«Sin proyecto nacional no hay esperanza» por Federico Addisi

A partir de 1976 se instaló en la Argentina un modelo neoliberal, en perfecta concordancia con el proyecto hegemónico unipolar que proclamaba el fin de las naciones y el surgimiento de un Nuevo Orden Mundial.

Este proceso trajo aparejado una fabulosa transferencia de riqueza desde los países periféricos como el nuestro hacia los países centrales; además de acabar con todo intento soberano en sus zonas de influencia.

En la década del ’90 los hombres del campo nacional en general, y del peronismo en particular, asistimos atónitos al “Caballo de Troya” que infiltró al peronismo, traicionando su doctrina, su historia y su lucha.

Se endeudó a la Nación y se liquidó su patrimonio. Todas las empresas estatales pasaron a manos privadas. La desocupación aumentó a niveles insospechados. La política exterior fue de un incondicional alineamiento con los dictados de EEUU (recordar “las relaciones carnales”) y se renunció a todo intento soberano.

La corrupción infectó el ámbito de la Administración Pública. Millones de compatriotas quedaron sumergidos por debajo de la línea de pobreza.

El fin de las políticas iniciadas en 1976, y agudizadas en la “Segunda Década Infame” (el “menemato”), hicieron explosión en el 2001 con la fuga de capitales y el “corralito” bancario.

Después de estos sucesos, Argentina vivió un despertar en su conciencia nacional con las históricas jornadas del 19 y 20 de diciembre. El Pueblo tomó las calles y echó al “timorato” De la Rúa. La consigna de entonces: “que se vayan todos”, expresaba el repudio de la ciudadanía a una clase política claudicante.

El peronismo, nunca reorganizado tras la muerte del General Perón, tuvo que hacerse cargo de sacar al país de la anarquía. En este sentido, la gobernabilidad que aseguró E. Duhalde y la salida de la “convertibilidad” expresaron, al menos, una tregua para el pueblo argentino, que ya no soportaba más la agudización del modelo liberal. Fue una pequeña batalla ganada a la Pirro, es cierto, pero marcó el comienzo del retroceso de los “hombres del sistema neoliberal” en su versión mas recalcitrante.

Las propias contradicciones de la dirigencia del PJ, impidieron que se gane la guerra y no sólo una batalla. Esta ecuación no nos conformó como militantes, aunque fuimos capaces de reconocer un cambio en el eje de la política nacional.

De esa manera pasamos bajo el paraguas de «peronismo» de un demoliberalismo en los 90 a una socialdemocracia progresista entrado el 2000. Y ciertamente se cumplió el apotegma del General Perón: «El 2000 nos encontrará unidos o dominados’.

El desgobierno macrista volvió a endeudar a la Patria como nunca antes y efectuó una fuga de capitales sólo comparable a la de 1976. Y de paso terminó con la esperanza de millones de argentinos que creyeron en «el cambio».

Y así llegamos a nuestros días. El divorcio entre la clase política y el pueblo es casi total y hasta Lilita Carrió expresó «que estamos cerca del que se vayan todos». El ex Presidente Duhalde manifestó varias veces «somos una dirigencia de mierda» y la Argentina naufragia en manos de un timorato Alberto Fernández.

Sintetizando; o la Argentina vuelve a un proyecto nacional -cuyo último intento fue abortado por la dictadura y el golpe de Estado de 1976- o la pobreza y la indigencia crecerán a niveles que el temido estallido social será tan inevitable como previsible.

 

 

 

Federico Gastón Addisi es Dirigente Peronista. Director Cultura Fund Rucci. Columnista de NCN. Historiador revisionista y escritor.

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