Estela de Carlotto ha renunciado a la defensa de los derechos humanos. Por Cristian Ritondo y Patricia Bullrich

La democracia argentina se desliza por una pendiente que conduce al populismo autoritario. Los ataques incesantes al Poder Judicial, la falsificación de la historia reciente, la acusación fácil, la utilización de los recursos públicos para acosar, extorsionar y amenazar a la oposición y al periodismo independiente, son algunos síntomas de una anomalía política que pone en peligro la sana convivencia comunitaria.

A ese clima de profunda intoxicación institucional, se agregan el fracaso en el manejo de la pandemia, una política exterior afín a ciertas dictaduras y los abusos de un grupo partidario que prioriza a amigos y militantes, y no a quienes les corresponde la inoculación de vacunas contra el Covid-19.

Es en este contexto que recordamos el 45º aniversario de la usurpación del poder constitucional ocurrido el 24 de marzo de 1976, puerta de entrada a la etapa más sangrienta del siglo 20 en nuestra Patria. Cuando todos los sectores de la vida nacional nos dedicamos a la reflexión y al ejercicio de la memoria para que nunca más haya terrorismo de Estado, la señora Estela de Carlotto solicita el encarcelamiento del expresidente Mauricio Macri, bastardeando el clamor por la vigencia de los derechos humanos y utilizando una metodología repudiable propia de otras épocas.

Hablamos sin ambages: ignorar esta instigación al delito que propone la señora Carlotto sería renunciar a la causa de la Memoria, de la Verdad y de la Justicia. Porque el expresidente Macri no tiene ningún delito probado que amerite una condena penal. Es decir, que llevar a la práctica ese deseo sin fundamento implicaría cometer una violación flagrante a la juridicidad y solo respondería a una medida dictatorial propia de los años de plomo.

Lamentamos, sinceramente, que la señora Carlotto haya renunciado a la defensa de los derechos humanos y se dedique a una tarea persecutoria que solo beneficia al partido gobernante que ella ahora sirve con fanatismo militante. De este modo, la Abuela de Plaza de Mayo deja paso a una militante de la injusticia. Nos duele en el alma esta Estela de Carlotto. Preferimos recordar a la Abuela que luchaba por recuperar la identidad de cientos de niños secuestrados por la dictadura cívico-militar de 1976. Pero no podemos dejar pasar sus improperios, sus dislates y su violencia verbal que buscan lesionar el liderazgo republicano de Mauricio Macri, un expresidente constitucional respetuoso de la diversidad y de la paz de los argentinos.

Cristian Ritondo, presidente del Bloque de Diputados Nacionales de PRO

 

Patricia Bullrich, presidenta de PRO

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