¡Feliz día Mamu!, por Claudio Hugo Naranjo*

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner entregó un país sumido en la extrema pobreza, en el abandono más miserable hacía nuestros niños, la década ganada nunca fue Suiza, es un país aún hoy, lo más parecido a la Alemania del ’45; me alegra que la Iglesia y el Papa hayan tomado conciencia del drama nacional heredado del kirchnerismo… me preocupa, que recién lo hayan notado ahora. El Vaticano se ha convertido en Puerta de Hierro… Algunos piensan que Francisco cree que es Perón y Perón nunca quiso ser Papa; uno fue elegido por millones de argentinos en tres oportunidades para conducir los destinos del país y el otro, por 115 Cardenales. Bergoglio o mejor dicho el Papa, es un líder moral que conduce los destinos del catolicismo y nunca vérselo como un líder político que toma decisiones por los argentinos. Si Cristina Fernández tiene responsabilidades políticas por la pobreza en la Argentina, algunos analistas podrían pensar que el Papa como mínimo, por omisión, es responsable de apañar al gobierno más corrupto de la historia.

La pobreza afecta en igual medida a niñas y niños y es más baja en las edades “extremas” (menores de 6 y mayores de 12 años) que en las centrales (entre 6 y 12 años de edad). Aunque este último resultado debe tomarse con cautela dado que cambia cuando se usa otra fuente de datos u otra metodología. Los niños que están en la base de la escala social tienen una chance 13 veces más elevada de sufrir privaciones, comparados con aquellos que están en la cúspide de la pirámide social. Un resultado análogo se obtiene cuando se mira la educación del hogar: las probabilidades son, en este caso, de 10 a 1 (entre la educación más baja y la más alta). El resto de las variables consideradas marcan brechas importantes, pero ninguna de ellas tan elevadas como estas dos.

Cristina Kirchner terminó su mandato presidencial con cuatro millones de chicos sumidos en la pobreza. Esto significa que tres de cada diez niños eran pobres en la Argentina a fines de 2015. Pero hay un número más preocupante aún: cerca de 1,1 millones de esos chicos de entre 0 y 17 años subsistía en la pobreza más extrema, pese a los años de crecimiento a «tasas chinas» durante la última década. Los datos se desprenden de un documento elaborado por la filial local de Unicef titulado «Bienestar y pobreza en niñas, niños y adolescentes en la Argentina». Los cálculos se hicieron sobre la base de números oficiales, pero con una metodología multidimensional de la pobreza, que no se realiza con el cruce entre ingresos y una canasta de consumo que se actualiza por inflación, sino con la detección de diferentes privaciones (en este caso, 28 rubros). Tales indicadores, estima el informe, van desde la nutrición de los niños hasta su exposición a la violencia. Según el estudio, el 30,2% de los niños de entre 0 y 17 años del país era pobre a fines del año pasado, y un 8,4% era extremadamente pobre. Los primeros sufren un promedio de 5,7 privaciones, mientras que los segundos suman ocho.

Por su parte, los niños que viven en el Nordeste y del Noroeste argentino (NEA y NOA, respectivamente) se encuentran en una situación de mayor desventaja, mientras que los de Patagonia Sur y Ciudad de Buenos Aires (CABA) están en el extremo opuesto. Así, por ejemplo, la chance de experimentar privaciones de un niño que reside en una provincia del NOA es 6,5 veces más elevada que la de un niño de CABA. La población que vive con ingresos por debajo de un determinado umbral denominado “línea de pobreza” ha sido la manera tradicional de cuantificar la pobreza, e incluso aquellos que utilizan la idea de privaciones múltiples suelen tratar la insuficiencia de ingresos como una dimensión más entre todas las posibles. En la literatura sobre pobreza en la niñez el ingreso monetario es excluido de las dimensiones y es usado más bien para determinar cuántos niños pobres por motivos diferentes a las “billeteras vacías” de sus padres son “invisibles” al tomar en cuenta sólo la pobreza monetaria. Los estudios de estás Tablas dejan ver que Las Tablas 5A y 5B muestran las relaciones posibles entre pobreza monetaria y multidimensional. Cada una de estas tablas tiene dos paneles: uno que usa como umbral de privación dimensional un 15%, y otro, con 4 indicadores de 15 posibles, según se haya trabajado con dimensiones (en el primer caso) o con indicadores (en el segundo).

Entre un 19% y un 22% de niños y niñas que no son pobres por ingresos sí lo son por las dimensiones no monetarias consideradas aquí (Tabla 5A); y un 34% de los que no son pobres por multidimensionalidad, sí lo son por el criterio de pobreza monetaria (Tabla 5B). Así, al usar sólo el ingreso para estimar pobreza, uno de cada cinco niños que efectivamente son multidimensionalmente pobres quedan fuera del alcance de la medición. Esta advertencia es importante desde la perspectiva de las políticas públicas. Los programas de transferencias monetarias condicionadas suplementan el ingreso familiar, ayudando a algunos hogares a superar el umbral de pobreza monetaria. Teniendo en cuenta este efecto aisladamente (y suponiendo que no existen errores de exclusión de la política de transferencias), se estaría llegando solamente a un 45% de los niños multidimensionalmente pobres.

El Indec de Guillermo Moreno había avanzado en 2011 con un proyecto de índice multidimensional de pobreza, pero decidió darlo de baja en 2014 sin publicarlo, luego de que le presentaron los datos a Axel Kicillof. Ese indicador reflejaba una pobreza multidimensional general de 25,8% para 2012.

Palabras de Eva Duarte de Perón el 14 de julio de 1949 al inaugurar la Ciudad  Infantil de La Plata… “Dije en cierta oportunidad que el país que olvida a sus niños renuncia a su porvenir”.

¡Feliz día Mamu!…

 

*Periodista/Escritor

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