Del “círculo rojo” al círculo vicioso. Alberto Fernández y un relato para los que le quedan|Por Ariel Magirena

Rendido ante su incapacidad para convencer a nadie más, el Frente de Todos ha decidido enfocarse en fidelizar su propia tropa. Sólo le habla a los suyos. La misma estrategia de Macri durante su mandato: profundizar la grieta. Aunque se hace cada vez más evidente que eso no alcanza para ganar las elecciones, sueña que al menos garantizaría, a los que arman las listas, la posibilidad de seguir participando de la política como negocio (terreno en el que Alberto Fernández tiene experiencia de décadas). Mientras se diluye con pasmosa velocidad su respaldo electoral (perdió casi 5 millones de votos entre 2019 y 2021) la alianza que permanece en el gobierno –con fracturas expuestas que le impiden hacerlo de pie- confiesa su desesperación vociferando un discurso de terror que sólo convence a los débiles y reproducen obsecuentes y negacionistas.

No advierte que la muletilla “ah, pero Macri” perdió toda autoridad cuando, a poco de asumir, el FdT continuó el plan del canje de bonos de Hernan Lacunza para acordar con los tenedores privados de la deuda, la que había prometido investigar pero que legitimó de facto así como cuando modificó, a la baja y por decreto, el cálculo de las jubilaciones después de prometer un 20% de aumento inmediato… cuando continuó con la moneda y la capacidad adquisitiva del salario como variable de ajuste… cuando persistió con el festival de deuda en beneficio del sistema financiero con cúspide en el abuso de Leliqs y creación de nuevos impuestos… cuando tuvo a la Argentina en lista roja de la OMS hasta un mes antes de las elecciones parlamentarias por tener a la mayoría de la población inoculada con vacunas no aprobadas (el pasaporte argentino era rechazado en las ventanillas de las empresas de aviación al momento de tomar un vuelo)… cuando el Presidente propuso pagar una suma de dinero para extinguir una causa en su contra, junto con su pareja, por un delito por el cual el Estado inició demandas a ciudadanos comunes (una reunión social durante el aislamiento obligatorio. (La lista es parcial).

Escuchamos al Presidente declarar en un acto con público que está “esperando que la Justicia llame a los ladrones de guante blanco”. ¿Puede ignorar -siendo abogado y  profesor universitario de derecho- que la República en la Argentina consiste en 3 Poderes constitucionales equivalentes que se controlan unos a otro? ¿Es lícito, desde su magistratura, omitir que es él quien tiene acceso directo a toda la información de la gestión del Estado (aun la secreta) y la puede ofrecer a la Justicia al momento de iniciar (si en realidad eso quisiera) una demanda formal contra los autores presuntos de los presuntos delitos que imputa a su antecesor?

El gobierno ha decidido distraer lo que hace y lo que elude con lo que dice. Ofrece un relato como si fuese testigo y no responsable. Para eso está dispuesto a llevarse puesto al peronismo, la identidad política que lo ungió en 2019, que lo abandonó en 2021 y que lo sobrevivirá como sobrevivió 26 años de proscripción -en dictadura y democracia- y una cantidad inédita de crímenes de lesa humanidad cometidos en su contra.

Cuando el sistema de representación que estalló en 2001 había sido salvado por el único partido que quedaba en pie, que encaminó la salida de la crisis con un gobierno de transición que heredó otro peronista. Pero no queda un partido político hoy que interpele al pueblo ni que represente sus expectativas. A dos décadas de aquellas jornadas que sonaban a telegrama de despido en un coro que pedía “que se vayan todos” la nueva crisis (tan parecida a aquella) suma angustia y frustración. La ausencia de un discurso de esperanza empeora con el protagonismo del discurso del miedo que reproducen y amplifican las usinas mediáticas oficiales y paraoficiales que se refleja como espejo en los medios y periodistas opositores.

La “grieta” resultó un negocio para quienes se simulan en orillas distintas cuando en realidad divide a la ciudadanía de los que se aprovechan de la política y la tienen capturada para sustituirla por marketing. Un acuerdo entre los principales dirigentes y candidatos mantiene una sola agenda que cancela o subalterniza la de la sociedad y de la que habla todos los días: falta de trabajo, perdida adquisitiva de salario y jubilaciones, inseguridad, incapacidad de acceso a la salud y la vivienda, educación deficiente,  deficiente conectividad y subdesarrollo en un mundo cada vez más interdependiente.

En realidad la “grieta” se exhibe hoy como una puesta en escena en la que acusaciones recíprocas justifican la falta del acuerdo necesario para la recuperación de un país con recursos de sobra para la vida digna de su bajísima población pero empobrecido adrede para beneficio de unos pocos.

Ningún partido, ni sus voceros mediáticos, quieren referirse al resultado electoral de noviembre, cuando cerca del 40% de los electores decidió no ir a votar, votar en blanco o anular su voto.

La crisis de la representación política es tan grave que casi la mitad de los argentinos, sin convocatoria, acuerdos ni medios a su favor, envió un mensaje que nadie quiere oír y al que el oficialismo decidió ofender festejando como triunfo su vergonzosa derrota junto a personajes distinguidos de un sindicalismo corrompido que permite, inexplicablemente, el primer gobierno sin ningún paro general después de los de Perón.

La abdicación de la política en favor del marketing está germinando, en el mismo pueblo que los repudia, la furia que cobrará a los burócratas de toda laya. El maestro de estrategia Sun Tzu advirtió en “El Arte de la Guerra” que dejar sin salida al enemigo lo obligaría a luchar hasta la muerte. Perón, el único ciudadano ungido 3 veces como presidente democrático de los argentinos, enseñó que los pueblos tienen la naturaleza del agua a la que se puede poner diques para interrumpir su paso pero que siempre tiene fuerza y tiempo para sobrepasarlos o eludirlos y encontrar su camino.

Encandilados con teorías de mercado y estrategias de publicidad segmentada (como si se tratara de productos de moda) los partidos (como empresas competidoras) apuntan a ganar lo que en el lenguaje del marketing llaman su “nicho”. Si se atrevieran a volver a pensar en las personas y hablar el lenguaje de las personas, podrían advertir que los nichos se ocupan con la muerte.