Estamos acostumbrados a escuchar que tal persona es un inconsciente cuando llevó a cabo una actitud altamente cuestionable; ejemplos: tomar una curva a mayor velocidad de lo aconsejable, tirarse del piso 20 a la pileta del hotel, presentarte a rendir un examen, aprobarlo, pero no habías estudiado la materia en cuestión o gobernar un país matando de hambre a los ciudadanos que debieran proteger.

Bien, este párrafo tendría algún sentido si yo creyera en los ‘Inconscientes’, y no creo en ninguno de los dos ‘inconscientes’, ni el freudiano, aquel que dice que es una campo grande por donde debe atravesar el ‘Consciente’ y lugar de los recuerdos guardados que nos atormentaron en nuestra infancia, en donde solo se actúa por estímulos y emociones; ni en el ‘Nuevo Inconsciente’ de la neurociencia donde dice que no es una cárcel de emociones y pensamientos inapropiados, sino un lugar en el que se encuentran todas las series de operaciones de las que tampoco tenemos especial interés en controlar y cuyo automatismo nos facilita la vida. Por ejemplo: respirar o pestañear.

Creo que existe una ‘Tercera Posición’ –probablemente más cercana a la freudiana- y que la ciencia neurológica o de la mente seguramente descubrirá en algunos decenios y es aquella en la cual me investigue a mí mismo, que era la cabeza más cercana que tenía a mi alcance. Tan sencillo como mirarse al espejo totalmente desnudo. Después de analizarme exhaustivamente en sesiones de jornada completa, recién allí, me dediqué a observar a mis contemporáneos.

Sólo quería comprobar si el resto tenía mis mismos patrones en las tomas de decisiones, en preguntas cargadas con la insidiosa trampera abierta, en cuántos segundos se toma en las respuestas; en movimientos del lenguaje corporal que yo había experimentado frente a mi espejo, como cambios en el ritmo respiratorio o pestañear acelerado.

La Tercera Posición dice que mi ‘Inconsciente’ toma el 99% de todas mis decisiones y que es allí, en el gran campo del que hablara Freud, se desarrolla toda mi vida; el 1% restante queda dividido en partes iguales entre el ‘Consciente y mis Sueños’. El ‘otro yo’ es el verdadero protagonista de todas nuestras vidas. En ese 99% está la esencia de nuestro ser, allí está por nacimiento natural de la vida, el hombre ‘bueno’ o el hombre ‘malo’. El género humano nace con dos posibilidades, sencillamente se es ‘bueno o malo’, lo que uno elige es… que ‘Ser’. Albañil, colectivero, abogado, periodista, gay, lesbiana, enfermera, asesino, ladrón, policía o Presidente.

El mundo no es el mismo en el que se movía Freud, hoy Freud no tendría trabajo o estaría lleno de plata; imagínense a Freud analizando políticos en la mesa de Mirtha Legrand o en una entrevista con Luis Novaresio, no solo terminaría con todas las encuestadoras, sino que dejaría al descubierto los pensamientos de la Legrand y Novaresio.

Deseaba llegar hasta aquí para contarles que Presidentes como Nicolás Maduro, Vladímir Putin o Donald Trump, no solo nos están mintiendo de lo que realmente piensan sino algo mucho más grave aún, están enfermos, es gente sencillamente ‘mala’ de nacimiento. Son ‘Inconscientes’ que saben perfectamente lo que hacen, es desde allí donde elaboran todas sus ideas. El ‘Consciente’ –ese 1%-, aparece con la mentira embolsada con miedo, es el Maduro que dice… “Yo quiero a los estadounidenses”.

Somos todos ‘Inconscientes’… la diferencia está entre el ‘mal o el bien’. Y que no elijan ser Presidentes. Muy sencillo.

Claudio Hugo Naranjo – Escritor y Periodista.

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