Nuestro país tuvo su primera sesión virtual en el Congreso de la Nación, un acontecimiento que marca un antes y un después para el funcionamiento del Poder Legislativo y para nuestra democracia.

Durante y post pandemia varios puntos de los procesos y dinámicas del Congreso de la Nación entrarán en jaque, entre ellos la centralidad de Buenos Aires como ámbito para el debate de lo público. Si son exitosas las sesiones con la tecnología y conectividad disponibles, dejaría de ser imprescindible que se utilice una sede física para legislar: la labor de los representantes del pueblo de la Nación podría instaurarse y continuar con un formato de red distribuida y remota. Esto aliviaría la tensión que deriva de tener que trasladarse continuamente a la capital del país y a la vez mantener el contacto con las provincias y ciudadanos que representan.

Más allá del traslado: ¿Cómo impacta la tecnología en la dinámica de trabajo del Congreso? ¿Qué pasaría si esta práctica se pudiese mantener en el tiempo en la esfera digital? En este punto los interrogantes se amplían. ¿Será posible lograr un consenso para romper con la lógica del “no quorum”? ¿Una votación asincrónica o extendida por un período de tiempo, podría dejar sin efecto este tradicional accionar? Sería posible abordar esta propuesta contrarrestando los problemas de conectividad que al no ser en simultaneo permitiría a los representantes votar y ejercer sus potestades.

Otros de los procesos que la implementación del trabajo virtual puede redefinir son el ingreso de los proyectos legislativos para su tratamiento, o los pedidos de informe que solicita el Legislativo al Ejecutivo, ¿se podría profundizar la interpelación parlamentaria? En ambos casos el factor tiempo como un limitante reduciría su impacto.

Y respecto al sistema de votación, el gran debate del voto nominal que se define en cada sesión, al ser remoto se debe garantizar la identificación de cada legislador, por lo que, ¿dejaría de ponerse en discusión?.

La Legislatura podría ganar en transparencia, observarse la capacidad de cohesión de los bloques partidarios, los acuerdos sobre políticas públicas por sector, territorio y/o temática, las alianzas temporales, entonces, ¿sería posible que esto conlleve a reforzar la política territorial?

La coyuntura trajo aparejado el uso inminente de la tecnología, plantea a nuestros representantes el desafío de repensar sus instituciones, su lógica de funcionamiento, de reivindicar la política, de fortalecer el compromiso cívico, de fortalecer nuestro sistema democrático.

Esta transformación generará sin dudas un cambio en las reglas del juego político. Llega el momento de que el poder Legislativo muestre su cercanía a la ciudadanía. La re-configuración de las instituciones también debe ser pensada junto al soberano para reforzar la matriz socio-céntrica y no perder de vista la impronta democrática.

Camila Chirino,
politóloga y secretaria general del PJ Digital.
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