A partir del año 2000 las nuevas legislaciones internacionales favorecieron a nuestro país, que con largo trabajo de cancillería mediante obtuvo el reconocimiento de la CONVEMAR -Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar- de la extensión de nuestra plataforma continental. La Argentina se convierte así en un país marítimo cuyas dimensiones son: 1 millón de km2 de Continente Antártico (10% de la superficie total del país) 2,8 millones de km2 en el Continente Americano (27% de la superficie total del país) y 6,5 millones de km2 de Espacio Marítimo (63% de la superficie total del país). He ahí la nueva Argentina del siglo XXI que no para de crecer, bicontinental, bioceánica y estrictamente marítima.

Si observamos la verdadera escala de nuestro territorio que va desde La Quiaca-Jujuy hasta el Polo Sur -el punto más austral de la Tierra de San Martín- la provincia del centro y la más grande del país es Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Su ubicación es estratégica dada su cercanía con: el Estrecho de Magallanes, Cabo de Hornos, Pasaje de Drake, Mar del Scotia, Mar de Weddell, resto del Espacio Marítimo Argentino y las Islas Malvinas. Siendo la mayor isla de la Nación de posición geoestratégica, y considerando la transformación cualitativa de nuestro territorio con preponderancia en el Atlántico Sur, resulta extraño que ningún gobierno haya implementado ni una sola política naval.

Un preanuncio es la ley de Integración Territorial -la 26.776 del año 2012- que establece la realización de un Cruce por Aguas Argentinas entre la ya mencionada provincia insular y el continente a través de los puntos de menor distancia posible y en buques portarodantes. Pero la retórica parlamentaria no alcanza, hace falta el poder del que ejecuta. Social 21-La Tendencia consiguió la cotización oficial de 2 buques roll-on roll-off, por parte del Ingeniero Daniel Romano, Gerente General del Astillero Río Santiago, para fabricar los barcos del cruce en dicha Empresa del Estado. Estas obras generarían más de 3.000 puestos de trabajo en Ensenada -donde se sitúa el A.R.S- entre trabajo directo, indirecto y reflejo social. Con la construcción de los puertos, uno en Cabo Vírgenes-Santa Cruz y otro en Cabo Espíritu Santo-Tierra del Fuego, se estipula además la creación de otros 7.000 puestos de trabajo en el sur patagónico. Siendo la naval una actividad estratégica -contemplada por el gobierno como tarea esencial- que no paró un solo día de esta cuarentena en astilleros privados, no se explica cómo el único astillero estatal esté paralizado. ¡Hacen falta las órdenes de compra para reactivar nuestro Astillero ya! Hace 8 años que existe la ley sancionada por unanimidad y promulgada por Cristina Kirchner, el fideicomiso de U$ 100 millones para las obras presentado por el entonces Ministro de Economía Axel Kicillof y la cotización oficial del Astillero Río Santiago, lo único que falta es decisión política. No es un servicio comercial lo que está en juego, es la geopolítica. La soberanía no se declama, se ejerce. 

El entero mundo mira al Atlántico Sur como la fuente de alimentos del futuro. Los kelpers, ocupas marítimos que se dicen ingleses pero nacen y mueren en suelo argentino, emiten licencias ilegales de pesca para que buques europeos, asiáticos y norteamericanos -habiendo ya depredado sus caladeros de origen- roben nuestros recursos pesqueros violando las vedas y rompiendo el ciclo biológico de reproducción de las especies. Proteger la Pachamama, nuestra Madre Tierra, no interesa a colonos piratas que viven sin trabajar de la renta pesquera furtiva. Más bien, es un imperativo categórico nacional para restablecer el Pachakuti, el equilibrio de nuestra biomasa marina que con tantas riquezas nos bendice. La destrucción, tan lucrativa para los intereses capitalistas ingleses, no cesará sin una fuerte acción política del Estado argentino. Más que a petróleo, las Malvinas huelen a pescado.

El Cruce por Aguas Argentinas va mucho más allá de la integración territorial. Una fuerte presencia del Estado en el centro del escenario naval, significa una respuesta geopolítica al Foreign Office Inglés y al Pentágono nortemaericano que dominan el Atlántico Sur, el Pasaje de Drake y el Estrecho de Magallanes, zona liberada por la que cruzan al Pacífico los mega buques mercantes de las multinacionales y los de guerra también -recordar el cruce en 2004 del portaviones anglosajón Ronald Reagan de 332 m de eslora, más de 40 m de manga y más de 75 m de ancho de pista de aterrizaje-. Por lo tanto, junto con el cruce es sumamente necesario mudar el principal apostadero de la Armada, actualmente ubicado en Punta Alta-Bahía Blanca a más de 1.300 km del conflicto, a la Isla de Tierra del Fuego o la Isla de los Estados -a solo 350 km de Malvinas- como base aeronaval y desde ahí controlar todo el Espacio Marítimo Argentino. Nuestra diplomacia, que tan bien desnuda la voluntad imperialista de Inglaterra y sus socios del ’82 (EEUU, Europa, la OTAN, Pinochet), ¿no se vería fortalecida por una mayor presencia nacional (2 puertos + 2 cruces diarios) en el mismísimo escenario de los acontecimientos?, ¿no necesita un poco de respaldo físico nuestra vanguardia diplomática? Más aún, el Papa Francisco, ese jesuita de armas tomar, ¿no bendeciría este avance hacia Malvinas? Semejante futuro marítimo merece ideas y proyectos que estén a la altura del espíritu antiimperialista que caracteriza a los argentinos. Basta ya de medias tintas y balbuceos. Es hora de definiciones.  

La Argentina debe volver a navegar con buques de guerra, pesqueros y mercantes. Con un comercio exterior de 160 millones de toneladas de cargas que entran y salen del país en fletes marítimos, es insólito que ninguno de ellos sea nacional. La Argentina paga la totalidad del servicio de flete a las multinacionales, abaratando sus exportaciones y encareciendo sus importaciones. Un absurdo que solo perjudica a la Patria y beneficia a Cofco, Cargill, Monsanto, ADM, Maersk Sealand, Evergreen, Mediterranean Shipping Company, entre otras. El Plan Naval Argentino, que Social 21-La Tendencia impulsa hace años, establece la fabricación de 118 graneleros, 39 petroleros, 14 portacontenedores, 2.400 barcazas y 840 pesqueros en una noria de producción de 35 años, recreando la Marina Mercante Nacional, la Flota Pesquera del Estado y generando para el país más de 140.000 puestos de trabajo genuinos y para siempre. El mismo se monta sobre tres proyectos de ley que fueron presentados recientemente a nivel nacional por Magdalena Sierra, Hugo Yasky, Adrián Grana, Walter Correa, y demás diputados del Frente de Todos; y a nivel provincial cuentan con el apoyo, entre otros, de la diputada María Laura Ramírez. A saber: Transporte por Agua con Reserva de Cargas (expte. N° 2965-D-2020) genera un mercado cautivo de fletes de ultramar para buques de bandera nacional, Fondo de Desarrollo de la Industria Naval Nacional -FODINN- (expte. N° 2966-D-2020) crea un financiamiento genuino para la fabricación de barcos en el país y Empresa de Líneas Multimodales Argentina Siglo XXI -ELMA XXI- (expte. N° 4813-D-2019) constituye una corporación estatal que integra los cuatro modos de transporte -carretero, aeronáutico, ferroviario y naval- para realizar el traslado de pasajeros y cargas en un sistema logístico federal. No ser soberanos en el comercio exterior habilita el peor de los flagelos: la Argentina produce y exporta alimentos capaz de abastecer a más de 470 millones de personas y sin embargo, siendo apenas 44 millones de habitantes, nuestro Pueblo sufre de hambre. Dichos proyectos recuperan el control logístico sobre nuestra producción en manos del Estado y permiten definir una política interna de justicia social garantizado primero la provisión nacional.

La pampa húmeda, las verdes praderas de Kansas y todas las superficies cultivables del planeta, en el futuro serán insuficientes para proveer de alimentos a la humanidad. Las proteínas vegetales que la tierra puede darnos son inferiores a las de origen animal -de máxima calidad y cantidad- que nuestro Atlántico Sur, el océano más rico del mundo en plancton, krill y oxígeno, nos da ahora mismo, generosamente. La primacía latifundista que históricamente benefició a intereses foráneos-imperialistas y caracterizó a nuestro país como el «granero del mundo» debe ser interpelada de hecho por una política soberana que favorezca al Pueblo Trabajador y a la Patria Argentina. En nuestro mar, «el caladero del mundo», está puesta la esperanza y el corazón de los humildes que anhelan profundamente un giro de timón en la historia de este país. El futuro ya llegó.