La lógica interna de las industrias culturales implicaba en el siglo XX, la promoción de lo singular, lo sorprendente, incluso lo “anormal”. Hoy, en este tercer milenio convierte al estereotipo consumidor, de una incesante y siempre azarosa fabricación de prototipos: discursos políticos, culturales, películas, canciones, vestimenta, gastronomía y pseudointelectuales de nuevo cuño, sin ideales que alcanzar, sin afán de investigar nuevos rumbos donde el conocimiento imponga criterio, salvo seguir cual manada a líderes cocinados en usinas del imperio, siempre en desmedro de pueblos sojuzgados y sus circunstancias de vida degradadas.

Cual intelectual heterodoxo e iconoclasta, considero que los auténticos intelectuales deben desarrollar y cuidar de las «suposiciones colectivas» que sostienen los ciudadanos. Además de ello, renovar, recrear, rehacer, reconstruir, abrir, imaginar o transformar esas asunciones sociales compartidas que, resistentes al cambio, tienden a rutinizar su existencia en términos de tradiciones establecidas. El intelectual, al abrirse a las interpretaciones alternativas de la realidad, amplía la perspectiva de los ciudadanos y trata de transformar el mundo mediante un pensamiento que abre mentes. Al estar dotado de un valor de prestigio, asociado a la atribución de un intelecto elevado sobre la media, quienes son identificados con el término, la actividad pública de los intelectuales que previa o simultáneamente se dedican al pensamiento tiene una dimensión y una repercusión muy valiosas, y que confieren altos valores humanísticos a quien ejerza tal función, con responsabilidad, altruismo, solidaridad, inclusión, todo lo expresado tan alejado de la esencia y fines de los comediantes de la Cultura postverdadera, quienes han firmado la solicitada de apoyo a Mauricio Macri, tan asimilados a un accionar discriminatorio, fanático, pleno de resentimiento, acompañando al referente más cercano al autoritarismo en acto de exclusión al diferente y a la verdad.

Maníacos y melancólicos, de hecho, Argentina, en años pasados, se privilegiaba el momento político de la transmisión cultural, hoy travestida, siguiendo tendencias que obedecen al devenir de una historia que ya no le pertenece.

Una reconstrucción recelosa descubre la “manipulación ideológica” y el “control social” detrás de los aparatos de producción cultural postverdadera, meras herramientas de encuadramiento y sujeción. La dominación entonces: la comunicación.

Comunicación, que apreciamos, insisto con cierto «asco», en una solicitada firmada por una fauna discordante de autodenominados ¿intelectuales?, que apoyan a Macri en las elecciones a llevarse a cabo este año… personajes con una mirada colonizadora, algunos sin memoria del pasado, donde el autoritarismo «gorila», con la memoria siempre presente de la pesada bota de la dictadura cívico militar como referente ineludible de estos ¿intelectuales?, que hizo estragos en Argentina. Fantoches, a quienes el término «intelectual» no se asimila a su inocultable resentimiento, odio, discriminación, autoritarismo, prejuicio a todo lo que atente al presidente de cartón pintado Mauricio Macri y sus ansias de llegar a ser un emperador de un triste carnaval. Si algo da sentido al real y verdadero intelectual, es la aversión, los prejuicios y al dogmatismo, al autoritarismo y a la discriminación, tan asimilados estas maneras y modos a Macri y su banda, tan afectos a confrontar con el pensamiento y la libertad de expresión, discriminando, excluyendo al dotado de talento intelectual liberador. Los firmantes, están tan asimilados a ser intelectuales, como yo, a ser Minos en el Laberinto de Creta.

El trabajo de desencantamiento no tiene fin, por suerte ¿Cómo dudar de que llegó el día en que algunos métodos de análisis incongruentes llegaron a sustituir a la cultura y la política, por el neofascismo, los paraísos fiscales y los negociados entre bambalinas, a espaldas del pueblo?

Hoy, los burócratas de lo mediático con sus herramientas rudimentarias y magros medios dejan bien justificado su des-hacer: la conclusión es evidente, lo apreciamos de manera harto elocuente en esta solicitada de gorilas en la niebla de una Argentina en caída libre.

Solicitada irrisoria de los autodenominados intelectuales de Macri, sin lugar a dudas, arquetipos de lo que jamás debería ser un intelectual. En ese panfleto no hay una posición de los personeros de la Sociedad del Espectáculo (Guy Debord dixit), que firman, en relación a la igualdad, la solidaridad, la verdad, la libertad y la vida en la diferencia. Se construye un panóptico del odio, resentimiento, confrontando de manera ruin a todo lo que no sea sumar ganancias… pasquín dirigido a la infecta burguesía, redactado por orden de la cúpula del partido del Cambio. Los firmantes de la solicitada deberían preguntarse de dónde provienen, pues algunos como Sebreli son antiguos militantes de democracia de izquierda igualitaria sartreana. El «gorilismo» penetró en el no ser de estos ridículos personajes, que desean eliminar toda visión de libertad, proyectos populares, que las clases dirigentes con la bota militar han provocado horrores en Argentina… su mirada de América Latina, es imperial y colonizadora. Esta nueva forma de colonización de las conciencias que devienen en sujetos vacuos, violentos, penetrados por la interpelación de un pasado ficcionalizado, ha ganado una derecha liberal gorila que ha atrapado a un 25 por ciento de faranduleros trepadores consumistas de basura… han construido un sistema de destrucción, económica, social, una parte importante de la sociedad empobrecida, triste y degradada.

A través de signos hiper-evidentes notaremos el fin de la Democracia y su desaparición, devenidos en saber a ciencia cierta, que la Aldea Global es un negocio de enormes dimensiones, donde las corporaciones en su deber y haber manipulan nuestras existencias instaladas en las otrora repúblicas democráticas: corporaciones petroleras, corporaciones eléctricas, corporaciones medicinales, corporaciones armamentísticas, corporaciones mediáticas, corporaciones sindicales, corporaciones del espectáculo y demás…¿Debería poder probar, que es cierto?

Soy un ser, devenido en escéptico y desconfiado, ante la estafa, el fraude, el asesinato y la mentira, como moneda corriente del mundo en que permanezco, un ser acribillado por el milagro del recuerdo de mejores tiempos, donde la dignidad y honestidad eran valores reconocidos.

Constatar que el blindaje mediático mercenario tapa y justifica el sistema offshore, un instrumento al alcance de un puñado de ignorantes ricachones mafiosos, cumpliendo roles inespecíficos en cualquier región del mundo, poderosos de la política y clowns del espectáculo y el deporte, con influencias y dinero, ganados en contactos de todo tipo y color. Blindaje mediático ocultando cifras inimaginables de dinero, que, de manera regular y cotidiana se moviliza por circuitos financieros, facilitando el lavado de dinero, la defraudación fiscal, el ocultamiento de saqueos al erario y las utilidades ilícitas.

Desde este lugar, la muerte del sentido no conmueve, ni conduele. Ni tampoco el nacimiento esplendoroso de cenotafios y sepelios, en una auténtica primavera de la muerte eterna… cisma de la intrascendencia, sin haber conquistado el hombre ni la cima y la sima.

El mundo ya no es el mejor lugar para esconderse. Ya no necesitamos dioses ni gurúes. No esperemos nada, excepto de nosotros mismos.

Por Eduardo Sanguinetti  – Filósofo

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