Es una gran satisfacción que durante el último mes la prensa se haya hecho eco de esta necesidad de nuestro país, ante la evidencia concreta de un punto de inflexión en la producción shale en Vaca Muerta del año 2018.

Como mencionamos estadísticamente en nuestro reporte mensual, el extraordinario crecimiento de la producción de un solo yacimiento (Fortín de Piedra) demostró que el shale es una realidad y que es posible desarrollarlo en escala industrial en Argentina.

Desde la consultora internacional Wood Mackenzie, el Financial Times, los productores, las transportistas, y hasta el propio gobierno han fortalecido la idea de que es imprescindible considerar la exportación de Energía como política de Estado.

Ya se habla de exportaciones de 25 MMm3/d hacia el mercado asiático en cuatro años, ¿esto es posible? Sí, lo es. Pero identifiquemos qué se debe hacer y cuál es el riesgo.

Si vemos en la oferta internacional de gas, podríamos considerar como ejemplo a Australia, país que viene concretando este paradigma. Primero, como fuerte exportador de carbón; pero que desde ya hace cuatro años muta hacia la exportación de gas natural al mundo asiático. Australia se propuso este cambio ante la evidencia de sus recursos en gas natural, aún a costa de inversiones altísimas en el sector. Para darnos idea de la potencialidad que dispone este país, hoy su producción alcanza 350 MMm3/d, de los cuales consume 100 MMm3/d y exporta la diferencia.

Si nos focalizamos en Estados Unidos, podemos ver el resultado que la explotación del no convencional significó para este país. EEUU era fuertemente importador de energía, tanto de crudo como de gas natural (importaba 400 MMm3-d cuatro veces la producción total argentina). Como resultado de la explotación shale actualmente exporta 100 MMm3/d, con expectativas de duplicar este número a fin de 2019. Está claro que el no convencional ha producido una revolución en la geopolítica mundial de la distribución de recursos energéticos.

Dejando de lado la incertidumbre política que significan las elecciones de octubre, el sector sigue estudiando los mejores modelos para lograr cumplir con el objetivo propuesto, resaltando las necesidades de infraestructura (gasoductos, puertos, plantas de procesamiento de gas natural, y de licuefacción), así como proponiendo los cambios regulatorios que permitan darle transparencia y previsibilidad a la seguridad jurídica necesaria para realizar inversiones de miles de millones de dólares.

También nuestro mercado interno requiere para su eficiencia económica inversiones en gasoductos, no solo para la evacuación de la producción de Vaca Muerta (TGS-Gasoducto de Vaca Muerta), sino también con la concreción de la licitación del Gasoducto del Centro, para cubrir las necesidades de demanda doméstica (en especial en consumo de centrales térmicas) en la zona de San Nicolás.

¿Cuáles son los miedos? El recordar los miles de kilómetros de gasoductos enterrados en la cordillera, y que cruzaron el país para acceder al mercado brasilero y uruguayo; las inversiones realizadas en Chile, en Brasil y Uruguay para abastecerse con gas argentino; las inversiones privadas con precios de gas internacionales que dejaron de funcionar casi totalmente desde el 2007 hasta agosto 2018. Es una realidad que los políticos deben reconocer que, en aras de la demagogia, se destruyó la confianza interna y externa, y dejamos de ser un país confiable.

La responsabilidad de todos ahora es reconstruir la confianza, aunque la dirigencia política a veces parece más propensa a la destrucción que al bien común. Sin embargo, la riqueza de este bendito país nos está otorgando una nueva oportunidad.

*Director del Área de Energía y Oil&Gas de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Austral.

 

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