La Iglesia producirá esta semana una clara señal de que se encamina a prescindir de modo progresivo del aporte económico del Estado –unos 140 millones este año-, que apenas representa el 7% del presupuesto eclesiástico, pero que conlleva una alta significación política.

La medida empezó a discutirse hace algunos meses, cuando la Iglesia mostró una enorme injerencia en la política nacional, al manifestarse activamente contra el elemental derecho al aborto.

Recordemos que, días antes que se iniciara el debate por la legalización del aborto, Marcos Peña tuvo que indicar de manera precisa, el presupuesto destinado por el Estado, a la remuneración de los obispos y arzobispos, que al finalizar este año ascenderá a 130.421.300 pesos.

Como alternativa la Iglesia descartaría el sistema que se usa desde hace tiempo en varios países de Europa, donde los fieles hacen sus aportes con una parte de sus impuestos. En cambio verían con mejores ojos colectas al estilo Cáritas.

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