Lamentablemente, cada tanto suceden incidentes de tránsito en nuestras rutas que involucran algún tipo de transporte público de pasajeros, muchos de ellos de los que poseen doble piso. De hecho, el 80% de los vehículos de larga distancia de pasajeros son de doble piso. Este no es un dato menor porque implica miles de personas que se trasladan en ellos cada día, a lo largo de Argentina. Las tragedias suceden por una multiplicidad de factores entre los que podemos considerar el error humano producto de la imprudencia o falta de descanso de los choferes y la rotación de los mismos, el alcohol y el consumo de estupefacientes, el exceso de velocidad, el mal estado de las unidades y de las rutas, y la particularidad del diseño de las unidades de doble piso, entre otros.

Argentina perdió décadas atrás el mejor, más efectivo, sustentable y seguro medio de transporte masivo de personas y mercaderías: el ferrocarril. Hoy, camiones y colectivos cubren estas necesidades, por lo que sabemos que son fundamentales para el traslado y la economía. En otros países se utilizan en distancias cortas, con fines turísticos e inclusive hay países que prohíben su uso. No pretendemos sacar de circulación las unidades de doble piso porque sabemos la importancia que tienen, pero si adoptar medidas integrales para minimizar los riesgos. Ahora, si las investigaciones determinan que no son seguros y desaconsejan su uso, se deberá dar un plazo lógico para la adecuación y reconversión del sistema.

Todos los caminos se diseñan geométricamente con una velocidad de directriz que permite transitar con mayor seguridad, tanto en las rectas como en las curvas y se proyectan con un diseño geométrico y otro estructural. Este último tiene que ver con la resistencia por el desgaste del tránsito, del tiempo, etc. (Por eso se hacen las mediciones de las cargas de los vehículos para medir el desgaste que estos generan). El diseño geométrico en tanto, se hace en función de la velocidad directriz, por eso las velocidades máximas. En las curvas aparece la fuerza centrífuga que tiende a sacar el vehículo hacia afuera y si el radio de giro es corto, la velocidad debe disminuir. El primer problema que afrontan los vehículos al entrar en una curva es el deslizamiento que se calcula para que esto no suceda y el segundo es la posibilidad de volcar.

En particular, uno de los problemas de los vehículos de doble piso se relaciona con el diseño y la velocidad, por ejemplo en las curvas. Al ser los ómnibus de doble piso más altos y tener el centro de gravedad también alto, la posibilidad de vuelco aumenta con relación a vehículos más bajos. Esto pasa cuando se excede la velocidad de diseño por lo que la unidad no va a deslizar, se va a volcar; por eso es crucial respetar las velocidades máximas en cada tramo del camino.

Estudios demuestran que la incorporación de un segundo eje móvil en la parte delantera daría más estabilidad a las unidades, existió una normativa al respecto pero las empresas no cumplieron con la misma. Deberíamos insistir con esto y agregar elementos de seguridad como toboganes inflables o algún sistema de escaleras auxiliares, reducir las velocidades máximas permitidas a estas unidades y mayores controles sobre el descanso de los choferes.

Hemos presentado en el Congreso de la Nación varios proyectos relacionados con la seguridad vial, como la capacitación obligatoria de choferes que conduzcan en alta montaña, las medidas de seguridad que deben tener las unidades de transporte público, la incorporación del GPS y el límite de velocidad. Esto no es suficiente; debemos avanzar con un marco jurídico que considere las unidades de doble piso para dar más seguridad a los usuarios y eliminar al máximo las posibilidades de recurrencia de estos siniestros.

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