La convivencia con los robots, las máquinas con conciencia propia y habilidades nos parecían algo lejano, como salido de un guion cinematográfico inspirado en Isaac Asimov. Sin embargo, en la actualidad no sólo existen robots que participan en cirugías, sino también otros capaces de convivir y colaborar con el ser humano en los procesos industriales: los robots.

Los conceptos de robótica y automatización se han ido enlazando a través del tiempo. Desde la raíz etimológica de «robot», del vocablo checo «robota» que designaba el «trabajo duro» asociado al vínculo de servidumbre, al término «autómata», que denomina aquello que se mueve por sí mismo. Su uso se remonta a un origen lejano, como disciplinas complementarias originadas en los saberes de mecánica y matemática de mentes inquietas. Este conocimiento técnico se fue sofisticando, e incorporando paulatinamente conceptos de hidráulica y neumática y, posteriormente de electricidad, informática y química.

En el marco actual de la Cuarta Revolución Industrial, la inclusión de la internet de las cosas en el ámbito fabril, el big data, la inteligencia artificial y la denominada Industria 4.0 avanza con un crecimiento exponencial que acompaña el uso de robots y cobots en la industria. Según la Federación Internacional de Robótica (IFR, según sus siglas en inglés), en el mundo hay un promedio de 85 robots cada 10 mil empleados. En Argentina, el indicador actual es de 18 robots cada 10 mil operarios, y la demanda comercial, unas 400 ventas anuales promedio que se concentran mayormente en la industria automotriz, la primera en incorporar esta tecnología.

Los sistemas digitales son predecibles y repetitivos, logran altos niveles de especialización y pueden manejar grandes volúmenes de datos mucho mejor que los humanos; por otro lado, nosotros somos muy buenos improvisando, cruzando datos y pensando críticamente. Así, la persona aporta flexibilidad, destreza y soluciones, mientras que el robot presenta fuerza, resistencia y precisión. Lo cual genera un equipo apto y eficiente para llevar a cabo cualquier función, generando mejores soluciones a grandes problemas.

Desde el Estado la misión es acompañar a las pymes argentinas en el proceso de incorporación de estas tecnologías. En el marco de las buenas prácticas en la implementación de robots en las plantas de producción, surge el imperativo de impulsar un incremento de la productividad que se oriente al reemplazo de puestos de trabajo nocivos para la salud humana sin generar desempleo. El horizonte de desarrollo de este escenario supone un ámbito laboral colaborativo hombre-máquina, al servicio de la calidad de vida y con impacto, además, en la mejora del producto. La automatización y la robótica no son más que herramientas tecnológicas y éstas no generan resultados por sí mismas, sino que se requiere diseñar directrices para su aplicación.

Para dar a conocer iniciativas innovadoras en este campo, el INTI está participando de la organización del «Forum EXCELENCIA, Innovación con impacto», encuentro que permitirá discutir los temas clave en el desarrollo argentino para un mundo globalizado y cambiante: la disrupción tecnológica, el desafío de innovar y cómo mejorar las condiciones de competitividad de las empresas.

Desde el INTI nos proponemos mejorar la densidad de automatizaciones en la industria nacional trabajando en conjunto con los industriales en la formación, certificación y evaluación del personal y los procesos automatizados. A su vez, queremos acompañar procesos de sustitución de importaciones en el sector, brindando asistencia técnica específica, contribuyendo a que se garantice la seguridad en las plantas productivas automatizadas. Esta relación sinérgica hacia el bienestar común es posible y debe ser acompañada desde el ámbito público.

*Especialista en automatización y robótica del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI)

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