El discurso «explicador» de un gobierno de espaldas al pueblo|Por Ariel Magirena

El que le escribió el discurso a Alberto Fernández lo puso otra vez a hacer diagnóstico como si a casi 3 años de asumir no tuviese ninguna responsabilidad sobre lo que describe. Como si no fuese resultado de la traición de sus promesas electorales lo que nos desanima y llena de frustración.

Como si no jugara cada día y en cada discurso a la división -como su antecesor- con la «herencia recibida» justificando sus desatinos. Como si el enriquecimiento de los ricos y la multiplicación de los pobres no fuesen resultado de su gestión y la muestra de para quiénes gobierna.

Posponiendo siempre para después el desarrollo y la justicia social. Relatando un país que termina geográficamente en Ushuaia. Celebrando un crecimiento cuyos números nunca llegan al pueblo, como si fuese una maldición y no un efecto de sus políticas.

Festejando exportaciones e importaciones récord q no tienen resultados en el bienestar de la población y si en su penurias. Reivindicando que apagó la economía y desactivó el Estado en lugar de aprovechar la crisis covid para suspender pagos y fortalecer la economía local.

Adjudicando a otros sus propias incapacidades o sus propias decisiones como si la moneda no se devaluara oficialmente cada día para realizar el ajuste cuyo efecto es la aniquilación del salario y la ampliación de la brecha social.

Como si no fuese el suyo uno de esos «gobiernos de espalda al pueblo que perpetúan el hambre y la pobreza» a los que se refirió siempre como analista y nunca como presidente.
Como si la realidad argentina fuese su relato y no lo que vemos y sufrimos los argentinos.

Como si la «distribución justa del ingreso» no fuese resultado de la planificación que corresponde siempre al gobierno. Como si el «escenario que nos toca» nunca hubiese tocado a otros presidentes que lograron resultados haciendo exactamente lo contrario que su gobierno hace.

El discurso del presidente no fue el discurso de un presidente.Tal vez nunca pudo salir de su rol de operador político al servicio de dirigentes de mayor envergadura y representatividad. Tal vez es el «explicador» (claramente no, el comunicador).

Tal vez…no tenemos presidente.