Para analizar el discurso del Presidente Mauricio Macri en lo que fue la apertura del 137 Período de Sesiones Ordinarias del Congreso de la Nación desde un medio especializado en política parlamentaria como lo es NCN, estamos obligados a salir de los lugares comunes. Haremos entonces, el esfuerzo e intentaremos abarcar todos los aspectos de lo sucedido en el Congreso.

Primeramente cabe señalar el desproporcionado operativo de seguridad en los alrededores del Palacio Legislativo y en todo el trayecto que recorrería el Presidente de la Nación. Era chocante ver la presencia –no ya de la Policía- sino de Gendarmería Nacional y Prefectura, vestidos con sus uniformes de combate. Parecía más una fuerza de ocupación que remontaba a épocas de triste memoria que una fiesta de la democracia. A la sazón, lo que debería ser un evento de estas características. Por supuesto, para una celebración hacen falta los invitados. En este caso el pueblo soberano. Que nuevamente, como en los años anteriores durante el período de Mauricio Macri, brilló por su ausencia.

A las 10.30 en punto la Vicepresidente Gabriela Michetti abrió la Asamblea Legislativa con el izamiento de la bandera nacional en el recinto y seguidamente se entonaron las estrofas del himno nacional argentino. Seguidamente se procedió a designar las comisiones externas e internas encargadas de recibir al Primer Magistrado a su llegada al Congreso. La externa estaba integrada por los senadores Gladis Gonzalez, Giaspo, Valverde Lopez y Capellini, juntamente con los diputados Negri, Carrio, Castro y Franco. Fueron ellos quienes a las 10.50 dieron la bienvenida al Presidente que recorrió todo el trayecto desde la Casa de Gobierno hasta el Parlamento escoltado por la Fanfarria Alto Perú de Granaderos a Caballo.

Al ingresar al salón de los Pasos Perdidos la comisión interna integrada por los senadores Machado, Luenzo, Espinolla, Brizuela y Doria, mas los diputados Wexler, Ocaña, Cano y Selva recibieron a Mauricio Macri quien atravesó la marcial formación de Cadetes de la PFA con sus trajes de gala que saludaban haciendo la venia.

Mientras tanto, en el recinto propiamente dicho esperaban los legisladores entre los que se destacaban los de la oposición, por la mala costumbre hecha hábito –y siempre criticada desde este medio- de exhibir en sus bancas sendos carteles de protesta por variopintos motivos, entre los que prevalecía uno que rezaba “#Hay otro camino”. Por supuesto que hubo ausencias que no pasaron desapercibidas, tanto la ex presidenta Cristina Fernandez como su hijo Maximo no concurrieron al Congreso.

Las gradas del palacio, a pesar del férreo control policial lucían pobladas de militantes macristas que contribuyeron a “calentar” el que sería el discurso del Presidente el que tuvo su inicio a las 11.00 AM puntual.

En cuanto al tono de la exposición de Mauricio Macri podemos afirmar que el mismo tuvo un alto componente de arenga, bastante tribunera por cierto (que no excluyó gritos y golpes de escritorio) y que evidentemente estaba dirigida a su propio electorado. En ese sentido el Presidente se mostró enérgico y confrontativo con frases como: “Estamos haciendo crujir estructuras arraigadas desde hace años”; “Lo que estamos haciendo no tiene vuelta atrás”; Los gritos e insultos no hablan de mi sino de Uds”; “Se cambia en serio cuando se termina el clientelismo y el uso de los pobres”, etc.

Todo lo cual era festejado desde las bancadas oficialistas y las barras al grito del “si se puede”, lo que motivaba el enojo de la oposición y las varias intervenciones de la Vicepresidente Michetti para pedir orden y silencio.

Hasta aquí podemos señalar algunos rasgos del discurso presidencial, quizás los más enumerados por los cronistas: Discurso confrontativo y para los propios.

Pero entramos luego en la novela distópica. La novela del país que sólo el presidente Macri puede ver y que el pueblo padece. En este pasaje el mandatario hizo un repaso de lo que él estima son los logros de su gobierno llegando a su cénit con los dichos que manifestaron “que la Argentina está mejor parada que en el 2015”, y que “se crearon 700 mil puestos de trabajo y bajo la pobreza”. O el colmo de lo intrascendente, cuando afirmó que “el gobierno mejoró la velocidad y cantidad de conectividad a internet”.

Y si mencionamos la distopía estamos frente a otra característica del discurso de hoy; la terrible desconexión entre el análisis e interpretación de la política en contaste con la Argentina real y sus indicativos, que paradójicamente, parten mayormente del propio INDEC.

Pero si agotaramos aquí nuestro comentario no sería muy diferente al de otros medios. Y estamos obligados a la excelencia que reclaman nuestros lectores. Veamos.

Debemos recordar que el acto que estamos retratando era el inicio de las Sesiones Ordinarias del Poder Legislativo Nacional, por lo que era esperable que el Presidente anunciara el “paquete” de leyes que a su consideración deberían discutirse en el Parlamento, trazando así la tan mentada agenda parlamentaria. Pues de esto poco y nada. Sólo una vaga alusión al pedido del tratamiento del Código Penal, del régimen penal juvenil y a la modificación de las trabas legislativas que no permiten conocer la evaluación y los resultados de la educación. Nada más. ¿Será que en la cabeza del gobierno ya se está pensando en las elecciones y el Congreso permanecerá virtualmente dormido?

Pero hubo más. Y seríamos parciales si no lo dijéramos. No es cierto que el Presidente no hizo autocrítica. Hizo una que fue lapidaria. Porque es la que puso más en evidencia el país real con la distopía novelada que fue su discurso, y esto sucedió cuando admitió: “Es cierto que la pobreza está volviendo a los niveles de antes (se refería al 2015)”. ¿Se habrá tratado de un acto fallido? Lo cierto es que allí que estampada la frase en el cuerpo de taquígrafos y en los que escucharon atentamente.

En este contexto pareciera imposible destacar algo que a nuestro criterio sí fue interesante en lo que dijo Macri. Se refirió a la Argentina digital, a la Argentina que aunque tenga –sin duda- otras prioridades, está entrando de lleno en la IV Revolución Industrial, y en ese sentido nos pareció interesante la mención a un “plan nacional de inteligencia artificial”. Por supuesto, lo urgente es enemigo de lo importante. Pero sería bueno profundizar en este tema y que se constituya en una política de estado.

Finalmente el último rasgo del discurso. La temeridad de reconocer a un gobierno no elegido por el pueblo venezolano queriendo tener un protagonismo internacional que Argentina no requiere, al menos no en la línea de intervención en los asuntos soberanos de un país hermano.

Pero también hubo algo que no se dijo. Y de esto sí que nadie habla. Ya no podemos pensar que es casualidad sino claramente una política de claudicación. El Presidente Macri volvió a no mencionar el reclamo histórico de la Argentina por la soberanía en las Islas Malvinas. Una falta de respeto para nuestros héroes que allí quedaron, para los VGM y para con la Carta Magna misma, que establece el principio irrenunciable de soberanía sobre aquellas tierras irredentas.

La conclusión del acto; perdón, del discurso presidencial ante la Asamblea fue a puro grito tribunero, aclamado por los suyos con un “vamos Argentina”. Y a esta altura uno ya se preguntaba preocupado; ¿a dónde vamos?

Por FEDERICO GASTON ADDISI, escritor

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