¿Qué quiere el pueblo? Big data y campañas electorales. Por Aquiles Zambrano

¿Qué quiere el pueblo? Es una pregunta que lo políticos se hacen a diario, en su intento por captar tu voto u opinión favorable. La política se funda en la representación. El político X representa los intereses, valores e ideas del segmento de población Y. El político X quiere saber qué sienten y piensan realmente el segmento de población Y que él representa, o que tiene intención de representar formalmente. Decodificando ese sentir y ese pensar del segmento de población Y, el político logra adecuar su mensaje, y tiene mayores chances de captar el voto y salir electo.

Así funciona la democracia representativa, así funciona el marketing político, así ha funcionado siempre. Cuando salta la palabra o el concepto de marketing político, sin embargo, suenan las alarmas.

Asociamos el marketing a la mentira y al deliberado uso de herramientas discursivas para el engaño y la manipulación. El pueblo quiere que le digas la posta, che. El pueblo quiere que le digas lo que en verdad ocurre. El pueblo no quiere que le mientas, ni que te coucheés. Así como el político quiere saber qué piensa y siente el pueblo que representa o pretende representar, así mismo el pueblo quiere saber qué piensa, siente y sabe el político.

Esa necesidad de verdad tiene un límite, sin embargo. Así como no te interesa saber cómo funcionan los intestinos de una eventual pareja, así mismo no quieres saber algunas cosas del político, ni el político tendría que querer saber algunas cosas del pueblo. La posta, demasiado cruda, repele. Si yo te digo, ahora, que nada de lo que estás haciendo tiene ningún sentido porque igual te vas a morir tarde o temprano, esa es una verdad, una verdad repelente que sabes y no necesitas escuchar.

De eso podemos deducir algunas cosas. El pueblo quiere que le digas la verdad, pero no la parte repelente. Un político demasiado coucheado, es decir, que adecua su mensaje en exceso para captar el voto de un segmento de la población, se torna falso y puede perder votos. Aún así, el político que mejor conoce y eventualmente representa al segmento de población Y tiene una ventaja, al menos cognoscitiva, sobre un político que no conoce a quien representa o pretende representar.

El político tiene la obligación de escuchar la demanda de sus representados para ofrecerle el mejor mensaje, el mejor plan o, digamos, el mejor producto político posible. Así como usted se viste bien para una entrevista laboral, en señal de respeto a su interlocutor, así se presenta el político un poco coucheado. Coucheate, pero no te acartones, dicen por ahí.

En todo este juego de representación y marketing es dónde entra el llamado big data, la ciencia de los datos.  La película “Brexit, Uncivil war”, es un ejemplo de cómo la ciencia de los datos está cambiando el antiguo marketing político y cómo interviene en el juego de la representación. Vea usted la película y  saque su conclusiones, pero trataré de explicar el principio de la segmentación del mensaje político de la forma más simple posible, tal y como yo lo entiendo.

De lo que se trata es de multiplicar el mensaje político por segmentos especializados. La cantidad de datos que ingresamos a diario a la Internet permiten a los algoritmos conocer con bastante precisión el sentir y el pensar de segmentos de población cada vez más específicos, casi hasta personales. Ese conocimiento sirve para diseñar mensajes políticos, por así decirlo, exclusivos para esos segmentos, exclusivos para usted mismo. Entonces no se trata de ordenar a los electores tras una premisa o mensaje unívoco, general, sino de multiplicar el mensaje, de tal forma que llegue a esos sectores o nichos de mercado. No hay un personaje o imagen política para representar a N cantidad de electores; a través de los algoritmos, la imagen del político puede refractarse y multiplicarse con mensajes diferentes, adaptados a cada nicho de mercado. Así propone la película “Brexit, uncivil war” que ganaron la elección, aunque es más complejo.

Por el momento, cabe preguntarse si estas nuevas técnicas de big data son manipulación, juego sucio, o si son herramientas legítimas para ofrecerte el mejor producto político posible, el que sabe que tú requieres. Son las preguntas a las que nos enfrenta la nueva ciencia de datos.