La interna en el oficialismo provincial se cocina desde hace meses y es el asunto del que todos hablan en los despachos del poder. Hacia fines del año pasado, las diferencias entre el manzurismo y el jaldismo mostraron sus primeros síntomas públicos. Sucedió en la Cámara, en la que algunas leyes que necesitaba el Ejecutivo fueron sancionadas con modificaciones imprevistas. La coyuntura económica provincial y nacional puso en el freezer las apetencias de los dirigentes locales con la mira puesta en 2023. Todo indica, sin embargo, que se trata de una pausa en la pelea por la gobernación. En la práctica, ni al gobernador Juan Manzur ni al vicegobernador Osvaldo Jaldo les conviene que se desencadene tan temprano la división y mucho menos en un contexto de dificultades económicas. La suspensión del pago de la última “cláusula gatillo” y la ayuda nacional, que no termina de ser tanta como se esperaba, generaron que el ambiente no fuera propicio para las “riñas” políticas.

Sin margen

Fiel a su estilo, el vicegobernador tomó la iniciativa para evitar divisiones. El miércoles, en la primera reunión en la Cámara que congregó al bloque oficialista casi completo, palabras más o menos, comunicó que no está peleado con Manzur. Hizo un repaso de los problemas económicos y a todos les quedó en claro que no están dadas las condiciones para enfocarse en las disidencias.

En el salón del tercer piso, entre empanadas y carne con papas, los parlamentarios pudieron intercambiar inquietudes sobre la interna y sobre otros asuntos políticos. Por ejemplo, se coló la queja de algunos “acoplados”,que llegaron a sus bancas por fuera de la lista oficial, de que no les llegan a tiempo las invitaciones a las recorridas del mandatario.

Quedó también confirmado que no hay margen ni para hablar de una posible reforma de la Constitución. Algunos legisladores cercanos a la Casa de Gobierno estuvieron tanteando el terreno durante estos primeros meses de gestión, pero no tuvieron éxito.

Tanto Manzur como Jaldo habrían expresado a sus cercanos que pretenden competir por la gobernación en las próximas elecciones. La única chance que tendría Manzur es que se quite de la Carta Magna el tope de dos mandatos. El manzurismo entiende que ha sido exitoso en términos generales. El jaldismo considera que Manzur sufre un “desgaste” y que el sucesor natural debería ser el vice, que ha venido construyendo su espacio y apuntalando políticamente al gobernador. Mientras no se resuelva la sequía económica, no proliferará la interna. O al menos, no abonada por sus principales cabezas. Mientras, en la Casa de Gobierno se analiza contrarreloj la oferta para los estatales. En el ámbito gremial trascendió que en un primer momento se habría hablado sobre la posibilidad de que la última cuota de 2019 de la cláusula gatillo sea pagada como una especie de bono, es decir, por única vez. Después, se habría estudiado el pagar la suma en cuotas, también no remunerativas.

Punto para Manzur

En paralelo, Manzur mantiene pujas en otro frente. En los últimos días, le ganó al kirchnerismo local dos pulseadas por cargos nacionales de segunda línea. El mandatario no sólo viaja a Buenos Aires con frecuencia, también levanta el teléfono para pedir que sus dirigentes ocupen lugares. El primer caso es el del Centro de Referencia (CDR) del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, una dependencia que se ocupa de diversos tipos de asistencia, por ejemplo, para los ciudadanos que sufren las inundaciones. Cuenta con un galpón en los Talleres de Tafí Viejo donde se almacenan mercaderías, colchones y otros elementos para las urgencias. Es un puesto codiciado entre los que están interesados en ganar territorio. La responsable en la Nación de los CDR es la ex diputada tucumana Alicia Soraire, que proponía al ex comisionado de Rumi Punco Jorge Rodríguez, del partido Kolina. Pero Manzur pidió que ese sitio quede en manos del ex candidato a legislador Luciano Chincarini. El dirigente es cercano al diputado Carlos Cisneros, uno de los hombres más cercanos al titular del Ejecutivo. El segundo caso es el de la Gerencia de Empleo. El kirchnerismo pretendía ese espacio para Luis Romano, del MUP, que trabajaría junto a quien estará a cargo de todas las dependencias de esa área en el NOA, el ex diputado y titular de La Cámpora, Marcelo Santillán. Finalmente, Manzur requirió que allí estuviera Facundo Vargas, ex candidato a concejal y primo del legislador Gerónimo Vargas Aignasse.

Entre las internas locales y las nacionales, la dirigencia del oficialismo provincial espera vadear la crisis para concentrarse en lo que más le entusiasma: el próximo calendario electoral.

Gabriela Baigorri, periodista para La Gaceta

 

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