El futuro de nuestros hijos. Por Federico Angelini

En nuestro país, con una de las cuarentenas más largas del mundo, hoy nos enfrentamos a la necesidad de pensar seriamente en la educación.

Al igual que sucede con la economía, no podemos pensarlo como un nuevo falso dilema. No es salud o educación, sino salud y educación. En Argentina siempre se llega a los extremos, el Gobierno realiza planteos para elegir entre una cosa o la otra, cuando en realidad se debe buscar el equilibrio que permita gestionar cuidando la salud, la educación, la economía y, por supuesto, la seguridad.

Es imposible mensurar la implicancia de más de seis meses o todo un año sin clases presenciales, porque los efectos y las consecuencias no son inmediatas, sino que pueden extenderse mucho más allá del mediano plazo. Lo que no se aprende en la etapa que se debería, condiciona las posibilidades futuras y obstruye el potencial desarrollo. La UNESCO advierte graves secuelas si los gobiernos no toman medidas para un retorno progresivo a las aulas.

De acuerdo a un análisis publicado por CIPPEC, un terremoto en Pakistán en 2005 dejó escuelas cerradas por 14 semanas; 4 años más tarde, los estudiantes afectados tenían peor desempeño escolar, a excepción de aquellos que tenían madres con un nivel educativo relativamente alto. Además, proyecciones realizadas en Chile estiman que un escenario de 10 meses de suspensión de clases presenciales –un ciclo lectivo completo– podría significar una caída del 95% de los aprendizajes esperados para un año para estudiantes del quintil más pobre, frente a una caída del 64% entre los más ricos.

En la etapa de educación en aislamiento, las posibilidades de continuidad pedagógica y el sostenimiento del vínculo entre docentes y estudiantes dependen, más que nunca, de las condiciones y los recursos con que cada alumno cuenta en su hogar. Y, en este momento, hay quienes llevan más de seis meses sin tener contacto con la escuela. Si a esto le sumamos el difícil panorama económico, las consecuencias van a ser muy graves.

Según diferentes investigaciones, los menores de los hogares más pobres tienen cinco veces más probabilidades de abandonar la educación formal ante interrupciones prolongadas de escolaridad. En síntesis, se profundizan las desigualdades.

Según diferentes investigaciones, los menores de los hogares más pobres tienen cinco veces más probabilidades de abandonar la educación formal ante interrupciones prolongadas de escolaridad. En síntesis, se profundizan las desigualdades.

En el caso de Santa Fe, en cuatro de los seis meses sin clases no hubo circulación comunitaria del virus y se registraron números mínimos de casos. Esto pone sobre relieve la necesidad de implementar estrategias segmentadas y flexibles, con aperturas y cierres de acuerdo a la condición epidemiológica de cada región o ciudad.

Es necesario pensar en alternativas creativas, contemplando la diversidad de escenarios en un mismo territorio, priorizando a quienes estuvieron desconectados y desprotegidos; evaluando medidas que permitan intermitencia en caso de ser necesario y utilizando protocolos sanitarios rigurosos para cuidar a todos. Pero la verdad es que, excepto en Ciudad de Buenos Aires, el silencio es ensordecedor, porque no hay nadie del Gobierno pensando en los alumnos que han perdido contacto con la escuela.

Luego de 7 meses no alcanzan respuestas como “estamos viendo, analizando o pensando”, es el momento de actuar y de buscar alternativas concretas. La experiencia nos hace asumir que, si mañana estuviese disponible la vacuna, lo más probable es que el deterioro de la infraestructura educativa siga igual, impidiendo el retorno a clases con los nuevos protocolos. Un cronograma y la preparación adecuada para el regreso deben ser prioridad.

Para lograrlo, es imprescindible dialogar, consensuar, deliberar en conjunto para encontrar soluciones ante un problema complejo, de tal forma de que evitemos caer en otro falso dilema. No hay que perder de vista que está en juego el futuro de nuestros hijos y nietos, y un año de sangría en la educación de ellos puede ser irreversible en muchos casos.

Lamentablemente, durante la cuarentena no se preparó el sistema sanitario, como se había anunciado, para poder disponer una vuelta clases bajo una “nueva normalidad”. Por lo tanto, desde Juntos por el Cambio, entendemos que es un asunto de urgente consideración y estamos a disposición de las autoridades nacionales y provinciales para colaborar en la elaboración de un cronograma educativo que les permita a nuestros niños y jóvenes retomar la escuela primaria y secundaria.