Impuesto a las tarjetas de crédito: menos consumo, más informalidad y ¿menor recaudación? Por Delfina Rossi

El jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, envió el proyecto de modificación del Código Fiscal con una desagradable sorpresa: un nuevo impuesto sobre los consumos realizados con tarjeta de crédito. Si se aprueba, las porteñas y los porteños pagaremos un 1,2% adicional todos los meses sobre el total del resumen.

La medida es un paso en la dirección incorrecta. Primero, porque es un retroceso en materia de bancarización y formalización de la economía. Desde el gobierno nacional y desde el sistema financiero hacemos un gran esfuerzo por incluir a más personas y de la mejor manera posible. Las medidas de emergencia tuvieron un impacto muy positivo en ese sentido y se han hecho avances en el marco de la Estrategia Nacional de Inclusión Financiera. Por ejemplo, el crédito a tasa cero para monotributistas implicó la emisión de cientos de miles de nuevas tarjetas de crédito, y el pago del IFE la emisión masiva de tarjetas de débito.

Segundo, porque se castiga al consumo, justo en el momento en el que necesitamos impulsar la demanda agregada para superar el impacto de la pandemia. Y tercero, es un golpe a un amplio sector social que hoy en día aprovecha promociones bancarias y políticas nacionales de descuentos y pagos en cuotas -como Ahora 6, 12 y 18- para acceder a determinados bienes y servicios que de otro modo estarían fuera de su alcance. El impuesto es regresivo, porque los sectores más ricos tendrán la opción de evitarlo pagando en efectivo, o un único pago, mientras que los sectores medios y medios bajos deberán optar entre pagar el impuesto o desistir de determinados consumos, incluso aquellos esenciales en la nueva normalidad, como una computadora para teletrabajar o un celular para estudiar.

El proyecto no tiene ningún componente de progresividad. Larreta debería animarse a aumentar impuestos a los grandes patrimonios, a quienes dejan viviendas ociosas en la Ciudad y a los bienes de lujo, en lugar de complicarle la vida a las mayorías.

Una caída en el consumo y un mayor nivel de informalidad son dos consecuencias indeseables pero esperables de esta medida. Ambas podrían tener el paradójico resultado de una caída en la recaudación de otros impuestos, como Ingresos Brutos, que es el que más aporta a las arcas porteñas.

Resulta llamativo que Larreta quiera imponer esta medida mientras su partido se opone -alegando un supuesto carácter confiscatorio- a la contribución extraordinaria de las grandes fortunas, una medida de emergencia, por única vez, que sólo afectará al 0,02% más rico de la Argentina. Y esto al mismo tiempo que envía a la Legislatura un presupuesto de ajuste, como reconoció Martín Mura.

El camino correcto es el opuesto. Tener una ciudad mejor para todas las porteñas y todos los porteños significa mayores niveles de inclusión financiera, acceso al crédito y al consumo, formalidad económica y un esquema impositivo progresivo, otra de las grandes deudas pendientes en nuestra ciudad.

Delfina Rossi, economista, directora del Banco de la Ciudad de Buenos Aires.

Deja una respuesta