LENGUAJE Y PERONISMO (EN HOMENAJE A AMELIA PODETTI).

El lenguaje que habla una persona, modula y determina su forma de pensar.

Nuestro trabajo parte de una teoría que establece que el lenguaje propio de cada cultura y la forma de hablarlo afectan la percepción que las personas tienen del mundo que les rodea, es la hipótesis de Sapir-Whorf. Existe una relación entre las categorías gramaticales del lenguaje que una persona habla y la forma en que entiende y conceptualiza el mundo. Por lo que, el lenguaje es anterior al pensamiento lo cual quiere decir que, el pensamiento depende del lenguaje (está en función del lenguaje).

Ergo, el desarrollo del cerebro estaría condicionado por cómo percibimos y esa percepción estaría determinada por nuestro lenguaje. Los autores afirman que cuando los niños aprenden su idioma nativo, aprenden también una visión concreta del mundo, una determinada forma de ver el mundo.

Por lo tanto, siguiendo esta hipótesis y aplicándola a nuestra sociedad, si comparamos el lenguaje de los sectores pertenecientes a la clase social alta y los pertenecientes a la clase social baja dentro de una misma comunidad, observaremos que estos últimos tiene menor cantidad de vocabulario, frases más cortas, muchas muletillas… y esto tiene consecuencias a nivel cognitivo; los sujetos de clase social alta tienen un lenguaje más amplio, un vocabulario más extenso… por tanto, efectivamente el lenguaje de la clase social alta estará asociada a un alto nivel cognitivo (esto no implica inteligencia, que es otra cosa).

Cuando aparece el PERONISMO plantea un lenguaje nuevo, que enseguida echa raíz en gran parte del conjunto del pueblo trabajador, porque es un lenguaje sencillo, llano y que comprenden a la perfección. Por qué? Por dos motivos:

1.- por la formación y educación profundamente cristiana, la idea de redención, de justicia y liberación y del retorno del Mesías, permitieron un pensamiento colectivo (en particular del interior del país) que, como dijera Scalabrini Ortiz el argentino es un hombre que está solo y espera, se viera en la figura de Perón la persona esperada.

2.- los sectores obreros y sindicalizados (en su gran mayoría inmigrantes) que, desde principios del S.XX, venían exigiendo mejores condiciones laborales desde marcadas posiciones revolucionarias, desde el anarquismo al comunismo, y donde las siguientes generaciones de trabajadores urbanos, ya argentinizados, van buscando alternativas distintas a la confrontación y a la lucha de clase. Esto permitirá que el discurso conciliador de Perón les resultara atrapante.

El gran problema es que, los sectores de poder (la oligarquía terrateniente, la gran burguesía, el patriciado, los académicos e intelectuales…los ricos), formados desde niños en posiciones liberales, europeístas y anti-hispanistas, con lectura de la historia mitrista y formación universitaria de acuerdo a los paradigmas europeos, no tienen la capacidad para comprender esquemas físicos de pensamientos (lenguaje-pensamiento-realidad) ajenos a su propia realidad-mundo.

Ellos construyeron su devenir histórico y conceptual con elementos importados y adoptados acríticamente, y además, desdeñando mucho de lo genuinamente propio, sacrificando de esta forma parte de nuestra existencia. Negando una gran parte de nuestro pasado ignorándolo o lo que es peor, denigrándolo. Su aparato psíquico se va moldeando desde estos paradigmas que se replican permanentemente desde la primaria, el nivel secundario y la Universidad y de generación en generación.

Y el pensamiento crítico del trabajador se va forma en los sindicatos.
El peronismo no ha podido o no pudo crear un canal de comunicación entre ambas realidades-mundo, lo que los ha llevado a la confrontación.

Por qué no pudo? Porque nunca ha aceptado el desafío de ‘colonizar’ las universidades. De formar profesionales, de generar una corriente de pensamiento desde la historia y la sociología que nos explique, el pasado y el presente, desde nosotros mismo.

Hubo un intento en los ’70 con las Cátedras Nacionales de Amelia Podetti. (que explicaremos en la segunda entrega).

LUIS GOTTE.

Deja una respuesta