Malvinas: La victoria no fue lejana – Por Federico Addisi*

Mucho se ha escrito sobre la Guerra del Atlántico Sur. Innumerables líneas acerca de lo que ocurrió, sus causas y consecuencias. También sobre las razones de la derrota. Sin embargo, creemos que no todo se ha dicho y falta mucha información que arrojaría mayor luz sobre el tema.
Quizás lo narrado hasta el día de hoy sean partes pequeñas de una verdad. Aún cuando mucho de lo escrito provenga de los escribas a sueldo de la desmalvinización. Pero no es la intención de ésta nota agregar más razones a la lista de la perorata derrotista, por el contrario, nos proponemos hacer un aporte a lo que fue la Gesta de Malvinas.
Poco o nada se ha dicho; por ejemplo, de la falta de decisión de aquellos que llevaron adelante la conducción de la guerra. Y esta equivocación, o traición de los mandos –según como se la quiera ver- fue el hecho determinante y no obstante, el más silenciado de todos los factores que determinaron la derrota.
Claro está que no van a ser los “historiadores lacrimógenos” promotores del desmantelamiento de las FFAA, los que señalen éste tema. Pero el común denominador fue siempre la privación de la voluntad definitiva de vencer o morir en el intento. Por eso se recuperó el archipiélago para negociar; luego se trató de evitar la inevitable pelea en medio de bravatas, más tarde se empleó a medias el equipamiento existente en el continente con el pretexto de la amenaza chilena o de futuros e ilusorios contraataques, posteriormente, no se empeñó a la ayuda ofrecida mil veces de Hispanoamérica para abandonar la soledad del esfuerzo y darle a Malvinas el lugar de preeminencia que ocupa en la historia de nuestro continente. Finalmente, ya en medio de los tiros y las explosiones, se transformó la resistencia en un permanente conteo de hombres y municiones para ver si se estaba en condiciones reglamentarias de rendirse, sin importar nada más que la salvación de vidas humanas. No afirmamos lo último porque fuera malo, pero convengamos en que eso no debería haber sido el objetivo de los hombres de armas que, se habían preparado toda su vida para la guerra. También en ese lado hubo debilidades y flaquezas.
Claro está, lo dicho debe aplicarse a quienes condujeron estratégicamente la guerra y no a los jefes medios y subalternos. Porque así como hubo generales y coroneles que no afrontaron sus responsabilidades, emergieron detrás de ellos –adelante en las líneas de combate- los Héroes. Y reconocer esto va contra la leyenda negra de “los chicos de la guerra”.
Admitir que hubo heroísmo; que Malvinas fue una guerra justa y posible (de ser ganada se entiende), sería tan simple de demostrar con sólo reproducir conceptos de los jefes ingleses.
Y además de las reflexiones antedichas, son justamente estos testimonios los que nos interesa señalar.
Por ejemplo, sobre la importancia del conflicto en el Atlántico Sur dijo John Nott (Ministro de Defensa de Gran Bretaña, ante la partida de la Fuerza de Tareas): «No estoy seguro de ganar ninguna batalla, pero tenemos que detenerlos [a los argentinos] antes de que cunda el ejemplo entre otros gobiernos» (Armando Alonso Piñeiro: Historia de la Guerra de Malvinas, Ed. Planeta, Buenos Aires, 1992, p. 51).
Sobre las capacidades militares de los beligerantes el Brigadier Julian Thompson expresó (Comandante de los Royal Marines): “Si hubieran esperado un poco es probable que no hubiéramos sido capaces de responder del modo en que lo hicimos”. En el mismo sentido manifestó su coincidencia el General Jeremy Moore (Comandante de las Tropas Terrestres Británicas): “Si se completaban los planes de retiro de los dos buques anfibios principales y de los dos portaviones, no hubiéramos podido hacer frente a la Fuerza Aérea Argentina, ni haber llevado adelante profesionalmente un desembarco con nuestras tropas”. Y remataba el Almirante Sandy Woodward (Comandante de la Task Force): “Quizás si no hubiéramos sido capaces de montar la operación, las Falklands se hubieran llamado Malvinas desde 1982”.
Ya en combate, John Nott se vio obligado a reconocer que (Ministro de Defensa de Gran Bretaña, ante la partida de la Fuerza de Tareas): “Nuestras fuerzas enfrentan una lucha difícil”. (Declaraciones a la prensa, el 25/5/82, en OLIVA, Enrique, Malvinas desde Londres, Ciudad Argentina, Buenos Aires-Madrid, 2002, p. 534)
Cuando los ingleses se dieron cuenta que Malvinas no era un picnic (después de la Guerra un autor inglés escribió un libro sobre el conflicto con éste título) no faltaron declaraciones presas de pánico: “Diario Times de Inglaterra, 10/6/82: “Fuertes bajas pueden retrasar el ataque a Puerto Stanley (…) tal es la magnitud del desastre, de acuerdo a algunas fuentes”. (OLIVA, Enrique, Malvinas desde Londres, Ciudad Argentina, Buenos Aires-Madrid, 2002, p. 721) O los dichos de Tam Dalyell (parlamentario laborista inglés): “Si la aviación argentina siempre iba a atravesar la zona de exclusión, Gran Bretaña estaría ante otro Vietnam en el Atlántico Sur”. (OLIVA, Enrique, Malvinas desde Londres, Ciudad Argentina, Buenos Aires-Madrid, 2002, p. 738)
Tan cerca estuvo Inglaterra de perder la guerra que el Comodoro Michael Clapp dijo (Jefe de Operaciones Anfibias Británicas): “Si hubiésemos perdido uno solo de los dos portaviones, probablemente no hubiéramos podido sostener la campaña. Hubiera sido un problema operar con solo uno de ellos. Lo mismo sucedía con los dos buques anfibios que eran vitales para concretar el desembarco. Tampoco hubiéramos contado con las plataformas para nuestros helicópteros Sea King, nuestros Harriers, etc, toda la operación se hubiese arruinado por completo”. En consonancia con lo declarado por el Sr Clapp, decía el Almirante Sandy Woodward (Comandante de la Task Force): “Estallaron menos bombas de las esperadas, casi la mitad, si hubieran explotado nos hubieran derrotado. Si las espoletas de las bombas hubiesen sido correctamente armadas, no me cabe ninguna duda de que hubiésemos perdido. Hubiésemos perdido el doble de buques de guerra, anfibios y mercantes. Considere seriamente la posibilidad de llamar a casa para decir que habíamos perdido. La situación parecía indicar que estábamos fuera de juego, en algún momento hay que pensar en terminar con todo”.
De los 40 buques de guerra enviados por Gran Bretaña (a esto habría que sumarle los mas de 100 transportes de apoyo de la «Royal Auxiliar»), el 65% fue averiado, y el 20% de los buques resultaron hundidos o destruidos.
Reafirma más aún lo hasta aquí vertido las siguientes declaraciones del Almirante Sandy Woodward (Comandante de la Task Force): “Para fines de junio todos nuestros buques presentarían problemas. No se puede colocar un portaviones en la línea de combate y dejarlo allí por meses; tres meses es el límite de tiempo. Por eso planificamos que la batalla no se extendiera mucho más allá de junio”. El Brigadier Julian Thompson conjeturaba (Comandante de los Royal Marines): “(Un contraataque argentino) Nos hubiera complicado y eventualmente hubiera entorpecido el avance británico causando muchas bajas, y podría haber forzado a la opinión internacional a presionar a Gran Bretaña para llegar a algún tipo de acuerdo”; más rotundo en sus aseveraciones fue el Almirante Sandy Woodward (Comandante de la Task Force): “El 14 de junio escribí estas palabras en mi diario: <Si los argentinos soplaran sobre nosotros, nos derrumbaríamos>”.
Y lo cerca que estuvo Gran Bretaña de perder la guerra quedó demostrado al terminar la misma con noticias como la siguiente: Diario Daily Mirror de Inglaterra, 18/6/82: “Sólo a un paso de una pesadilla naval (…) Expertos de defensa van camino a Malvinas para investigar los secretos más guardados de la campaña, porque ahora que la batalla ha terminado se puede revelar que Gran Bretaña estuvo cerca de un desastre militar”. (OLIVA, Enrique, Malvinas desde Londres, Ciudad Argentina, Buenos Aires-Madrid, 2002, p. 812-13)
En tanto que el Brigadier Wilson decía (jefe infantería inglesa): “Sentimos una sensación espléndida porque, después de una larga y dura serie de batallas en las islas, sobra tan considerable extensión de terreno especialmente inhóspito, todo haya concluido así. No cabe duda de que los hombres que se nos opusieron eran soldados tenaces y competentes y muchos han muerto en su puesto. Hemos perdido muchísimos hombres”. (Armando Alonso Piñeiro: Historia de la Guerra de Malvinas, Ed. Planeta, Buenos Aires, 1992, p. 230) Y para terminar con el denigrante epíteto de “chicos de la guerra” agregamos lo dicho por el General Julian Thompson (jefe de la III BrIgada de los Royal Marines): «De haber actuado mejor en forma conjunta, estoy completamente convencido de que podrían haber ganado. Su mayor problema fue que, en los altos niveles, sus tres fuerzas no se pusieron de acuerdo. No parecían tener un plan general que estableciera cómo iban a ganar la guerra. Cada fuerza parecía ir por su lado» (Ibid., p. 240).
Para los desmalvinizadores, dejamos dos testimonios más y una reflexión final. El “as” de la aviación francesa, Coronel Pierre Closterman escribía a los pilotos argentinos la siguiente carta: “A vosotros, jóvenes argentinos, compañeros pilotos de combate, quisiera expresaros toda mi admiración. A la electrónica más perfeccionada, a los misiles antiaéreos, a los objetivos más peligrosos que existen, es decir a los buques, hicisteis frente con éxito. A pesar de las condiciones atmosféricas más terribles que pueden encontrarse en el planeta, con una reserva de apenas unos pocos minutos de combustible en los tanques, al límite extremo del radio de acción de vuestros aparatos, habéis partido en medio de la tempestad en vuestros Mirage, vuestros Etendard, vuestros A-4, vuestros Pucará, con escarapelas azules y blancas. A pesar de los dispositivos de defensa antiaérea y de los misiles de buques de guerra poderosos, alertados con mucha anticipación por sus radares y los satélites norteamericanos, habéis arremetido sin vacilar. Nunca en la historia de las guerras desde 1914, los aviadores tuvieron que afrontar una conjunción tan terrorífica de obstáculos mortales, ni aún los de la RAF sobre Londres en 1940 o los de la Luftwaffe en 1945. Vuestro valor no sólo ha deslumbrado al pueblo argentino sino que somos muchos los que en el mundo estamos orgullosos que seáis nuestros hermanos pilotos. A los padres y a las madres, a los hermanos y a las hermanas, a las esposas y a los hijos de los pilotos argentinos, que fueron a la muerte con el coraje más fantástico y asombroso, les digo que ellos honran a la Argentina y al mundo latino. ¡Ay! La verdad vale únicamente por la sangre derramada y el mundo cree solamente en las causas cuyos testigos se hacen matar por ellas».
Finalmente; también en una carta; el agregado aeronáutico de Estados Unidos, Robert W. Pitt manifestaba: “Desearía expresarle mi estima y respeto personal a Ud y a los miembros de la Fuerza Aérea Argentina en reconocimiento por su profesionalismo e inquebrantable coraje durante el reciente conflicto armado con el Reino Unido. Más aún, consideraría un gran honor que Ud en nombre de los valientes caídos y de los heridos en acción de la Fuerza Aérea Argentina, aceptase mi Corazón Púrpura (Purple Herat) como sincera demostración personal de estima. De todas mis condecoraciones, el Corazón Púrpura, el cual me fue otorgado por heridas recibidas en acción sobre Vietnam del Norte el 5 de octubre de 1965, es el que más venero. La Orden del Corazón Púrpura fue autorizada por orden del general George Washington, hace casi 200 años atrás, el 7 de agosto de 1782. Luego de haber sido suspendida por más de un siglo, la Orden del Corazón Púrpura fue restablecida a principios de la década del treinta por el general Douglas Mac Arthur. […] De un aviador militar a otro, le ruego respetuosamente que acepte esta condecoración en nombre de todos los bravíos oficiales y hombres de la Fuerza Aérea que cayeron o fueron heridos en acción en este reciente conflicto”.
Para terminar, invitamos a los lectores a reflexionar junto a nosotros. En ese sentido nos preguntamos por qué, una vez terminada la guerra de Malvinas, el gobierno británico dispuso un acta de secreto militar hasta el día 14 de junio de 2072, es decir, 90 años. Hasta ese momento aquellos que divulguen o den a conocer algún dato o información que se encuentre en ese documento serán procesados ante Corte Marcial.
Por ahora nadie ha hablado sobre el contenido del acta de secreto, pero seguramente uno de los puntos principales son las grandes pérdidas de vidas humanas que ha sufrido el Reino Unido, durante la Gesta de Malvinas. Sin olvidar también, la pérdida de gran cantidad de vehículos de desplazamiento, tanto aéreos como marítimos.
Las cifras oficiales británicas son de 255 caídos y 777 heridos. Si se toma en cuenta el solo hecho de que el atacante siempre tiene más bajas que el defensor, esa cifra es totalmente absurda y mentirosa, más en un terreno como Malvinas.
Gran Bretaña nunca declaró el verdadero número de bajas de sus tropas ni la pérdida de numeroso armamento. Fue inferior a La Argentina en diversos aspectos y queda demostrado por el gran daño sufrido, que supera ampliamente al que recibió Argentina.
Es de esperar que ésta nota ayude a esclarecer aspectos no conocidos de la Gesta de Malvinas y de esta forma contribuir a la «malvinización», que tanto hace falta en el pueblo argentino.

Bibliografía:
Carballo, Pablo Marcos, Dios y los halcones, Buenos Aires, Abril, 1983.
Deleis, Mónica; Titto de, Ricardo; Arguindeguy, Diego, Cartas que hicieron historia, Buenos Aires, Aguilar, 2001.
Armando Alonso Piñeiro: Historia de la Guerra de Malvinas, Ed. Planeta, Buenos Aires, 1992
OLIVA, Enrique, Malvinas desde Londres, Ciudad Argentina, Buenos Aires-Madrid, 2002

(*) Historiador revisionista. Estudió en la Facultad de Derecho de la Universidad del  Salvador. Además es Diplomado en Antropología Cristiana (FASTA) y en Relaciones  Internacionales (UAI). Publicó “San Martín, Rosas, Perón. Un homenaje a Fermín  Chávez” (2008); “Estévez. Vida de un Cruzado” (2009); “Raúl Scalabrini Ortíz. Sus libros  y sus enseñanzas” (2009); “Aportes al Bicentenario” (2011); “Historia de la Revista del  Instituto Juan Manuel de Rosas” (2013). Es columnista en “Noticias del Congreso  Nacional”. Como historiador, pensador y periodista siempre se manifestó estrechamente vinculado al Pensamiento Nacional y a la Doctrina Nacional del Justicialismo. Actualmente es el Director de Cultura de la Fundación Rucci de la Confederación General del Trabajo.

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