responsabilidad ambiental, provocando el gradual y sostenido perecimiento de los bosques, protectores originales e insustituibles de las especies vivientes de la tierra.

Nadie en su sano juicio se opone a actividades económicas que como las citadas aportan al desarrollo de las naciones; no obstante se apela a la conciencia de dichos gremios de la producción para mitigar el nocivo impacto que acusa el entorno cual resultado de la explotación desmedida de los primigenios bienes terrenales.

La deforestación indiscriminada, bien sabemos, es el caldo de cultivo idóneo para la formación y aparición de los ominosos elementos del cambio climático y el calentamiento global, como las intensas precipitaciones pluviales que junto con los vientos huracanados y la caída de granizos arrojan derivaciones desventuradas como el derrumbe de precarias edificaciones, desalojo de viviendas, arrasamiento de plantaciones, pérdida de fuentes de empleo, desarraigos, menoscabos alarmantes para los rubros agro/ganaderos, no soslayando lo fundamental, la amenazada integridad física de seres humanos y animales, en no pocas ocasiones con desenlaces fatales.

La Presidencia de la Delegación de Paraguay en el Parlamento del MERCOSUR insta a los gobiernos de los cuatro Estados fundadores, a dictar leyes comunitarias de observancia obligatoria en los respectivos países tendientes a reducir sustancialmente en la zona los coletazos atmosféricos del aumento de la temperatura del planeta, a la par de arbitrar disposiciones unificadas conducentes a aliviar los padecimientos de tantas familias acosadas por el infortunio.

En nuestro país, al igual que en las repúblicas vecinas y consocias, a pesar de la aplicación de las instituciones abocadas a afrontar este tipo de siniestros, la capacidad de respuesta pronta y eficaz se ve rebasada debido a la pertinacia de los temporales que antes que ceder en su ímpetu y frecuencia persistirían hasta bien avanzado el primer trimestre del 2016, conforme a pronósticos suministrados por los organismos competentes.

El futuro inmediato prorrumpirá más aciago aún si la sociedad organizada de la región no asume un consistente compromiso con el ecosistema y sus semejantes, traducidos en legislaciones inflexibles que reglamenten el aprovechamiento de la flora boscosa, al tiempo de exigir a los usufructuarios a reforestar las superficies taladas, sancionando y ejemplarmente a rebeldes e infractores.

Reconciliar al individuo pensante con su medio para así asegurar la supervivencia de las generaciones presentes y del porvenir, es desafío, imposición y débito del mundo contemporáneo. El MERCOSUR habrá de ser modelo para sus homólogos del orbe, en momentos en que se avizora una promisoria rehabilitación del bloque tras la cumbre de Asunción.

Parlamentario Alfonso Gonzalez Nuñez (presidente)