Reyes del humo. Por Brenda Austin

Con dolor vemos las imágenes del bosque andino patagónico consumido por el fuego. Temperaturas extremas que rompen récords históricos y falta de humedad se convierten en un cóctel explosivo. Sin embargo, nada de esto fue imprevisto. Las condiciones meteorológicas se anticipaban hace semanas y nada se hizo para preparar el sistema de alerta temprana y contener a tiempo.

 Durante 2020 y mientras Córdoba se quemaba sin contar con los recursos necesarios para combatir el fuego, buscábamos impedir, en el Congreso, que el oficialismo recortara los fondos del Sistema Nacional de Manejo del Fuego y de Riesgos de Desastres. Luego vino el debate por la ley del fuego, que en honor a la verdad debería llamarse la “ley del humo”. Una ley que vendieron como herramienta para disminuir los incendios especulativos, pero lo único que hace es legislar sobre cenizas. Una ley que, además, baja la protección a perpetuidad que tenían los bosques -patagónicos entre otros- para poner, en cambio, un plazo mucho menor del que necesitan para recomponerse.

   Vender humo, construir relatos, pero nunca anticiparse, prepararse, construir políticas públicas efectivas. Ese no puede ser el camino para enfrentar estos retos.

   Voy a decir una obviedad: el cambio climático también nos afecta a nosotros como país. Sin embargo, no estamos pensando en acciones reales de mitigación (reducir emisión de gases de efecto invernadero) ni adaptación (reducir nuestra vulnerabilidad ante los efectos del cambio climático). La resiliencia de las ciudades, un tema clave a nivel global, en la Argentina está completamente ausente. Preparar las ciudades para el impacto del cambio climático salva vidas. Sin embargo, ver como recortan a la mitad el fondo para el Sistema de Gestión de Riesgos de Desastres es sólo un botón de muestra que refleja la miopía de quienes están gobernando.

   Los problemas son complejos, las soluciones también. De mínima: equipen a los bomberos; inviertan en infraestructura necesaria; acuerden, diseñen y ejecuten programas de alerta y respuesta temprana que potencien la colaboración de las jurisdicciones antes de que sea tarde; y dispónganse a tratar los proyectos que crean las figuras de delitos penales ambientales. Y, luego, trabajemos en las acciones del mediano plazo para que las urgencias que se estampan como bichos contra el vidrio no nos impidan ver a dónde queremos ir y qué tenemos que hacer para revertir los problemas estructurales.

   No es «la Argentina», como dijeron en el Ministerio de Ambiente con resignación para justificar la falta de recursos. Es el modo en el que eligieron gobernar. No es con humo el camino, es con decisión política de priorizar, en serio, la defensa del ambiente.

 

Diputada nacional por Córdoba – UCR

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