El peligroso mensaje de Capitanich

Por Dr. Jorge Giorno (Partido de la Ciudad en Unión Pro)

El acto vandálico de destruir en conferencia de prensa y ante las cámaras de televisión páginas del diario Clarín, que fueron escritas haciendo uso de los derechos enunciados y consagrados por la Constitución Nacional, nos retrotrae a los tiempos de la conquista cuando vemos a un funcionario público emular la actitud del sacerdote Diego de Landa haciendo desaparecer los códices mayas.

Lo que hizo el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, fue brutal por varias razones: por su investidura, porque fue en la Casa de Gobierno, porque se hizo frente a periodistas que miraban perplejos, como si fuese una advertencia intimidatoria, y porque contiene un mensaje peligroso que algún trasnochado podría interpretar como “via libre” para el vandalismo. Muy peligroso. Irresponsable.

Pero no nos sorprende, porque esta actitud es todo un símbolo del desprecio que ciertos funcionarios tienen por los medios que no son genuflexos. Lo que no nos gusta lo rompemos, lo destruimos, parecía querer decir Capitanich cuando hacía pedazos el diario. Y realmente lo intentan, desde la ley de medios hasta hoy las agresiones fueron incesantes, pero la que elige es la gente, y parece que lo que elige la gente le molesta al Gobierno.

El límite entre la crítica y la incitación a la violencia puede ser muy peligroso cuando sistemáticamente se ejerce la diatriba desde la tribuna del cargo público.

El artículo 19 de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” dice: «Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.», y el artículo 13 de la “Convención Americana de los Derechos Humanos” profundiza: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideraciones de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección y gusto”

En 1976 el jefe del III Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, Galeano, en ese entonces sostuvo que lo hacía “a fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas, para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos”. Queda claro, ante este triste suceso, que el argumento del eventual engaño o mentira puede justificar las peores atrocidades. Es ése el momento en que la fuerza se impone a la razón y, al decir de un viejo político argentino, recordemos que “la fuerza es el derecho de las bestias”.

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