Las mal llamada década ganada tuvo muchas cuestiones que se destacaban debido a que el discurso oficial se basaba el falacias claramente identificables. Las mentiras iban desde cuestiones que eran observables fácilmente, como lo eran las ridículas mediciones de pobreza (que indicaban mejores niveles que Alemania), que se podía comer por seis pesos diarios o que no había cepo cambiario, hasta cuestiones más filosóficas (y por lo tanto menos perceptivas) como lo eran esa lucha permanente cual Don Quijote, contra la corporación capitalista (dirigida por el Grupo Clarín) que intentaba desestabilizar y dar por tierra a cada una de las medidas populares de la gestión de gobierno. Mentiras que solo eran admitidas como válidas por las raíces más ignorantes e incultas de la secta kirchnerista.
Aunque sin dudas una de las falsas verdades mas imprudentes que se han extendido mas allá del mandato de la Doctora es la del concepto del Estado presente, justiciero social y redistribuidor óptimo de la riqueza de los contribuyentes. Ese Estado que otorga a quienes no tienen, lo que les hace falta. Y a quienes no les hace falta, también se los otorga para demostrar que el Estado es necesario en cada una de las circunstancias de las vidas de los ciudadanos.
En la década K el empleo público Nacional creció más de un 60%. El provincial, más de un 70% y el Municipal se ha más que duplicado: en promedio el empleo público en la Argentina aumentó un 77% durante el transcurso de los tres períodos presidenciales pertenecientes al matrimonio Kirchner. Claro, quién perdía su empleo en el sector privado, el Estado lo beneficiaba con algún beneficio público que si no era específicamente empleo, sería alguna especie de premio consuelo como podía ser algún tipo de ayuda social sin entender que éste mecanismo asistencialista era en gran parte responsable de la pérdida de ese empleo que se perdió en el sector privado.
Poco les conmovieron las causas de la pérdida del empleo geniuno. A nadie le importó la presión fiscal, el cepo cambiario, la inflación o los problemas macroeconómicos. El nivel de empleo en términos generales logró sustentarse gracias a la artificialidad del Estado, suficiente para que buena parte de los beneficiarios se sintieran limitadamente satisfechos.
Todos estos hechos atribuibles a la sociedad toda y en particular al gobierno, hicieron de la degradación de la Argentina una constante. Todo se resumía en la existencia de un gobierno democrático que aplicaba políticas alocadas gracias al poder que les dieron sus ciudadanos en cada uno de los actos eleccionarios. Hasta aquí, solo una suma de incoherencias generalizadas.
Lo que resulta realmente increíble en el siglo XXI es que luego del la culminación de uno de los peores gobiernos de la historia democrática argentina, parte de la sociedad tomó como sagrados los beneficios del estado, sin detenerse, ni antes, ni ahora en los terribles costos de Estado ineficiente, son servicios públicos deprimentes y un tamaño que no es acorde a los gastos que genera. Peor aún, este sector social no reconoce en su consciente la idea que el Estado es financiado por el sector privado, haciendo que este re reprima, desinvierta y haga perder empleo y destruya capital, quitándole a la sociedad toda cada vez más calidad de vida, y con ello también cercenando las posibilidades que una sociedad merece de cara al futuro.
Si el Estado fuese generador de riqueza no tenemos más que eliminar el sector privado. Dejar que el Estado emplee al 100% de la población, al mejor estilo de la dictadura cubana. Los resultados serán el subdesarrollo y la miseria crónica, pero parece que a quienes cortan las calles y exigen al estado aumentos, beneficios y adicionales de todo tipo gustan vivir en un mundo de estancamiento y subdesarrollo. La ignorancia hará de este país, un nicho de pobreza tan grande como nuestro territorio Argentino y las fronteras limitarán la locura y el atraso con el futuro.

*Dr. Manuel Adorni – Analista económico. Columnista. Docente universitario. – Twitter: @madorni

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