Sucedió con #MiraComoNosPonemos, pero también con #NiUnaMenos o los Encuentros Nacionales de Mujeres y de algún modo con la Ley Micaela. Cada causa de la militancia feminista termina empuñando el pañuelo verde. No dejo de pensar en Thelma. Me hubiera gustado estar a su lado, pero sin pañuelos. Conozco muchísimas mujeres que dejaron de identificarse con el colectivo feminista porque cada reclamo que empieza con una denuncia de abuso o un femicidio termina pidiendo la legalización del aborto. Entonces nos dividimos y todo se estanca.

Estamos volviendo estériles y excluyentes a los movimientos de mujeres. Los volvimos contra nosotras. Gran parte se debe a una adhesión acrítica a la teoría de género. Butler en su libro “Género en disputa” lo describe como “una construcción que no tiene nada que ver con el sexo (…) un artefacto liberado de lo biológico” que implica que mujer y femenino puedan designar tanto un cuerpo femenino como un cuerpo masculino y viceversa.

Pero si ser mujer deja de estar ligado al cuerpo femenino ¿qué es ser mujer? Claramente somos más que un cuerpo, pero somos también, irrenunciablemente, nuestro cuerpo femenino. En algún momento se empezó a construir una corriente feminista basada en la deconstrucción de lo femenino que separa la identidad femenina de su cuerpo, manipulando ideológicamente sexo y género. Lo que parecía una revelación teórica, no es más que una posverdad que hace que las buenas causas se empantanen en el caos y la desinformación. Y las mujeres nos convertimos en rehenes de este feminismo.

Negar las diferencias físicas empieza a rozar lo irracional. “Sergia”, la salteña que siendo hombre cambió su género para jubilarse 5 años antes es una clara muestra. También el deporte se vuelve disfuncional. Hannah Mouncey es la primera jugadora de handball trans que ingresó al equipo femenino australiano: con su metro noventa y 100 kilos aventaja físicamente a compañeras y rivales.

En este sentido, la Provincia de Buenos Aires ya aprobó la ley 15100 de Género en el Deporte, por la cual toda persona puede participar en competencias deportivas según su género autopercibido. Puede sonar bien pero en la práctica ¿vamos a tener que definir también cupos femeninos para los equipos femeninos?

Hay consecuencias más graves. Si según Butler tener cuerpo de mujer no tiene nada que ver con ser mujer, entonces tener cuerpo humano, no tiene nada que ver con ser persona. Así crecen corrientes totalitarias que promueven la destrucción de quien piensa distinto.

Por eso también esta corriente del feminismo está tan ligada al aborto. Ya no importa la realidad fáctica y científica del cuerpo: “es persona si yo lo deseo”. Se hace evidente en el sistema perverso que liga al abuso con el aborto. Los protocolos de aborto no punible están desamparando un sinfín de víctimas, muchas de ellas menores, que sufren abusos cotidianamente. Al quedar embarazadas se las incita a abortar, pero no a denunciar. Abortan y vuelven al mismo lugar donde son abusadas una y otra vez. Los entornos de trata hacen de esto una práctica habitual. Hoy, el movimiento feminista vigente niega la solución al abuso y al trauma del aborto y termina condenando a la mujer a una estructura machista de sufrimiento. Y las mujeres por nacer quedan totalmente excluidas de la defensa del feminismo actual. Mientras tanto las mujeres seguimos sufriendo violencia, abusos, inequidad laboral, discriminación. Necesitamos un movimiento femenino con los pies en la realidad, que no excluya a nadie de sus derechos y que nos una a todas en la lucha por la equidad. Necesitamos repensar el feminismo.

Por Cynthia Hotton es Diputada Nacional MC para diario Clarín

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