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Cuando pase la Pandemia ¿Seguiremos solidarios o regresaremos a nuestras miserias? Por Juan Jose Postararo

Uno de las instantáneas que claramente quedarán impregnadas en el consiente colectivo, cuando pase la Pandemia del COVID-19, será la imagen del pueblo argentino en los balcones y ventanas regalando un aplauso al aire a todos los trabajadores de la salud.

Un gesto que nació espontaneo, que se repite en cada noche de aislamiento obligatorio y es rescatado por los medios, incluso mencionado por el propio Presidente de la Republica. Pero detrás del gesto aparece una pregunta inevitable ¿Será que éste sentimiento de solidaridad para con el prójimo sobrevivirá al coronavirus o es apenas una reacción ante la posibilidad de verse afecta la zona de confort de cada uno?.

Los tristes ejemplos de acciones colectivas semejantes abundan si repasamos la historia.  Si bien es cierto que, en un gran porcentaje de la sociedad, la fraternidad es una virtud impregnada e indeleble, en el groso del resto aparece y desaparece proporcionalmente a cuanto la situación perturba el estatus particular.

Incluso a veces aflora, pero no es otra cosa que en un mea culpa camuflado que necesitamos extirpar del cuerpo. Basta mirar un poco atrás y ver la Plaza de Mayo llena ante el patético “si quieren venir que vengan” de Galtieri. Solo cuando la realidad nos pegó una bofetada, aquellos que vivaron a viva voz, se vieron sucumbidos y coincidieron en el  “24 horas de Malvinas”, para más tarde sí, con el diario del lunes, repudiar la idea de la absurda guerra. Esa dualidad parece estar en el gen argento. Una especie de reacción tardía ante la necesidad del otro.  Algo que simula ser inoxidable al paso del tiempo.

¿Hasta cuándo uno puede decir que duró la gratitud para con aquellos pibes? ¿Fue antes o después del 1 a 1 de Carlos Menen que nos hizo viajar a Miami? Entonces otra vez el individualismo copó las almas y pasaron la Carpa de los Docentes, los Indultos y la brecha entre ricos y pobres que se agrandaba a pasos agigantados, todo ello ante la mirada impávida de una sociedad que poco hizo ante el dolor ajeno.

Recién a finales del 2001, casi una década después,  el “gigante dormido” resurgió cual ave Fénix de sus propias cenizas y el pueblo salió a la calle. Una sociedad embravecida con cacerolas en mano abogaba  la premisa “que se vayan todos”. Revolución que perduró lo que los ahorros tardaron en reaparecer en las cuentas bancarias.  A cuenta gotas, cuando algunos juicios daban sus frutos y poco más adelante, ya con Néstor Kirchner en el poder y una economía con vestigios de repuntes, los gritos se fueron calmando.  Y como una calesita condenada a girar sobre un mismo eje eternamente, la postal, otra vez, fue la misma. La indiferencia se hizo carne.

¿Qué representó ese estallido social? ¿La voz de un pueblo que no quería ser más vapuleado por los vaivenes económicos o apenas la exasperación de una sociedad que vio amenazada su “quintita personal”? ¿Cómo se pasó de ese “que se vayan todos” a votar, en apenas un puñado de años después, un proceso político que pregonaba la “meritocracia” como modelo social y el individualismo que implica el libre mercado capitalista?

¿Es el argentino un ser copartícipe por naturaleza o acaso uno que reacciona únicamente cuando su libertad y bienestar individual se ve amenazada?

En diciembre pasado, los mismos profesionales que hoy son aplaudidos religiosamente en el prime time, marchaban por las calles de la Ciudad y ante la Legislatura Porteña en protesta por la aplicación de la reciente la Ley 2828 (aprobada por unanimidad del bloque Pro de la Legislatura). Una normativa que implicaba, entre otras cosas, aumento en las jornadas de trabajo, la supresión del llamado franco post guardia, desconocer su categoría de trabajadores de la salud y suplantarlo por el eufemismo de “actividades de formación intensiva”.

Hasta la derogación de la misma por parte del Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, (presionado por esa lucha silenciosa de los trabajadores de la salud más que por una cuestión de ideología política) pasó una semana en la cual se sucedieron paros en el sistema de salud, la represión por la policía de la Ciudad en las protestas y una escueta cobertura de la situación por parte de los grandes medios y por supuesto, una casi nula empatía de la sociedad toda.

Una vez más los interrogantes acuden ante la realidad que golpea ¿Dejará como legado la Pandemia la oportunidad de cambiar la mirada que tenemos para con el padecer del otro? ¿O será que no aprendimos, ni lo haremos, y descubrir la patria en el otro, funciona a medias y sólo si nuestro propio “círculo rojo” se ve perjudicada?

Una vez que el COVID-19 sea una de las tantas enfermedades que se aplaquen con una vacuna, cuando el aislamiento social obligatorio pase a ser una anécdota que contaremos a nuestros nietos, cuando los minutos dejen de pesar toneladas y la rutina nos vuelva a cubrir con su tedioso manto, ¿habremos madurado como sociedad o lentamente volveremos a nuestras miserias? ¿Estaremos dispuesto a poner el hombro cuando las “papas que se quemen” sean las del vecino u otra vez actuaremos estrictamente cuando el humo provenga de nuestra cocina?. Interrogantes que sólo hallarán respuestas en el cansino e inmune paso del tiempo.

 

 

Para NCN por Juan José Postararo

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27 marzo, 2020|Columnas de Opinion|Comentarios desactivados en Cuando pase la Pandemia ¿Seguiremos solidarios o regresaremos a nuestras miserias? Por Juan Jose Postararo

Los efectos colaterales del coronavirus entre los más vulnerables del mundo

Más de 100 millones de personas en todo el mundo necesitan ayuda humanitaria para su supervivencia. Víctimas de guerras, violencia, desastres naturales o persecución política o de otro tipo, han tenido en muchos casos que dejarlo todo atrás en busca de su seguridad y ahora carecen de medios para su subsistencia. La pandemia del coronavirus podría complicar aún más sus vidas, cuando no hacer que su situación quede en el olvido.

La gran mayoría de los países del mundo han registrado ya casos de coronavirus. Algunos de ellos, como subraya el portavoz de la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), Jens Laerke, «atraviesan ya una crisis humanitaria debido a conflictos, catástrofes naturales y por el cambio climático, y albergan a personas que ya necesitan nuestra ayuda de urgencia». «La prioridad de la OCHA es seguir dando ayuda vital a estas personas», asegura.

Para que esto sea posible, según el portavoz de la OCHA, es fundamental una mayor cooperación y coordinación entre las distintas agencias de la ONU y el resto de organizaciones humanitarias, más ahora que la enfermedad del Covid-19 generará nuevas necesidades y desafíos. Hay que coordinarse «para que dispongamos de los recursos que necesitan estas personas y para mantener las operaciones humanitarias sin dejar a nadie detrás», subraya Laerke.

Lo importante, insiste el portavoz de la OCHA, es que la nueva crisis por el coronavirus, no eclipse a las emergencias actuales. «Es importante que los recursos y las capacidades no sean desviadas de estas actividades que actualmente están salvando vidas», insiste.

Las necesidades humanitarias, y con ellas los fondos para intentar cubrirlas, han venido aumentando de forma considerable en los últimos años, sin que los llamamientos de financiación formulados por la ONU y las ONG se cubran en ningún caso en su totalidad y en muchos casos ni siquiera se llega a la mitad de la cantidad solicitada. Para este año, según los datos de la OCHA, se han solicitado 28.900 millones de dólares de los que a fecha de hoy solo se han recibido el 2,6 por ciento.

REFUGIADOS Y DESPLAZADOS

Entre quienes requieren asistencia humanitaria figuran los 70,8 millones de desplazados forzosos que hay en el mundo, según los últimos datos del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR). De ellos, 25,9 millones son refugiados y otros 41,3 millones son desplazados internos. La inmensa mayoría de estas personas se encuentran en países en vías de desarrollo, con servicios y recursos limitados.

Por ello, desde las ONG ya están advirtiendo de la importancia no solo de mantener la asistencia a esta población especialmente vulnerable, sino también de prevenir que el coronavirus llegue hasta ellos, ya que no están preparados para hacer frente a la pandemia.

«Millones de personas afectadas por el conflicto están viviendo en campos de refugiados y desplazados atestados con instalaciones de higiene y saneamiento muy escasas», incide el secretario general del Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), Jan Egeland.

«Cuando el virus llegue a asentamientos atestados en lugares como Irán, Bangladesh, Afganistán y Grecia, las consecuencias serán devastadoras por eso debemos actuar ahora», subraya, advirtiendo igualmente de los estragos que el virus podría causar en países como Yemen, Siria o Venezuela, cuyos sistemas de salud están muy debilitados como consecuencia del conflicto que atraviesan los dos primeros y de la crisis político, económica y social en el tercero.

Pero además, el cierre de fronteras decretado por buena parte de los países también afectará a quienes tratan de escapar. Como resalta el jefe de ACNUR, Filippo Grandi, «las guerras y la persecución no cesan» y por tanto en la actualidad «hay personas que siguen huyendo de sus hogares en busca de un lugar seguro».

«Me preocupan cada vez más las medidas adoptadas por parte de algunos países que podrían bloquear por completo el derecho a solicitar asilo», reconoce, subrayando que «hoy más que nunca necesitan, como lo necesitamos todos y todas, solidaridad y compasión».

IMPACTO EN LOS MIGRANTES

Otro colectivo vulnerable, al que las organizaciones humanitarias también prestan especial ayuda, es el de los migrantes. Las caravanas de migrantes centroamericanos en su viaje hacia Estados Unidos, el éxodo de venezolanos hacia otros países de la región, la situación de los migrantes atrapados en las islas griegas en el Egeo o los migrantes explotados, torturados y atrapados en Libia son objeto de particular atención para la ONU y las ONG.

En este sentido, desde la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), advierten de que se debe permitir acceso al sistema de salud a los migrantes si se quiere contener realmente la propagación del coronavirus y de que estos no deben ser estigmatizados o vistos como el principal vector de la enfermedad.

Según lamenta el portavoz de la OIM, Joel Millman, es algo que ya se ha visto en el pasado con el sida o la tuberculosis. «Los países siempre asocian a los migrantes con un aumento de la tuberculosis, por ejemplo. Esto no solo demoniza a los migrantes, sino que pone en riesgo a sus ciudadanos. Los migrantes por miedo evitan ir al hospital, o si van no los atienden, y esto es malo para todos», previene.

CONSECUENCIAS DEL CIERRE DE ESCUELAS

Una de las principales medidas de prevención que se está adoptando a nivel mundial es el cierre de las escuelas y demás centros educativos. Según la Organización para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), alrededor de la mitad de los niños en edad escolar en todo el mundo no pueden ir a clase. Además del impacto que esto tiene en su aprendizaje, la agencia de la ONU alerta de otras consecuencias derivadas del cierre de las escuelas.

Los centros educativos suponen un entorno seguro para los niños, por lo que el cierre los deja expuestos a múltiples riesgos como pueden ser el trabajo infantil, la trata, el matrimonio infantil o el abandono escolar si la suspensión se prolonga en el tiempo.

Con el cierre de las escuelas se suspenden también las comidas escolares, un programa que en muchos países y para muchos de los niños supone la única garantía de una comida saludable una vez al día. Según la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), solo en América Latina y el Caribe 85 millones de niños se benefician de los comedores escolares y para diez millones de ellos suponen su principal fuente de alimentación diaria.

Así pues, el cierre de los comedores escolares supondrá un desafío para garantizar la alimentación y el estado nutricional de muchos niños, especialmente de los grupos más vulnerables de la población. Por ello, desde la FAO apuestan porque los gobiernos apliquen medidas en favor de la población escolar cuyas familias tienen mayores dificultades para acceder a alimentos con el objetivo de suplir el aporte nutricional que garantizaban los comedores.

Desde el Programa Mundial de Alimentos (PMA), advierten del previsible impacto que el coronavirus tendrá en la seguridad alimentaria, habida cuenta del impacto que ya está teniendo en la economía. La propagación del coronavirus en los países más pobres seguramente tendrá un mayor impacto en sus economías, previene el economista jefe del PMA, Arif Husein.

«Países con altos niveles de inseguridad alimentaria generalmente son más vulnerables y están menos preparados para un brote epidémico y probablemente registrarán mayores tasas de mortalidad», subraya Husein, incidiendo en que «además la desnutrición aumenta la vulnerabilidad frente a la enfermedad».

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24 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

La memoria no detiene su marcha. Por Alicia Gutierrez

Este 24 de marzo, Día Nacional de la Memoria, vamos a vivir una jornada diferente y excepcional: no se realiza la multitudinaria movilización que recorre la ciudad, recordando los atroces crímenes cometidos por la última dictadura cívico-militar. Debido a la situación sanitaria generada por el coronavirus, se ha decidido posponer, en conjunto con los organismos de derechos humanos, esta movilización masiva que se ha convertido en un símbolo de la lucha contra el Terrorismo de Estado en Argentina y en un acontecimiento político ejemplar para América Latina y el mundo. Sin embargo, la memoria social de lo ocurrido en nuestro país, y en los países del cono Sur, esa construcción colectiva que se gestó como forma de resistencia y de lucha por los derechos humanos, no se posterga, ni se va a detener jamás.

En primer lugar, nos gustaría señalar que hablar de derechos humanos en Argentina, y en Rosario en particular, es hablar de nuestro presente y, en este sentido, de lo que significó y lo que significa hoy para nuestra sociedad la experiencia del Terrorismo de Estado y las consecuencias estructurales que tuvo el plan sistemático de represión, secuestro, tortura, robo de bebés y desaparición de personas en lo social, lo político, lo económico y cultural, como así también, en lo personal: con familias diezmadas y generaciones perdidas por la violencia ilegal y la feroz represión estatal.

En el plano económico, reflexionar sobre las políticas de corte neoliberal implementadas por los gobiernos de facto, que tendieron a la destrucción de la industria nacional, la apertura de la importación, la promoción de la bicicleta financiera y el endeudamiento externo, nos permite entender mucho de lo sucedido en la materia en los años posteriores. Asimismo, los “costos” sociales de estas políticas, crecimiento de la pobreza y la desigualdad social, aumento de la desocupación y pérdida del poder adquisitivo, configuran una constante y una consecuencia buscada por este tipo de modelos.

En tercer lugar, creemos que es fundamental, a 44 años de último Golpe de Estado, sostener y profundizar la consigna de memoria, verdad y justicia, acompañando y apoyando el camino que han transitado las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y el conjunto de los organismos de derechos humanos, como la ciudadanía en general, con el fin de garantizar la realización de los juicios de lesa humanidad que están en marcha y los que aún faltan concretar para lograr la condena a los responsables, tanto militares como civiles, del genocidio.

Asimismo, es imprescindible contar con el compromiso de los tres niveles del Estado en el cumplimiento de la Ley 26.691 de Preservación de Sitios de Memoria, y disponer de los recursos necesarios para salvaguardar estos espacios que son el testimonio material de los acontecimientos que marcaron nuestro pasado reciente. Como así también, consideramos que esta es una gran oportunidad para poder coordinar propuestas conjuntas en relación a la construcción y la transmisión de la memoria social a las nuevas generaciones y la implementación de programas educativos sobre el Terrorismo de Estado. Desde la recuperación de la democracia, hemos aprendido como comunidad que sólo trabajando desde lo colectivo, con solidaridad y respeto por los derechos humanos, contribuiremos a construir una sociedad más igualitaria y justa.

*Directora general de Derechos Humanos y Memoria de Rosario

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24 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

La nueva economía postcoronavirus. Por Alfredo Serrano Mancilla

Una vez más, un nuevo suceso, esta vez la llegada del coronavirus, pone en jaque a toda la economía mundial y muy especialmente a la economía latinoamericana. El impacto de este hecho fatídico será mayor debido a que tenemos una economía mundial débil y en permanente crisis (contracción de la economía real, actividad comercial disminuida, baja productividad, endeudamiento masivo y excesiva volatilidad especulativa).

A este orden económico global, complejo y plagado de desequilibrios, es al que le toca resistir otra prueba de fuego: el coronavirus. Hoy nadie podría predecir con exactitud cuáles serán las consecuencias en la economía mundial, y particularmente en la latinoamericana. Todavía es muy pronto para ello, pero sí podemos ya aportar algunos datos para tener una primera aproximación a esta situación tan difícil.

1. El Instituto de Finanzas Internacionales calcula que el valor de la salida de capital registrada de las economías emergentes en los primeros 45 días de coronavirus en el mundo (mucho antes de que se propagara por la Unión Europea) es de 30.000 millones de dólares. Este valor es récord a nivel global, superando incluso lo sucedido después del crash financiero 2007-2008. Esto significa que cuando existan datos actualizados, con toda seguridad habrá una salida de capital sin precedentes de las economías emergentes que afectará -y mucho- a la economía latinoamericana.

2. En el lado opuesto se encuentran los que se benefician de dicha fuga. ¡Sorpresa! El principal refugio es el bono estadounidense. Así se reordenan los flujos financieros a favor del país hegemón.

3. Siempre que existe un shock externo, sea cual fuere, se busca una respuesta

monetaria expansiva, contracíclica. Incluso la ortodoxia neoclásica cede en esos casos.

La Reserva Federal de Estados Unidos puso a disposición del sistema financiero 1,5 billones de dólares; el Banco Central Europeo anunció que inyectará a la economía 120.000 millones de euros; el FMI también está dispuesto a movilizar un billón de dólares. Sin embargo, una vez que se hace una fuerte emisión, luego nos olvidamos de identificar la ruta de ese dinero. ¿Llegará a la economía real o se optará por destinarlo al mundo financiarizado?

4. La Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo prevé una pérdida de ingresos globales de 2 billones de dólares como consecuencia de esta crisis.

Sólo en febrero, por el efecto de la crisis en China, las pérdidas en producción

manufacturera fueron de 50.000 millones de dólares. Definitivamente, estamos también ante una próxima crisis de oferta que aún no dimensionamos: se están paralizando muchas cadenas globales de producción y también de suministros.

Vivimos en un mundo lleno de incertidumbres. Con el coronavirus todo es más incierto, si cabe. La economía no se entiende sin expectativas. Y cuanto más enferma está, peor es su capacidad para gestionar factores de alto riesgo. Hasta el momento se ha precipitado un deterioro de todos los indicadores que dependen, justamente, de las dos expectativas: precio de petróleo, índices bursátiles, tipos de cambio, riesgo país, etc. La diezmada economía global sigue en caída.

Veremos qué pasa después de este gran tsunami. Luego de cada gran crisis, siempre se reacomoda el orden económico global. Después de 2008, la economía global aprendió poco y siguió denostando a la economía real. A partir de ahora, lo interesante es saber si el consenso surgido en la contingencia perdurará en el tiempo: más y mejor sanidad pública, más Estado, más política fiscal expansiva cuando acechan las dificultades, más

economía real y, sobre todo, dar mucha más importancia a los asuntos verdaderamente imprescindibles para la vida humana. ¿Tiene sentido que el capitalismo global haya producido más de 1.500 millones de smartphones en un año y tan pocos respiradores asistidos en caso de una pandemia? No. ¿Tiene sentido que estemos tan poco preparados económicamente para una pandemia que, hasta el momento, ha sido letal para el 0,000092% de la población mundial (y que ha infectado al 0,00235%)?

Tampoco. Esperemos que, al menos, el coronavirus nos sirva para algo. Y ojalá aparezca una suerte de nuevo New Deal, nuevo contrato social y económico, en el que la salud y otros derechos básicos estén en el centro de la economía, y que la economía financiera esté al servicio de la economía real, y no sea al revés.

*Doctor en Economía, director del CELAG.

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23 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

El Teletrabajo: la alternativa laboral ante la pandemia de coronavirus. Por Juan Pablo Chiesa

El teletrabajo es una modalidad de trabajo adoptada en los últimos tiempos por algunas empresas, que consiste básicamente en la realización de tareas por parte del trabajador fuera de la empresa o empleador. Puede ser desde su casa y/o cualquier otro lugar que no sea la empresa, utilizando a los efectos, métodos de procesamiento electrónico de información, tecnología informática y comunicación, manteniendo contacto con la empresa regularmente por medios informáticos idóneos.

Esta modalidad, cuyas reglas fueron definidas claramente en 2002 por Unión Europea, cobra auge y se coloca en el centro de atención ante las incógnitas que representa en más de un sentido la situación desencadenada por el COVID-19, ya declarado pandemia. En tales circunstancias, la incertidumbre laboral se agudiza, pues empleados y empresas, autónomos y contratados, gobiernos y países, se han empezado a dar cuenta que los espacios naturales del trabajo deben modificarse o literalmente ser otros, especialmente aquellos en donde la mano de obra es más de tipo administrativo y logístico. Ante la inminente probabilidad de que el aislamiento provocado por esta pandemia sea obligatorio en todas partes, el teletrabajo puede surgir como uno de los nuevos pilares que habrán de sostener y mantener las economías de las empresas a flote.

En la Argentina, una resolución de 2013 del Ministerio de Trabajo contempla utilizar el trabajo a distancia como una modalidad de conservación del empleo para aquellos trabajadores que se encuentren en el período de conservación de puesto siguiente a una enfermedad o accidente inculpable y que no pudieren retornar a sus tareas habituales.

Si bien no existe una regulación específica en nuestro país, el Ejecutivo presentó un proyecto de ley sobre «Teletrabajo» que, en su artículo 1°, lo define como la realización de actos, ejecución de obras o prestación de servicios en los términos de los artículos 21 y 22 de la ley 20744 y sus modificatorias, en las que el objeto del contrato o relación de trabajo es realizado total o parcialmente en lugares distintos del establecimiento del empleador, mediante la utilización de todo tipo de tecnología de la información y la comunicación.

Según el proyecto, el teletrabajo engloba las tareas tradicionales, se organiza y se lleva a cabo a través del uso de tecnologías de la información y de las comunicaciones denominadas TIC, que permiten procesar la información del trabajo realizado por el teletrabajador en su domicilio o en un lugar o establecimiento ajeno al empleador. El teletrabajo es voluntario para el trabajador. Toda conversión en teletrabajo deberá contar con la conformidad escrita del empleado y si tal conformidad no estuviera, el teletrabajador podrá solicitar la reversión a su condición anterior.

Si bien este proyecto plantea la figura de un teletrabajador en relación de dependencia, lo cierto es que el teletrabajador puede ser autónomo siempre y cuando no se den las siguientes condiciones del contrato laboral: subordinación, cumplimiento de horario u dependencia económica.

El empleador puede controlar y supervisar la actividad del teletrabajador mediante medios informáticos. Si por motivos de trabajo fuese necesaria la presencia física de representantes de la compañía en el lugar de trabajo del teletrabajador y este fuera su propio domicilio, se hará siempre previa notificación y consentimiento de este.

Debemos ponderar las bondades del teletrabajo, sobre todo en un contexto sanitario como el que estamos viviendo a nivel mundial, ya que no solo permite mantener las economías a flote, sino que, además, resguarda la seguridad sanitaria del trabajador, posibilita el ahorro de dinero y tiempo de traslados, es un instrumento apto para los padres con hijos pequeños, reduce los niveles de estrés, especialmente baja la angustia y temor generados por esta pandemia y facilita la continuidad laboral.

Aprovechando la coyuntura propiciada por el COVID-19, es buen momento para iniciar una sana discusión acerca de un texto legislativo que, sin establecer una nueva categoría jurídica contractual para el teletrabajo, incluya al teletrabajo autónomo dotándolo de cierto marco mínimo de protección.

*Abogado (UBA), doctrinario laboralista.

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23 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Darle valor a las palabras para que no sean una traba al ejercicio de derechos por Gastón Gómez

Para NCN por Gastón Gómez (*)

El 21 de marzo se celebra el Día Mundial del Síndrome de Down, establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas en 2011, y si bien desde hace unos años esa fecha se utiliza para generar una mayor conciencia pública sobre la cuestión y recordar la dignidad, la valía y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades, aparecen señales que denotan que algunas cuestiones aun no lograron entrar en el mundo.

Desde hace algunos años, las distintas asociaciones que trabajan por los derechos de estas personas han comenzado a realizar capacitaciones y campañas de difusión para concientizar sobre la independencia personal y la inclusión laboral de quienes tienen este síndrome. En la Argentina, hoy todavía hay padres que tiene que pelear, incluso judicialmente, por la falta de cumplimiento en la inclusión escolar.

Y si empezáramos a evaluar otras cuestiones vinculadas a las personas con discapacidad tendríamos que ver como sociedad que por momentos hay una falta de compromiso o de empatía con este colectivo, ya que ciertos aspectos que se entendían superados, vuelven a aparecer estigmatizantes en ámbitos sociales y escolares.

Obviamente no se trata de una generalización ya que se avanzó en muchos aspectos, pero si me quiero referir al uso, en ocasiones abuso y desprecio, de ciertos términos como «angelitos», «especiales», o el mas degradante por su utilización como insulto, y el que creíamos haber superado: «mogólico».

No es extraño ver en las redes sociales a los adolescentes utilizar a diario este término, de la misma forma despectiva con la que se utilizaba en alejados tiempos. Muchas fueron las campañas y más de 30 años de trabajo de asociaciones argentinas para evitar ese término, y hoy vemos que influidos por otras sociedades menos avanzadas en la inclusión, lo vuelven a poner de moda para referirse a otro como una persona de menor capacidad.

A veces pareciera incansable el trabajo de dar muchos pasos hacia adelante, y luego tener que volver para recordar que las palabras tiene un valor que por sí solo puede causar daños, por eso este año la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (Asdra), la ONG Cambiando la Mirada y Pedidos Ya se unieron para derribar el prejuicio de señalar a las personas con estas características, como personas con capacidades especiales, con el lanzamiento de la campaña «especiales son las pizzas».

Este es un ejemplo, y es común cuando alguien lo hace notar, que las personas se defiendan con un «bueno, pero no lo dije por ellos», y en eso casos es bueno hacerles entender que esas palabras que muchas veces parecen ser invisibles, en realidad tiene mucho peso e influyen en el momento de ejercer derechos, como por ejemplo a trabajar en igualdad de condiciones que una persona sin discapacidad.

La realidad es que hoy casi el 70 por ciento de las personas con discapacidad no están incluidos en el ámbito laboral, según datos del Indec de 2018, y de ese porcentaje, un 70 % son personas con alguna discapacidad cognitiva-mental.

Y si tuviéramos que pasarlo por un tamiz para dejarlo más claro, lo que importa es la persona más allá de su condición, y cuando uno lo mira así y lo trabaja desde la niñez, son las personas con discapacidad las que nos dicen que no van a aceptar «que le pongan límites a sus sueños».

Por eso, no tengo dudas que tenemos que seguir derribando mitos, fortaleciendo palabras acordes y debilitando hasta eliminar a aquellas palabras que siguen construyendo muros sociales para el ejercicio de derechos, porque en definitiva el acceso a esos derechos es un trabajo que tenemos que hacer entre todos y todas.

 

(*) Gastón Gómez es periodista de Télam, papá de Olivia, de 8 años, quien tiene Síndrome de Down.

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20 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Coronavirus: ¿por qué afecta más a adultos mayores y personas cardíacas? por Dr. Jorge Tartaglione

Para NCN por el Dr. Jorge Tartaglione (*)  

En los últimos días hemos aprendido que el Coronavirus se expande mucho más rápido de lo que creíamos y que, si bien no ha aparecido la vacuna ni la medicación que nos permita tratarlo, hoy la prevención se ha convertido en la medida más eficaz para detener su avance.

Diariamente nos llegan miles de consultas de pacientes con miedo, a veces pánico. Sin embargo, no nos cansamos de decir que esto no nos lleva a ningún lado. Como profesionales de la salud, nos encontramos con el desafío diario de luchar contra esta enfermedad, pero también con el de comunicar información veraz, basada en la evidencia disponible al momento. La enorme cantidad de noticias falsas que circulan por todos lados no hace más que generar pánico y desinformación.

Hay mucho más para estar tranquilos que preocupados. Algunas cifras permiten demostrarlo: de 100 personas que adquieren el virus, el 80% presenta síntomas leves, el 20% pueden ser casos graves y solo el 6% es crítico.

Recordemos que el peor día del coronavirus fue el 10 de febrero de 2020 cuando en China se murieron 108 personas. El mismo día, en todo el mundo, murieron 26.000 personas por cáncer, 24.000 por enfermedad cardiovascular, casi 4.500 por diabetes y 2.700 a causa de las enfermedades producidas por el mosquito.

El mayor riesgo lo presentan las personas mayores de 65 años, fundamentalmente con enfermedades preexistentes (obesidad, hipertensión arterial, diabetes, enfermedades cardíacas y pulmonares). La letalidad en ellos es significativamente mayor con respecto al resto de la población.

Sin embargo, es importante estar tranquilos pero alertas, y seguir las recomendaciones emitidas por el Ministerio de Salud de la Nación. Intensificar las medidas de cuidado y prevención en los adultos mayores y los pacientes cardíacos, que son más sensibles al virus, ha demostrado ser una de las medidas más eficaces para detener su impacto.

Fundamentalmente, seguir la recomendación del aislamiento social, esto es: minimizar las actividades con público, el contacto con personas con síntomas respiratorios y con aquellas que hayan llegado de áreas de circulación por 14 días, aunque estén asintomáticas. Es importantísimo evitar la congregación y tener especial cuidado en los geriátricos: evitar que las personas que tengan síntomas vayan a visitarlos, más aún si han venido del exterior.

Por otra parte, y aprovechando que comienza la temporada de vacunación antigripal, es importante promover la vacunación antigripal en las personas que lo tienen indicado, en este caso mayores de 65 años, entre otros.

En este momento la responsabilidad individual es clave. Quedarnos en casa y seguir implementando las medidas de higiene habituales es la mejor manera de cuidarse y cuidar a los demás:

• Lavarse las manos con frecuencia y hacerlo adecuadamente.

• Al toser o estornudar, hacerlo en el pliegue del codo.

• Airear los ambientes.

• Limpiar las superficies.

• Acudir precozmente al sistema de salud en caso de presentar síntomas.

Como ciudadanos tenemos que ser solidarios. Si vos no te cuidás, podés contagiar. Pero, si todos tomamos las medidas de prevención informadas y nos vacunamos, la probabilidad de enfermarnos es mucho menor.

Como médicos tenemos un enorme desafío por delante. Vamos aprendiendo a medida que pasan los días y aparecen las publicaciones en revistas científicas serias. El mapa de la situación cambia constantemente. Tenemos que estar preparados y ponernos en movimiento.

 

 

(*) Dr.  Jorge Tartaglione es presidente de la Fundación Cardiológica Argentina.

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20 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Coronavirus, descolonización y solidaridad. Por Dr. Jorge Rachid

Crisis es una fonética china, que no tiene traducción occidental y se expresa de esa forma, por ser el sonido en que se escucha. No se traduce, porque en la acepción china significa en un solo término “Peligro y Oportunidad”.
En este escenario que afrontamos hoy en el mundo, ante la pandemia-infodemia, del coronavirus, mientras el seguimiento diario cuenta infectados y complicaciones, quizás nos podamos detener un minuto, en la reflexión de la “crisis civilizatoria”, que hemos desarrollado en artículos anteriores y que apuntan a que el mundo que vivimos, ya no es aquel que conocimos, ni desde el punto de vista del trabajo, ni de la economía, ni de los sistemas de representación y hasta la democracia como tal, está en cuestión.

Entonces tenemos la obligación de pensar los caminos que apuntalen, aquellos valores y virtudes que defendemos desde lo estratégico, como es la construcción del Modelo Social y Productivo, solidario de nuestro país, hacia una Patria libre, justa y soberana. Además de pensar, deberíamos hacer el seguimiento de las medidas coyunturales que se vayan adoptando, observando que tengan una direccionalidad estratégica, en términos de Patria Grande, que nos permita transitar en la construcción de la Comunidad Organizada, como expresión del poder popular, con capacidad de decisión política.

En esta etapa de expansión del virus, cuando aún no tenemos casos autóctonos, es cuando es necesario apoyarse sobre tres pilares esenciales, para tener una crisis controlada, que no nos llene de angustia durante meses y podamos acotarla.

Esas tres herramientas son: una conducción política firme, como la que se está ejerciendo, con liderazgo y medidas que permitan sancionar la indisciplina social o empresaria, que impera en amplios sectores de nuestra sociedad; el seguimiento epidemiológico horario, interactivo que permite ir corrigiendo los parámetros diarios de control del aislamiento y por último poder recrear la solidaridad social indispensable para cuidarnos entre todos y que pueda el pueblo argentino ser una Comunidad Organizada, de incluidos y de igualdad de condiciones dignas de vida.

Poner en discusión el modelo social en medio de una pandemia pareciera ser un desatino, pero lejos de ello, en mi humilde parecer, aprovechar la cuarentena para la reflexión serena de los caminos a recorrer, intensificar la búsqueda, antes que proclamar certezas, reafirmar afectos y compromisos de vida, reelaborar proyectos y tener en cuenta que todo debe ser discutido, que no existen dogmas prefijados, porque estos devienen de la colonización neoliberal de los últimos 50 años, que se han derrumbado en el mundo.

Esa colonización a la cual el peronismo siempre dio batalla, con victorias y derrotas en lo político, pero con una contundencia en lo cultural, que ha sido adoptada por el conjunto del pueblo argentino, mayoritariamente, como eje cultural solidario en el cual quiere vivir.

Entonces la batalla cultural y contra el coronavirus van de la mano, confluyen en el mecanismo de descolonización cultural, política, económica y sociológica que se nos ha querido imponer como cultura dominante durante años, frente a lo cual la resistencia del campo popular le ha dicho en múltiples oportunidades que no pasarán, sobre la concepción biocéntrica de construcción social, que privilegia al ser humano por sobre la macro economía y la naturaleza por encima de los procesos productivos que la destruyen.

Esta batalla es con todos los argentin@s y aquellos que no cumplan la cuarentena o desprecien a los compatriot@s y se abusen de ell@s por posiciones de poder político o económico, en especial empresarios monopólicos, sería sancionados socialmente con la segregación y el desprecio, por romper la solidaridad social, necesaria para construir el futuro de la Patria.

Dr. Jorge Rachid ( Médico Sanitarista)

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20 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Aislamiento obligatorio: no hay prohibición de despidos ni protección a los trabajadores en negro. Por Partido Obrero

El anuncio de Alberto Fernandez estableciendo un aislamiento obligatorio representa una parálisis de la producción en los sectores no esenciales que se fue imponiendo como un reclamo elemental para frenar la pandemia en desarrollo. La medida no sólo había sido planteada por Romina Del Pla en la reunión realizada en la Casa Rosada entre el presidente de la nación y los presidentes de los bloques del Congreso, sino que además había sido impuesta por la acción directa de los trabajadores en varios sectores de la industria, el comercio y el transporte.

Sin embargo, esta medida de Fernández vuelve a trasladar la responsabilidad a la población mientras su gobierno no otorga respuestas a la crisis social que se ha agravado notablemente como resultado de la pandemia. Su anuncio estuvo muy lejos de tomar medidas de fondo para resguardar los ingresos y la salud de los trabajadores, ante la crisis social y la muy delicada situación sanitaria.

En el decreto de Fernández no se contempla la prohibición de despidos ni de las suspensiones con reducción salarial o directamente sin salario, que ya se están produciendo en el marco de la crisis. Tratándose de un decreto de emergencia se podría haber incluido la defensa de los puestos de trabajo y el reparto de las horas disponibles entre todos los trabajadores. Nada de eso se ha hecho, a sabiendas de que las suspensiones sin pago y los despidos van a ser una herramienta patronal por excelencia para descargar la crisis sobre los trabajadores. Especialmente, esto vale para los trabajadores en negro, que están inermes y corriendo la peor de las suertes en una crisis sin precedente.

Tampoco se anuncian medidas de fondo para los millones de desocupados que changuean y que verán cerradas sus magras fuentes de ingresos. Los anuncios de reforzamiento de la AUH o las jubilaciones son totalmente insuficientes frente a la situación de miseria creciente que ya se está viviendo en los barrios. La cuarentena no va a frenar la propagación en viviendas y barriadas hacinadas, donde no hay hasta ahora acceso al agua potable, ni que hablar de lavandina, alcohol en gel o los recursos necesarios para garantizar las condiciones sanitarias. Son necesarias obras de ampliaciones para paliar el hacinamiento reinante en muchos barrios. Un seguro de desempleo generalizado, que como mínimo debiera estar fijado en $ 30.000, salta a la vista como la única medida defensiva para evitar un crecimiento del hambre y la indigencia.

En estas condiciones, se anuncia que el aislamiento estará garantizado por las fuerzas represivas. Rechazamos toda utilización de las fuerzas de seguridad para reprimir los reclamos populares, que se van a volver más urgentes en la medida que se desarrolle la crisis económica y sanitaria. Defendemos el derecho a la organización y acción política y sindical de los trabajadores.

La mención al problema fiscal por parte del presidente omitió reconocer que se siguen pagando las onerosas cargas de la deuda externa, que deberían volcarse de inmediato al fortalecimiento del sistema sanitario y a compensar los enormes perjuicios que ocasiona la crisis a la población más necesitada. Tampoco se ha propuesto tocar ni un centavo de los millones del presupuesto que se pierden en exenciones de pagos de impuestos a los negocios de la iglesia católica y en subsidios de todo tipo.

Tampoco se anunció un comando único del sistema de salud, otra propuesta de fondo que el Frente de Izquierda llevó a la Casa Rosada. En la situación actual, el Estado no cuenta con los recursos del sistema privado de salud para garantizar la atención sanitaria de toda la población. La centralización es una medida fundamental para planificar y llevar adelante la atención de emergencia, que choca con los lobbys e intereses de la salud privada y los laboratorios que buscan hacer de la pandemia un terreno de lucro. Es necesario, asimismo, intervenir en todos los laboratorios privados con capacidad de realizar los testeos, para garantizar el testeo masivo que permita aplicar el aislamiento y la atención sanitaria de todos los infectados por Covid – 19.

El cierre virtual del parlamento y el anuncio por decreto del aislamiento obligatorio apunta a consolidar un régimen de arbitraje personal en una enorme crisis económica y social. El Gobierno cuenta para ello con el apoyo de la oposición patronal. Advertimos que la parálisis la burocracia sindical favorece que la situación de crisis sea explotada por las patronales o incluso el gobierno atacar las condiciones de vida de las masas.

El Partido Obrero plantea: todos los recursos a la atención de la crisis social y sanitaria. Abajo el pago de la deuda externa. Centralización y comando único del sistema de salud. Comités electos de trabajadores de la salud y expertos para poner en marcha las medidas necesarias y orientar las prioridades. Prohibición de despidos y suspensiones, que el estado garantice los puestos de trabajo en el caso de los trabajadores en negro, seguro al desocupado de 30.000 pesos, igual para monotributistas y elevación a ese importe de la jubilación y salario mínimos. Congelamiento de alquileres y de cuotas hipotecarias mientras dure la emergencia.

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20 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

La defensa de los intereses no debe desestabilizar una sociedad por Mauro González

Para NCN por Mauro González (*)

Frente al reclamo que viene sosteniendo el sector agroexportador, en cuanto a la NO Comercialización durante días, frente al incremento en los derechos de exportación a los granos para compensar el desequilibrio en la estructura productiva nacional, resulta una verdadera contradicción para los micro, pequeños y medianos productores de las economías regionales toda vez que desde el gobierno se han implementados medidas que benefician a importantes sectores en las economías regionales.

La medida tomada no es sólo de aumentar 3% las retenciones en la soja, sino que además se bajan las retenciones a todas las producciones regionales y se mantiene es sus actuales niveles para los cultivos como el maíz, trigo, girasol, carnes, etc. Además  establece una escala de reducciones progresivas del 33% hasta el 20% según el volumen de cosecha, medida que beneficia a más de 40 mil productores (representan el 74,2% del total nacional).

Es importante comprender que los reclamos de cualquier sector deben evitar poner en riesgo la libre circulación y el abastecimiento de insumos necesarios para el desarrollo económico del país. La construcción social en armonía, mediante el dialogo, los consensos, la manifestación pacífica o la exposición de las problemáticas en cada sector es el mejor manera de fortalecer nuestra democracia.

Las Pymes hemos sufrido en los últimos cuatro años la perdida de más de 25.000 empresas, producto de las políticas que fomentaron la especulación financiera y la fuga de capitales en deterioro del aparato productivo. Es por ello que este reclamo no se condice con la situación del país. El negocio agroexportador está concentrado en grandes compañías, de las cuales las 15 principales empresas de granos concentran el 96% de los exportaciones del sector.

En nuestro país hemos tenido muy malas experiencias que han comenzado con medidas similares a la que han decidido comenzar desde el sector agropecuario. No debemos repetir errores que han dejado a cientos de miles de compatriotas en situación de vulnerabilidad social. La crisis que estamos atravesando es grande, compleja y profunda, y no puede soportar equivocaciones de sectores particulares  en el proceso de reconstrucción de la Argentina.

Debemos hacer el mayor esfuerzo, tener solidaridad y comprensión en todos los sectores sociales, especialmente en aquellos que tenemos la capacidad de generar riqueza. Este esfuerzo equitativo y justo deberá ser un cimiento de la Argentina que debe crecer y desarrollarse con responsabilidad,  asumiendo compromisos y cumpliendo objetivos en beneficio de toda la sociedad.

 

 

(*) Mauro González es Presidente de CECREDA (Centro Estratégico para el crecimiento y desarrollo argentino) y Empresario textil pyme.
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20 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Primeras enseñanzas de una Pandemia. Por Julio Cobos*

El mundo atraviesa una de las más grandes crisis vistas en muchas décadas que afecta nada más ni nada menos que a la salud del ser humano; poniéndonos a todos a reflexionar, a alterar nuestro ritmo habitual y a reestructurar prioridades. También, nos obliga a dejar diferencias de lado, enseñándonos hacia dónde mirar. Argentina no está exenta a los profundos efectos de esta pandemia y sabemos que aún quedan semanas muy difíciles por delante. En estos momentos complejos es importante poner foco en lo que la naturaleza nos fuerza a ver y que por nuestro individualismo lo tenemos mucha veces perdido, una sociedad unida por un mismo fin: solidarizarnos y cuidarnos.

El gobierno nacional y las administraciones provinciales –sin banderías políticas- trabajan en forma coordinada al servicio de la comunidad, para mitigar el impacto de la pandemia. El Presidente de la Nación y su gabinete han hecho hasta aquí un correcto manejo de la situación, con medidas concretas y a tiempo. Desde la oposición hemos aportado propuestas, alternativas y apoyo a la conducción de la crisis que realiza el Ejecutivo. Es importante resaltar el diálogo de los distintos sectores políticos y científico-técnicos, convocados para un trabajo mancomunado y definitivo en la toma de decisiones, a partir de un diagnóstico global y no signado por una parcialidad o por intereses sectoriales. Esto es una buena señal y es fundamental que se mantenga e incremente en los días venideros.

Cada sector de la sociedad da su ejemplo, desde los comunicadores dejando diferencias de lado e informando con responsabilidad, como así también cada uno de los actores que la realidad los coloca en su mejor hacer: médicos, enfermeros, policías, comerciantes, docentes, etc.

La necesidad de reducir al mínimo el contacto social para evitar la propagación del virus y el crecimiento exponencial de las personas contagiadas, obligó a suspender las clases en todos los niveles en todo el territorio nacional. Esto exige un esfuerzo encomiable de autoridades, docentes, alumnos, padres y madres; para suplir con otro tipo de herramientas, la imposibilidad de tener presencia física en las escuelas. Clases virtuales, plataformas educativas del Ministerio de Educación de la Nación y de los estados provinciales, grupos en redes sociales para compartir tareas y materiales y la impresión en papel para llegar a los lugares donde la tecnología aún no llega. Este esfuerzo colectivo por la educación es en sí mismo una enseñanza y nos interpela como sociedad a trabajar por y para el bien común, a ponernos en el lugar del otro.

Días atrás y entendiendo la gravedad de la situación, propusimos diversos proyectos de ley para colaborar en esta emergencia: exenciones impositivas y medidas paliativas para sectores económicos más afectados, elaboración de alcohol en gel por personas en contexto de encierro, alumnos de escuelas secundarias, terciarios y universidades e integrantes de las fuerzas armadas; para luego distribuirse en escuelas, salas de primeros auxilios, geriátricos, estaciones de transporte público, entre otras. Hubo varios ejemplos solidarios en distintos puntos del país. Alumnos y profesores de escuelas y universidades fabricaron alcohol en gel en sus laboratorios, también presos en la cárcel de Mendoza, y el propio Ministerio de Defensa instruyó la elaboración de estos productos al personal militar.

Debemos mantener esta vocación de trabajo en familia para ayudar a nuestros hijos y proteger a adultos y a los sectores vulnerables de la sociedad y a cuidar el planeta que parece aliviado con el “parate” temporal de la actividad humana. Asimismo, debemos profundizar esta vocación de diálogo entre oficialismo y oposición para acordar políticas que permitan cumplir metas colectivas y recuperar el desarrollo de Argentina.

Frente a los días difíciles que vivimos y los que seguramente vendrán vale mucha rescatar estas actitudes solidarias, dialoguistas y fundamentales para el crecimiento colectivo. Espero que al final de esta etapa, esto sea una enseñanza duradera que nos una en otras circunstancias también difíciles, que nos necesitarán a todos juntos.

Aprendamos la lección, repliquemos el ejemplo.

*Senador Nacional y Vicepresidente de la Nación MC

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19 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Desde Wells a nuetros días: la resignificación del Coronavirus. Por Juan Jose Postararo

Aquella visión futurista que tuvo el escritor y novelista británico a fines del 1800, parece haber traspasado la ficción y hacerse carne en nuestra realidad.

Como una especie moderna de “David y Goliat” el gigante parece haber sucumbido ante el mínimo, ante lo imperceptible: un virus.

La llegada del Covid-19 (más conocido como “Coronavirus”) ha puesto en jaque premisas que el hombre moderno había edificado con una aparente solidez.

Si algo deja de enseñanza, aun cuando todavía no se ha ido, como extraído de las hojas de George Wells, es que la partícula más chica puede hacer un daño que ni la estructura más enorme puede resistir.

Existen varios análisis que se pueden hacer a partir de lo que acontece. Por un lado podemos tener una mirada filosófica ante la tragedia y entender que éste es un llamado, un grito sordo, del planeta que, como aquellos alienígenas de la “Guerra de los Mundos”, ve al hombre, su avances desmedido, su desprecio y egoísmo, como un ataque que sólo pudo contrarrestar a través de un virus.  Un germen que entra en lo más recóndito del ser y acaba con su paso arrasador por doquier.

La reducción inmediata, no sólo de personas en el orbe, sino de su andar cotidiano ya está mostrando mejoras sustanciales en la contaminación del mismo. Fue siempre “vox populi” aquello de que “la naturaleza alguna vez recuperará lo que es suyo”.  Claro que ninguna de las alteraciones del clima anteriores parece, hoy, semejantes a la acción que implicó la llegada del Coronavirus.

Los primeros números dan cuenta de que, en poco más de un mes, se redujo en un 25% las emisiones de CO2 de China, y ya se registra una disminución significativa en Italia de la concentración de contaminantes como el dióxido de nitrógeno (un compuesto tóxico que afecta muy negativamente a la calidad del aire, además de ser un gas de efecto invernadero).

Difícil no creer que este virus sea una especie de “defensa natural” de un planeta que hace años viene pidiendo un “poco de paz”.

Por otro lado están aquellas teorías conspirativas que creen que la nueva sepa de gripe proviene de un laboratorio.  Que fue adrede expuesto y, por el momento, con un sinfín de motivos. Todos horrendos, todos perversos desde la vista de un hombre a pie.

Cierto o no, este ápice nos permite dar cuenta de otro inciso que nos deja como enseñanza esta Pandemia: el cataclismo del sistema capitalista que domina la especie humana.

Expuestas y sobre la mesa están las bases destruidas de una forma de pensar y ver el mundo, basado en la propiedad privada de los medios de producción, en la importancia del capital como generador de riqueza y en la asignación de los recursos a través del mecanismo del mercado.

La ideología de este sistema nefasto condiciona al ser en su máximo individualismo.  El psicoanalista, psicólogo clínico español, Manuel Fernández Blanco, explica el punto: “El Capitalismo nos ha llevado a un individualismo extremo, a la insolidaridad social, a la búsqueda de la felicidad inmediata, a un sociedad adictiva y pulsional. Estamos en una época en la que la solidaridad entre trabajadores se cuartea, se rompe, porque el individualismo ha llegado también a la acción sindical. Además, parece que hay un cierto conformismo con la situación, que se debe, creo yo, a un sentimiento colectivo de culpabilidad”.

De esta manera e inconscientemente dejamos de lado los “Problemas globales” puesto que tendrán “otros” la solución en sus manos. No existirán ya grandes guerras porque alguien en su momento tendrá raciocinio y apaciguará las aguas. Tampoco el medio ambiente sucumbirá porque en algún momento alguien tomará cartas en el asunto para frenar el final.

En resumen aquellos grandes problemas lo solucionará, más tarde o temprano, el Mercado.

El Covid-19 fue una bofetada a la cara de los grandes popes que esgrimen esta idea.  El mercado, aquel gigante indomable, nada puede hacer ante la presencia humilde de un germen que lo carcome desde las entrañas.

Por el contrario renace el Estado como real contenedor y génesis para resolver el problema. Son sus hombres, su mirada en el otro, la solidaridad, la vista puesta en la “conciencia colectiva” acaso el arma más eficaz para dar por terminada ésta Pandemia que parece indomable.

Yo puedo acatar cada orden esgrimida y ser un ejemplo primordial en concepto de técnicas de prevención, pero entonces todo es nada si mi vecino es mi némesis en ese sentido.  En palabras más coloquiales “yo puede tener litros de alcohol en gel en casa, pero me va a matar aquel que no pudo comprar siquiera uno”.

Nunca más ciertas y atinadas las palabras de Jorge Luis Borges: “Nadie es la patria, pero todos lo somos”. Acaso el mejor concepto que podemos tomar de esta vorágine de crisis, miedos y paranoia en la que el Mundo nos tiene sumergidos.  En principio para salir airosos del laberinto, y segundo y principal, para allanar el camino a quienes nos sucederán, para que esto sea un triste recuerdo en algún libro de historia, y no quizás la solución definitiva como imagino Wells.

 

 

Para NCN por Juan José Postararo

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16 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

La «Confabulación» del Coronavirus. Por Alberto Asseff*

En muy desafortunadas declaraciones, el presidente de la República dijo que “el mundo se confabula contra la Argentina”. No se entiende cómo un mandatario ‘razonable’ – conforme se intenta instalar -, recae en ese latiguillo de que los otros, los de afuera, sobre todo, son los responsables de nuestra decadencia, que arrastra décadas, y de nuestros desaguisados – algunos hasta lo desopilante – cotidianos.
No sabemos si el presidente aludía al coronavirus que notoriamente agudizará la crisis recesiva de nuestra economía y la de prácticamente todo el planeta. Empero, la gravedad de esta expresión radica en la delegación de responsabilidades por parte de quien desde la medianoche del 11 de agosto del año pasado sabía que seguramente sería presidente. Siete meses después de esa certidumbre personal nos tiene a millones de argentinos en una inédita incertidumbre colectiva. Es el primer caso de un período gubernamental que se inaugura con sólo dos ideas que supuestamente se reflejan en sendos planes: auxiliar a los compatriotas con hambre y diferir los vencimientos de la deuda.
Ambos objetivos no se refutan ya que tienen el consenso general. Lo que muchos rebatimos es que esas dos metas son total y redondamente insuficientes. No se pueden ocultar las cartas – ya que el propio presidente habló de que jugaría al póker con los acreedores – si se busca un éxito en la negociación. Cualquier acreedor del país o de la tierra le pide a su deudor un plan de pagos. No hay acuerdo posible sin un plan. Y lo que precisamente no hay es eso, un plan.
Participé de la sesión de la Cámara de Diputados que escuchó respetuosamente durante casi dos horas al ministro Martín Guzmán. Por más esfuerzo que realice no logro capturar un concepto que pueda constituir un eje eventual del inexpresado plan. Salvo una proposición sumamente peligrosa, sobre todo para un país que padece de una grave enfermedad crónica, la inflación. El ministro enfatizó que en épocas recesivas bajar el gasto público es lo más contraindicado. Es decir, que una de las causas de nuestro endeudamiento y de esa patológica inflación – el déficit – sería mejor mantenerlo. Convengamos que como mínimo esta cuestión ameritaría ser profundizada y debidamente debatida, no sólo por la academia sino también por la política.
El coronavirus y la pandemia que ha generado tiene para los argentinos un notorio carácter agravante, pero en modo alguno exonerante de la responsabilidad de los gobernantes. Que reaccionaron tardíamente ante esta amenaza para la salud pública y que ahora pareciera que sólo atinan a utilizarla como justificativo para la adolescencia de planes de reactivación económica. Esto acaece a pesar de que se da una situación casi sin antecedentes: el Fondo Monetario obra cual el mejor aliado del país. En lugar de aprovechar esa benevolencia manifiesta y acordar con el organismo multinacional un plan de salida, se conversa con los acreedores sin disponer plenamente de ese auxilio. Acecha un riesgo mayúsculo: sin plan y sin acuerdo con el FMI, que los títulos se devalúen al punto de ser una tentación para los fondos ‘buitres’. Ya deberíamos saber que negociar con los acreedores originales es harto complejo, pero hacerlo en los Tribunales neoyorquinos es literalmente un suplicio. Y muy, pero muy costoso. Allí, en ese foro, ni hablar de quitas o plazos. Allí se paga o se sufren las calamitosas consecuencias.
No sería veraz si marginara un tercer objetivo del gobierno: Instalar la impunidad, vía la desarticulación del instituto de la delación premiada o arrepentido, el copamiento de la procuración fiscal, las vacancias de jueces, la imposibilidad de designar jueces jubilados como sustitutos, las nulidades procesales, la argumentación del llamado ‘lawfare’ (absolutamente desnaturalizado por quienes lo invocan) y otros mecanismos – incluido balear al abogado de dos imputados colaboradores, Víctor Manzanares y Leonardo Fariña -, es decir el uso de la intimidación y de la agresión física.
¿Quién se ‘confabula’? No caben dudas de que el mundo no es filantrópico, pero el ‘cerebro’ siniestro no está afuera. Convive con nosotros. Está acá, adentro. No es otro que la inidoneidad, el demerito del mérito, la igualación para abajo, la corriente ‘pobrista’ – esa que pareciera deleitarse con desparramar más pobreza -, la Argentina ‘planera’ que suplanta a la trabajadora, la que estimula subiendo impuestos a la desinversión. Acá está la Argentina llena de mafias, cada vez más dominantes, más enseñoreadas – con excusas para los señores y señoras de verdad.
Hay millones de argentinos que están ansiosos por una reacción hacia los valores. Lejos de ser ‘reaccionarios’, son los que permitirán retomar el rumbo del progreso. Porque otra cosa que está subvertida en la Argentina es el mismo concepto de progresista. Quienes dicen enrolarse en esa corriente son mayoritariamente agentes del país atrasado, viejo, enmohecido.
Más temprano que tarde tendremos un plan. Además de facilitar nuestros
negocios lícitos habilitará el camino de la ineludible recuperación moral.

*Diputado nacional (Juntos por el Cambio)

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16 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Jubilaciones, poder judicial y servicio diplomático: incidencia económica y social. Por Fabián Medina

Desde su promulgación allá por 1992 y 1990 aproximadamente las Leyes 24.018 y 22731 con los regímenes especiales de jubilaciones del Poder Judicial y Servicio Diplomático, respectivamente, trajeron muchos más problemas que soluciones al entramado previsional de nuestro país.

En efecto, esas leyes poseían como datos salientes que las mujeres se jubilaban a los 55 años mientras que los hombres a los 60, mismas condiciones que las anteriores leyes de jubilación 18.037 y 18.038, pero con la exasperante condición que a los empleados de esos poderes el cálculo del beneficio previsional se realizaba sobre el último año efectivo de trabajo -aunque para los jueces el cálculo se realizaba sobre el último haber bruto en ejercicio del cargo- mientras que el régimen general lo hacía sobre los últimos 3 años. El régimen general previsional cambio a partir del 1º de julio de 1994, cuando se pasó a 60 y 65 años de edad para mujeres y hombres , respectivamente, y el promedio de los últimos 10 años para el cálculo del haber jubilatorio; ante esta modificación las Leyes 22.731 y 24.018 continuaron coexistiendo hasta la actualidad, momento en el que ya se hicieron insostenibles estos regímenes consecuencia de los abismales montos de las jubilaciones y sobretodo en el déficit conjunto de cerca de $ 12.000 millones ($9000 millones el Poder Judicial y los otros $3000 el Servicio Diplomático) en 2019 de los cuales se hizo cargo en forma solidaria la ANSeS para su cobertura en momentos que toda la sociedad se encuentra tratando de paliar la situación dejada por el gobierno que se retiró el 10 de diciembre pasado.

Con la media sanción aprobada en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación esta semana se pretende equiparar a toda la población en el esfuerzo y sin generar niveles de estrés financiero de las arcas del ANSeS y del Tesoro Nacional, aunque aún mantengan algunas prerrogativas como ser obtener hasta el 82% móvil en sus jubilaciones con los mismos topes que poseen el resto del sistema previsional hoy en $107.000 aproximadamente la jubilación mas alta de dicho sistema.   Aparte de todo esto, debemos recordar que los jueces más antiguos del Poder Judicial aún conservan como beneficio la exención del pago del impuesto a las Ganancias-Personas Humanas, cosa que no la poseen los jueces nombrados desde cerca de 2014 a la fecha.

Después de estas explicaciones entendamos que es para beneficio de la Nación, la  vuelta a los esquemas de producción y ya no de especulación financiera pura.

Fabián Medina, economista

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1 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Bienvenidos al país del Presidente Coso. Por Osvaldo Bazán

Ha aparecido una nueva forma de comunicación: la desmentida mientras se afirma, envuelta en un paquete de ambigüedad y progresismo que termina sin decir nada. Ya ni siquiera es postverdad. Es coso.

“Tengo un algo adentro que se llama el coso y los problemas empiezan cuando el coso llega a ser más grande que el tamaño del cuerpo”. Federico Peralta Ramos.

Tenemos un Gobierno Coso. Un Presidente Coso. Todo es Coso. Nada es Coso.

Vamos a dar vuelta la página pero no justo, justo que vamos a dar vuelta la página, ¿cómo vamos a dar vuelta la página? Es de terror pensar en dar vuelta la página, no, vamos a no dar vuelta ninguna página porque estaría mal ahora dar vuelta una página porque eso sería ser negacionista y coso, y está claro que es negacionista pero no, no es taaaan negacionista, la verdad que eso de dar vuelta la página, habría que pensarlo.

Vamos a descongelar las tarifas pero no es que “vamos a descongelar las tarifas”, vamos a charlar si un día de éstos charlamos sobre descongelar las tarifas y coso o no charlamos sobre descongelar las tarifas, porque también hay que pensar ¿qué es descongelar las tarifas? No es un tema tan sencillo. La mesa de los argentinos y coso.

No va llegar el coronavirus a la Argentina porque China está lejos y hace calor y coso y cuando hace calor lo mejor será ir a Ezeiza y que cada posible enfermo llene un papel en donde jure por lo más sagrado que no tiene ni el mínimo dolor de cabeza ni coso porque no va a llegar el coronavirus a la Argentina pero anda a saber si China no está más cerca de lo que estaba y si aparece alguien que vino de Italia y que además de tener el coronavirus que no sería tan raro, mintió en el papelito y nos trajo la enfermedad al país y es como le digo yo, don Ginés, ministro de Coso, no se puede confiar en nadie.

Daniel Scioli es embajador en Brasil, el Senado aprobó el pliego de los embajadores y coso, el gobierno de Bolsonaro otorgó el placet en menos de 24 horas, desde el 20 de febrero Scioli está en comisión del Ejecutivo por ser embajador y coso, el artículo 21 de la Cámara dice que cuando estás en comisión no podés tener función legislativa, ah, sí, claro, ahora resulta que el diputado Scioli no es diputado ni embajador ni coso, igual quizás sea presidente porque lo dijeron en Coso5N pero sí que es diputado porque el 3 de marzo recién es embajador, no sé qué quiere decir placet y el artículo 21 ése no lo leí nunca y levanta su mano Scioli, embajador de coso, diputado de coso y al día siguiente cuando le preguntaron qué había votado no supo explicarlo y terminó diciendo “te lo mando por escrito”. Un coso hecho y derecho.

Sergio Massa llenó un estadio diciendo que iba a limpiar de corruptos al país, señalando a quienes ahora lo pusieron en la presidencia de la cámara de diputados y con quienes ahora se ríe porque Massa sí que es un coso de punta a punta.

Ya ni siquiera hay que esperar una desmentida sobre la frase anterior. Ha aparecido una nueva forma de comunicación: la desmentida mientras se afirma, envuelta en un paquete de ambigüedad y progresismo que termina sin decir nada, una enunciación testimonial del vacío.

Ya ni siquiera es postverdad. Es coso.

Si la palabra no tiene valor y es lo mismo decir “silla” que “hormiguero”, la verdad pierde toda importancia y lo real se convierte en coso. Bienvenidos al país del Presidente Coso, que puede ser esto, aquello o todo lo contrario. Cada afirmación del Presidente Coso tiene un tuit previo que lo desmiente. Y por supuesto, si el coso viene desde el poder se desparrama hacia abajo y todo se llena de coso.

Por eso Roberto Baradel el dirigente de coso que reclamaba en noviembre del ‘15 un aumento del 40% ahora acepta alegremente, moviendo la melena cual modelo de Giordano, un 8,9% para marzo, totalizando 16,6% recién en junio, sin cláusula gatillo ni coso. Los maestros que declaraban estar enseñando cuando hacían paro, porque la lucha sindical era algo importante para que los niños aprendieran, se olvidaron de esos principios porque coso. Van a enseñar hipocresía a los niños del país. O cómo ser golpistas de baja intensidad.

Por eso la sede de la Comisión Nacional de Energía Atómica Argentina amaneció con un enorme pasacalle que dice: “Gobierno Peronista, funcionarios peronistas. ¡Fuera gorilas del sector!”. Se supone que es un lugar de ciencia y coso. Ninguna palabra oficial al respecto porque coso.

Por eso mientras las ciudades vuelven a ser paraísos de entraderas, motochorros, secuestros express y tomas ilegales de tierras, Sabina Frederic, la ministra de Coso, tuitea alegre: “Construimos políticas de seguridad rigurosas con hechos e investigación científica articulada con las fuerzas, lo que nos brinda mayores herramientas y mejor gestión”. Las marchas diarias de los ciudadanos aterrados, blancos móviles de la delincuencia desatada, pidiendo seguridad, coso.

Por eso los artistas que artistean todo el tiempo su compromiso e hicieron un video actuando mal su peor cara de contrariedad para juntarse en el obelisco porteño a cantar el himno el 25 de mayo de 2018 bajo el lema “La Patria está en peligro” y rechazar así la visita del FMI, hoy aplauden como focas un gobierno que recibe al FMI. La ideología de quienes artistean suele ser muy coso.

Por eso, el comercializador de las partículas sólidas que resultan de la combustión incompleta de un combustible que funge como ministro de Coso en la provincia de Santa Fe, Marcelo Saín, se da el patético lujo de reírse en la televisión porteña diciendo que está de paseo en Buenos Aires “porque en Santa Fe me cagan a tiros”. Al día siguiente, después de la muerte número 60 y tantas en la provincia, mientras están sacando basura de Empalme Graneros, en Rosario, aparece la pierna calcinada de un nene que no tuvo la oportunidad de irse a Buenos Aires. Días después aparece el cuello. Hay que decir a favor del vituperado Saín: no está de vacaciones en Buenos Aires. Es donde vive. Porque coso.

Coso es mostrarse combatiendo jubilaciones de privilegio para colonizar la justicia, cuando en realidad ni siquiera se está contra las jubilaciones de privilegio.

Coso es obligar solidaridad ajena cuando en realidad se está devaluando.

Coso es llorar hambre cuando en realidad se hace clientelismo político.

Esa parte del país que nunca creyó en coso anda cabizbaja pensando que ahora que el coso es más grande que el cuerpo, ninguna batalla tiene sentido. Con algunos datos temerarios y varias sensaciones compartidas creen sinceramente que el final del camino es Venezuela. Piensan que el empobrecimiento general, la destrucción de la clase media y sus valores que se verifica desde el 10 de diciembre, el avance brutal de la violencia, la militancia feroz en los organismos del Estado, la dependencia de la dádiva estatal, los habilita a semejante temeridad.

¿Tanto así? Quizás ahora que el coso es más grande que el cuerpo quede claro que está sobredimensionado, que muestra fortaleza para disimular una tremenda debilidad que se acrecienta día a día. ¿Cuál es la fortaleza de un Gobierno Coso que para un deseo tan masivamente aceptado como eliminar las jubilaciones de privilegio, apenas consigue el quórum necesario con la lengua afuera, mostrando desesperación y desprecio por la ética y la legitimidad? ¿Cuánto le costó?

Sin obra pública; con una catástrofe desatada en seguridad; sin mostrar un plan económico que a esta altura es más difícil de encontrar que a Mirtha Tundis o los títulos catástrofes del riesgo país que andan por los 2200 y ya no merecen placas rojas; con los precios de la canasta familiar en carrera constante; sin una política a las fuerzas armadas; con la vuelta al déficit después de años; con una caída en la venta de autos del 30% con respecto al principio del año pasado; con el registro de venta de propiedades en enero 2020 en Capital Federal más bajo desde que se realiza la medición en 1998; embarrando cada vez más la relación con el principal socio, Brasil; con la segunda muerte de Vaca Muerta; con importantes empresas yéndose del país o frenando toda inversión; con la promesa incumplida de heladeras llenas; con el asado del domingo cada vez más lejos; con internas feroces en el gabinete y en cada uno de los ministerios por no hablar de la interna madre de todas las internas, la interna interfórmula que carcome rápidamente pedazos de credibilidad; con una epidemia mundial a la que se le resta importancia; buscando enemigos para afianzar la tropa propia; inventando una épica menor en cada gesto y sin la alegría de los propios a quienes no se ve festejar como en otras circunstancias, ¿de qué fortaleza se puede hablar?

En 2014 como parte del pomposo “Proyecto soberanía hidrocarburífera de la República Argentina” presentado por la actual ¿vice? Presidenta y después de haber asegurado que no iba a salir un peso, el negociador Axel Kicillof pagó 5.000 millones de dólares por el 51% de YPF a Repsol España. Hoy todo YPF vale $3.141 millones. Ése es un índice de la caída.

Este Gobierno Coso es el Poder Ejecutivo, más las dos cámaras legislativas, más gran parte de la justicia, más el sindicalismo, más los movimientos piqueteros y una gran porción de los medios, sí, pero también es el equilibrio entre todos ellos. Un equilibrio difícil cuando impera la desconfianza y la deshonestidad. Para solucionar el berenjenal económico debe fallar a sus promesas políticas. Para cumplir con sus promesas políticas debe descuidar el frente económico.

¿Es lo suficientemente inteligente este Poder Coso como para cubrir los dos frentes que se inventó al mismo tiempo? ¿Y si lo que de verdad ocurre es que el Gobierno Coso se agranda para disimular su pequeñez; su falta de objetivos más allá de la impunidad; su ausencia de herramientas para promover un mínimo de bienestar? Quizás todo esté indicando que la oposición –tanto la política como esa parte de la sociedad que no quiere saber nada con lo que está pasando- tiene muchas oportunidades de ahora en más. La vez anterior que el peronismo sentó a un diputrucho –es bueno recordar a quienes dicen que todo es lo mismo que sólo un partido de Argentina hizo estos zafarranchos al borde- recién se supo al final de la sesión y por un periodista. Esta vez no ocurrió así. Hay un estado de alerta generalizado.

El Presidente Coso pone cara de malo y le dice a los chacareros que deberían sincerarse y reconocer que son opositores. En realidad debería sincerarse él y reconocer que es opositor al campo. Pero no hay sinceridad en Coso que exige a los sectores productivos que entiendan que no hay plata, que dejen de invertir y paguen lo que coso decida mientras calla mansamente que sí hay plata para clientelismo político, políticas de cooptación, despilfarro militante. Suena a “paguen que tengo que dar una fiesta” ¿Se aceptará mansamente?

Ni esa parte de la sociedad que ve como antidemocráticas las “picardías” del peronismo ni sus representantes políticos pueden dejar de lado su ética para enfrentar al Coso. Si lo hiciesen se convertirían en Coso. Quienes no quieren un Poder Coso en Argentina le están reclamando a sus representantes políticos, a los opositores, que cumplan su rol y se opongan. Es una batalla desigual porque no se puede combatir a los perversos -es perversidad cambiar el significado de las palabra- convirtiéndose en uno de ellos. No se puede combatir la falta de ética sin ética. No se puede defender valores traicionándolos.

La sensación es que esa parte de la sociedad que ve azorada como el gobierno se convirtió en un coso dirá “no” a cada propuesta coso. No se dejará chantajear por conceptos bondadosos como “derechos humanos”, “hambre”, “solidaridad” porque ya sabe que no son derechos humanos, hambre o solidaridad. Son Coso. Siempre Coso. Y la vida de un país se hace con hombres, mujeres, ideas, trabajo, convivencia. Nunca con Coso. Mucha gente ya lo sabe. Si el Coso es más grande que el cuerpo, será hora de que el cuerpo responda.

Osvaldo Bazán para ElSolMdza

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1 marzo, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Dinero “mata” interna. Por Gabriela Baigorri

La interna en el oficialismo provincial se cocina desde hace meses y es el asunto del que todos hablan en los despachos del poder. Hacia fines del año pasado, las diferencias entre el manzurismo y el jaldismo mostraron sus primeros síntomas públicos. Sucedió en la Cámara, en la que algunas leyes que necesitaba el Ejecutivo fueron sancionadas con modificaciones imprevistas. La coyuntura económica provincial y nacional puso en el freezer las apetencias de los dirigentes locales con la mira puesta en 2023. Todo indica, sin embargo, que se trata de una pausa en la pelea por la gobernación. En la práctica, ni al gobernador Juan Manzur ni al vicegobernador Osvaldo Jaldo les conviene que se desencadene tan temprano la división y mucho menos en un contexto de dificultades económicas. La suspensión del pago de la última “cláusula gatillo” y la ayuda nacional, que no termina de ser tanta como se esperaba, generaron que el ambiente no fuera propicio para las “riñas” políticas.

Sin margen

Fiel a su estilo, el vicegobernador tomó la iniciativa para evitar divisiones. El miércoles, en la primera reunión en la Cámara que congregó al bloque oficialista casi completo, palabras más o menos, comunicó que no está peleado con Manzur. Hizo un repaso de los problemas económicos y a todos les quedó en claro que no están dadas las condiciones para enfocarse en las disidencias.

En el salón del tercer piso, entre empanadas y carne con papas, los parlamentarios pudieron intercambiar inquietudes sobre la interna y sobre otros asuntos políticos. Por ejemplo, se coló la queja de algunos “acoplados”,que llegaron a sus bancas por fuera de la lista oficial, de que no les llegan a tiempo las invitaciones a las recorridas del mandatario.

Quedó también confirmado que no hay margen ni para hablar de una posible reforma de la Constitución. Algunos legisladores cercanos a la Casa de Gobierno estuvieron tanteando el terreno durante estos primeros meses de gestión, pero no tuvieron éxito.

Tanto Manzur como Jaldo habrían expresado a sus cercanos que pretenden competir por la gobernación en las próximas elecciones. La única chance que tendría Manzur es que se quite de la Carta Magna el tope de dos mandatos. El manzurismo entiende que ha sido exitoso en términos generales. El jaldismo considera que Manzur sufre un “desgaste” y que el sucesor natural debería ser el vice, que ha venido construyendo su espacio y apuntalando políticamente al gobernador. Mientras no se resuelva la sequía económica, no proliferará la interna. O al menos, no abonada por sus principales cabezas. Mientras, en la Casa de Gobierno se analiza contrarreloj la oferta para los estatales. En el ámbito gremial trascendió que en un primer momento se habría hablado sobre la posibilidad de que la última cuota de 2019 de la cláusula gatillo sea pagada como una especie de bono, es decir, por única vez. Después, se habría estudiado el pagar la suma en cuotas, también no remunerativas.

Punto para Manzur

En paralelo, Manzur mantiene pujas en otro frente. En los últimos días, le ganó al kirchnerismo local dos pulseadas por cargos nacionales de segunda línea. El mandatario no sólo viaja a Buenos Aires con frecuencia, también levanta el teléfono para pedir que sus dirigentes ocupen lugares. El primer caso es el del Centro de Referencia (CDR) del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, una dependencia que se ocupa de diversos tipos de asistencia, por ejemplo, para los ciudadanos que sufren las inundaciones. Cuenta con un galpón en los Talleres de Tafí Viejo donde se almacenan mercaderías, colchones y otros elementos para las urgencias. Es un puesto codiciado entre los que están interesados en ganar territorio. La responsable en la Nación de los CDR es la ex diputada tucumana Alicia Soraire, que proponía al ex comisionado de Rumi Punco Jorge Rodríguez, del partido Kolina. Pero Manzur pidió que ese sitio quede en manos del ex candidato a legislador Luciano Chincarini. El dirigente es cercano al diputado Carlos Cisneros, uno de los hombres más cercanos al titular del Ejecutivo. El segundo caso es el de la Gerencia de Empleo. El kirchnerismo pretendía ese espacio para Luis Romano, del MUP, que trabajaría junto a quien estará a cargo de todas las dependencias de esa área en el NOA, el ex diputado y titular de La Cámpora, Marcelo Santillán. Finalmente, Manzur requirió que allí estuviera Facundo Vargas, ex candidato a concejal y primo del legislador Gerónimo Vargas Aignasse.

Entre las internas locales y las nacionales, la dirigencia del oficialismo provincial espera vadear la crisis para concentrarse en lo que más le entusiasma: el próximo calendario electoral.

Gabriela Baigorri, periodista para La Gaceta

 

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28 febrero, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

De Once a Gesell , cómo resignificar el dolor. Por Ricardo Varela

Todos recordamos la tragedia de Cromañón.

Fue un incendio producido la noche del 30 de diciembre de 2004 en el boliche República Cromañón durante un recital de la banda de rock Callejeros. Provocó una de las mayores tragedias no naturales en la Argentina y dejó un saldo de 194 muertos y 1432 heridos.

Para que sucediera “Cromagnon” se encadenaron una serie de situaciones irregulares que individualmente podrían haber pasado desapercibidas. El local estaba sobrepasado en su capacidad, sus techos estaban revestidos con telas inflamables y tóxicas, la banda se auto promocionaba como “la más bengalera del rock”, y las puertas de emergencia estaban cerradas con candados. De repente una bengala incendió “el techo” y la única puerta de salida se obturó por la estampida de quienes querían huir. Un cóctel explosivo que terminó siendo una trampa mortal para 194 personas que solo querían disfrutar de música en vivo.

Cromagnón fue producto de la negligencia, la corrupción, la desidia, la ignorancia y la connivencia de policías, políticos, empresarios y músicos.

Hay un antes y después de Cromagnon en múltiples sentidos.

Los familiares de los jóvenes fallecidos y los sobrevivientes conformaron un gran colectivo de movilización pública y demanda de justicia, tanto por las muertes como por los daños sufridos. En lo político, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires inició un juicio que terminó con la destitución del entonces Jefe de Gobierno Anibal Ibarra por considerarlo responsable político de la tragedia. A la hora de votar, Ibarra (que promediaba su segundo mandato) solo tenía 6 legisladores propios sobre 60. Allí sucedió el pacto/traición (que dura hasta hoy) entre el macrismo y Jorge Telerman (que terminó asumiendo la jefatura de gobierno en versión afrancesada).

En cuanto a lo sociocultural, la tragedia concientizó a la comunidad sobre el estado precario de los boliches bailables y los espacios destinados a espectáculos musicales. De repente gobierno porteño revisó el estado de las discotecas y clausuró una gran cantidad antes de impulsar distintas leyes de asistencia, subsidios y ayuda a los familiares de las víctimas y de fijar nuevas condiciones edilicias para la habilitación de boliches y espacios para eventos. Esta última norma (con nuevas condiciones edilicias para lograr las habilitaciones) fue copiada por muchos gobiernos provinciales y municipales, que buscaron “curarse en salud” a partir de la trágica experiencia porteña.

La erradicación de la corrupción policial y de los inspectores municipales, y la connivencia de ambos con los empresarios (dueños de los negocios y el dinero), no se pudo, puede, ni podrá, imponer por ley. Sin embargo la tragedia de Cromañón será siempre una nube negra para policías, políticos o empresarios que quieran desviarse del camino que divide lo que está bien, de lo que está mal.

La semana pasada, cuando habían trascendido las declaraciones judiciales de los jóvenes detenidos por el asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, hubo una palabra que destrozó almas y corazones: “caducó”. Eso decía uno de los jóvenes sobre Fernando, según lo que se podía leer en las transcripciones de lo declarado en Juzgado.

Esta semana, que se conocieron los audios y mensajes de WhatsApp que compartieron “los rugbiers” asesinos, Lucas Pertossi le puso su voz a aquel texto frío: “Amigo, estoy acá cerca donde está el pibe y están todos ahí a los gritos, está la policía, llamaron a la ambulancia… caducó”. Terrible. Sin embargo, Lucas resultó ser el más ubicado en tiempo y espacio, y reconocer lo que estaba pasando, lo que había pasado. A su primer audio le siguieron una serie de intercambios que confirman la desaprensión y el desprecio por el otro: “Estoy buscando a este Ciro, es pajero… Me dice vení al mercado que pasamos siempre, estoy en el mercado a la vuelta del hotel y no están, amigo… es más lolo este Ciro”; “No se cuenta nada de esto, a nadie, eh”; “Ey, posta posta, estamos yendo al Mc Donald’s. Ahora vamos para el centro a ver qué onda, capaz lo cruzamos…”, casi entre risas especulaban con la posibilidad de regresar al lugar donde habían asesinado Fernando.

Estos chicos son los mismos que (ya detenidos) quisieron involucrar a Pablo Ventura como autor de la golpiza “como una broma”; y los mismos que ahora declaran no saber por qué están detenidos o que ésta es una causa fogoneada por los medios.

Tal vez la cárcel los ayude a encontrar “el centro”. Tal vez la presión mediática ayude a que (como en Cromañón), haya un antes y después de Fernando.

Ricardo Varela, director de Diario Sur

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26 febrero, 2020|Columnas de Opinion|Comentarios desactivados en De Once a Gesell , cómo resignificar el dolor. Por Ricardo Varela

Muchas tasas, menos la de honestidad. Por Alberto Asseff

El nuevo gobierno tiene tres decisiones claras. Las está ejecutando puntillosamente. La primera es relativizar hasta su desaparición a la corrupción como plaga social. La segunda es reimplantar el relato. La tercera consiste quitarse de encima en su período constitucional el peso de la deuda.
Las tres intenciones ameritan breves comentarios. A la corrupción ni por asomo piensan erradicarla y mucho menos castigarla, incluyendo el resarcimiento – recuperación – del Estado por los bienes que le fueron detraídos, en verdad saqueados. Por el contrario, el objetivo casi confeso es naturalizar a la corrupción hasta el extremo de justificarla con argumentos clasistas. Si los dirigentes provenientes del voto de los sectores empobrecidos roban, eso les permite alcanzar y ejercer la representación política. Si así no fuera, sólo accederían a los cargos los ricos. Esta no es una aseveración caprichosa de quien escribe. Es lo que han dicho algunos actores del oficialismo, pero sobre todo es lo que está construyendo el gobierno con la introducción del llamado ‘lawfare’ y con el inocultable pacto de impunidad, incluyendo la neocolonización de lo que queda de la Justicia republicana independiente.
El relato reimplantado es el que los actuales gobernantes han demostrado en el pasado ser eximios. Son capaces de sostener sin inmutarse que subiendo impuestos la economía crecerá o que eliminando la exigencia de escolaridad para percibir la AUH, los pobres se dignificarán o que manteniendo el gasto público exorbitado se combate la recesión. Esto último lo expresó sin rodeos el ministro de Economía en su presentación en la Cámara de Diputados el 12 de febrero: “la austeridad fiscal es contraindicada en un escenario de recesión”. Pueden reducir las jubilaciones y aplanar la pirámide – menospreciando el esfuerzo aportante, igualando a quienes nunca lo hicieron con quienes mes a mes de toda su vida laboral tuvieron deducciones para el fondo previsional – y presentarlo con toda bambolla como un logro de la justicia social que promueven.
En lo atinente a la deuda, primeramente relatan una falacia descomunal. Dicen que el gobierno anterior y la avidez de los prestamistas – asimilados a usureros – son los causantes del endeudamiento. La realidad es que al dejar el gobierno el 9 de diciembre de 2015 la a la sazón presidente dejó un debito de us$240 mil millones y una plantilla burocrática incrementada en casi dos millones de agentes (incluidos los provinciales y municipales) con un gasto público extraviado. Para gradualizar el ajuste ineludible el gobierno del presidente Macri apeló al endeudamiento hasta que diversas circunstancias hicieron irrumpir la crisis de mercado en abril-julio de 2018, agravado por la derrota del 11 de agosto de 2019 que ennegreció aún más las perspectivas e hizo crecer la desconfianza. Todo esto, al margen de innegables errores de conducción sobre todo en el área económica y también comunicacional del gobierno que culminó el 9 de diciembre de 2019. Empero, no se dice que gran parte de la deuda tomada en el mandato anterior fue para pagar servicios a los prestamistas externos y para evitar un ajuste drástico. También para mantener los planes sociales, en una estrategia que contuvo algunos desaciertos – como no establecer un término temporal y no exigir la contraprestación laboral, a la par de condicionar su pago a que no sirvan para ‘piquetear’ todos los días con perturbación evidente de la paz social y del clima de trabajo que debe imperar en un país elementalmente organizado. Lo segundo es algo que no encubren desde el gobierno actual: la meta es “empezar a pagar la deuda a partir de 2023”. Falta que digan sin subterfugios que las amortizaciones y cancelaciones de intereses será a partir del 10 de diciembre de ese año 23 para quede claro el objetivo de que “pague el que viene”.
En tanto, se habla hasta el hastío de las tasas o índices; de inflación, de precios, de desempleo, de interés que fija el Banco Central, de recaudación tributaria, de inversión (que si no remonta, jamás creceremos), de cien aspectos. Pero hay una tasa de la que nadie del gobierno – y de muchos sectores influyentes – habla: la tasa de honestidad – se podría agregar la de idoneidad para la función pública.
Mientras no exijamos a ambas, honestidad e idoneidad, difícilmente saldremos adelante. La propia señora Georgieva, en su reciente discurso en el Vaticano, en nombre del FMI, lo expresó redondamente: “Sabemos que la corrupción obstaculiza el crecimiento y carcome las bases de la economía y de la sociedad”. Acá, en el gobierno, nadie parece haber tomado nota ni se hizo eco. Por eso ni el presidente, ni ninguno de sus ministros, ni nadie en representación del oficialismo siquiera hace alusión al vocablo corrupción. Testado del diccionario gubernamental, pero mucho peor, eliminado de las preocupaciones.
Así no se recupera la confianza y sin ella no podrá haber crecimiento. En la simpleza de esta ecuación está implícita la extrema gravedad de las premisas falsas del gobierno.
*Diputado nacional de Juntos por el Cambio

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24 febrero, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

Nuestra izquierda y su homofobia. Por Nicolás del Caño

En una nota publicada en Página 12, el periodista Alejandro Modarelli se pregunta “¿Qué hay detrás del ataque homofóbico al dirigente del FIT?” para reflexionar sobre las repercusiones en las redes de una foto con mi hermano del año 2012. Como bien señala Alejandro, se utilizaron prejuicios homofóbicos con el objetivo de hacer pasar un ataque político a la izquierda. No es la primera vez que asistimos a este tipo de operaciones y sabemos que no será la última. Al mismo tiempo, he recibido importantes muestras de apoyo, como las del propio Alejandro en su cuenta de Twitter el mismo día.

Sin embargo, y más allá de las intenciones del periodista, en la nota hay algunas inexactitudes que quisiera aclarar. La foto fue publicada en mi cuenta de Instagram hace más de un año y fue posteada con un comentario supuestamente gracioso el pasado viernes 14 de febrero por una persona que desconozco. Ni fui el autor de su publicación a propósito del día de San Valentín ni, por lo tanto, tuve el objetivo de sacar algún rédito político para que se hable de mí (lejos estoy de pensar “que hablen bien, que hablen mal, pero que hablen”).

Ese mismo día compartí tuits de varias personalidades que, al igual que el autor de la nota, salieron al cruce de esos ataques. Lejos de quedarme “mudo”, en la noche del sábado, día en que mi apellido fue TT por este “debate”, publiqué en mi cuenta la foto con un breve texto que decía: “Esta hermosa foto con mi hermano, que me encanta, llenó de odio Twitter. ¡La homofobia mata! Por suerte son muchxs lxs que repudiaron esos comentarios”. En Instagram y Facebook recibí miles de likes de apoyo y comentarios antihomofóbicos en su enorme mayoría. Siento humildemente haber contribuido a la defensa de la amistad y el amor entre varones, en el sentido de las muy interesantes referencias a Foucault y Pasolini que señala Alejandro en su nota.

Por otra parte, una importante preocupación que motiva esta respuesta, es que en la nota hay una cuestión que puede generar confusión (involuntariamente) en un terreno caro a mi tradición política. Alejandro señala en relación a muchos de los comentarios de quienes me atacaron en las redes que “hacía tiempo que no resurgía dentro del debate político, y sin otro origen que una interpretación falsa de una selfie, el tortuoso vínculo que mantuvo en el siglo XX la izquierda masculina tradicional con la homosexualidad. Ya se sabe: de Stalin a Castro, Del Caño tenía que hacerse cargo hoy de cada una de las iniquidades antisexuales del socialismo real”. Muchas veces quienes defienden el sistema capitalista como único horizonte posible intentan instalar un sentido común igualando el socialismo al stalinismo, tergiversando la historia real.

Ni yo, ni la corriente política en la que milito desde los 15 años tenemos una relación “tortuosa” con la homosexualidad. Tengo el orgullo de ser trotskista, es decir, formo parte de la corriente que defiende la Unión Soviética previa a la degeneración stalinista, la que, en sus primeros años y bajo la dirección de Lenin y Trotsky, eliminó la criminalización de la homosexualidad y cesó la persecución de los homosexuales.

En 1921, el médico Magnus Hirschfeld, organizó el Encuentro Internacional para la Reforma Sexual, reuniendo a científicos de todo el mundo que pusieron como ejemplo la legislación de la Rusia soviética, donde la revolución había eliminado las leyes zaristas represoras de la homosexualidad por ser “contradictorias con la conciencia y la legalidad revolucionaria”. En el “mundo occidental” supuestamente democrático, recién en 1990, la Organización Mundial de la Salud dejó de tratar la homosexualidad como una enfermedad. ¡Setenta años después que la Rusia de los bolcheviques! Entonces, ¿por qué debería hacerme cargo de las políticas de Stalin, de Mao Tse Tung o Fidel Castro, cuyos regímenes burocráticos fueron duramente cuestionados desde la izquierda por la corriente histórica a la que pertenezco? Cuestionamientos que llevaron a la muerte o a la cárcel (en la ex URSS, China o Cuba) a muchos de mis compañeros de causa. El trotskismo ha criticado esos regímenes por su política de conjunto; lo que incluye también la criminalización de la homosexualidad, en épocas en las que el movimiento de mujeres y el de la diversidad sexual no eran tan potentes como en la actualidad.

Hace una década, Ediciones del IPS –la editorial que impulsa mi partido- publicó el libro “La mujer, el Estado y la revolución”, de la historiadora norteamericana Wendy Goldman. Ahí está muy bien documentada la lucha política e ideológica del Partido Bolchevique, durante los primeros años de la Revolución Rusa, contra todos los valores impuestos por la burguesía y la autocracia zarista. En aquellos años se debatía cómo dar pasos en la liberación de la mujer, se cuestionaba el trabajo doméstico, las relaciones de pareja basadas en la subordinación de las mujeres al poder patriarcal y el matrimonio tal como era concebido tradicionalmente. Todos esos debates fueron borrados por años de estalinismo.

Agradezco la oportunidad, a partir de la nota de Alejandro, de clarificar nuestra posición histórica.

Nicolás del Caño, diputado nacional del PTS

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22 febrero, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

La violencia es hija de la política del miedo. Por Álvaro José Aurane

“Repechando colinas arenosas, habían llegado al laberinto. Este, de cerca, les pareció una derecha y casi interminable pared”.

Abenjacán, el Bojarí, muerto en su laberinto, de Jorge Luis Borges.

En el decimotercer cuento del libro El aleph (1949), Borges hilvana una historia de violencia prácticamente con la estructura de una telaraña. Todo gira en torno de una construcción urdida para que los hombres se perdieran dentro de ella; y el crimen que narra es el de un rey de una tribu lejana que muere a manos de su primo. O todo lo contrario. Pero antes de entrar en esa trama, el vate ciego argentino ofrece en el décimo párrafo una definición (de entre muchas que irá tejiendo durante el relato): cuando se está demasiado próximo a él, todo laberinto parece en realidad un muro inacabable. Aunque, como en “Abenjacán, el Bojarí…”, esté hecho de ladrillos sin revocar. Y sea “apenas más alta que un hombre”.

De esa cercanía enceguecedora está hecho el laberinto de la violencia que durante esta semana se ha convertido en trágica noticia en la Argentina. Una patota de 10 rugbistas mató a golpes a un chico de 19 años en Villa Gesell. Un hecho lejano en la geografía, pero cercano en la historia tucumana: el 27 de junio de 1996, Álvaro Pérez Acosta era dejado en coma por la golpiza que le propinaron en un boliche los hermanos Cristian y Fabián Jensen, condenados a ocho años de prisión, pena que ya cumplieron.

Todos estos actos de violencia individualizable son y han sido catalogados en el estante social de la “locura”. Son, para mayor explicitación, definidos como “una cosa de locos”. Una sinrazón infinita e incomprensible. De esta falacia está hecha la infraestructura del laberinto de la violencia. Esa es la mampostería sobre la cual se sustenta.

El sustrato del oprobio

La violencia subjetiva, la que es perpetrada por sujetos identificables (personas que, como tales, tienen nombre, apellido, familia, vecinos…) no es asunto de “salvajes”. Ni de “bestias”. Ni de “animales”. Ni siquiera es irracional. Por el contrario, está llena de razones. La violencia subjetiva no brota de la nada. Esos episodios no son estallidos inconexos. Por el contrario, y para ponerlo en términos del filósofo Slavoj Zizek, esa violencia cometida por sujetos, se nutre de otra violencia. De una que está “debajo”. En el sustrato. En el “sub stare”. En su sustancia.

La violencia subjetiva se alimenta de una violencia objetiva: la violencia del sistema, conecta el pensador en “Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales”. Esa violencia está naturalizada. Es decir, está en todas partes y, sin embargo, son millones los que parecen no verla.

Tucumán no necesita que le cuenten de la violencia del sistema: sólo necesita recordarla. Entre el 8 y el 12 de diciembre de 2013, mientras la Policía realizaba una huelga para reclamar un aumento de salarios, la Provincia fue asolada por saqueos en negocios y asesinatos en las calles. Luego, se otorgó el incremento, los uniformados volvieron a sus puestos y el caos fue aplacado. Entonces, los tucumanos saben que la violencia objetiva no es meramente conceptual. Hay una violencia de base descomunal en la provincia donde, viviendo unos al lado de otros, los que nada tienen comen, se visten y hacen sus taperas con la basura de aquellos a los que todo les sobra. Pero, por sobre todo, muchos de los que sobreviven en esa iniquidad viven contenidos a punta de pistola. Y cuando los uniformados enfundaron, se presentaron para devolver toda la violencia que reciben del sistema.

No las hay “buenas”

La violencia subjetiva se incuba en la violencia objetiva porque, en definitiva, toda violencia alimenta otra violencia. Y entonces, ya por fuera de su infraestructura, hay que identificar las trampas del laberinto de esa violencia.

Un primer ardid en el cual no debe caerse, como obvia derivación de lo anterior, es que no hay violencias valiosas. Ni legítimas. Ni justificables. “Es esencial definir la violencia de tal modo que no pueda ser calificada como ‘buena’. En el momento en que afirmamos que somos capaces de distinguir la violencia ‘buena’ de la ‘mala’ perdemos el uso apropiado de la palabra y caemos en la confusión. Y sobre todo, tan pronto como afirmemos estar desarrollando criterios por los cuales definir una violencia supuestamente ‘buena’, cada uno de nosotros encontraremos fácil usarlos para justificar nuestros propios actos violentos”, razonó la filósofa francesa Simone Weil.

Zizek, justamente, se pregunta cómo es posible repudiar por completo la violencia cuando la lucha, y por ende la agresión, son constitutivas de la vida humana. Y él mismo da cuenta de que la respuesta está en una distinción. La violencia no es una “fuerza vital”, sino una “fuerza mortal”. No busca trasgredir un orden para fundar otro, sino que es un exceso que perturba el curso normal de las cosas. Es, en esencia, ilimitadamente destructiva.

Entonces, es imperdonable la violencia objetiva de la desigualdad, como también la violencia subjetiva de quienes la materializan a través del delito.

Tampoco las hay “mejores”

La segunda emboscada se desactiva a partir de la lógica de la primera: cuando se comprende que no hay violencias “mejores”, ninguna violencia es naturalizada. De lo contrario, si la pobreza es una violencia admisible (sobre todo cuando es ajena), porque en definitiva “siempre hubo pobres” (lo que probaría que la evolución natural es más veloz que la evolución de las sociedades forjadas por la humanidad), al comparar el asesinato de Villa Gesell con la “situación normal no violenta” de una provincia donde casi la mitad de la población es pobre dará como resultado creer que, de verdad, en este subtrópico reina la “paz social”.

Temor contra todos

La tercera trampa del laberinto de la violencia no es semántica, sino práctica. Profunda. Y masiva. Es, sin más, la política del miedo. En su ensayo “SOS Violencia”, Zizek identifica la tendencia actual de una política que renuncia a las grandes causas ideológicas para reemplazarlas por una noción de administración de la vida que sea eficiente, socialmente objetiva y, por todo ello, marcadamente despolitizada. Esa sustitución plantea un problema: ¿cómo movilizar a los ciudadanos si los grandes debates sobre los principios (libertad vs. seguridad; prosperidad individual vs. distribución de la riqueza; capitalismo o comunismo; y un largo etcétera) han sido suplantados por el imperio de la “gestión”, uno de los vocablos más desideologizados del castellano?

El único modo es haciendo uso del miedo, dice Zizek. El cual, diagnostica, es el constituyente básico de la subjetividad actual.

Ya no se habla entonces de la diferencia entre visiones y valores posibles para una sociedad o un Estado, que es una dimensión constitutiva de la política, sino que todos los debates orbitan en torno del temor. Miedo a los inmigrantes, miedo al crimen, “miedo a una pecaminosa depravación sexual”, miedo al exceso estatal (a través de la fuerza policial, pero también a través de la excesiva carga impositiva), miedo a la catástrofe ecológica, miedo a las nuevas epidemias, miedo a las ideologías… Miedo al miedo.

Un “otro” que no sea “otro”

El camino hacia la violencia está pavimentado por la política del temor. Para mayores mapas, el pensador esloveno da cuenta de que el temor viene tabicando la tolerancia liberal hacia los demás, cercando el respeto a la alteridad y cerrando la apertura hacia las diferencias. Todo ello, de la mano del miedo. “Dicho de otro modo, el ‘otro’ está bien, pero sólo mientras su presencia no sea ‘invasiva’”. Es decir, mientras ese “otro” no sea realmente “otro”.

Tucumán lo vive desde hace tiempo. Los vecinos de Bolivia venían a ocuparse de cosechas para los que no había mano de obra local, y después de años de vivir en condiciones infrahumanas fueron arrendando tierras para ocuparse también del cultivo. Luego las compraron. Y prosperaron. Pero muchos no vieron ese esfuerzo, sino a “bolivianos (porque eran despojados de su universalidad de seres humanos para ser sometidos a la violencia del reduccionismo identitario) que vienen a quedarse con el trabajo de los tucumanos”. Lo mismo para los inmigrantes de Corea, que trabajan a destajo en el comercio textil, a menudo viviendo en el mismo local comercial cuando recién habían llegado. Ahora es con los venezolanos y con un doble estánda revelador: resulta meritorio que los argentinos emigren y trabajen en bares y restaurantes en Europa, pero “sorprende” la cantidad de venezolanos que vienen a trabajar en bares y restaurantes de Tucumán.

Huelga decirlo, la caída de la tolerancia no se queda en el prejuicio bobo. El presidente Alberto Fernández participa ahora del Foro Internacional del Holocoausto en Israel, y de la conmemoración de los 75 años de la liberación del campo de Auschwitz, esa guarida del mal absoluto. En ese encuentro, los 41 jefes de Estado debieron grabar un video en el que cada uno explicitó que el antisemitismo es “una problemática vigente”.

En este tramo, el inabarcable muro del cercano laberinto de la violencia nos deja en el mismo lugar de la partida.

La serpiente que se muerde

“Algo que nunca deja de sorprender a la conciencia ética ingenua es cómo la misma gente que comete terribles actos de violencia contra sus enemigos puede desplegar una cálida humanidad y una sincera preocupación por los miembros de su propio grupo. ¿No es extraño que el mismo soldado que asesina a civiles inocentes esté dispuesto a sacrificar la vida por su batallón? ¿Que el comandante que ordena el fusilamiento de rehenes pueda esa misma tarde escribir una carta a su familia llena de sincero amor? Esta limitación de nuestra preocupación ética a un estrecho círculo social parece ir en contra de nuestra comprensión espontánea de que todos somos humanos, con las mismas esperanzas básicas, miedos y penurias, y por tanto con el mismo derecho al respeto y a la dignidad (determina Zizek). Negar los mismos derechos éticos básicos tanto a los que son foráneos a nuestra comunidad como a los de su interior es algo que un ser humano no hace en forma natural”.

Los rugbistas que, como grupo cerrado, le negaron el derecho a la vida a Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, o los hermanos que le coartaron a Álvaro Pérez Acosta el derecho a una vida plena, son la manifestación subjetiva y a escala de una sociedad que, objetivamente, hace lo propio con grupos sociales completos. Lo imperdonable, en este punto infernal, no es necesariamente irracional ni incomprensible. Esas violencias identificables, entonces, no son naturales, sino aprendidas. Asimiladas por intoxicación social.

Y eso que del laberinto, todavía, no hemos logrado trasponer ni siquiera el primer muro.

AUTOR

Álvaro José AuraneÁlvaro José Aurane para LA GACETA

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21 febrero, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

La peor grieta: La Argentina fuera de la geopolítica mundial. Por Alberto Asseff*

Hace décadas que declinamos como nación. Indicar si el inicio fue 1930 o el decenio de los cincuenta no ayuda para pensar el futuro porque nos disocia antes de empezar el camino de la recuperación. La decadencia es mucho más honda que un índice, por caso el de pobreza. En 1976 el sector pobre de nuestra sociedad no superaba el 5%, pero ya llevábamos años acumulados de caída. Sobre todo en el optimismo y en las expectativas propias de ser algo respetable en el mundo ¿Cómo pretender que los foráneos crean en nuestra potencialidad si nosotros descreemos de ella? Nuestro mal no está afuera. Se halla acá. Mora con nosotros. Convive cotidianamente entre nosotros. La deuda externa no es un maleficio impuesto por factores exógenos. Es el producto liso y llano y también funesto de nuestras ineptidudes, de nuestra mediocridad, de nuestro fracaso sobre todo dirigencial. Esa frustrante cumbre, que no representa la proverbial pujanza de nuestra nación, está contagiando para abajo su incapacidad manifiesta en su (mal) desempeño arriba.
Tres ejemplos recientes patentizan la hondura del decaimiento nacional: para la asignación universal por hijo ya no se exige la certificación previa de escolaridad, la gran condición para percibirla; cuando en el mundo desarrollado casi el 80% de los chicos de 3 años están escolarizados, acá apenas llegamos al 41; y en contraste con el aplauso que en toda la tierra se brinda a los emprendedores, acá se suspende el trámite ágil por Internet para crear empresas, sobre todo micro.
No se puede desmentir, a la luz de estos tres datos, que acá existe una objetiva intención de que no seamos más educados y más libres. No es una conjetura contrafáctica, sino lastimosamente fáctica: se le tiene miedo a la libertad y a la educación. La inferencia es tan inexorable como siniestra: un pueblo ignorante y sometido es manipulable. Esta conclusión – que está muy lejos de ser antojadiza – nos ubica fuera de la geopolítica mundial. Nos descuelga del mapa. No porque estemos lejos de Washington, París, Berlín o Pekín, sino porque estamos a años luz de las corrientes tecnológicas que están transformando al planeta, desde la cuántica hasta la inteligencia artificial y la robótica ¿Alguien supone que los tesoneros europeos, los sacrificados chinos o surcoreanos, los esforzados japoneses o los pujantes emprendedores norteamericanos forjaron los países que tienen durmiendo la siesta y esperando que el Estado les provea – vía abundantes, frondosas ‘políticas públicas’- las ‘soluciones’. Por supuesto que el Estado tiene un papel preponderante que es el de asegurar la libertad y la seguridad, junto con promover el bienestar con la sutileza de quien interviene sin hacerse notar.
Existen inquietantes cuestiones en el mundo. La alianza transatlántica – EEUU-EUROPA – atraviesa por un período crítico. La ‘Primavera árabe’ cayó en el actual escenario de inestabilidad, altamente preocupante. La lentificación del crecimiento chino, agravada por el coronavirus, parece un palo en la rueda de la locomotora mundial. Nuestra América, otrora el Mundo Nuevo, hoy es una geografía política y económica problemática por aquí y acullá.
Es decir, que la Argentina no es la única anormalidad de este mundo. Empero, es ‘nuestra’ anormalidad. Es la que nos duele en el alma. Y más allá de las complejidades que sufren los otros, las nuestras las detectamos como muy gravosas por algunas razones que hasta resultan inexplicables.
“Para pagar debemos primero debemos crecer”. Es una aseveración equívoca pero con apariencia de verosímil. Ahora bien ¿cómo crecer si lo saliente de este gobierno ha sido en los noventa días de ‘gestión’ subir impuestos a los que producen, a los que generan trabajo, a los que tienen sus ahorros invertidos aquí y registrados legalmente? Ergo, como no vamos a crecer, no vamos a pagar ¿Viviremos con lo nuestro? ¿Los emprendedores se irán a Montevideo, Asunción y Santa Cruz de la Sierra? ¡Qué paradoja! Los tres países que se desprendieron de nuestra nación originaria, hogaño se desarrollan a partir de nuestras trabas y decadencia.
¿Qué hacer? Lo contrario de lo que venimos realizando. Menos impuestos, menos gasto, menos despilfarro, ninguna impunidad – es la única forma de no padecer corrupción -, menos burocracia y regulaciones, menos inseguridad – personal y jurídica -, menos deseducación, menos clientelismo disfrazado de asistencia social, menos vagancia, menos violencia, menos grieta. Y siguen los menos.
Asimismo, en vez de un plan ‘secreto’- como sorprendentemente dijo tener el presidente -, se le dé a conocer al país cuáles son las directrices orientativas que el gobierno impulsa para que seamos un país republicano y desarrollado.
Con una mirada optimista podría decirse que somos afortunados pues no es que tengamos que hacer más, sino menos de lo que venimos (des) haciendo. La fórmula casi es memotécnica y por tanto sencilla: dejar de hacer lo que hace añares hacemos, es decir cambiar.
Los ejes de esa mutación están claros: educación, libertad, trabajo.

*Diputado nacional de Juntos por el Cambio

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21 febrero, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

El crimen de Villa Gesell: Fernando, el hijo de todos por Diana Baccaro

 

El hijo de todos. La marcha que acompañó este martes a los padres de Fernando Báez Sosa fue casi tan abrazadora y contundente como la que se hizo hace 16 años, en el mismo lugar, por Axel Blumberg. Aquella fue una de las concentraciones más convocantes desde la restauración democrática de 1983, donde se calcularon 150 mil personas con velas y al grito de Justicia. Axel, hijo único como Fernando, había sido secuestrado y asesinado al ir a buscar a su novia a Martínez con el auto de su mamá. «Hoy Axel es el hijo de todos», dijo entonces su padre envuelto en lágrimas. Hoy Fernando también es el hijo de todos. Estudiante, inocente, con toda la vida para armar, como Axel.

Esta marcha, como aquella, no tuvo banderas políticas, pero tal vez detrás de cada paso arrastrado por la multitud hubo una consigna que alentó a seguir: «Esta es la marcha de los buenos», tal como dijo este martes como en un susurro, Graciela Sosa, la mamá de Fernando. Por eso detrás del dolor más íntimo y profundo de la familia y los amigos, los manifestantes formaron un bloque compacto, solidario, de combatientes contra la violencia.

En 2004, la multitud reclamaba a puro grito y aplausos «mayor seguridad» y «justicia» por Axel, y su padre presentaba un petitorio para reformar la ley y elevar las penas de los condenados por homicidios y secuestros. Esa misma noche, tras la marcha, el entonces Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, aseguraba que «el gobierno nacional hará todo lo que haga falta para terminar de una vez y para siempre con este flagelo de la inseguridad. A este reclamo drástico, vamos a ofrecer respuestas drásticas».

Axel fue secuestrado en la puerta de la casa de su novia, Estefanía. Su cuerpo apareció en un descampado de Moreno, con los ojos vendados y un tiro pegado a sangre fría en la sien. Su padre recordó hace poco que aún hoy lo visitan algunos compañeros del colegio y su ex novia, ya casada. A ella, como a las chicas de su edad, la vida la fue llenando de tiempo y de a poco la separó de la tristeza.

Hoy existe la ley Blumberg y nuevos reclamos. Y aún duelen las marchas que piden por los hijos de todos.

 

 

Por Diana Baccaro

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19 febrero, 2020|Columnas de Opinion|Comentarios desactivados en El crimen de Villa Gesell: Fernando, el hijo de todos por Diana Baccaro

La hipocresía y la doble moral de los formoseños. Por Blas Hoyos

Las reacciones de la opinión pública ante determinados hechos suele ser absolutamente impredecible o no tanto…?

1- Temas serios que realmente y a priori deberían preocuparnos y ocuparnos más…realmente nos preocupan…?
Hace menos de un mes un senador de la Nación por Formosa, tomó una difícil decisión en contra de los intereses del establishment político al que inclusive pertenece, sobre un tema espinoso proponiendo que la clase política acompañe al resto de la sociedad en el ajuste , lo que implicó pagar un costo importante y el riesgo de quedar aislado dentro de su propio ecosistema político y social, el impacto a nivel nacional se hizo sentir con fuerza, al punto que Cristina en el Senado y Massa en diputados salieron presurosos a anunciar el congelamiento de sueldos, dietas etc. de legisladores nacionales por 6 meses , sin embargo a nivel local NADIE, pero absoluta y literalmente NADIE, de la clase política local ni por de izquierda ni por derecha, ni oficialismo ni oposición, NADIE de la prensa, NADIE de las ONG, NADIE del sindicalismo, NADIE de sectores religiosos. NADIE de los ciudadanos por redes sociales ,se hizo eco de semejante e inédita iniciativa porque no se trataba de un personaje periférico de la polític, sino del presidente del bloque de senadores de la principal fuerza opositora. En fin la propuesta que bombardeaba el corazón mismo de una clase política privilegiada en Formosa, un tema que impactaba en el centro del escenario un debate clave como es la ética, la solidaridad y el compromiso social en el ejercicio de política, demostró no interesarle a NADIE.

2- Somos entonces una sociedad Tilinga y Cholula que prioriza los temas farandulescos y cholulos…?
Alcanzó sin embargo que a este mismo Senador lo ubiquen como invitado en un palco circunstancialmente al lado de una mujer ligada al espectáculo y la farándula para que ahora si se muevan las redes sociales, los medios de prensa y hasta algunos sectores políticos estimulados por la internas de mayo en la UCR y hasta medios del oficialismo provincial que siempre agudos observadores de la paja en el ojo ajeno y casi ciegos a la hora de ver las vigas en el propio, y a pesar de que la misma bailarina se ocupó de desmentir contundentemente la versión sobre alguna relación con el Senador, que por otra parte estaría en todo su derecho pues es viudo y sin compromisos. Y uno se pregunta…? Porque este tema tuvo mucho más impacto que el anterior…?, nos preocupan realmente a los argentinos y a los formoseños temas como la corrupción, la inflación ,la educación, la salud administradas con austeridad y honestidad…? O solo fingimos ocuparnos de estos temas por ser políticamente correctos pero como nos parecen aburridos estamos más pendientes temas triviales o tilinguerías y salimos corriendo detrás de ellas.

3) Medimos con la misma vara moral a los integrantes de la clase política según o tenemos una vara para unos y otra vara para otros según a que fuerza política pertenecen…?
Ya estamos en carnavales y como todos los años vamos a volver como se repite cada año a ver al gobernador , ministros, funcionarios, diputados o sindicalistas bailar alegres, insinuantes y muy sensuales con rumberas y travestis de todas las comparsas que participan ligeros de ropas y con muchas plumas, inclusive se habla mucho de relaciones románticas que se iniciaron en estas circunstancias , y la verdad que nunca escuche ni leí a nadie criticarlos .A pesar que todos los indicadores socioeconómicos, educativos de salud etc. nos siguen ubicando en los útimos lugares.

Y yendo ya la historia nacional entre la política y la farándula que por cierto es muy rica, especialmente entre el PJ y la farándula arrancando por aquel histórico e inmortal romance entre Perón y una promisoria estrella en ascenso de la radionovela como fue Evita, o el mismo Perón con una muy popular bailarina argentina en Caracas conocida con el nombre artístico de Isabelita , me refiero a María Estela Martínez que luego llegaría a ser pte. De la nación,pero más cerca en el tiempo en el caso del inefable Carlitos Saúl, y sus festejadas relaciones con varias vedettes y artistas que fue una impronta en su década de gobierno, y más recientemente casos como el de Urtubey con Isabel Macedo, Ottavis con Xipolitakys , Insaurralde y Jesssica Cirio, Luli Salazar y Arcioni el gobernador de una Chubut incendiada y tantísimos otros.

Y acá viene la última pregunta …porque lo que se condena y cuestiona estas actitudes a algunos sectores de la política y como contraartida al Pejotismo no solo se les tolera, sino que hasta se les festeja. Tenemos los argentinos una doble vara Moral, una que rige para evaluar la conducta de los Pejotistas y otra para los demás.

*Delegado coordinador del Plan Belgrano en Formosa

 

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18 febrero, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

De «bajar la edad de imputablidad» al «que nos hace tan violentos». La doble vara de una sociedad sectaria. Por Juan Jose Postararo

En los últimos días la noticia del asesinato de Fernando Báez Sosa, a manos de 10  rugbiers, en Villa Gesell fue el tópico que acaparó la agenda mediática y por consiguiente, la atención social.

El horrendo caso dejó en descubierto, casi a flor de piel, el grado  de hipocresía que maneja gran parte de la sociedad.  La doble vara impune que ostentan algunos medios, que acaso no son otra cosa que un fiel reflejo de lo que emana el pueblo.  Porque está claro que entre ambos existe un circulo vicioso de oferta y demanda constante. Uno muestra lo que muchos consumen y a la inversa. Acaso será otra línea de análisis el averiguar cuál es el “huevo” y cual la “gallina” de esta ecuación. Poco importa a esta altura.

Lo que uno transmite y el otro recibe, en este caso, fue un claro ejemplo de cómo nos manejamos como sociedad: pasamos de un reclamo por disminuir la edad de imputabilidad a cuestionarnos el estado de las cárceles con solo mirar la foto del “asesino”.

Porque en casos similares, cuando los sospechosos portaban gorra con visera, vestían casacas de fútbol y acaso su piel era de una tonalidad trigueña, el debate era claro. El mensaje conciso. La solución una sola y efectiva: “erradicar a los delincuentes desde los 10 años”. No existía otra alternativa posible. Se necesita extirpar del pueblo esa “lacra” que se genera desde chico. Que no tienen solución y solo se la combate aprensándolos, desde niños y para siempre. O, en casos más benévolos, con una vuelta inmediata de la «Colimba».

Ahora bien, cuando la foto que refleja el noticiero son de muchachos de ojos claros, de una clase social por sobre la media, con remeras de marcas conocidas, la cuestión transita “otros niveles”. Aparecen entonces sociólogos y psicólogos que se preguntan en qué contexto vivirán estos chicos si son aprendidos. ¿Qué seguridad o nivel de higiene presentan nuestras cárceles? transcriben los zócalos del noticioso.

O peor aún, subyace una especie de duda filosófica repugnante: ¿Qué nos pasa como sociedad para llegar a esto?. Es decir, nos interpelamos que clase de “virus” infectó nuestro hábitat para que estos chicos “llegaran” a matar.  Es tan impregnado el grado de hipocresía y clasicismo, que no nos damos cuenta que se intenta buscar una explicación porque damos por sentado que chicos de clase alta, de rasgos faciales determinados, no pueden matar. Entendemos que fueron “infectados” por algo o alguien para llegar a ser asesinos.

Que los vídeos juegos. Que la aparición de la  Ultimate Fighting Championship (UFC). Que el alcohol. O la dependencia a la tecnología u otras series de conjeturas, son temas centrales en los paneles de la TV.  Lo analiza doña Rosa en la cola de la verdulería y lo grita desde una esquina el encargado de edificio al del kiosco, cada mañana.

Postales que poco se asemejan al caso contrario: de tener cara oscura se entiende el porqué matan sin necesidad de eruditos. No hace falta preguntarse nada. La respuesta al Porque “está en sus genes”. «¿Qué se puede esperar de una chico de clase baja?” reclama el taxista al locutor de la radio. Porque se “drogan con paco y no le importa trabajar” interpela la señora en la peluquería. Porque son “planeros que perdieron la cultura del trabajo y buscan la fácil”.  

Así del maltrecha esta nuestra sociedad. Así de hipócrita. A nadie parece importar el verdadero motivo. Solucionar la matriz que conlleva a que pibes (a secas y sin prejuicios) maten a otros. Solos o en manadas. A puños o a disparos. Parece que primero hay que ver quien fue para preguntar acaso el porqué.  Difícil es lograr erradicar la violencia que nos asecha si primero no comprendemos que es algo que atraviesa horizontalmente las clases sociales.

Es necesario educar y entender que ningún chico nace “chorro”. Ni los de zona norte que hablan tres idiomas, ni los que reciclan cartón junto al carrito de sus padres.

Debemos dejar de analizar desde el prejuicio y abocarnos al verdadero motivo. Ahondar profundo, en detalle, en la historia cultural Argentina. Porque no se trata de escalafones sociales sino de patrones psicológicos.

Que por un lado está el “macho” que asesina por la conjunción de años de una cultura patriarcal predominante con la mezcla letal de una debilidad emocional y rasgos patológicos innatos.

Y otro caso es aquel que, producto de la desigualdad social de años, no ve otro futuro que la droga y por consecuencia tristemente lógica, la delincuencia.

Pero ninguno de los dos se soluciona con la frialdad de una postura que corresponde a un grado de sectarismo cruel. Ni prohibición de boliches o video juegos para algunos, ni fusilamiento masivo en Plaza de Mayo para otros.

Abordar a la solución de esta realidad implica, a su vez, un análisis desde diversos vectores. Lo primero que se debe concebir es que todo argumento debe realizarse desde la racionalidad. Ya que es imposible pretender que un familiar o amigo de una víctima, pongamos por caso de violación, no exija la captura y la inmediata ejecución del delincuente. Por esta claro aquí el intervenir del corazón, el sentimiento, la emoción. Y así no es como debe entenderse la aplicación de la justicia.

Es necesario apuntalar una mejora en varios niveles.  Aparece entonces la figura del Estado. Un Estado fortificado es el primer eslabón para enajenar una serie de soluciones a esta continuidad de conflictos. La Educación debe ser otro eje principal. Debemos erradicar la cultura “machista” de todas las esferas socio-políticas.

Suprimir al máximo los niveles de marginalidad, mediante el trabajo. Aplicar políticas verdaderas para evitar que los niños, que ahora delinquen y viven merced a la droga, tengan otro futuro, es tarea primordial. Se debe procurar que los padres tengan los medios para darles una vivienda digna, alimentación diaria, asistencia social.

A medida que estos ápices se ejecuten, aplicar una reforma carcelaria completa. Que los complejos penitenciarios no sean un infierno en la propia tierra, sino el lugar para que, quien haya cometido un error (cualquier que fuera), tenga la posibilidad de redimirse, de reformarse para una futura inserción en la sociedad. O, en casos extremos, sean el lugar de contención para quienes no pueden convivir en el marco de una comunidad.

Porque indudablemente un árbol que tiene putrefacta sus raíces no sanara, simplemente, cortándole algunas ramas o preguntándonos que “virus” afecto algunos de sus frutos.

Para NCN Juan Jose Postararo 

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17 febrero, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments

¿Se puede gobernar sin plan? Por Alberto Asseff

El presidente dijo que “tiene un plan, pero es secreto”. Triplemente inédito. El carácter arcano, la ausencia de planificación – tan cara al fundador del justicialismo, más allá de su real efectividad – y el prematuro desgaste – que despilfarra ese tiempo de ‘oro’ que son los primeros cien días de gobierno- del flamante jefe del Estado.
Ignoramos si el plan secreto se limita a la reestructuración de la deuda – ¡qué lástima que hayan desechado el verbo reperfilar, mucho más garboso!- o abarca a toda la economía. En este interrogante está implicada una duda crucial: si para pagar hay que crecer, ¿para esto no es necesario un plan previo o a lo sumo simultáneo con la negociación de la deuda? Los acreedores es de manual que cuando tienen a la vista un plan de gobierno consistente planteado por funcionarios confiables se allanan a prórrogas, reducción de tasas y hasta quitas. Empero, con el secretismo que confesó el presidente da la sensación que las conversaciones sufrirán contratiempos.
A su vez existe un enorme inconveniente para este andar sin plan: desalienta al país entero, el que votó por el presidente y el que sufragó por su antecesor. Cunde, aumenta el pesimismo. Se vuelve a escuchar aquí y allá, por doquier, que “a esto no lo arregla nadie” por el simple y sombrío motivo de que “no tiene arreglo”. Paralela y consecuentemente, se incrementan las inversiones en Montevideo y el este oriental – del Uruguay, claro -, en Asunción, en Santa Cruz de la Sierra y en Miami. Y, lo más alarmante, suben las residencias físicas de argentinos en esos lares. Los ciudadanos que invierten afuera o emigran son quienes poseen capitales y, sobre todo, actitud emprendedora y conocimiento. A este ritmo, ¿cómo crecer para pagar – y mejorar nuestra vida, obviamente -si cada vez menos argentinos están dispuestos a invertir y generar empleos y bienes?
Cualquier principiante sabe que para desarrollar una economía la presión impositiva debe descender. No hay que estudiar en Harvard para saberlo. Igualmente, es imposible crecer con inflación, máxime si supera el 50%. El primer capítulo de un plan económico es la estabilización de los indicadores básicos.
Por otra parte suele soslayarse que el éxito de un plan como el que necesitamos – que debe ser explícito – radica en el plano cultura, que en la Argentina está peligrosamente irresuelto o, peor aún, en proceso de retrogradación. Entre nosotros existen muchos ciudadanos y sectores organizados que creen – me atrevería a decir que hasta de buena fe – que el modelo de máxima regulación, de las políticas públicas cada vez más abundantes, del incremento del gasto fiscal, de la suba de impuestos, no sólo a los ricos, sino también a la clase media – ¿castigo de paso a los ‘contreras’? -, de la ampliación incesante de derechos – sin ninguna obligación correlativa – y del cuestionamiento progresivo a la libertad económica es el que pondrá a la Argentina de pie, siguiendo el eslogan de la campaña. No reflexionan para qué lado cayó el Muro de Berlín, ni que la creación de riqueza no es magia, sino trabajo y creatividad, que la prosperidad no deviene de un decreto del Superior Gobierno, sino de la actividad libre y emprendedora de los habitantes. Con este regulacionismo creciente pasamos del ‘país-promesa’ que vaticinaba Ortega y Gasset hace un siglo al pueblo pobre y mendicante que hoy somos y sufrimos.
La tarjeta alimentaria puede tener noble inspiración, pero su instrumentación exhibe nula innovación y lamentable reiteración de los mecanismos clientelares de los nuevos punteros, los ‘gerentes de la pobreza’. Como nunca se aplica ‘pan para hoy (escaso), hambre para mañana (abundante)’.
El nuevo gobierno está en lo cierto cuando pretende estirar los plazos de la deuda, aunque parece una intención excesiva eso de que ‘pague el que viene’. Pero lo inaceptable es que no comprenda que hay que alentar la inversión, clave para crecer. No es hora redistributiva, sino productiva. Si se apela a persistir en ensanchar lo público y estrechar lo privado, inexorablemente avanzará la pobreza para todos.
Nadie está autorizado a extraer conclusiones falaces de la frustración del presidente Macri en erradicar el flagelo de la inflación, la madre de todas nuestras calamidades. Puede ser que hubo la concurrencia de impericia, falta de política territorial, excesiva apuesta a las redes. Poca ‘rosca’ y también paradojalmente demasiada ‘rosca’ que resultó estéril y contraproducente. Porque los que ‘rosquearon’ a la postre fueron desairados por los virajes electorales de último momento de sus interlocutores. También puede ser que no se haya luchado contra las mafias con la cirugía mayor que exige su erradicación. Pero el modelo de la libertad, de un capitalismo inteligente con vocación social, que se planteó en 2015 sigue incólume como la única solución de fondo para el empobrecimiento argentino. Si erramos en este angular punto, la decadencia será ineluctable.

*Diputado nacional de Juntos por el Cambio (partido UNIR)

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12 febrero, 2020|Columnas de Opinion|0 Comments
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