Elecciones en EE.UU.: reformateo interno y demolición de la Pax Americana por Diego Pappalardo

Desde la culminación de la Segunda Guerra Mundial y hasta el año 2016, las elecciones presidenciales estadounidenses solían dirimirse entre candidatos que representaban los intereses de una misma élite, situación ésta que cambió con la entrada en el terreno político de Donald Trump, con su confrontación gananciosa contra la cúspide del Partido Republicano y con la victoria aplastante e histórica que le propinó a Hillary Clinton.
La conquista de la Casa Blanca por parte de Trump fue un terremoto innegable que no lo esperaban los clintonistas que, dicho sea de paso, todavía no lo pueden superar.

En aquellos días de 2016, estuvimos en el número reducido de personas que racionalmente presagió el éxito de Trump ante Clinton, comentando que, en el programa de gobierno del multimillonario Trump, estaban el «abandono del perfil de Estado policial del mundo que los Estados Unidos desempeña desde hace un siglo», el propósito de reformular a su país en la dimensión de Estado-nación y la intención de colaborar con la destrucción de marcos financiero-económicos establecidos y operados por el equipo rival.

Como dijimos, a partir de Trump, ya son dos los complejos del ecosistema de poder en los Estados Unidos que alimentan una contienda intensa, calórica e irreconciliable por el control y la dirección de la superpotencia porque el bando financiero-extractor-gendarme mundial, junto a sus socios externos, rehúsan declinar su hegemonía poniendo en riesgo a los EE.UU y al mundo entero ya que fija más inseguridades, incertezas y peligros al mismo tiempo que prioriza la continuación de reglas que contrarían el formato de un sistema internacional que se le superpone y que está en construcción.

Por consiguiente, esta tarea de multipropósito a cumplir por parte del presidente norteamericano, implica inhabilitar, dentro de la territorialidad de la superpotencia, a la élite estadounidense de gestión global y, conexo a esa faena, deshabilitarla como fuerza influyente o determinista de los procesos en el sistema-mundo. De hacerlo así, se estaría evitando la desaparición de los EE.UU. y, ciertamente, asistiendo operativamente en la arena mundial para que en ella se concreten fenómenos y funcionalidades congruentes con los planes que promueven definidas asociaciones de poder que difieren con el establecimiento que controlaba y dominaba, hasta la Presidencia del Señor Trump, la dirección del país.

Estas cosas fueron recordadas recientemente en la revista The Economist y por el expresidente, Barak Obama.
En efecto, en el artículo de la publicación británica, se alerta que, con un segundo mandato trumpiano, no habrá una hegemonía de los valores y los intereses que sostienen mundialmente los clanes contrapuestos a Trump y, por la cual, embolsa ganancias siderales a expensa de las naciones que se hallan subalternizadas por su paradigma y dominio geopolítico.

Por este motivo, el staff, que no es antichino, opta por Biden1, político que no entusiasma a la mayoría de las bases del partido y que finalizará su carrera con una derrota tajante.
Esta no es la primera vez que, desde las páginas de The Economist, figuras como Lynn Forester de Rothschild, amiga liberal de Hillary Clinton, instan a no votar por Trump porque tuvieron un similar comportamiento en las elecciones del 2016.
(Indudablemente, habrá cambios dentro de The Economist).

Por su parte, Obama, en un mitin en Orlando, cuyo discurso fue cubierto por todas las cadenas de los medios de comunicación de la élite que está siendo vencida por Trump, habló de que ellos, los demócratas financieristas, saben que Xi Jinping, Putin y Kim Jong-un prefieren tratar con Trump en vez de hacerlo con el Partido Demócrata. O sea, con las corporaciones a las que él pertenece.2
La opinión de Obama es correcta porque las fuerzas que él representa son enemigas de la soberanía, la seguridad y la estabilidad de China, de Rusia y de Corea del Norte y, por lógica, sus gobernantes no pueden sentirse felices con el imperio de los demócratas financieristas. Asimismo, Trump requiere interactuar con los tres líderes referidos para proseguir con el reformateo integral de los Estados Unidos y con la demolición de la «Pax Americana», en esta fase transitiva de la Historia.

Así pues, Trump, ganador, contando con el cimiento electoral de Los Deplorables, con un partido republicano reestructurado y controlado tanto por él como por socios, se encamina a dirigir el período presidencial 2020-2024 en un contexto nacional e internacional con problemas y dificultades serios y graves.

 

Para NCN por Diego Pappalardo

Notas:
1-https://www.economist.com/leaders/2020/10/29/why-it-has-to-be-biden
2- https://www.independentespanol.com/noticias/obama-trump-covid-coronavirus-orlando-florida-mitin-elecciones-b1374414.html

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