Por Pablo Javier Davoli*

* A modo de introito:
Pérdida del sentido de trascendencia; dilución de los valores; perversión de las costumbres; desmantelamiento de la familia; desaparición de la amistad cívica; debilitamiento del arraigo comunitario; distorsión y extravío de las identidades a todo nivel… Frivolización; banalización; vaciamiento cultural… Narcotización; miseria; violencia; crimen; angustia… Fenómenos muy diversos que, sin embargo, participan de un mismo proceso de revolución y degradación cultural. Un proceso hábilmente pergeñado, entre otros, por el genial estratega Antonio Gramsci; y generosamente financiado por un “filantrópico” puñado de desalmados especuladores y usureros, en aras de inconfesables intereses. El complejo proceso en cuestión se jalona a través de graves aberraciones ideológicas, es decir, de groseros sofismas. Con este modesto artículo queremos señalar, a guisa ejemplificativa, algunos de dichos esperpentos intelectuales…
* Theo Wiesengrund Adorno y la “personalidad autoritaria”:
Hacia 1950, el autoritarismo fue re-conceptualizado por Adorno como un trastorno de la personalidad, consistente en la adopción subjetiva de principios metafísicos, los cuales constituyen la “piedra angular” de la normativa ética. Adorno efectuó esta re-conceptualización, precisamente, por el carácter objetivo y superior que ostentan aquellos principios. Carácter, éste, que los coloca por encima de nuestro arbitrio, proponiéndolos como referencia útil y marco obligado de nuestros deseos y decisiones, y exigiendo el tributo de nuestro respeto personal. Al identificar al desgraciado fenómeno del autoritarismo con la búsqueda y la entronización que cada uno de nosotros puede hacer de los principios en cuestión, Adorno:
– Replanteó al autoritarismo como problema primordial y eminentemente psicológico (en vez de politológico y, a lo sumo, sociológico).
– Presentó la libre adhesión al célebre decálogo bíblico, el acatamiento convencido del Derecho Natural y el abrazo fervoroso de la Verdad, el Bien y la Belleza, como síntomas de una personalidad autoritaria, problemática y potencialmente criminal. En suma, estigmatizó seriamente al hombre de principios.
– Habilitó la adopción de medidas políticas totalitarias, gravemente lesivas de la esfera privada, la intimidad personal y la conciencia individual, so pretexto de re-educar y/o curar a las personalidades autoritarias.
Estas extravagantes ideas sólo pueden explicarse en el fantástico contexto de la Weltanschauung (cosmovisión) materialista de Adorno “et alii”. A ello debe añadirse que el sociólogo elucubró su imaginario y anti-natural tipo humano a través del endeble y discutible método de las encuestas de opinión.
* Erich Fromm contra la figura paterna:
La noción de la personalidad autoritaria ha servido para denostar a la figura del padre, ya que éste constituye el símbolo encarnado de la Ley (o sea, de los principios metafísicos que deben guiar la formación de nuestra personalidad y el desarrollo de nuestra conducta, subordinando los instintos y las pasiones a tal proceso de auto-perfeccionamiento, en aras del propio bien y del de la comunidad a la que pertenecemos).
Fromm no sólo elaboró una técnica psicológica (supuestamente terapéutica) apuntada a la humillación de la figura paterna frente a los demás miembros de su propia familia. También propició la instalación de formas sociales matriarcales; es decir, de estructuras completamente ajenas a nuestra enjundiosa tradición occidental (y, además, perimidas en la mayor parte de aquellos pueblos no-occidentales que alguna vez las desarrollaron).
Para justificar su matriarcalismo, el renombrado psicólogo distorsionó groseramente las conclusiones que había extraído el antropólogo Johann Bachofen a partir de los descubrimientos arqueológicos de Anatolia. Conclusiones, éstas, que -en su momento y por error- el gran científico helvético había proyectado universalmente.
* Ernst Bloch contra las virtudes teologales cristianas:
Bloch postuló la inmanentización del sentido de las virtudes teologales cristianas. Fe, sí, pero no en DIOS, sino en el hombre. Esperanza, también, mas depositada en el mito positivista del progreso humano. Y, Caridad, lo mismo, pero referida a la… ¡lucha de clases! El enervamiento semántico propuesto por este autor (muy especialmente, la habilitación de la lucha de clases como algo necesario y bueno) propició en gran medida la proliferación de terroristas que, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, asesinaron con asombrosa tranquilidad de conciencia.
* Erick Neumann contra la antigua ética:
Neumann pregonó abiertamente la instalación de una nueva ética, que procediera de una nueva conexión del Yo con los estratos correspondientes al mundo de la función inferior y el estadio primitivo de la humanidad. Para el psicólogo, la antigua ética, articulada en torno a valores objetivos y absolutos, había ingresado en una fase de inexorable decadencia y, por lo tanto, debía ser reemplazada por una nueva ética, que liberara completamente la parte de la personalidad opuesta al valor ético. Es decir, una “nueva ética” de la “sombra”, que es el “otro lado”; “la expresión de la propia imperfección y terrenalidad, o sea lo negativo no coincidente con los valores absolutos; (…) lo corpóreo en contraposición a lo absoluto y eterno de un alma que no pertenece a este mundo”.
Neumann ha propuesto la habilitación de los anti-valores y la proscripción de los auténticos valores (en términos schellerianos). La nefasta postulación no se limita al libramiento y la entronización de las pulsiones inferiores de nuestra psiquis humana, convirtiendo así al propio capricho en norma suprema de nuestro obrar. Además, apunta a la prevalencia de aquellas inclinaciones que, ya no por su circunstancial exorbitancia sino por su propia índole, se oponen a los valores morales. O sea que la anti-ética de Neumann, amén de promover la exacerbación de los apetitos inferiores (que, en sí mismos, no son malos), busca el predominio de los impulsos de índole perversa.
* A modo de colofón:
Estas son algunas de las nefastas fuentes ideológicas de las que se ha alimentado el proceso de revolución y degradación cultural en curso. Proceso, éste, radicalmente contrario a nuestra varias veces milenaria tradición occidental, absolutamente anti-cristiano y -en suma- lesivo de la dignidad de todos los hombres y de las posibilidades de progreso de todos los pueblos. En nuestro concreto caso, el mismo está distorsionando nuestra Imago mundi, subvirtiendo nuestro Ethos, destrozando nuestro Modus vivendi e impidiendo nuestro desarrollo espiritual.
Uno de los triunfos estratégicos más notables de la acción revolucionaria en cuestión, ha sido la imposición de sus conceptos fundamentales, connotaciones más significativas, categorías analíticas, códigos terminológicos y fraseológicos, referentes intelectuales y artísticos, versiones historiográficas, simpatías y antipatías, etc., en casi todos los ambientes escolares, universitarios, científicos, profesionales, periodísticos e, incluso, eclesiásticos. Así, el pensamiento único, políticamente correcto, impregna y contamina toda la atmósfera social.
El “buen combate” que estamos llamados a librar, requiere que reemprendamos, tanto a nivel personal como comunitario, el camino de búsqueda de la Verdad, el Bien y la Belleza. En esa maravillosa exploración, cuyo inicio nos urge, se juegan nuestra felicidad personal, la paz social y el engrandecimiento de los pueblos.

*Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio “Nuestra Señora del Rosario” de los Hermanos Maristas. Se recibió de abogado en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario, de la Pontificia Universidad Católica Argentina, a principios del año 2.000. Ha cursado la Maestría en Inteligencia Estratégica Nacional de la Universidad Nacional de La Plata y el Doctorado en Derecho de la facultad arriba mencionada. Se ha desempeñado como docente de diversas asignaturas: “Ciencia Política”, “Formación del Pensamiento Jurídico-Político”, “Derecho Político”, “Derecho Constitucional”, “Derechos y Garantías Constitucionales”, “Instituciones de Derecho Público”, “Relaciones Gremiales” y “Sociología del Derecho”; en la facultad arriba nombrada, la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Abierta Interamericana y otras casas de estudios. Autor de varios libros, también ha escrito decenas de notas y artículos sobre diferentes temas de Filosofía Política, Geopolítica, Política Internacional, Derecho Político y Derecho Constitucional.

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