14 de julio de 2024

NCN

Para que el ciudadano tenga el control.

Brasil: Entre el malestar social y el estancamiento economico, el modelo se desdibuja.

Por Manuela Lasdica, Lic. en Relaciones Internacionales en la Universidad de Bolonia, Maestria en Estudios Internacionales, periodista internacional

 

Pancartas, piedras, bengalas, y cócteles mólotov; moviles de la policía , negocios cerrados, y  saqueos varios. No estamos en Turquía, ni en Grecia y tampoco en España. Se trata de Brasil el país que en los últimos años ha sido considerado un modelo de paz social, que goza de un gran prestigio internacional y de un crecimiento económico  admirado mundialmente. Sin embargo, no obstante la distribución de la riqueza, las políticas publicas volcadas a favorecer a los más pobres y los planes sociales para reducir la pobreza que desde 2003 permitieron a 40 millones de personas de pasar a integrarse a la clase media, desde el pasado mes de junio  protestas multitudinarias  han sacudido las principales ciudades brasileñas  revelando un claro malestar social. Las denuncias en contra de la corrupción política, la inflación, y los reclamos de una mejora de la educación publica y de la salud, alentados por el fenómeno de las redes sociales, llamaron la atención de analistas políticos y sociólogos que definieron este fermento político como el «otoño brasileño” en alusión a la «primavera árabe» y  denominando a los manifestantes  como la “generacion de indignados” comparandolos de esta manera al movimiento de los indignados españoles.
“No es por centavos es por derecho” este el lema principal de las pancartas que dibujaron las calles brasileñas en estos últimos meses.  En Belém, una joven preparaba otra pancarta en la que escribía: “Brasil, vamos a despertar! Un profesor vale más que Neymar”. “Queremos escuelas y hospital modelo FIFA”, afirmaba otro. Así a diferencia de las protestas del 1992, cuando el pueblo brasileño pedía algo muy puntual como la salida de Collor, 20 años después cada ciudadano tiene un reclamo, una demanda distinta, un pedido al gobierno.

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Las subas de  las tarifas del transporte publico fueron el detonante de las protestas;  la gota que derramó el vaso de la insatisfacción y que  llevo 5.000 personas a las calles de Sao Paulo y Río de Janeiro, para protestar contra el aumento de los precios de autobuses, metro y trenes metropolitanos. La misma termino con el arresto de unas 64 personas, según los datos divulgados por la Secretaría de Seguridad Pública del estado. El valor del pasaje en Sao Paulo pasó de 3,00 reales (unos 1,5 dólares) para 3,20 reales (unos 1,6 dólares).

El alza de pasaje parece haber pasado al segundo plano cuando pocos días después más de un millón de personas salieron a las calles a causa de los gastos excesivos para la Copa del Mundo de 2014 que tendrá lugar en el país el próximo año. En un principio eran de alrededor de US$ 12,5 mil millones de dólares, pero días después el Ministerio de Deportes anunció que los gastos subieron y están ahora en US$ 14 mil millones. Son un total de 51 obras en 12 ciudades donde se disputarán los partidos de la copa.
En el mes de julio pasado otra protesta convocada a través de redes sociales por cientos de manifestantes frente a la residencia del gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral, para denunciar presuntos actos de corrupción, fue testigo de un enfrentamiento con unos 80 policías que dispersaron el grupo y que termino con 5 heridos y 15 detenidos.
En el mes de octubre fue la vuelta de los docentes. En ocasión del día del profesor, los maestros de las escuelas públicas, acompañados de muchos estudiantes, protagonizaron una manifestación masiva en Río de Janeiro desde que la alcaldía propuso un ajuste salarial aprobado por el consejo municipal.
Por ultimo, a mitad del mes de octubre pasado el centro de Sao Paulo ha quedado completamente paralizado una vez mas por otra marcha multitudinaria en contra de la privatizacion del petróleo encontrado en la aérea marítima de Campo Libra frente a la costa de San Paulo donde habría 12.000 millones de barriles de petróleo que llevarían al país del norte al séptimo puesto de productores mundiales. Las justificaciones de la presidente Dilma Rousseff, la cual afirmo que los 140 mil millones de dolares que ingresaran al país en consecuencia de la privatizacion serán destinadas a los sectores de educación y salud publica, no fueron suficientes a calmar los ánimos; otra marcha invadió las calles brasileñas. Ejercito y policía reprimieron con gases lacrimógenos y balas de gomas provocando esta vez seis heridos.

Analistas políticos y sociólogos aún intentan explicar qué está pasando en el país, enfatizando y analizando el rol que ha tenido la clase media en estos acontecimientos. En las calles de las ciudades de Brasil no había solo estudiantes. Ancianos, niños, familias enteras. Las generaciones que enfrentaron la dictadura y la que luchó contra el esquema de corrupción de Fernando Collor de Mello, se unieron a las manifestaciones.
Parece que la clase media, ajenas a partidos políticos y sin liderazgos visibles,
hija del crecimiento económico y madre del consumo masivo, hoy se siente morir, con expectativas rotas o incumplidas y cociente de su declive.
Según la analista Teresa Cruvinel, el sector medio brasileño «tiene nuevas demandas, más urgencias y no se conforma sólo con consumir».
Sin embargo, admitió también que esa clase media en realidad no ha llegado aún a niveles de vida «satisfactorios» y que una mayoría de ella todavía pertenece a la clase mas pobre. .
«Se ha idealizado un poco» en relación a la verdadera situación del país, «el dique de las insatisfacciones se ha roto» y las clases medias «nueva y vieja» se han unido en «nuevos reclamos» afirmo Cruvinel.

No obstante cabe preguntarse  quienes son específicamente los que protestan?  En particular, dada la especificidad de los reclamos, los sectores mas pobres apoyan las protestas?
Una encuesta difundida por el diario “Folha de S. Paulo” revela que el 80% de los que respaldan los reclamos pertenecen a la clase media-alta. A este respecto cabe mencionar la opinión del influyente politólogo estadounidense de origen japonés, Francis Fukuyama que afirmo: «En ninguna parte la protesta política fue protagonizada por los pobres, sino por jóvenes con un nivel de educación y un ingreso superiores al promedio. Son adeptos a las nuevas tecnologías y usan redes sociales, como Facebook y Twitter, para difundir informaciones y organizarse. Aun cuando viven en países que regularmente tienen elecciones democráticas, esos sectores se sienten excluidos por las elites políticas que ejercen el poder».
En definitiva, parecería que Brasil esta sufriendo el mismo malestar que esta afectando a los sectores medios de la mayoría de  los países emergentes. Es decir una clase media que gana importancia y espera cosas nuevas que no exigían sus padres. Que tiene nuevas demandas, nuevas expectativas y no se conforma solo con consumir.
Frente a este caos y desorden, rodeada por las manifestaciones, la Presidenta brasileña adopto dos posturas. Por un lado desplegó ejercito y policía y por otro, después de convocar a su Gabinete Ejecutivo a una reunión de emergencia, prometió nuevas inversiones en servicios públicos y propuso convocar a un plebiscito para reformar la política.  «El gobierno debe tener la humildad y auto crítica para admitir que existe un Brasil con problemas urgentes por vencer, y la población tiene todo el derecho a indignarse con lo que está mal y exigir cambios», resaltó la mandataria. Y agrego  que las protestas «demuestran el valor de la democracia» y revelan que «los ciudadanos están a la búsqueda de sus derechos».

No obstante, el malestar social metió a dura prueba la popularidad de la jefa de gobierno  haciendo la carrera para las elecciones próximas más competitiva. de  Dilma Rousseff cayó más de 24 puntos porcentuales.
El sondeo de la empresa Datafolha, mostró un descenso del apoyo a la presidenta del 57 al 30% en ese mes, el nivel más bajo de aprobación de su  la gestión.  El resultado de la encuesta se tradujo a su vez en una caída en la intención de voto para Rousseff para las elecciones generales de 2014, que pasó de 52,8% en junio a 33,4% este mes.
Pero la pregunta principal ahora es: ¿Cuál será el futuro de esta revuelta?  ¿Qué hacer a partir de ahora? Y sobretodo se agoto el sistema que permitió al país emerger en los años 2000”.
El ministro de Hacienda, Guido Mantega, insiste que se sufre los efectos de la crisis de los países ricos, especialmente de Europa. El problema, analiza el diario, es que hoy hay riesgo de fuga de capitales del país, en un momento en el que debería atraer inversiones por las obras que realiza para ser sede de eventos internacionales como la Copa del Mundo y las Olimpiadas.
Con respecto al futuro económico del país, se pueden distinguir dos visiones distintas.

Los mas optimistas afirman que Brasil tiene un enorme capital a su favor llamado confianza que, hasta ahora, le juega a favor. Miguel Carugati, director ejecutivo de PageGroup, consultora internacional que también tiene sede en Brasil, analiza: «Desde 1994, cuando se creó el real, Brasil logró controlar la inflación (aunque hoy, con el 6%, está provocando algunos problemas). El último informe del Banco Mundial sobre Brasil habla sobre «un marco macroeconómico sólido y sustentable en el mediano plazo». Vale recordar que el PBI por habitante medido en dólares subió de 3040 en 2003 a 12.079 en 2012.
Sin embargo, los economistas mas pesimistas alertan sobre el estancamiento económico. La calificadora Moody’s se pronunció en estas ultimas semanas sobre la debilidad económica de Brasil, que podría dañar la confianza de inversores y consumidores, y también al mercado laboral.
«El tema empleo y salario no se manifiesta explícitamente en las protestas -dice Carlos Mussi, director de la oficina de Brasil de la Comisión Económica Para América Latina (Cepal)-, pero sí implícitamente a través del malestar por el aumento del costo de vida. Hay un concepto de vulnerabilidad. Las personas tienen un nivel de ingreso que debe consolidarse y notar un ambiente de negocios de crecimiento, que no decaiga.»

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El menor crecimiento, la inflación, las propuestas de ajustes que se debaten en el ambiente económico y la preocupante caída de la inversión crean esa vulnerabilidad. Se suma al malestar por la mala calidad de los servicios que ofrece el Estado, infraestructura, transporte, salud y educación. Brasil sufrió una abrupta desaceleración de su economía del 7,5 en 2010 al 2,7% en 2011, y a un magro 0,9% en 2012 «con una caída de la industria y de la inversión desproporcionada», dice el informe.
Entonces, frente a estas dos posturas, vale la pena analizar a fondo  cuales son los puntos a favor que  permitieron al país del norte un solido crecimiento económico a partir del 2000 y cuales son  los obstáculos que quizás hasta ahora fueron contenidos que pero a partir de junio pasado la irrupción de estas protestas los hicieron mas visibles.
Volviendo un poco atrás, el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, que había asumido su cargo en 1995, redujo la deuda y logró revertir con políticas de estabilidad la desconfianza del mercado hacia Brasil. A partir de 2003, el entonces presidente Lula da Silva mantuvo la estructura económica e introdujo el asistencialismo a la clase más pobre. Con una política de continuidad en materia económica, que como se dijo mas arriba permito que 40 millones de personas logren un ascenso social.
En una entrevista de la semana pasada en radio Splendid al programa «La mañana del pais» conducido por Mario Mintz, brindada por  el economista Horacio Rovelli, profesor de economía en la Facultad de la Flacso y docente de finanzas publicas en la facultad de economía de la UBA, afirmo: Brasil ha tenido una conducta bi- polar, por un lado la asistencia a su población a través del fortalecimiento de los planes sociales (Plan Bolsa – Familia aplicado desde el 21 de octubre 2003 por el Presidente Lula) y por otro sigue prisionero del pacto de 1994  conocido como “Plan Real” firmado por el presidente Fernando Cardozo, y que Lula refrendó en la “Carta al Pueblo Brasileño” en las elecciones del año 2002, en el cual se comprometía a respetar los compromisos de estabilidad macroeconómica” Con esta conducta económica el resultado, según el profesor no pudo ser otro que la desindustrialización y el endeudamiento.
Unos de los factores- explico Horacio Rovelli-. que ha permitido el crecimiento económico ha sido la inversión. En 2012,  ingresaron capitales a la economía por casi 4% puntos del PBI, todos los años, y un récord de casi 7% del PBI en 2007. La entrada de capitales a Brasil fue por muchos años superior al déficit en cuenta corriente de la economía. Es decir, ingresaban más dólares de los que consumía.  Este escenario permitió aumentar las reservas del Banco Central desde 50 mil millones en 2003, a unos  360 mil millones en la actualidad. No obstante, en 2013 el déficit de cuenta corriente creció aceleradamente de 2,4% del PBI a 3,6% del PBI, ante la desaparición del superávit comercial. Sin embargo la subordinacion al capital financiero internacional financia su cuenta corriente con endeudamiento (cuenta capital) en forma creciente, y a la vez, el Estado incurre en deudas en reales que en el año 2012 el gasto por intereses y amortizaciones (servicio de la deuda) representó el 47,19% de todo el presupuesto federal (más de un billón de reales). En este contexto preocupan las expectativas de que EE.UU. comience a reducir su política de estímulos monetarios entre 2014 y 2015. Un consecuente incremento de tasas de interés en EE.UU., no sólo reducirá el precio de los commodities, sino que también ingresarán menos capitales a la región.
Este marco torna insostenible el modelo brasileño en el mediano plazo, e incluso no se puede descartar una grave crisis antes.

En consecuencia, según la explicación dada por el economista, habría sido esa combinación de mayores costos en la vida y la posibilidad cierta de la pérdida de la fuente de trabajo, la base del descontento social en Brasil, que se dispara con el aumento generalizado del servicio de transporte en el hermano país.
Su crecimiento promedio en ese período fue 3,14 por ciento.»Es insuficiente para una economía emergente. Hay enormes expectativas con una realidad mediocre», agrega.
Así el país que se convirtió en la octava economía del mundo, que lidera la región y que es integrante del BRIC, ve  su economía  deteriorarse en medio de protestas  y malestar social  lo que provoco una fuerte caída de  las  acciones, la peor  desde septiembre de 2011. Es difícil saber cuales serán las medidas que adoptara el gobierno para superar estos obstáculos. Sin dudas a  la presidenta Dilma Rousseff  todavía le queda un arduo camino para que Brasil solucione una de sus mayores debilidades: la extrema desigualdad ya que unos once millones de brasileños, todavia sigue viviendo en favelas.

 

 

 

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