Evo, entre los peces y la política. Por Jaime Iturri

Evo Morales no tiene descanso. Y es que se encuentra entre los adioses a autoridades y sindicatos argentinos que tanto lo apoyaron y los ajustes finales para su retorno a Bolivia.

En medio de ello sus teléfonos no paran de sonar.

Ya ha tomado una determinación: el no intervendrá en el nuevo gobierno de Luis Arce Catacora. No sugerirá nombres de ministros, etc. Pero acompañará y apoyará cada vez que sea necesario.

En cambio, su día a día se repartirá entre los criaderos de peces que piensa instalar en Villa Tunari, en el municipio más poblado del Chapare, y la puesta en marcha de su restaurante donde en la noche piensa poner un karaoke donde solamente se toquen composiciones dedicadas al Movimiento al Socialismo. «Hay más de 300», dice acotando que él mismo escribió la letra de un par de ellas.

El poblado es desde siempre uno de los cuarteles generales del Movimiento al Socialismo en el Chapare. Desde ahí salieron decenas de cuadros hacia el agro de Potosí, Sucre, Santa Cruz y el resto del país para garantizar el masivo voto por la agrupación azul. Villa Tunari fue uno de los primeros municipios donde ganó el MAS y por pedido expreso de Evo prohibió las casas de cita.

Evo en su laberinto

«Cuando uno nace político muere político», decía otro expresidente de Bolivia, Víctor Paz Estessoro, del MNR que tanta relación tuvo con el peronismo de su época. Sobre las espaldas del hombre que más años ocupó la primera magistratura en Bolivia pesa la gran responsabilidad de rearmar a su partido y evitar que este se divida. De hecho se considera que sólo él puede lograr la unidad al interior de la agrupación.

«Una de las magias de Evo fue poder unir a los mejores cuadros de la izquierda tradicional. Así en el MAS conviven quienes fueran militantes de todos los ismos que se reclaman seguidores de Carlos Marx: hay maoístas, trotskistas, stalinistas y guevaristas. Hay además kataristas (por Tupak Katari) que se reclaman indianistas, socialdemócratas y hasta anarquistas», dice el analista Reynaldo Ortiz.

«Y esas corrientes chocan muchas veces e incluso hay ocasiones en que priman las enemistades personales», agrega Ortiz. «Solamente Evo es capaz de enamorarlos a todos».

De hecho sin la intervención del líder del MAS la llegada a buen puerto en las elecciones hubiera estado en peligro.

Fue él quien logró convencer a los sectores más radicales de su militancia y de la sociedad que la presidenta de facto Jeanine Áñez debía quedarse en el poder para que se pudieran realizar los comicios el 18 de octubre. «La consigna de Fuera Áñez en los hechos obligaría a postergar las elecciones hasta el 2021».

En los hechos fue la táctica necesaria para ganar. Quienes dentro y fuera del MAS clamaban por un partido sin Evo se equivocaron de medio a medio.

En su libro Volveremos y seremos millones, Evo Morales adelanta que su organización política ganaría con más del 50%. Él lo sabía porque gracias a la tecnología telefónica participaba activamente de los grupos sociales y de la campaña.

En los hechos sin ser candidato, él fue el referente.

«No nos hemos equivocado de candidato», dijo en su resumen de las elecciones y se comprometió a no abandonar a Luis Arce Catacora pero siempre aclarando que la última palabra está en manos del economista de 57 años.

Pero claro, Evo trabajo político tiene y no solamente en el plano boliviano.

Cuando se lo entrevista uno puede ver la tentación de lo internacional, de apoyar a la izquierda continental. Apoyo indispensable ahora que el péndulo ha girado de nuevo hacia el progresismo.

Y en el exilio ha escrito dos libros, uno sobre el golpe de Estado y el otro (de próxima publicación) con sus memorias de los 14 años de gobierno.

Y esos planes, electorales, políticos y hasta bibliográficos (habla de que tiene 3 nuevos libros en la cabeza) muy pronto estarán acompañados por platos de Tambaquí, el pacú negro, que se reproduce muy bien en la región donde nacería a la vida política.

Buen destino para un campesino del altiplano que de niño cuidaba llamas, que en su juventud se fue al Chapare y al perder su cosecha de arroz se dedicó a sembrar coca sin saber que su destino se ligaría a los cultivadores de la llamada «hoja milenaria», que gracias a eso llegaría a la presidencia, pero también a la cárcel y al exilio.

Con un poco más de seis décadas (hace poco cumplió 61 años), Evo Morales todavía tiene un largo recorrido en su horizonte pero eso también depende de que logre renovar su imagen frente a la clase media «pitita» (conservadora) o por lo menos a un sector de ellos. Pero para eso tiene 5 años por delante y muchas luchas.

Jaime Iturri Salmón, boliviano nacido en México, es periodista y catedrático titular de la Universidad Mayor de San Andrés. Actualmente es refugiado político en Argentina.

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