En el día del futbolista la Legislatura declaró de interés para la Comunicación Social y Deportiva de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires su obra autobiográfica. Por otro lado, El prestigioso médico, investigador y profesor que fue rector de la UBA y difusor de la problemática educativa, fue galardonado en la Legislatura de la CABA.

En el salón Dorado de la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires, fue homenajeado uno de los más grandes jugadores que dio el fútbol argentino, precisamente en una fecha especial porque se celebra hoy el día del futbolista. Bochini, el autor de goles, gambetas y asistencias formidables, recibió un diploma en reconocimiento a su libro autobiográfico llamado “Yo, el Bocha”, una obra que fue declarada de interés para la Comunicación Social y Deportiva por los legisladores porteños.

«Para mí fue un orgullo haber podido jugar 19 años en uno de los clubes más grandes de Argentina como es Independiente. Tuve la suerte de integrar equipos con grandes jugadores y cuerpos técnicos en una de las épocas más gloriosas», afirmó el Bocha y deseó que «Independiente pueda recuperar el estilo futbolístico que supo tener y pelear todo lo que juegue».

El Vicepresidente primero de la Legislatura, diputado Francisco Quintana (VJ) expresó su alegría de poder reconocer y homenajear «a un ídolo que trasciende a un club para ser patrimonio del fútbol argentino». Además, sobre la obra sostuvo que «es un libro que nos va a permitir conocer mucho más sobre otras facetas del Bocha y a la persona detrás del ídolo».

El proyecto de declaración lo llevó adelante el diputado Gonzalo Straface (VJ) quien destacó: «Es una obra que habla de los sueños de un chico como el de tantos otros y cómo se construyó su carrera. Al Bocha se lo recuerda como un caballero del fútbol».

De la ceremonia de homenaje participaron los escritores Eduardo Sacheri y Jorge Barraza, este último el responsable de transcribir en papel los relatos de Ricardo Bochini. Además, estuvo el campeón del mundo y gloria de Independiente, Daniel Bertoni, quien recordó anécdotas junto a quien calificó como «una de las personas más queridas en mi vida».

Bertoni dejó una frase que aprobaron y aplaudiéron los asistentes: «Bochini tiene que ser presidente honorario de Independiente y tendría que ser más respetado en vida».

Bochini desempeñó toda su carrera en el Club Atlético Independiente desde 1972 hasta 1991. Allí ganó cinco Copas Libertadores, tres Interamericanas, dos Intercontinentales, dos campeonatos de Primera División y dos campeonatos Nacionales. Además integra el selecto grupo de futbolistas que alzaron la Copa Mundial de Fútbol con la Selección Argentina, en el recordado equipo del 86`que tuvo a Maradona como emblema.

“Yo, el Bocha” es un relato en primera persona de Ricardo Bochini, el ídolo máximo de Independiente. Comenta sus humildes comienzos en la ciudad de Zárate (Provincia de Buenos Aires) y su llegada al equipo de Avellaneda, donde su extraordinario talento lo catapultó rápidamente a la Primera División, y también a la inolvidable selección juvenil argentina que integró, entre otros, con el Conejo Tarantini, Marcelo Trobbiani, Mario Alberto Kempes y su gran amigo, Daniel Bertoni.

Cada capítulo del libro está dedicado a un tema que es, a la vez, un conjunto de historias, vivencias y opiniones. El 10 va recordando en forma ordenada a sus Directores Técnicos, sus títulos, sus goles históricos, su participación en la Selección Argentina, el juego, su equipo ideal, el retiro y la idolatría, entendida como el enorme cariño y la ferviente admiración que la gente le rinde hasta hoy.

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«¿No queréis educar a los niños por caridad? ¡Hacedlo por miedo, por precaución, por egoísmo! Movéos, mañana será tarde», sentenció Guillermo Jaim Etcheverry, tras recibir en la Legislatura porteña la distinción de Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Con esas palabras, el homenajeado parafraseó algo que dijo Domingo F. Sarmiento en 1849, pero a la vez planteó el dramático momento de crisis que vive la educación argentina.

Jaim Etcheverry, a los 76 años de edad, fue declarado Ciudadano Ilustre por la mayoría absoluta de los diputados porteños, por iniciativa de la legisladora Paula Villalba (Vamos Juntos) en coautoría con varios colegas de la misma bancada. Esta noche, con un acto en el salón Eva Perón del palacio parlamentario, se le hizo entrega del diploma y la medalla que acreditan esa distinción.

Se trata de un prestigioso médico, científico, profesor, comunicador, investigador, académico y autor de textos de gran repercusión, como su libro «La tragedia educativa» (2002). Se recibió de médico con diploma de honor y pasó por todos los escalones de la Universidad de Buenos Aires, desde estudiante y auxiliar suplente a profesor titular, decano de Medicina y rector de la UBA. Fue también investigador y jefe en el Conicet y cursó postgrados de medicida en Suiza y Estados Unidos.

La diputada Villalba dio la bienvenida al agasajado y a los presentes e hizo referencia a «la noble figura de ciudadano que él encarna, depositario de valores intelectuales y morales, comprometido con la educación». El Legislador Omar Abboud (VJ) también destacó las calidades de Jaim Etcheverry como «persona relacionada con lo público y con la educación».

Otros oradores fueron el secretario de Estado de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, y el actual rector de la UBA, Alberto Barbieri. «Ciudadano es aquel que se ocupa de la res pública y este es un merecido reconocimiento a quien tiene un compromiso ético con la educación pública», dijo el funcionario nacional. El rector universitario, por su parte, describió a «una persona de valía científica y profesional, pero sobre todo un hombre de bien, defensor de la educación, con compromiso moral y rol de comunicador de nuestra sociedad. Estamos orgullosos de él en la comunidad universitaria», afirmó.

Entre los asistentes al acto había importantes personalidades de los ámbitos universitario, cultural, político y académico en general. Participaron los legisladores locales (además de los ya mencionados) Lía Rueda, Maximiliano Ferraro, Sol Méndez, Claudio Cingolani, Cecilia Ferrero y Ariel Álvarez Palma.

Las reflexiones del educador

Tras recibir los atributos de Ciudadano Ilustre, Jaim Etcheverry habló y dejó flotando entre los presentes punzantes acotaciones y profundas reflexiones aplaudidas por el calificado público.

Empezó por agradecerle «a los vecinos de la Ciudad, porque uno no se construye sólo, lo hacer junto a los demás», y por eso extendió su gratitud «a los que contribuyeron en mi constante construcción como persona». Ponderó a sus padres, médico y maestra, que «fueron ejemplo de aquella movilidad social argentina» y dijo ser «heredero de una tradición: la de la escuela del guardapolvo blanco, en cuyas aulas se entretejían los lazos de solidaridad social que cimentaron nuestro crecimiento como sociedad». En contraposición, se lamentó que hoy existan eespecies de «escuelas guetos».

Consideró que la UBA y el Conicet, dos instituciones donde él pudo aprender, enseñar y desarrollarse, «son las genuinas merecedoras de este reconocimiento» que hizo la Legislatura a su persona.

Siempre en búsqueda de alentar y promover la educación, Jaim Etcheverry sostuvo que «las revoluciones políticas más importantes se hacen hoy en los laboratorios tecnológicos, más que en las calles», no obstante lo cual reivindicó que «también se aprende escuchando, aunque la pedagogía no lo aconseja». Definió como «milagroso» el acto de poder trasmitir inteligencia y conocimientos mediante la palabra en el aula.

El flamante Ciudadano Ilustre aprovechó la oportunidad para enfatizar el reclamo de apoyo a las universidades y a la investigación científica y tecnológica. Anticipó que su pedido va a lograr la adhesión de todos, pero «solo declamativa», porque la UBA -comparó- tiene un presupuesto de 500 millones de dólares anuales, mientras que la Universidad de México dispone de 2.100 millones y la de San Pablo, 1.400 millones de la misma moneda.

«La Argentina tiene en la UBA un gran tesoro que se mantiene vivo por un milagro: el de su gente», expresó.

Seguidamente, hizo hincapié en «continuar insistiendo en la importancia de la educación, porque de la calidad de las demás personas depende el destino de nosotros». Y antes de parafrasear a Sarmiento como corolario de su discurso, Jaim Etcheverry sentenció que «la educación es un derecho humano fundamental».

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