Diez frentes electorales se registraron para la elección presidencial. Ninguno de ellos tendrá competencia interna, aunque sí habrá disputa por candidaturas en 17 de los 24 distritos que componen el país.

Esta realidad ha vuelto a poner en el tapete el debate sobre la necesidad de deshacerse del sistema de las PASO (primarias abiertas obligatorias y simultáneas). Veamos algunos argumentos recurrentes para clarificar la cuestión:

«Es un gasto de dinero innecesario». Tener una democracia tiene sus costos. Por lo tanto, primero deberíamos debatir cuánto gasto es razonable para asegurar reglas de juego equitativas para todos los actores.
«Como casi no se usa a nivel presidencial, no tiene sentido mantenerlas». Las reglas generan una oportunidad de mayor democracia interna de los partidos y coaliciones. Esta la tercera elección presidencial y la quinta nacional. En 2015, dos de las tres principales fuerza las utilizaron. No sirve sacar conclusiones sobre su validez solo a partir del nivel presidencial.
«¿Por qué tenemos que ir a votar a unas internas que no me interesan?». Es un buen punto, porque quizá la primera gran reforma sea quitar el voto obligatorio (como sucede en Uruguay), lo cual despejaría parte del fastidio ciudadano. Si bien existe voto obligatorio por normativa constitucional (consagrada en la reforma de 1994), es un aspecto que podría reverse.
«A los candidatos los tienen que elegir los afiliados de cada partido. Este sistema destruye a los partidos políticos». Durante mucho tiempo la queja era que las cúpulas partidarias manejaban los aparatos vía clientelismo y prebendas, y eso anulaba a quienes con buena imagen en la opinión pública pero poca estructura territorial pretendían competir con éxito, y provocaba además que estos últimos se fueran yendo de los partidos tradicionales. Por otro lado, los partidos pequeños, sin estructura, no podían afrontar todos los costos de realizar una primaria abierta a nivel nacional, en un país con 2.800.000 kilómetros cuadrados. El sistema de las PASO vino a subsanar esas deficiencias.
La reforma que dio lugar a las PASO no fue solo un cambio en las reglas de juego sobre la elección en sí, sino también una modificación sobre el entorno en el cual se da la competencia: se prohibió el libre pautado de avisos publicitarios en medios electrónicos y se lo reemplazó por espacios asignados por el Estado a cada competidor; quedaron fuera de la regulación los medios gráficos, la vía pública y las redes sociales (ya que son vehículos que funcionan por fuera de la reglamentación pública, a diferencia de las concesiones del espacio radioeléctrico). De esta manera se quiso quitarle peso al presupuesto de que dispusiese cada jugador, intentando que la competencia fuera más equitativa. Pese a esa modificación, el fenómeno de cancha inclinada no se morigeró.
A partir del repaso de los argumentos habituales contrarios a las PASO, vale apuntar las siguientes advertencias:

  1. No hay sistema electoral perfecto: todos adolecen de algún atributo, ergo no dejarán contento a todo el mundo.
  2. Cualquier reforma electoral debe ser muy meditada: no se deben sacar conclusiones apresuradas o lineales, ya que muchas veces la sociedad y los actores políticos tardan en asimilar los beneficios de reglas nuevas. Los efectos de estas pueden ser complejos y no tan evidentes. Por eso es necesario recurrir a los especialistas y académicos para valorar distintos puntos de vista, y no dejarse llevar simplemente por el estado de ánimo coyuntural del electorado.
  3. Una reforma electoral no debería ser anulada solo porque los «clientes» no «usan» algunas reglas.
  4. Una modificación de las reglas debe contar con suficiente consenso para que el sistema no pierda legitimidad.

Como se sugirió más arriba, quizá una pequeña modificación (la no obligatoriedad del voto) quite presión sobre la necesidad de una reforma imperiosa y pueda tomarse una decisión más sólida y desapasionada fuera del momento electoral.

Por Carlos Fara – Consultor Político

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