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La actualidad geopolítica, por Alberto Asseff

La geopolítica es un auxiliar imprescindible para guiarse u orientarse en el escenario. Máxime para un país como el nuestro que se halla en una de sus recurrencias de incertidumbre. Cada lustro sufrimos una desde 1914, sin computar las del s.XIX, como la que afrontó – y afortunadamente superó – el presidente Carlos Pellegrini en 1890/91. O la que sobrellevó el presidente Avellaneda en 1874.
Comencemos este sobrevuelo con algo sugerente que acaece acá mismo, en la banda oriental del Plata. Están estudiando cómo responder al desafío creciente de la producción de carne artificial. Claro, un país ganadero no puede demorarse y menos distraerse frente a este avance tecnológico. La inteligencia artificial es un nuevo ‘habitante’ de la Tierra. O lo reconocemos o tendremos una inesperada puja de la que no saldremos ganadores.
Ha estallado la cuestión del Amazonas ¿La soberanía es absoluta si se trata de un bien objetivamente planetario? La Amazonia es una inmensa e inocultable fuente de biodiversidad. Como lo son otras áreas del mundo. El Ártico y la Antártida, por caso. Sin perjuicio de los irrenunciables derechos jurisdiccionales, existe – o debiera haber – un estatuto regulatorio que responda a los intereses comunes de todo el orbe. En la Antártida somos parte de una normativa que funciona más o menos virtuosamente y es, quizás, paradigmática para otras regiones del mundo. Sin que se desconozca nuestra reivindicación, en la Antártida hay un marco regulatorio satisfactorio. Nuestro vecino y socio Brasil tiene que repensar cómo abordar la cuestión amazónica de un modo compatible con la convivencia, armonía y la necesidad internacional.
La inmigración en Europa es un complejísimo reto. La población allá envejece hasta el punto de crecimiento vegetativo cero o, peor, negativo. Tal el caso de Italia. La única inyección de frescura demográfica proviene de la inmigración de la región sahariana y también de la subsahariana. El choque cultural y el conflicto étnico devienen en una realidad inquietante. La solución debe encontrarse en el punto de equilibrio entre el sentido humanitario y ético que Europa no puede abdicar y la preservación de la identidad de añejas culturas grecorromanas y cristianas. Es harto difícil, pero ineludible obtener ese encuentro.
Rusia es imperial. Está en su ADN. Es vano ignorarlo. Crimea, el este ucraniano, su base la costa siria, sobre el Mediterráneo, son incontrastables realidades, como también lo es algo que no por ser una frase deja de poseer alta relevancia. La expresó Vladimir Putin hace unos días: “Nunca olviden que Rusia es Europa”. Abrogar el convenio de desarme de ojivas nucleares celebrado entre EEUU y Moscú en 2002 no parece ser un paso adelante. Con Rusia hay que armonizar si la humanidad aspira a un progreso pacífico.
La nueva ‘Ruta de la Seda’ china es una formidable iniciativa, ahora con ferrocarriles, autopistas, puertos y aeropuertos que proyectan el poderío de la segunda economía mundial hacia todas partes, empezando por Asia, Europa y África, sin omitir su alcance hasta nuestro subcontinente latinoamericano. En nuestro caso, sin ‘ruta’, pero con incrementos monumentales de las inversiones y del comercio.
La trasformación de una aldea de pescadores – Shenzhen, aledaña a Hong Kong – que en cuarenta años se ha erigido en una de las zonas más pujantes del planeta es algo digno de ser examinado ¿Por qué no somos capaces nosotros de hacer algo análogo – en su medida, naturalmente – a partir de una zona franca integral en alguna parte de nuestra costa marítima?
El plan chino es que Shenzhen esté al tope de las ciudades más prósperas de la tierra en 2025. Y seguramente así será. Este es un mundo vertiginoso del que nosotros no somos ajenos. Salvo que nuestro ‘vértigo’ lastimosamente está en el mercado cambiario, no en la economía de la inversión, la productividad y la tecnología.
El 47% de las exportaciones chinas salen de sus zonas francas o especiales. En EEUU hay más de 500 ¿Qué pasa con las nuestras que no se disparan? Es un asunto de vital importancia para el resurgir económico argentino.
La globalización es un proceso irreversible a pesar de notorios fracasos circunstanciales y de ciertos retrocesos como el insondable Brexit. Es muy pernicioso arribar a conclusiones apresuradas como que el neoproteccionismo prenuncia la sepultura de la economía globalizada. Lo que acaece es una momentánea retracción del proceso de integración, una suerte de reacomodamiento para recobrar energías. Siempre surgen resistencias ante lo nuevo. Estamos experimentando un tiempo de ellas que no alterará el rumbo central.
Uno de los puntos más cruciales ev irritantes es la desigualdad en el mundo. Un 1% dispone de más de la mitad del PB mundial. Es inaceptable, aún para el más crudo capitalismo. Empero, la solución no es regresar al precapitalismo o reintentar el socialismo utópico o llamar a un contemporáneo Proudhon, sino adosarle al capitalismo la ineludible dosis de sentido y proyección social. Ahí están las herramientas que enseña la Economía Política para humanizar al capitalismo sin que pierda su esencia y su fuerza como motor del progreso: manejar el crédito y los impuestos, moviéndolos para arriba o para abajo según sean las necesidades de estímulos o de disuasiones. Claro, para eso se requiere un equilibrio y estabilidad de los parámetros macros, como tipo de cambio, tasa de interés, de inversión, de empleo y de consumo, junto con la cuantía de las exportaciones, en el marco de certidumbres y seguridades férreas.
Dos apostillas más: en Biarritz el presidente Macron produjo un hecho significativo: invitó al canciller iraní a la reunión del G-7. La paz y la estabilidad de la economía mundial exigen desactivar el conflicto en el golfo Pérsico; Indonesia, uno de los países más poblados y con mayor crecimiento en las últimas tres décadas, ha decidido trasladar su capital Yakarta – sita en la isla de Java – a una ciudad a construir – con el 81% a cargo del sector privado (¿por qué será que en todas partes el sector privado tiene altísimo rol en las decisiones de interés general y en la Argentina casi todo lo hacemos recaer en el cada vez más grandote, pero inútil Estado?) – en Borneo. Medida geopolítica excelente para articular – vertebrar – a un país de geografía difícil.
Un párrafo para una gran preocupación: el diferendo de dos potencias atómicas, India y Pakistán, por Cachemira, la región musulmana que disputan. Secuela de un artificio fronterizo que hizo Londres. Es una obligación del mundo entero auxiliar a ambos países para que solucionen ese histórico litigio.
No puede saltearse una buena nueva: el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea al que se sumó el celebrado con EFTA (Noruega, Suiza, etc.). Estos convenios se han diluido en la vorágine de las inexplicables PASO. Inexplicables no por sus resultados numéricos – asunto ajeno a estas líneas -, sino por lo nocivas que han sido para nuestra estabilidad financiera.

Por Alberto Asseff, candidato a diputado nacional por Juntos por el Cambio de la Provincia de Buenos Aires

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