Ante un nuevo aniversario del asesinato de José Ignacio Rucci por Montoneros. JOSE IGNACIO RUCCI, BUSCANDO JUSTICIA

Por Federico Gastón Addisi* Addisi-Federico-Gastón-1-400x200

 

 

 


 

José Ignacio Rucci nació en Alcorta, provincia de Santa Fe el 15 de Marzo de 1924. Su carrera sindical comenzó en la fábrica de cocinas “Catita”. Derrocado Perón, en 1955, formó parte activa en la Resistencia Peronista (de lo cual da testimonio la correspondencia Perón-Cooke). Su paso como interventor en la Unión Obrera Metalúrgica de San Nicolás, a mediados de los sesenta, le abrió las puertas del Secretariado Nacional como Secretario de Prensa. El 2 de julio de 1970, alcanzó, gracias a su valiente e innegable lealtad hacia Perón el cargo de Secretario General de la Confederación General del Trabajo. Su objetivo era sin lugar a dudas el retorno del General Juan Domingo Perón a su Patria, cosa que logró junto con el conjunto del pueblo peronista el 17 noviembre de 1972. 

Con el paso del tiempo se fue demostrando  el indudable y profundo respeto y cariño de José Rucci hacia nuestro único Conductor, Juan Domingo Perón.
Siempre hizo pública su rabia a la intentona por parte de lo que denominaba “personeros del inmundo trapo rojo” de infiltrar y corroer al Movimiento Peronista por medio del “famoso entrismo”.

Claramente se encargó de advertir, separando la partidocracia del movimiento, lo que en estos días sufrimos: “el Peronismo de ninguna manera se lo puede confundir con un partido político: El Peronismo es la esencia de un gran movimiento revolucionario.”
Sin embargo, a pesar de la siempre probada lealtad de Rucci al General Perón, no faltaron quienes pretendieron colocarlo “como traidor”, que iba a denunciar el Pacto Social que Perón impulsaba y cuyo programa estaba fundamentado por un conjunto de ofertas sostenidas por una autentica base política y social. Por parte del gobierno la garantía era Juan Perón; Ricardo Balbín, por parte de la oposición; por la parte sindical, José Ignacio Rucci, y por la parte empresarial José Gelbard.
Varios testigos durante la firma del Pacto por parte de Rucci se sorprendieron al escuchar un contundente “estoy firmando mi sentencia a muerte”, pero sabía que se alcanzaba el objetivo y primero la Patria. Contrariando la pretendida traición de Rucci el mensaje póstumo que este iba a dar al pueblo argentino, distaba de ser la denuncia del Pacto Social, por el contrario, entre otras cosas decía: “Ahora el fragor de las luchas ha pasado a convertirse en historia. La realidad de nuestros días es la unión, el trabajo y la paz…” (…)“…La reconstrucción de la Patria es una tarea común para todos los argentinos sin sectarismos ni exclusiones. La liberación será el destino común que habremos sabido conquistar, con patriotismo, sin egoísmos, abiertos mentalmente a una sociedad nueva, para un mundo mejor.
La Patria requiere de todos, todos con la Patria en la hora suprema de la verdad, con profundo sentimiento de nacionalidad, con profundo sentimiento de Cristiandad; seguros de que el pueblo es gobierno y cuenta con la figura del Teniente Gral. Juan Domingo Perón a su legitimo representante y exponente de sus aspiraciones que nos llevará inexorablemente a una Argentina Liberada”.
El 25 de Setiembre de 1973 una lluvia de balas acabó con  la vida de este soldado de la Patria Justa, Libre y Soberana. E inauguró la polémica sobre quienes fueron los autores de su asesinato.

Al respecto, aún hoy se discute la autoría material e intelectual de semejante crimen.

Pero en este artículo queremos dejar definitivamente aclarado el tema y pedir a Dios que finalmente se haga justicia.

A continuación reproducimos abundantes afirmaciones que ventila Amorín, en su sincero libro “Montoneros, la buena historia” que aclara definitivamente el tema: “(…) ello explica el creciente éxito de Montoneros a partir de 1970 y hasta 1973. Esto es, hasta el desastre de Ezeiza,  la caída de Cámpora, el mal disimulado enfrentamiento con Perón y su consecuencia directa: el asesinato de Rucci. Otra quema de naves, pero en este caso perversa, autodestructiva”. (Ibidem, pág. 48).

“Un Firmenich que sólo puede recuperar el quimérico pedestal sobre el cual él mismo se había situado ya no a partir de heredar a Perón sino de vencerlo. De enfrentarlo”. (Ibidem, pág. 78).

“A diferencia de Montoneros que apenas tres meses después de las declaraciones de Quieto asesinó a Rucci: por traidor te va a pasar lo mismo que a Vandor. Traidor: el que viola la lealtad debida. ¿A quién? Rucci jamás había comprometido su lealtad con Montoneros. Debía lealtad a Perón y, a diferencia de Vandor, nunca le había jugado en contra. Al contrario: respecto del movimiento sindical, seguía sus instrucciones al pie de la letra. Lo cual no era del todo agradable para Lorenzo Miguel y la conducción de la CGT. Entonces si por su actividad sindical Montoneros consideró traidor a Rucci es porque consideraba traidor a Perón”. (Ibidem, pág. 80).

“Pero no supongo ni infiero, lo sé con certeza: el asesinato de Rucci fue una declaración de guerra. Contra Perón y el resto de los sectores que integraban el peronismo”. (Ibidem. Pág. 82).

“Pero en votos, Rucci ya había muerto. Recuerdo a Hobert, sensato y vueltero como pocos a la hora de imponer sus opiniones. Sin esfuerzo lo imagino dar vueltas para postergar una decisión a la cual él se oponía. Pero, mientras el daba vueltas, Roqué se instaló en un departamento de Floresta, Juan B Justo 5781, a diez cuadras del domicilio de Rucci. Mientras Hobert daba vueltas, Roqué mandó traer al departamento las armas necesarias para el operativo: las llevó Gustavo Lafleur, camufladas como máquinas de coser Nitax y en un auto del gobierno de la provincia de Buenos Aires. Mientras Hobert daba vueltas, Roqué convocó al equipo operativo, nueve compañeros, la mayoría FAR, un solo Desca…” (Ibidem, pág. 84).

 “La muerte de Rucci fue decidida por la organización Montoneros. Esto es indiscutible”. (Ibidem. Id).

Pero no bastando con estas afirmaciones de quien fuera uno de los fundadores de Montoneros y de sus primeros integrantes en la Columna Sabino Navarro, reproducimos los dichos de un “intelectual” afín a la Tendencia: “Perón en el 73 no pudo controlar su ala dura. No era joven ni era bravucón. Quiso hacer el Pacto Social, pero Firmenich le mató a Rucci”. (P. 82. José Pablo Feinmann, Página 12, 1 de Julio del 2004).

Sin embargo, algunos dirigentes y periodistas que defienden intereses inconfesables sostienen que “Montoneros como organización no diseñó ni perpetró el operativo contra Rucci”. Otros sostienen que para la fecha del asesinato, esto es el 25 de septiembre de 1973, Roqué (señalado como uno de los autores materiales) no tenía ningún cargo en la Conducción Nacional de Montoneros dado que, en su opinión, todavía no se había producido la fusión entre la organización de la que él provenía, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de origen marxista guevarista, con Montoneros.

A estas falacias respondemos: 1) La fusión entre Montoneros y FAR fue acordada mucho antes del asesinato de Rucci, el 11 de marzo de 1973, casi medio año antes de la emboscada contra Rucci. Lo dice el propio Perdía en la página 179 de su libro “La otra historia”: “Prácticamente en forma contemporánea a la victoria electoral se acordó la fusión de ambas organizaciones, bajo el nombre de Montoneros”. Y agrega, a los tres párrafos: “En virtud de los acuerdos políticos la nueva Conducción Nacional quedó integrada por 8 miembros, 5 montoneros y 3 de las FAR”. 2) A la fecha del asesinato de Rucci, el 25 de septiembre de 1973, la Conducción Nacional de Montoneros ya estaba formada por 8 miembros. Cito de nuevo al propio Perdía en su libro, en las páginas 179 y 180: “Sobre esa base se constituyó esa conducción unificada, cuyo ordenamiento quedó así: 1. Mario Eduardo Firmenich (Montoneros); 2.Roberto Cirilo Perdía (Montoneros); 3.Roberto Quieto (FAR); 4.Carlos Alberto Hobert (Montoneros), 5.Raúl Clemente Yager (Montoneros); 6.Julio Roqué (FAR); 7.Horacio Mendizábal (Montoneros, previamente incorporado con la fusión de Descamisados), y 8.Marcos Osatinsky (FAR). Es decir que Roqué era ya el número 6 de la cúpula del nuevo Montoneros y el segundo representante de las FAR”. 3) En simultáneo con el asesinato de Rucci, la cúpula de Montoneros hizo circular un grueso documento, denominado “La Biblia”, en la que se definió “metodológicamente marxista-leninista”. 4) Eduardo Anguita y Martín Caparrós (quines no pueden ser sospechados de pertenecer “a la burocracia sindical”) cuentan en las páginas 205 y 206 del Tomo 3 de “La voluntad” el plan de Montoneros para vengar la masacre de Ezeiza (20 de junio de 1973), que incluía una serie de atentados contra Rucci y otras personas consideradas responsables. 5) El periodista Ricardo Roa, actual número 2 de Clarín, relató que el 25 de septiembre de 1973 por la tarde Firmenich se les apareció en la redacción de la revista “El Descamisado” y les dijo: “Fuimos nosotros”. Y les explicó por qué lo habían hecho, para asegurarse que la cobertura de la revista estuviera en línea con la Conducción Nacional de Montoneros.

Por todo lo expuesto, más un sinfín de otras pruebas que por razones de espacio es imposible reproducir en esta columna, afirmamos rotundamente que el asesinato de José Ignacio Rucci fue perpetrado por Montoneros. Consideramos que el móvil no fue otro que hacer fracasar el proyecto político encarado por Perón y disputarle el poder, tanto adentro del movimiento como fuera del mismo.
Por eso, hoy como siempre gritamos: JOSE IGNACIO RUCCI PRESENTE! ASESINADO POR ARGENTINO Y PERONISTA!

 

*FEDERICO GASTON ADDISI es dirigente justicialista (historiador y escritor), director de Cultura de la Fundación Rucci en CGT, miembro del Instituto de Revisionismo Historico J. M. de Rosas, miembro del Instituto de Filosofía INFIP, diplomado en Antropología Cristiana (FASTA) y diplomado en Relaciones Internaciones (UAI).

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