MENDOZA – Jiménez: «Queremos instalar la demanda de las 6 horas de trabajo»

Tiene 35 años, desde 2016 es legislador provincial, primero fue diputado y desde 2018 es senador provincial. Tiene un estilo disrruptivo propio del Frente Izquierda de los Trabajadores Unidad (FIT-U). Es maestro de escuela primaria, su último destino fue la escuela San Juan de El Algarrobal en Las Heras. «En las escuelas es donde todo se hace tangible, mucho más que en el mismo Instituto Tomás Godoy Cruz, donde incorporé la formación esencial», rememora Lautaro Jiménez que ahora también es precandidato a senador nacional por la izquierda mendocina.

Parece el mejor ejemplo de la idea fuerza del FIT que posicionó al sector en el contexto político local donde presentaron el proyecto de ley para que los legisladores y funcionarios públicos ganen como un docente de escuela. Jiménez es maestro y cuenta que mantiene su vida cotidiana como cuando estaba al frente del aula. Es decir, de acuerdo a su propio detalle, cobra 50 mil pesos mensuales «que es un salario de una maestra con 26 años de antigüedad y 30 por ciento de zona». Cuenta el precandidato que «actualmente un legislador cobra 230.904 pesos, en el partido (pertenece al PTS) se conforma un fondo que nos permite hacer aportes a procesos de lucha y causas solidarias.

«Después de tantos años de ejercicio -remarca-, es un mecanismo que funciona. En mi caso he pedido que transfieran mi salario a mi cuenta de docente y me desligo del resto». Por eso cree que «no es mérito propio, es una decisión transversal». En cambio, considera que el proceso de la ley 7722 que restringe a la minería y el reclamo de los trabajadores vitivinícolas que llevó a la Legislatura lo han marcado como representante parlamentario.

– ¿Qué representa para usted ser senador provincial como militante de izquierda?

– Es una experiencia inigualable, sobre todo en los últimos dos años. Son cosas que nunca pensé iba a vivir y sentí que hice un aporte. Y el impacto de la movilización de los trabajadores vitivinícola fue tal que me llamaron desde San Juan y desde Salta por el fenómeno que se dio. Nos decían que nadie habla por ellos. Entonces esto hizo que pueda decir que en este tiempo pude aportar, aunque es un granito de arena, que es muy poco.

– ¿Y qué representa la Legislatura hoy desde su lugar como parte de ese poder del Estado?

– Cada vez se nota más el alejamiento entre los legisladores y el resto de las personas. Me di cuenta que muchas veces lo que se dice allí pocos lo escuchan. Y lo que se ve en la clase política mendocina es como un cinismo frecuente, no dicho de modo despectivo, sino como si fuera un estado o una condición. Por eso no pueden responder coherentemente sobre sus actos públicos.

– ¿Quiere decir algo, que por primera vez desde 2011, en que irrumpió el FIT en Mendoza con Nicolás del Caño, se dará una elección PASO real donde habrá competencia con otros partidos izquierdistas?

– Estamos contentos que por primera vez esta competencia que se da dentro de la izquierda se pueda definir dentro de la alianza. Con esto se prueba lo que decíamos, que la izquierda tiene que estar unida para crecer en Mendoza y el país. El hecho de que Nicolás del Caño haya surgido desde acá y la impronta que se le dio para desarrollar la izquierda, es evidente la incidencia que tuvo Mendoza. En esta nueva configuración que tiene la izquierda ya hemos llegado a 23 provincias como un frente unificado y coherente con identidad que ya cumple su décimo año. Todo este proceso se ha consolidado por el empuje del FIT en provincias como Neuquén, Mendoza y Jujuy . Esto hace notar que hay una Argentina de los pueblos cordilleranos que tiene poca gravitación en la agenda de los medios nacionales, pero que en el contexto político-partidario la izquierda tiene protagonismo.

– En función de esa descripción de consolidación ¿cuáles son las perspectivas que tienen para estas elecciones?

– Hay mucha menos polarización que en el 2019. Sigue siendo escenario muy difícil pero la gente busca otros actores, y en muchos sectores la izquierda tiene una imagen positiva. Esto es lo que yo observo en esta campaña: que no he cambiado lo que vengo diciendo desde diciembre de 2019, y que hay una enorme fuerza social manifestándose en las calles que no se había visto nunca. Hay actores nuevos como los trabajadores de la salud, con demandas nuevas como plantearon los residentes. O como los trabajadores de la educación, que le pusieron el freno a un intento de hacer una ley de educación de modo inconsulto, en medio de la pandemia. O movimientos en defensa del agua y en defensa de los derechos de las mujeres que son cada vez más fuertes. O procesos de recuperación de fábricas como La Terre que terminó siendo la deshidratadora de hortalizas más importante del oeste del país. Todo esto se ha ido dando en los últimos cinco años, ha ido cambiando el escenario, pero no estoy seguro cómo se traducirá esto en el resultado de las elecciones a favor de nuestra propuesta.

– ¿El FIT ha incidido en estas expresiones de reclamos?

– Estoy seguro que estos sectores hablan con voz propia, y que el FIT los acompaña. Lo hicimos los trabajadores vitivinícolas que lograron un aumento del 57 por ciento y todos se preguntan ¿quiénes son estos que lograron ese aumento? Es decir, son fenómenos que nos exceden y el FIT sólo ha acompañado y lo puso en evidencia. Es un aporte que, aunque es pequeño, la gente lo valora.

– Los votantes están apáticos ante las elecciones.

– Es obvio que la gente tiene desconfianza con la clase política, si la viven cagando, Por ejemplo prendés la tele y ves que se aumentaron las dietas. Pero no hay que quedarse con esa imagen, si uno va con humildad, el mendocino cambia la actitud. Eso sumado a la permanencia del FIT, ha comenzado a dar otras muestras como son las candidaturas con gente que proviene de sectores obreros como Ana Maya que viene de la vitivinicultura, o Edgardo Videla que es un trabajador de la madera. Desde nuestro lugar notamos la fusión de un grupo de jóvenes de izquierda con la clase trabajadora que está cambiando. Por eso la apatía es entendible pero a la vez hay sectores negados que han comenzado a expresarse.

– ¿Cuál es el proyecto concreto del FIT para estas elecciones?

– Tenemos apuestas muy profundas. Por ejemplo, queremos instalar la demanda de las 6 horas de trabajo y el reparto de las horas de laborales porque que es un proceso que se debate a nivel mundial y aquí no se está dando. Lo vamos hacer porque si no van creando sectores de la población convencidos que son «inempleables» y que no tienen futuro y te generan la idea que siempre habrá desocupados. Entonces te patean la pelota con el debate de una renta básica universal, o cualquier cosa, para no discutir esto: que haya menos horas de trabajo y que todos puedan hacerlo. Y si uno quiere compararse con la historia entonces hay que ver los movimientos de socialistas y trabajadores mendocinos que en el otro siglo dieron la vida para lograr el régimen de 8 horas laborales mucho antes que en el resto del país.

 

– La carga de horas laborales y la desocupación estructural es un debate ineludible, pero ¿hay no hay cuestiones urgentes para ustedes para instalar en el Congreso?

– Sí, primero se tiene que lograr la ley de jubilación a los 57 años para los trabajadores de viña que hace 8 años está en el Congreso, ya tiene media sanción pero el proyecto sigue pisado y todos afirman que están de acuerdo pero no avanza. No hay argumento para frenarla y creo que miran a la gente de una manera altanera, la miran desde arriba transmitiendo esa potestad como diciendo: «te saco esta ley, pero ¿qué hay cambio?». No toman en cuenta que hay personas que trabajan en la viña y no llegan a jubilarse porque las condiciones de las labores son muy duras y terminan muriendo antes de jubilarse. Por ejemplo en unas fincas del Valle de Uco estaban podando con temperaturas bajo cero y es parte de la rutina laboral como lo es cosechar con temperaturas altísimas. Por cuestiones como esta es que quiero llegar al Congreso.

 

Fuente Mendoza Post

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