La condena a Venezuela, un nuevo eslabón en la cadena de la dependencia. Por Marcelo Bianco

El alineamiento del gobierno argentino con la política exterior de Estados Unidos, que se verificó en la condena a Venezuela por el informe Bachelet sobre derechos humanos, no es obra de un canciller despistado ni un caso aislado, sino un nuevo eslabón en una cadena de dependencia. Esto es absolutamente claro para quien quiera verlo de frente. Repasemos algunos hechos.

Medio Oriente

A poco de asumir, Alberto Fernández realizó su primera visita fuera del país, no a alguno de los países de Latinoamérica, sino a Israel, el Estado sionista que actúa como gendarme de Estados Unidos en Medio Oriente y que ha sido construido sobre la base de la ocupación militar de territorios palestinos y la expulsión de millones de hombres, mujeres y niños que permanecen hoy hacinados en campos de refugiados que tienen poco que envidiarle a los campos de concentración del nazismo.


La visita se realizó en momentos en que el primer ministro Benjamín Netanyahu, uno de los más grandes asesinos de Medio Oriente, estaba a la búsqueda junto a Trump de apoyo internacional para profundizar su política de anexión a sangre y fuego de Cisjordania. Esa visita a Israel surgió por recomendación de Cristina Fernández, que la vio conveniente para la negociación con los bonistas.

Por supuesto, no hubo ningún reclamo contra la opresión al pueblo palestino y la represión sistemática a los refugiados, pero sí, elogios sobre «cómo podía ser de maravilloso un país pequeño» y otras expresiones por el estilo.

También en respaldo a la política yanqui en Medio Oriente, el gobierno guardó silencio absoluto y se abstuvo de repudiar el asesinato por parte de Estados Unidos de Qasem Soleimani, jefe militar iraní, con drones teledirigidos desde fuera del país.

Europa

En su visita al presidente Emmanuel Macron de Francia los elogios al mismo abundaron en momentos en que este enfrentaba enormes movilizaciones y casi dos meses de huelga de los trabajadores franceses contra una reforma jubilatoria antiobrera.

Siguieron luego los elogios a la canciller alemana Angela Merkel y otros presidentes imperialistas, a cambio de un supuesto apoyo a las gestiones con los bonistas que como era de esperar terminaron en sonrisas, palmadas de comprensión en la espalda y el apoyo, a la hora de los bifes, a los bonistas de sus respectivos países por parte de Merkel, Macron y demás para exigir al gobierno argentino sucesivas «últimas ofertas» en las negociaciones, hasta lograr elevar en más de 16.000 millones de dólares la oferta inicial y lograr en la sexta o séptima ocasión el cobro del 98% del capital, el pago de intereses compensatorios durante las negociaciones y una tasa de interés que triplica las tasas internacionales, entre otras linduras.

Estados Unidos y Latinoamérica

Por supuesto, el asesinato de George Floyd y la represión a la rebelión popular contra Trump no merecieron un solo repudio por parte de Argentina o el apoyo a las víctimas de las fuerzas represivas enviadas contra los manifestantes.

El gobierno incumplió su promesa electoral de dejar vacante la silla que ocupaba Macri en el Grupo de Lima y sigue perteneciendo a este cónclave que reúne bajo la batuta de Trump a todos los gobiernos de ultraderecha complotados en la subordinación al imperialismo yanqui y sus planes de invasión contra Venezuela y Cuba.

Al día de hoy, en el Grupo de Lima la Argentina se sienta junto a Juan Guaidó (el autoproclamado presidente venezolano), el gobierno golpista de Jeanine Áñez de Bolivia, el de Bolsonaro y los gobiernos asesinos y plagados de paramilitares de Sebastián Piñera en Chile e Iván Duque en Colombia, y suscribe puntualmente las declaraciones del grupo redactadas conforme a los dictados de la Casa Blanca como la última condena a Venezuela, que detrás de una hipócrita y fingida preocupación por los derechos humanos, en realidad busca avanzar en las maniobras golpistas contra ese país.

Argentina y Bolivia

A pocos días de un nuevo aniversario de Malvinas el gobierno impulsó la aprobación para el ingreso de tropas extranjeras al país y la salida de fuerzas nacionales para desarrollar ejercicios conjuntos con la flota yanqui que como parte de las maniobras 2020 se estacionó en forma amenazadora frente a la costa de Venezuela para hacer sus ejercicios sin que por supuesto hubiera reacción ni protesta alguna del gobierno argentino.

En una afrenta a la heroica resistencia del pueblo boliviano, se han acreditado a los diplomáticos de la presidenta golpista Jeanine Áñez, en desmedro de los que estaban en funciones designados por Evo Morales.

Conclusiones

Como puede verse, no hay error ni paso en falso del canciller Felipe Solá conocido por sus contactos con los capitales extranjeros y que tiene entre sus antecedentes, haber sido el encargado de autorizar en forma exprés el uso del glifosato en Argentina y el ser uno de los responsables políticos junto a Duhalde, de la masacre de Puente Pueyrredón donde fueron asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki.

No, no hay error, la desautorización a Carlos Raimundi, el embajador argentino en la OEA, por parte de Solá y Alberto Fernández y la aprobación por estos de la condena a Venezuela es una política consciente de todo un gobierno sobre la que se deben sacar conclusiones: el alineamiento diplomático con EE.UU. y la supervisión por parte del FMI de la economía argentina no puede más que reflejarse en la política interior que somete a la población a ajuste tras ajuste en beneficio del capital nacional e internacional. La experiencia ha demostrado una y otra vez en nuestro continente la imposibilidad de las clases dominantes de liberar a nuestros países del dominio extranjero. Como denunciaba José de San Martín, “entre los gauchos y paisanos y los españoles, los estancieros y comerciantes prefieren aliarse a estos últimos para preservar sus propiedades y privilegios y que los primeros sean derrotados”.

La emancipación de Latinoamérica solo podrá venir de la mano de la lucha por gobiernos de trabajadores y de concretar la construcción de los Estados Unidos Socialistas de América Latina.

Marcelo Bianco, periodista

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