Los nuevos desafíos de la alfabetización. Por Lidia Brito

La pandemia global del Covid-19 ha atravesado todos los sectores sociales, técnicos, académicos y comunitarios, y puso en evidencia que la alfabetización digital es una fuerza motriz del desarrollo sostenible, que permite, a su vez, una mayor participación de las personas en el mercado laboral, mejora la salud, reduce la pobreza y amplía las oportunidades de desarrollo durante la vida. La nueva normalidad supone ahora una serie de desafíos que urge identificar a tiempo para que todos los cuerpos educativos puedan adaptarse a una realidad inesperada que impacta en los aprendizajes de nuestros niñas, niños y adolescentes.

La tecnología y el acceso masivo a internet, intensificado en tiempos de aislamiento social, presenta nuevas oportunidades, mientras que por otro lado, su mayor uso y consumo por parte de las personas significa, también, una mayor exposición a las amenazas propias del entorno virtual, para lo cual es categórico estar alerta y actualizado.

La alfabetización digital transita por un camino que implica adquirir una serie de destrezas básicas de manejo de equipos y programas, lenguas y nuevas formas de comunicación, y que si bien es una parte sustantiva, no equivale a la idea de ciudadanía digital, la cual significa contemplar, además, desde una visión más macro, que este tipo de aprendizaje se encuentra en permanente construcción y que incorpora a nuestros comportamientos y actitudes respecto a las nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, a nuestros derechos y obligaciones.

El sistema educativo no es ajeno a estas circunstancias y el principal reto se centra, entonces, en el elemento digital y en el uso de las herramientas tecnológicas que se vinculan directamente al aprendizaje. Esto supone que las personas -no solo estudiantes, sino también docentes – puedan afianzarse en el funcionamiento de los principios que rigen al entorno virtual, y que sepan, asimismo, analizar el lugar y el papel que ocupan las tecnologías en la sociedad, siendo capaces de evaluar su incidencia en la vida cotidiana y apoyándose en ellas para la construcción de nuevas formas de adquirir y difundir conocimiento e información.

El actual panorama, complejo y repleto de particularidades, pone de manifiesto que la educación ideal del mundo de hoy interpela no solo al alumno sino también al docente, quien debe estar en constante vínculo con las actualizaciones digitales correspondientes, cercano siempre a sus estudiantes, para poder conjugar y armonizar las singularidades de cada niño y niña, en pos de la construcción de una comunidad más lúcida. El educar a ciudadanos globales, preparados para ejercer una ciudadanía responsable, activa e informada, implica ser ciudadanos digitales, en un mundo cada vez más interconectado y virtual.

Una sociedad más justa y mejor constituida es el resultado de una comunidad mejor informada, lo que repercute directamente en la calidad democrática de los estados. Esta ampliación del tradicional concepto de alfabetización está estrictamente ligado a una idea más amplia e igualmente significativa, que es la ciudadanía digital.

Lidia Brito, directora de la Oficina Regional de Ciencias para América Latina y el Caribe de la UNESCO.

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